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En
los días 15-18 de Julio de este año
2004, se ha celebrado en el Centro Diocesano de
Espiritualidad del Corazón de Jesús
en Valladolid, el "1 Encuentro de Estudios sobre
Maestros de Espiritualidad".
Alguien,
hace años, se adelantó a dar al Hno.
Rafael este sobrenombre, el P. Antonio Royo
Marín O.P. en su libro de la BAC: "Los
grandes maestros de la vida espiritual" y entre
ellos trae, al que él mismo llamara: "uno de
los más grandes místicos del siglo
XX".
La
figura del Hno. Rafael, "seducido por Cristo" ha
sido el pionero en esta serie de maestros, y las
conferencias han estado a cargo del:
-
P.
Alberico Feliz Carbajal O.C.S.O. Vicepostulador
de la Causa de Canonización del Beato
Rafael;
-
P.
Juan Antonio Martínez Camino S.J.
Secretario de la conferencia
Episcopal;
-
y
D. Francisco Cerro Chaves Pbro. Director del
Centro de Espiritualidad de
Valladolid.
-
Todo
ello ambientado por el recital de Alberto Ramos
(Cantautor), con canciones de su C.D. "Saber
Esperar".
1ª
CONFERENCIA
DATOS BIOGR�FICOS
Aunque
una historia de datos biográficos, no sea
muy gratificante, dentro de un ambiente de
espiritualidad, es del todo imprescindible y
necesaria, para enmarcar la vida de cualquier
personaje, sea escritor, artista, investigador,
héroe o santo.
Pablo
VI en sus "Enseñanzas al Pueblo de Dios",
dejó escrito: "Nuestra recomendación
es que, debemos conocer las biografías de
los santos; ellos pueden ofrecemos un número
incomparable de experiencias humanas y de ejemplos
que incitan al mayor progreso posible en sentido de
perfeccionamiento moral y espiritual,
recordándonos al menos aquella pregunta que
ya se hacía San Agustín: Si estos y
éstas han podido llegar a la santidad,
¿por qué no yo?".
Intentar
suprimir el ambiente histórico de una
persona, con sus circunstancias sociales,
ambientales, familiares y hasta
caracteriológicas, sería lo mismo que
pretender describir un paisaje excluyendo sus luces
y sombras, o describir una partitura sin pentagrama
en qué apoyarse.
En
cualquier consulta médica, sobre todo si es
de carácter grave, el doctor nos retrotrae a
la historia de nuestros antepasados, por si acaso
hubiera un rastro hereditario en la dolencia que
queremos exponer, y que luego titularán con
"historia clínica" con nombre
propio.
Y
Santa Teresa, en la preciosidad descriptiva del
"Castillo Interior", profunda lección de
teología espiritual ' no comienza por la
séptima morada en la que vive la
unión mística de Amado con amada,
sino por la primera, en la que se estudia la base
antropológica: afirmación de la
persona, su capacidad y dignidad y su apertura a la
trascendencia; o sea, desde el portero de la
primera morada oteando los arrabales del castillo,
hasta lo más íntimo y
entrañable de la séptima, en que se
celebra la fusión de amores a lo
divino.
Por
tanto, el historial biográfico es del todo
necesario para conocer a nuestro Hermano
Rafael.
El
Hermano Rafael es siempre joven, y de manera
permanente se viste de primavera. No es una frase
rebuscada, sino que ha quedado escrita en un
cuarteto, hablando de su "Diario":
- "Naciste
en primavera... roja y
blanca,
- un
"Diario" se abrió, marfil y
rosa;
- en
otra primavera: fuego y
roca
- me
dejaste sellado, en una
Trapa"
|
- Casa
donde nació el Hno.
Rafael
|
Vino
a la luz de la vida en la leal ciudad de Burgos, el
domingo de Ramos, el 9 de Abril de 1911, a las 8,30
de la tarde y murió el 26 de Abril de 1938,
pasadas las seis y media de la mañana,
cuando la Comunidad de un centenar de monjes,
acababa de celebrar la misa matinal en la Trapa de
San Isidro de Dueñas.
Podríamos
decir que su joven vida de 27 años
recién estrenados, fue calco y copia que
sintetiza la Pasión y Resurrección de
Cristo: Pasión por haber nacido el domingo
de Ramos y Pascua por haber muerto en la octava de
la Resurrección.
