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Adoraci�n
Señor,
desde mi niñez mis padres me han enseñado a
rezar, a orar, a recitar el Padre Nuestro y el
Avemaría y ha sido mi sustento espiritual hasta estos
días.
También
he participado en grupos de la Parroquia, en cursos sobre
Oración y todo ello me ha enriquecido mi
dimensión espiritual. He aprendido a leer tu palabra,
a comprenderla y a escudriñarla, gracias a las
enseñanzas que recibí de muchas personas,
sacerdotes a quienes todavía hoy sigo recordando por
su dedicación y disponibilidad, pero también a
laicos, quienes con su ministerio me han brindado su tiempo
y su conocimiento para ahondar en tu Palabra.
Luego, en la
realidad de la vida, en las dificultades y pruebas que fui
experimentando, empecé a sentir la división
que tenía en mi interior, entre lo que sabía
de tu Palabra y "vivir" tu Palabra con mis hermanos,
familiares y con el ambiente que me rodeaba.
Sinceramente,
entré en un conflicto muy grande, porque comenzaron a
aparecer por doquier mis contradicciones e inconsistencias.
Me vi reflejado en San Pablo, sujeto a otra ley, la del
pecado, haciendo lo que no quería y no haciendo lo
que deseaba. Ahora que estoy hablando contigo, te digo que
esto me deja preocupado. Cuando por diversas circunstancias,
he dejado de leer y cumplir tu Palabra, he perdido la
referencia: comencé a deslizarme cada vez más
hacia abajo. Cuando sin darme cuenta permití que se
diluyera el sentido del pecado, lo cometí y
volví a cometerlo y aún mas: no he quedado
perturbado! Pero, seguí deslizándome
más abajo. Cuando las necesidades de las personas y
sus llamadas de auxilio comenzaron a serme indiferentes, un
día, lo recuerdo bien, me sentí realmente
vacío y acobardado.
Ayer, me
prestaron un libro, el cual sostiene que la solución
a estos problemas es simplemente saber adorar. Señor,
asísteme e instrúyeme. Dime que significa la
adoración.
Hijo,
cuando me encontr� con la mujer Cananea, ella estaba muy sedienta y
Yo le ofrec� un manantial inagotable para calmar su sed. Le dije:
Adora al Padre en Esp�ritu y en Verdad, porque �l se complace y
busca adoradores que lo hagan de esa manera.
No es nada
difícil, simplemente escucha. Ahora estás en
el piso de un gran fondo oscuro. Si miras a los costados,
sientes que te aprisionan las paredes que se achican segundo
a segundo. Te sientes como atrapado y sin ninguna salida, te
falta la luz, y no puedes huir ni correr. Estás
quieto, sin movimiento y muy rígido. No temas.
Comienza a adorar. Inclina tu cabeza hacia arriba, y
verás lo único que puedes percibir: un tenue
rayo de sol. Este es el inicio. Esta luz te
alcanza.
No preguntes
nada, calla por un pequeño tiempo. Sólo mira
hacia arriba. Mira y fija tu mirada a lo invisible, pero con
fe y mucha confianza. El sol te alumbrará un poco
más y así verás grandes cosas,
aún mayores de lo que han visto otras personas.
Siéntelo, �l está ahí, no busques su
rostro porque es inescrutable. Escucha su murmullo, abre tu
corazón ahora para que disfrutes su dulzura y
misericordia. Tiéndele la mano porque ha venido a
estrechar su mano con la tuya y luego déjate llevar.
�l te alzará como en un soplo, vendará tus
heridas y se sentará junto a ti sobre una
roca.
Temblarás
ante su presencia, tus emociones se colmarán de
plenitud por su cercanía, tus lágrimas
caerán a borbotones por la inmensa alegría que
experimentarás en su nube de gozo y felicidad. Ahora
estás con �l. Míralo, escúchalo, pero
no hables. �l te entiende y te responderá tus
interrogantes. Sólo disfruta en calma y quietud.
Ensancha tu corazón y observa a tu alrededor. Percibe
los colores, la nueva dimensión de las cosas, las
flores que crecen, el agua que fecunda el desierto seco de
lo que pisabas y entonces sólo di: Gracias Padre!
Nada más.
La
adoración es extasiarse con gozo y gratitud
simplemente ante su Presencia, el silencio del lenguaje del
Amor. Si por algún motivo tu alma se entristece,
vuelve a la adoración. �l te necesita así,
humilde y confiado en creer que de nuevo vendrá
cuando lo llames. No busques su rostro. Lo
encontrarás; en todas las cosas y personas que te
rodean. Y cuando lo encuentres y tu amor se plasme en una
oración de alabanza, estarás adorando. Y
porque �l así lo prefiere, te volverá a
buscar. Pero no lo olvides: déjate hallar.

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