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Tipos de
oraci�n
Santo Domingo
de Guzm�n (El Greco)
Los
caminos de la oración son muchos. Se puede orar de
varias formas. Existen muchos modos de entrar en contacto
con Dios. Cada quien elegirá el suyo de acuerdo a su
personalidad, a sus circunstancias personales, a lo que le
llene más espiritualmente en cada momento
determinado.
Las
principales formas de oración son:
Oración
vocal
Lectura
meditada
Contemplación
del Evangelio
Oración
sobre la vida cotidiana
Oración
de contemplación
Oración
vocal
Consiste
en repetir con los labios o con la mente, oraciones ya
formuladas y escritas como el Padrenuestro, el
Avemaría, el ángel de la guarda, la Salve.
Para aprovechar esta forma de oración es necesario
pronunciar las oraciones lentamente, haciendo una pausa en
cada palabra o en cada frase con la que nos sintamos
atraídos. Se trata de profundizar en su sentido y de
tomar la actitud interior que las palabras nos sugieren. Es
así como podemos elevar el alma a Dios. Podemos
apoyarnos en la oración vocal para después
poder pasar a otra forma de oración. Todos los pasos
en la vida se dan con apoyos, y la oración vocal es
un apoyo para las demás. La palabra escrita es como
un puente que nos ayuda a establecer contacto con Dios. Por
ejemplo, si yo leo "Tú eres mi Dios" y trato de hacer
mías esas palabras identificando mi atención
con el contenido de la frase, mi mente y mi corazón
ya están "con" Dios.
La
lectura meditada
Un libro
nos puede ayudar mucho en el camino a encontrarnos con Dios.
No se trata de leer un libro para adquirir cultura, sino de
tener un contacto más íntimo con Dios y el
libro puede ser una ayuda para conseguirlo. No se trata de
aprender cosas nuevas, sino de charlar con Dios acerca de
las ideas que nos inspire el contenido del libro.
Hay que
leer hasta que encontremos una idea que nos haga entrar en
contacto con Dios y ahí frenar la lectura
"saboreando" el momento. Es así como se profundiza en
las ideas del libro para escuchar a Dios.
Si cuando
estamos leyendo, se produce una visita de Dios,
abandonémonos a Él.
Al orar
hay algo que nos "llama", una idea en la que sentimos la
necesidad de profundizar. Para profundizar volvemos a la
idea para verla en todos sus aspectos hasta que llegue a
sernos personal, hasta que la hagamos propia. Esta idea
mueve nuestra voluntad, nuestra capacidad para el amor, el
deseo y el afecto. Esta oración debe terminar con un
propósito de vida de acuerdo a las ideas en las que
hemos profundizado en compañía de
Dios.
Contemplación
del Evangelio
Consiste
en leer un pasaje del Evangelio, contemplarlo, saborearlo y
compararlo con nuestra vida, tratando de ver qué es
lo que debo cambiar para vivir de acuerdo a los criterios de
Cristo. Al leer el Evangelio nos vamos a familiarizar con
los gestos y las palabras de Cristo, y a comprender su
sentido. Poco a poco iremos cambiando nuestra mentalidad y
nuestra conducta de acuerdo a los criterios del Evangelio.
Comparamos nuestro actuar en la vida con la vida de
Jesús en el Evangelio. Se trata de mirar a
Jesús más que mirar el pasaje del Evangelio,
escuchar su Palabra.
Al orar
de esta forma, hemos pasado de la reflexión que se
detiene a mirar en cada punto a un mirar simplemente a
Cristo.
Para
ponerlo en práctica conviene seguir los siguientes
pasos:
a)
Ponernos en presencia de Dios y ofrecerle nuestra
oración. Leer lentamente la escena del Evangelio para
tener una visión rápida de conjunto, del lugar
donde sucede. Por ejemplo, en Belén, en el templo de
Jerusalén, etc. Después pedirle a Dios que
adquiramos un conocimiento más hondo de Jesús
para amarlo más y poderlo servir mejor.
b) Volvemos
sobre el pasaje evangélico y:
- Vemos a
los personajes que hablan y actúan en el pasaje.
Fijarnos en cada uno en particular viendo primero su
exterior para luego contemplar sus sentimientos más
íntimos, sean buenos o malos. Sacar algún
fruto personal.
-
Después escuchamos las palabras: Penetrar en su
sentido, poner atención a cada una de ellas. Algunas
palabras las podemos escuchar dirigidas a nosotros
personalmente. Sacar un fruto personal.
- Como
tercer punto, consideraremos las acciones: seguir las
diversas acciones de Jesús o de las demás
personas. Penetrar en los motivos de tales acciones y los
sentimientos que los han inspirado. Sacar algún fruto
personal, recordando que la oración nos debe llevar a
la conversión de corazón.
c)
Terminar charlando con Jesús o con su Madre la
Santísima Virgen María acerca de lo que hemos
descubierto.
Oración
sobre la vida cotidiana
Dios
está presente en nuestra vida. Los acontecimientos de
la vida son un camino natural para entrar en contacto con
Dios. Es necesario buscar la presencia de Dios en nuestra
vida y descubrir qué es lo que Dios quiere de
nosotros. Esta búsqueda y este descubrimiento son ya
una oración. Estar atentos a lo que Dios quiere de
nuestra vida es hacer oración y nos invita a
colaborar con Él. De esta "mirada" sobre mi vida
nacerá el asombro, el agradecimiento, la
admiración, el dolor, el pesar, etc. De esta manera
nuestra vida entera será una
oración.
Oraci�n de contemplación
Se le
conoce también como silencio en presencia de
Dios.
Este es
el punto donde culminan todos las formas de orar de las que
hemos hablado con anterioridad. Es el momento en que se
interrumpe la lectura, o se deja la reflexión sobre
un acontecimiento, una idea o un pasaje del Evangelio. Se da
cuando ya no hay deseos de seguir lo demás: se ha
encontrado al Señor con toda sencillez,
después de recorrer un camino. Hemos experimentado
interiormente que Dios nos ama a nosotros y a los
demás. Es guardar silencio en presencia de Dios con
un sentimiento de admiración, de confusión, de
gratitud, cuando nos sentimos invadidos por la grandeza de
Dios y su amor hacia nosotros y nos ofrecemos a
Él.
La
oración contemplativa es mirar a Jesús
detenidamente, es escuchar su Palabra, es amarlo
silenciosamente. Puede durar un minuto o una hora. No
importa el tiempo que dure ni el momento que escojamos para
hacerla.
Para
tener una oración contemplativa, debemos:
a)
Recoger el corazón: Olvidarnos de todo lo
demás, encontrándonos con Él tal y como
somos, sin tratar de ocultarle nada.
b) Mirar
a Dios para conocerle: No se puede amar lo que no se conoce.
Al mirarlo debemos tratar de conocerlo en su interior, sus
pensamientos y deseos.
c) Dejar
que Él te mire: Su mirada nos iluminará y
empezaremos a ver las cosas como Él las
ve.
d)
Escucharle con espíritu de obediencia, de acogida, de
adhesión a lo que Él quiere de nosotros.
Escuchar atentamente lo que Dios nos inspira y llevarlo a
nuestra vida.
e)
Guardar silencio: Silencio exterior E INTERIOR. En la
oración contemplativa no debe haber discursos,
sólo pequeñas expresiones de amor. Hablar a
Jesús con lo que nos diga el
corazón.

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