La
casa de sus padres, sita en la calle "Paseo de la
Isla" número 15, sigue estando en el mismo
sitio con distinta numeración y la calle con
el nombre de Avenida del Generalísimo, hoy
día parece ser que se halla en
pésimas condiciones y abocada a desaparecer:
cristales rotos, ventanas abiertas, palomas que
buscan refugio
La
parroquia a la que pertenecía era la de
Santa Águeda históricamente conocida
por "Santa Gadea", donde según la
tradición el Cid Campeador hizo jurar al rey
Alfonso VI, que no había participado en la
muerte de su hermano. Allí fue bautizado el
21 de Abril, que cayó en el viernes de la
primera semana de Pascua.
Doce
días tardaron en bautizarlo, y su nombre fue
múltiple, según la conveniencia o
concierto familiar, y así se le puso el
nombre de Rafael, Arturo, Álvaro y
José, dándole por abogados, la
Inmaculada Virgen María y San Luis
Gonzaga:
- -
Rafael por su padre,
- -
Arturo por su abuelo
paterno,
- -
Álvaro por su abuelo
materno,
- -
José por devoción al
patriarca que venía de lejos
como veremos
- -
Inmaculada para recordar el nombre de
su madre María
- -
y San Luis Gonzaga por su abuela
paterna Luisa de la Campa
|
- Pila
donde fue bautizado
|
|
Sucedería
lo mismo con sus tres hijos que
llegarían
después:
Fernando,
que más tarde fue cartujo, y que
muchos hemos conocido por vivir 20
años con nosotros en la Trapa,
tomaría el nombre de su abuela
Fernanda Torres Erro, que fue su madrina
de bautismo;
Leopoldo,
el de su padrino Don Leopoldo Torres Erro,
tío suyo y Marqués de San
Miguel de Gros;
|
Pila
donde fue
bautizado
|
Y
la única hija, el nombre de su madre Mª
de las Mercedes, familiarmente "Merceditas", que
sería físicamente el doble de Rafael
Esta
reiteración de nombres, aunque
entrañable y familiar, no deja de crear
dificultades para quien intente describir los datos
biográficos, al tener que prestar
atención para no confundir años y
edades.
El
día 1 de diciembre de 1913, cuando contaba
solamente dos años y ocho meses,
recibió el sacramento de la
Confirmación en el colegio del Niño
Jesús de Burgos, que distaba tan solo unos
pocos pasos del hogar familiar. Pensemos que no
había existido el Concilio Vaticano II y por
lo tanto se recibían los sacramentos de
iniciación cristiana lo más pronto
posible.
Era
lunes, y se celebró en la fiesta de San
Andrés, ya que el 29 de noviembre,- que era
su propio día- había caído en
domingo, y por lo mismo tenía preferencia el
día del Señor, según las
normas litúrgicas.
No
fue el arzobispo de Burgos quien se la dio, sino
que por delegación, se la administró
el obispo de Canarias D. Ángel Marquina
Corrales, ya que Burgos en aquel entonces estaba
"sede vacante", por el óbito de su arzobispo
D. Benito Murúa y López, que en la
noche del 28 de octubre murió repentinamente
en el convento de los PP. Agustinos de la Vid de
Aranda.
Por
decreto real, había sido preconizado
arzobispo de Burgos el 9 de mayo de 1913 D.
José Cadena y Eleta, pero no tomó
posesión hasta el sábado, día
13 de ese mismo año.
En
cuanto a la Comunión, el testimonio
más precioso que recibimos sobre Rafael a la
corta edad de ocho años y medio, nos lo da
su propia madre. Era el 25 de octubre de 1919, un
día cualquiera, pues era sábado .
Como fue en la iglesia de las religiosas de la
Visitación o "Salesas", distante tan solo
unos cuantos metros de su casa, suponemos que fuera
el Sr. Capellán quien se la
diera.
La
frase que le salió del alma a Doña
Mercedes y que la dejó escrita en su libro
"Datos biográficos del Hno. Rafael, monje
trapense fue ésta: "Ya entonces,
debió Dios escogerle para si".... Y las
madres no suelen equivocarse.
Escoger
significa elegir, preferir a una persona para un
fin, que siendo Dios el que escoge no puede ser
otro que de preferencia para su intimidad; por eso
añadía su madre: "pero había
que madurar el fruto: Rafael había de
esparcir en su entorno la semilla de su ejemplo,
para que fructificase en propios y
extraños".
