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Miguel
M�rquez Calle - El riesgo de la confianza
(�ndice)
"HEMOS
VISTO SALIR SU ESTRELLA"
(LOS
MAGOS)
Hay que recuperar a los (Reyes) Magos de la Navidad de
celofán y bombillas de color, hay que desenvolver
nuevamente las figuras del Belén y sacudir el polvo
de los siglos que nos oculta toda la fuerza de su gesto. Son
solamente unos versículos (1-12) del capitulo 2 de
Mateo los que se refieren al episodio de los Magos, y
encierran todo un mensaje teológico y espiritual. Te
invito a repasarlos y meditarlos en tu corazón
nuevamente.
Mirar en Navidad las figuras de los (Reyes) Magos
debería hacernos meditar. Los hemos convertido en
portadores de regalos e ilusiones muy pegadas a lo material
y muy en consonancia con la cultura superficial dominante;
pero ellos tienen un regalo mucho mejor que hacernos. Ese
regalo está velado en esos versículos de
Mateo, y tiene que ver con el hecho de que vieran al
niño-Rey.
Los relatos de la Infancia (de Jesús) otorgan el
privilegio de ver al niño a los Magos (Mateo) y a los
pastores (Lucas), con la deliberada intención de que
descubramos qué hace a ambos, pastores y Magos,
dignos de verle, y a Herodes con su Corte de letrados
incapaces de tal honor.
La palabra-clave que da sentido a esta selección
es la palabra humildad, unida a su opuesta, la
autosuficiencia. Lo venimos observando en los distintos
personajes. Lo que permite a los pastores y a los Magos ver
el gran comienzo de la Nueva Alianza es su humildad, su
capacidad para asombrarse y ponerse en camino, su hambre y
sorpresa.
Tres planos están en juego en el relato de Los
Magos, puestos en relación: Herodes y su Corte; unos
Magos llegados de Oriente; el niño con sus padres. El
niño ocupa el lugar central y, puestos en contraste,
con evidente intención, Herodes y los Magos. Se
oponen la insolencia del judaísmo al candor del mundo
gentil, aunque éste no sepa cómo dirigirse al
encuentro con Jesús. Hay un cuarto plano que da
sentido al conjunto, en el que se encuadran la estrella, los
avisos a los Magos... que son la clara expresión de
la fuerza sobrenatural que asiste al niño. Alguien
vela por él.
Los dos planos puestos en contraste hablan de dos maneras
de acercarse al misterio que se está revelando. Por
un lado la insolencia, la autosuficiencia, el orgullo, el
poder sostenido por el miedo y el recelo, la falsa seguridad
en su conocimiento de Dios... Por otro lado la capacidad
para dejarse interpelar saliendo de su tierra,
poniéndose en camino, la humildad, la
adoración, la actitud de asombro, de sorpresa,
etc.
"UNOS MAGOS QUE
VENÍAN DE ORIENTE"
El texto nos presenta las figuras de
unos astrólogos del otro lado del Jordán,
interesados en la espera mesiánica. Seguramente
astrólogos babilonios. Nada dice el texto de que sean
reyes. Este dato procede de un desarrollo posterior de la
leyenda. Encontramos a los magos convertidos en reyes a
fines del siglo VI, en el libro armenio de la infancia, en
el cual los tres reyes son hermanos: Melchor (rey de los
persas); Baltasar (rey de los indios) y Gaspar (rey de los
árabes)1.
El hecho de que se decidieran a ponerse en camino da por
sentado que para ellos merecía la pena sólo
por ver al Rey de los judíos. Nada obtienen de
él; su actitud adquiere un precioso tono de
gratuidad. La adoración encuentra su mejor
preparación en este rendimiento incondicional,
desinteresado. No pueden esperar nada inmediato de un rey
recién nacido.
"HEMOS VISTO SALIR SU
ESTRELLA"
Era una idea frecuente en la antigüedad que el
nacimiento de grandes personajes fuera señalado por
el surgimiento de nuevas estrellas en el cielo.
La estrella provoca la alegría de los Magos. Todo
el contexto del Nacimiento de Jesús está
penetrado de alegría para los humildes.
Dios nos hace guiños a través de lo real y
cotidiano y enciende chispas y estrellas entreveladas en la
noche de los tiempos indicando nuevos nacimientos de sendas
abiertas en las que Él compromete todo su amor por
nosotros.
El amor de Dios en su más plena
manifestación, la Encarnación, irrumpe en la
historia despertando a los paganos, iluminando a los que
habitan lejos. Curiosamente, esa luz desborda ya las
fronteras de Israel. Este nuevo amanecer se presenta como
promesa de acogida para todos ("Luz para iluminar a los
que viven en tinieblas y en sombras de muerte" Lc 2,79),
algo nuevo nos está mostrando el evangelista, y los
Magos son testigos de que Dios definitivamente ha roto los
muros que le relegaban a una sola raza. La capacidad para
ver a Dios empieza a depender fundamentalmente de la actitud
del corazón. Este es uno de los principales mensajes
de nuestro texto ("Dichosos los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios" Mt
5,8).
La estrella no señala lo extraordinario, sino lo
cotidiano habitado de Dios. Dios mismo disfrazado de
debilidad y fragilidad.
"LE OFRECIERON
DONES..."
El don de las ofrendas en el antiguo Oriente era un acto
de sumisión y de alianza. Ofrecen los dones de su
tierra.
Los Padres y Lutero ven en las ofrendas los
símbolos de la realeza (oro), de la divinidad
(incienso) y de la sepultura futura (mirra).