A
cincuenta y siete años de distancia, que fue
cuando escribiera su madre esta frase, resulta ser
toda una profecía, pues Dios fascinó
a Rafael, y en gesto de entrega total, su doctrina
y ejemplo es universal. Repetimos: ¡no es
fácil que una madre se equivoque!
Hay
una sentencia tan profunda como sabia que reza
así: "La belleza de una flor, proviene de
sus raíces" (Ralph W. Emerson 1803-1882), y
podríamos añadir: y del humus o
mantillo que la alimenta y sostiene.
Para
Doña Mercedes y Don Rafael, su matrimonio
fue un gran gozo, al estar convencidos de que el
amor viene de Dios y vuelve a Dios; por eso
vivieron su sacramento en profundidad cristiana, no
solamente en la ensoñación de los
primeros años, sino a lo largo de toda la
vida, sobre todo cuando el Hno Rafael se
sintió llamado a ingresar en la
Trapa.
Cuando
se sueña con una buena cosecha, uno de los
factores principales, es sembrar en tierra buena;
ese humus que según la expresión
evangélica puede llegar a conseguir el
treinta, el sesenta y hasta el ciento por
uno.
Según
los testigos más cercanos, y el mismo
testimonio del Hno. Rafael, la familia
Arnáiz-Barón, estaba sembrada en
tierra buena. No pocas veces recuerda a sus padres
desde lo escondido de su Trapa con un "si es o no
es de nostalgia y añoranza alabando su
bondad:
-
"Tengo unos padres que no merezco".
-
"Estoy orgulloso de mis padres y alabando a Dios en
ellos".
Y
al llegar al Monasterio de San Isidro, cuando
todavía estaban vibrando las emociones del
arrancón de despedida. escribe: "Las
primeras oraciones que salieron de mi, al tomar el
nuevo estado, fueron para mi padre y mi madre. Y
con gesto un tanto guasón, añade:
"Por lo tanto ya veis que de alguna manera cumplo
con el mandamiento de honrar padre y
madre".
Y
refiriéndose en particular a su padre, se
expresa así: "Papá es más
bueno que el pan". "Mi padre no sólo me da
permiso, (se refiere a su ingreso en la Trapa),
sino que él mismo va a
ofrecerme".
Y
escribiendo a su confidente, tía
María, la duquesa de Maqueda, le dice: "Si
vieras qué alegría me da el ver a mi
padre en su misa y comunión, y no dejar ni
un día su oficio a la
Virgen
"
Respecto
a su madre, a la que más se parecía
física y espiritualmente , las descripciones
son preciosas y el recuerdo constante:
-
"Os tengo a todos en el corazón,
especialmente a ti, querida madre
"
-
Bueno, ya para que sepas todo, -escribe a su
tío Polín-, cuando he llorado con
más gusto; y lo subraya como si fuese un
auténtico desahogo-, es con las cartas de mi
madre. Te las mando para que las leas. Y que las
leas es lo de menos. Lo principal es que alabes a
Dios con ellas, pues cuando se ve un alma generosa
y grande como la de mi madre, no puede uno por
menos de ensalzar al Creador desde el fondo del
alma.
En
ellas verás una madre cristiana, heroica y
tan generosa con Dios, que cuando allá en la
Trapa, su hijo el trapense, las leía en un
rincón del noviciado, al mismo tiempo que le
hacían llorar, bendecía a Dios de
tener una madre, que no solamente había
hecho el sacrificio de un hijo, sino que le ayudaba
y fortalecía a llevar su cruz y
sacrificio.
Cuánto
valen a los ojos de Dios esas almas calladas que
apuran el cáliz con resignación, en
silencio, e incluso con alegría, y
qué variedad de actos generosos se pueden
ofrecer a Dios incluso tocando el piano
¿no te parece?
Al
ver el espectáculo grandioso del alma de mis
padres y la gloria que estaban dando a Dios en
aquellos días, me olvidaba de mis propios
sufrimientos y penalidades. ¡Qué
valía lo que yo hacía, al lado de ese
desprendimiento tan sublime de mis
padres!...
En
cuanto a los otros hijos, Luis Fernando y Leopoldo,
que han dejado sus testimonios en los documentos
procesales, expresan sus sentimientos encuadrados
más bien, bajo los prismas de cultura, de
posición social de sus padres, aunque
también de vida cristiana
El
P. Fernando, cartujo de Miraflores, procurador
durante muchos años, y prior de Porta-Coeli
durante muchos más, habla de su padre en
estos términos: el grande orgullo de mi
padre era, que Dios le hubiese elegido tres hijos
para Él.
Cuando
Rafael confió a su madre su decisión
de ingresar en la Trapa, la reacción de mi
padre, -yo estaba presente y fui testigo de la
escena-, fue distinta y más sublime que la
de mi madre; mi padre no se hundió, y
después de un breve silencio, en que el
labio inferior le tembló, sus primeras
palabras fueron: "Bendito sea Dios, que ha elegido
un hijo para El"
Lo
mismo ocurrió cuando su hija Merceditas tuvo
que irse a las Ursulinas de Vitoria. El padre, para
no abrir una segunda herida en su esposa, él
mismo se ocupó de todo el ajuar que
tenía que llevar su hija al convento;
nuestra madre -añade el Padre Fernando- no
se molestó lo más mínimo de
que su marido obrase de esa manera tan confiada en
sus hijos, convencida sobre todo de que lo
único que trataba era evitarla un nuevo
sufrimiento.
De
su madre nos dice: Teniendo nuestra madre una
gran facilidad para la pluma, muy literata y
entendida en música, siempre que hacia las
crónicas de los conciertos, y antes de
mandarlos al periódico del "Lunes", nuestro
padre daba el visto bueno, y ella lo admitía
muy complacida.
Y
nos hace un retrato de doña Mercedes:
"Nuestra madre era alta, muy guapa, un tipo muy
bien formado, una figura espléndida,
enjoyada con joyas de valor, y aunque la gente se
le quedaba mirando, ella no le daba importancia
alguna".
"Fue
nuestra madre, una mujer de fe fantástica
-quiere decir "profunda- y que supo inculcarla a
sus hijos. En realidad su vida fue una cruz
continuada, aceptando lo que Dios le enviaba en
cada momento, y así:
- -
a Rafael, su hijo mayor, le vio
enfermar a los diez años de
grave pleuresía;
- -
salir a hacer sus estudios a Madrid,
cuando siempre había estado a su
lado;
- -
ingresar en la Trapa, recibirlo
gravemente enfermo a los cuatro
meses
- -
volver a despedirse de él tres
veces más.
- -
y por último, no verle morir, ni
siquiera acercarse a su
sepultura
|
- Colegio
del Niño Jesús de Burgos,
donde
- el
Hno. Rafael recibió la
Confirmación
|
Leopoldo
por supuesto, que fue quien vivió siempre al
lado de sus padres, será quién nos
pondere las facetas y cualidades de sus
padres.
De
su madre nos dice, que no asistió a colegio
alguno: todo lo aprendió directamente de su
padre en clases particulares. Las dos gemelas
Mercedes y Fernanda, nacidas en Quiapo, Manila
(Filipinas), por circunstancias del cargo que
ostentaba su padre D. Álvaro Barón,
como comandante de guerra, estudiaron como
asignatura especial de aquel tiempo para mujeres,
la carrera de piano, y llegaron a tal
perfección, que obtuvieron un primer premio
en el Conservatorio de Madrid tocando a dos
manos.
-
Extremadamente inteligente, con gran facilidad
literaria y un vocabulario amplio, poseía un
gran sentido estético de
dicción;
-
Conocía al menos tres idiomas: el
francés, que hablaba perfectamente, el
italiano y el portugués, además de
tener un amplio conocimiento del
inglés.
-
A todo esto le acompañaba una gran belleza
física, que le hacía ser una mujer
impresionante: muy guapa, con un tipo
magnífico, alta y bien construida, al que
correspondía un pensamiento claro y
agudo.
-
La religiosidad que recibieron los hijos en los
primeros años, fue obra de Doña
Mercedes, pues D. Rafael, hacía una especie
de delegación en su esposa.
-
Era mujer de gran piedad: oía misa y
comulgaba a diario. Pertenecía a la
Acción Católica Militante, metida
siempre en una atmósfera
clerical.
-
Tenía un don de gentes muy grande, de modo
que por su cultura, brillantez de diálogo y
rapidez, se conquistaba el
público.