"LE
ADORARON"
Lo admirable del gesto nace de que sean paganos. Por eso
mismo hay una palabra en su adoración que nos habla
de algo que está en lo más profundo del ser
humano, su deseo de Dios y la necesidad de rendir la vida
ante Él.
Los Magos son peregrinos despiertos en la noche,
anhelando la manifestación de Dios, las
señales de Dios (hoy podríamos decir los
signos de los tiempos, las señales de su
latir...).
Tenemos palabras sobre Dios, pero somos fundamentalmente
pobres en la posesión y en la experiencia de Dios.
Nuestra indigencia nace de no poseerle. De estar Dios
siempre más allá como misterio. Nuestros
conocimientos nos satisfacen: una idea, una oración
bien preparada, una obra de caridad... nos puede hinchar,
nos hace sentir bien y nos complace, pero Dios no
está allí, sino más allá y
más acá. Dios no puede dejar de ser un reto y
se ofrece a los que son "ateos", a los que tienen
vacío interior para que Él pueda llenarles. El
occidente cristiano está hinchado de palabras y de
dioses en minúscula. La cultura sacerdotal de que se
ha barnizado el catolicismo está demasiado segura de
teología y moral como para provocar hambre.
Estamos aprovisionados de respuestas humanas y del
más allá, y Dios no acaba de poder desnudarnos
para que le necesitemos de verdad.
Estamos demasiado pegados a nuestros edificios, a nuestro
prestigio, a lo que siempre hemos hecho... como para
ponernos en camino hacia la tierra humilde donde está
naciendo. Tenemos mucho que perder, y esa es, de momento,
nuestra mayor perdición.
Los sacerdotes y letrados le tenían en el templo y
en los libros de la ley -amarrado a buen recaudo-, como para
buscarle en el pesebre. Tenían que atravesar las
murallas de la ciudad, salir de sus hogares templados, ser
vistos por los demás caminando hacia lo incierto,
poner en duda su segura ortodoxia... si el Mesías
surgiera tenían que ser ellos quienes le
señalasen con el dedo, más aún, serian
ellos los que le indicasen lo que tendría que hacer y
decir, "según las Escrituras", claro. Esta especie de
entrada a traición no la podían perdonar,
nunca la perdonarían.
Los Magos, sin teorías sobre el futuro rey, se
convierten en el mejor ejemplo de la verdadera
adoración, nacida de la total implicación, de
arriesgar y aventurar su vida, dejando atrás su
seguridad.
Este capitulo quiere ser un canto a los creyentes
seglares, a los sacerdotes, a la vida consagrada... para que
nos pongamos en camino hacia los lugares donde Dios
está naciendo. Seguro que no son primeramente
nuestras iglesias, nuestras aulas teológicas,
nuestras reuniones estratégicas, nuestras
comunidades, nuestra seguridad de estar cumpliendo los
preceptos de Dios... Nada de eso atrapa o compra la
presencia de Dios, aunque pueda despertarnos hacia ella.
Dios está naciendo... ¿Es posible saber
dónde?
La respuesta está reservada a los que se pongan en
camino. Herodes quería saber eso mismo, y no se le
concedió, porque no estaba dispuesto a salir. Eso
siempre es doloroso, desestabilizador. Ponerse en camino es
empezar otra vez, ir adonde no sabes. Obliga a renovar la
confianza fundamental en Alguien que pondrá una
estrella en tu senda, para iluminar la noche hacia ese
lugar, aún desconocido. Ese Alguien reclama una
confianza plena, que te lo juegues todo a sólo
Él. Un Dios celoso que quiere ser amado con amor
primero.
SAL... de la apatía, de nuestra fe aprendida
teóricamente, de nuestro miedo a la libertad, de
nuestra desconfianza en Él, de nuestra vida cercada
de pólizas de seguros a todo riesgo.., hacia lo
humilde con humildad, para convertirnos en testigos alegres
de este Dios humilde, pequeño, entrañado en lo
débil, hambriento del calor de las criaturas.
Los magos se encontraron con unos letrados al servicio de
un poder y con un poder al servicio de la ambición,
no encontraron mediaciones adecuadas de la presencia humilde
de Dios.
¿Encontraremos nosotros el camino para ser libres y,
así, ser transparentes anunciadores de la bondad de
Dios hacia los pequeños y hambrientos?
¿Lograremos superar el miedo a perder y, así,
poder entrar -confiados en Dios y en su poder- en el
inseguro terreno de los pecadores, de los que viven
esclavizados por cualquier mal, de los que tienen hambre de
esperanza, de los que "pasan" de Dios, de la Iglesia, de
"los curas"? ¿ Cómo lograremos estar más
preocupados porque resplandezca Él y nuestro
prestigio quede a la sombra? ¿Cómo convertir
nuestra vida en estrella que ilumina el camino hacia el
misterio y luego desaparece?
Recordemos la tentación siempre al acecho del
poder, de conservar un Dios aprendido de memoria, defendido
con la espada de la tradición, pero al que, tal vez,
hemos privado de la capacidad de conmovernos, de arrancar
nuestro lado más humano, más tierno,
más del corazón, ese lado que dejamos ver ante
un niño recién nacido. Recordemos la
tentación de hacernos sedentarios, atrincherando
nuestra vida, olvidando que somos peregrinos en busca de la
luz, atentos a los guiños de Dios.
1. Cf. Pierre BONNARD, Evangelio
según San Mateo, Cristiandad, Madrid, 1983
(2ª ed.), p. 43, nota
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