-
El cariño y entrega a su marido fue enorme,
era su idea fundamental. Para ella la familia era
una cosa muy importante, pues el personaje que
llevaba dentro, al cual respondía toda su
vida, era un personaje familiar y
entrañable. Aceptaba todo lo que de Dios
venía y como llegaba. Tenía una gran
capacidad para todo. Estudió para enfermera
después de casada, en Burgos, en la Cruz
Roja, y cuando llegó a Oviedo, especializada
en quirófano ayudó al Dr. D.
Julián Clavería. Mujer muy capaz para
llevar a sus hijos, a su marido, la música,
los escritos ensayos y la
enfermería.
-
Hay un detalle muy significativo en su
última hora: se despertó de noche,
como enfermera reconoció que tenía
una angina de pecho, llamó a su sirvienta
Socorro Fernández y le dijo: vete corriendo
a llamar al sacerdote y le dices que venga
rápidamente que no aguanto más de dos
horas, "es mi hijo Rafael el que viene por
mí"
y ocurrió tal como se lo
había dicho a la sirvienta, muriendo llena
de fe.
Pero
las aguas hay que tomarlas de arriba; tenemos en
nuestro poder detalles preciosos que avalan todas
estas afirmaciones sembradas en tierra
buena.
Don
Rafael fue educado como interno en los Jesuitas de
Oña, que en aquel entonces, por la
disciplina, el reglamento estricto, y la piedad
profunda y práctica, era como encontrarse en
una especie de noviciado religioso. Y no solamente.
en los largos meses de estudio, sino que cuando se
iban de vacaciones, seguían unidos a los
profesores por un carteo de seguimiento y casi de
dirección espiritual.
Un
día le escribía el P. Cirilo Villegas
durante las vacaciones y le decía: "Mi
apreciable discípulo Rafael: Este verano si
que has sido hombre de palabra, no sólo me
ha llegado la carta prometida, sino toda una
porción. Creo que en todo lo demás te
habrás portado como un caballero
a
juzgar por tus notas y los puntos conseguidos,
haces presagiar muy buenas "esperanzas".
Pero
hay mucho más en su vida de piedad. El mismo
P. Cirilo Villegas le recuerda en otra carta:
"Cuando me escribas, que quiero sea después
de la fiesta de San José, me dices si has
hecho los siete domingos, ayunando los viernes de
Cuaresma, sacudiendo tu pereza y aburrimiento
frente al nuevo curso, aunque sea a golpes de
disciplinas
-¡Y esto se lo decía
a un chico de 17 años!-. Te felicito por
haber hecho ejercicios
espirituales
Uno
de los propósitos que creo te hayas
formulado, será el de continuar frecuentando
los sacramentos cada ocho días. Supongo que
el día de tu santo, confesarías y
comulgarías como buen cristiano.
Me
gusta mucho que mires con seriedad el nuevo y
difícil paso de tu carrera, y espero que
seas bueno de veras, piadoso, dócil y
aplicado. No quiero que pase el día
hermosísimo de San Luis Gonzaga, sin
recordarte y felicitarte, ya que es el día
de tu angélico patrono.
De
su madre, no tenemos cartas de colegio, puesto que
toda la formación la recibió de sus
padres, pero si algunos ensayos literarios, que
demuestran su pensamiento profundamente cristiano y
ejemplar, aunque a nuestros oídos modernos,
en que se vive tanto libertinaje de sentidos y
costumbres, resulten un tanto
anacrónicos.
Un
primer título es: "El culto al hogar", en el
que se habla de las virtudes de la mujer en la vida
doméstica, llamando al hogar: arca de amores
buenos, de virtudes sólidas, un descanso de
penas y fatigas, un verdadero oasis en el
tráfago del humano vivir.
Otro
título era: "Cosas de verano: una tragedia
vulgar", en el que detalla el ambiente de una playa
asturiana, y una pareja de jóvenes que por
primera vez se miran a los ojos haciéndose
promesas de amor.
Al
final él le pidió a ella un beso, con
esa fácil argumentación: ¿es que
no voy a ser tu marido? La joven contestó
con firmeza de mujer honrada y casta:
¡cuándo lo seas!
Y
la niña hizo bien. Aquel hombre era... como
uno de tantos, impulsivo en el querer y pronto para
olvidar
No
volvió
La fortuna y el destino le
llevaron a otras tierras, y aquel rincón de
la costa astur, un corazón de mujer
sufrió en silencio, la punzante pena de un
desengaño de amor"
Esta
es la tierra buena, en que nació Rafael:
unión plácida y fecunda;
armonía y entendimientos de pareceres;
unión de amor en el Amor; coincidencia
preciosa en que el amor horizontal coincide con el
amor vertical.
RAFAEL COLEGIAL
"La
infancia de Rafael transcurrió serena"; esta
es la frase de su madre, que describe con una sola
pincelada, el lapso de tiempo desde su niñez
hasta el ingreso en el colegio.
Como
D. Rafael su padre había estudiado en los
Jesuitas, eligieron para su primogénito el
Colegio de la Merced que no estaba lejos de su
casa. Inició el curso en Octubre de 1920,
cuando Rafael había cumplido en Abril sus
nueve años.
Su
educación, piedad y compostura, ya desde su
entrada, le hizo caer bien ante los profesores;
además era de los que le gustaba visitar la
capilla, demostrando sentimientos de religiosidad
cristiana.
En
medio de la alegría del nuevo ambiente que
acababa de estrenar, y de las reuniones que
había empezado a tener con los chicos de la
Congregación, iba a ocurrir un contratiempo
inesperado, cuando tan solo llevaba tres meses
escasos . También aquí
pudiéramos decir que "Dios había
comenzado a cambiarle el paisaje
pues Rafael,
de pronto se encontró físicamente
mal, agotado y sin fuerzas, por lo que tuvo que
suspender la asistencia a las clases. Una fiebres
colibacilares dieron con él en la cama:
altas temperaturas, desgana, decaimiento
general.
Viéndose
imposibilitado de asistir en su colegio a la misa
dominical, como Congregante de María
Inmaculada, de la que, desde muy chiquito fue un
gran amante, pidió al Rector del colegio por
medio de su madre, en aquel tiempo el P.
Oraá, que con frecuencia le llevase la
Comunión.
Así
estuvo Rafael niño postrado y convaleciente
hasta el uno de Abril, en que viendo que no se
recuperaba, su madre le llevó a Madrid,
donde estuvo hasta el cuatro de Mayo de 1921, o
sea, un mes en casa de su abuela Fernanda Torres,
la cual se encariñó tanto de
él que le regaló una cámara
fotográfica.
Se
lo dice a su padre en unas líneas que
escribió desde Madrid al día
siguiente: "Queridísimo papá,
llegué muy bien y sin marearme nada; no tuve
tiempo de escribirte ayer, y te mando esta postal
pintada por mi; estoy muy contento. Ayer fui a ver
a mis primos. Da muchos besos a los niños, y
un abrazo muy fuerte de tu Rafael".
Pero
ya desde ahora el Señor le está
advirtiendo que su camino va a ser la Cruz desde
tan tierna edad esa "Cruz" que él
interpretará más tarde con una frase
tan incomprensible, como "su tesoro", pues al
volver de Madrid se le declaró la
pleuresía que había permanecido
latente durante los meses anteriores. Su gravedad
fue mucha, y no menores sus sufrimientos que
soportaba con gran paciencia
Todavía
convaleciente, le enviaron sus padres a
Ávila, ya que el clima de altura de aquella
región completaría de un modo
definitivo su curación. Conocería por
primera vez aquel rincón de la finca de
Pedrosillo, en la que pasados los años,
sería para él, centro de intimidades
y desahogos a lo divino, con sus tíos D.
Leopoldo Barón, hermano de su madre, y
Doña María del Socorro de Moscoso y
Reinoso, duques de Maqueda
Este
es un detalle hasta ahora no constatado ni siquiera
en las Obras Completas y nos parece extraño,
que Doña Mercedes no lo haya recordado ni
siquiera en su libro: "Vida y escritos del Hno.
Rafael". El tío "Polín", -como
cariñosamente le llamaba Rafael- lo trae en
el primer libro que salió a luz a los pocos
años de morir el Hermano Rafael, con el
título: "Un secreto de la Trapa" y que hizo
tanto furor en aquel entonces.
Lo
recuerdo perfectamente: fue el año 1941
cuando se presentó Don Leopoldo en nuestro
Monasterio. Llevaba entre manos un proyecto
ambicioso, para lo cual conversó ampliamente
y pidió colaboración al Padre Abad y
a los monjes.
Se
trataba de hacer una biografía sobre el
Hermano Rafael, que hacía tan sólo
tres años que había fallecido y
comenzaba ya entonces a despertar interés
creciente en algunas personas que le trataron
más a fondo. Iba a titularse "Un secreto de
la Trapa". Durante bastante tiempo, se leyó
el borrador escrito a máquina en la sala
capitular ante una Comunidad de más de un
centenar de monjes, y la impresión general
fue extraordinaria, y para la mayor parte de los
religiosos era de verdad el auténtico
descubrimiento de un "secreto" de la vida escondida
de Rafael en Dios.
Sin
embargo Doña Mercedes, da por asentado, que
fue al término de sus estudios de
bachillerato en 1929 cuando preguntó a su
hijo, qué quería como premio, y que
él había respondido ir a pasar unos
días a Pedrosillo.
Escribe
ella:
"Al
correr los años, cuando ya Rafael era un
hombre de una madurez de juicio superior a su edad,
haciéndole descansar de sus tareas
escolares, le mandaron sus padres a una finca que
en Ávila poseían sus tíos, los
duques de Maqueda, hermanos de su madre, y a
quienes desde entonces le unió un gran
cariño, que fue siempre considerado como un
hijo más. Acompañado de su hermana
Mercedes, llegó a Ávila el mes de
Julio.
Era
ya un muchacho alto, distinguido, de cabellos
negros, elegante en posturas y modales, muy
cuidadoso en el vestir, pero sin afectación
ni petulancia. De carácter jovial, franco y
alegre, extremadamente sencillo y con un gran poder
de atracción en sus ojos oscuros. Acababa de
cumplir Rafael 18 años".
Pasada
la crisis y ya completamente restablecido, su padre
lo llevó a Zaragoza para ofrecérselo
a la Virgen del Pilar y darle gracias por la
curación obtenida.
En
Octubre de este mismo año 1921,
volvió de nuevo a los estudios, sin
más interrupción hasta primeros de
Enero.
Como
colofón a este primer año de colegio,
año -que en realidad sólo han sido
siete meses escolares, a causa de sus dolencias -
el P. Florentino del Valle S.J., en un libro
reciente, titulado: "Los Jesuitas en la Merced:
cien años de historia. Burgos 18901990", nos
trae un detalle muy curioso, en el cual pudo tomar
parte el Hermano Rafael.
La
vida del colegio, -nos dice- se completaba con una
amplia actividad piadosa y cultural. Era normal la
pertenencia de los colegiales a la
Congregación Mariana, sita en el mismo
edificio de la Merced:
-
se celebraban con solemnidad las fiestas de las
primeras comuniones;
-
eran frecuentes las conferencias sobre los
más variados temas;
-
Y lo más alegres eran las excursiones,
principalmente a los pueblos de
Burgos,
sobre todo a Oña, donde se encontraba la
facultad de filosofía y teología,
desplazándose a Orduña, donde los
más pequeños se quedaban admirados de
lo que era un auténtico colegio de
Jesuitas.
Por
cierto que en una de estas excursiones, trajeron
-muy posible de los montes de Oña- un
lobezno, a quien los pequeños le pusieron el
nombre de "Aníbal" y que fue la
atracción y objeto de cuidado de los
niños, durante una buena temporada; entre
estos niños se hallaba el Hermano
Rafael.
Entre
formadores y directores espirituales que han
llegado hasta nosotros de aquel primer año
de colegio, estaban: los Padres Nazario, Eusebio
Hernández, y sobre todo el P. Ignacio
Mª Aramburu, muy estimado por su austeridad,
penitencia y sencillez.
A
pesar de su salud enfermiza, cuidó con todas
sus fuerzas de llenar perfectamente el doble fin de
la vocación a la que había sido
llamado:
-
su vida interior era muy íntima y
recogida
-
vivía en continua presencia de
Dios
-
pasaba largos ratos ante Jesús Sacramentado
siempre que tenía oportunidad para
ello.
-
varón eminentemente espiritual a quien los
Superiores confiaron durante largos años la
dirección espiritual,
-
espíritu devotísimo, sujeto a su
cuerpo frágil y tenue, a quien le
habían puesto el sobrenombre de "el santo"
P. Aramburu.
Un
P. Jesuita de aquel tiempo nos asegura: No hay duda
que el Hno. Rafael trató con el P. Ignacio
Mª Aramburu, que influía mucho no
sólo en el ambiente del colegio, sino en las
familias y sobre todo en el clero, comenzando por
el mismo Sr. Arzobispo.
De
esta primera época nos quedan como
testimonios plásticos una serie de
fotografías que recogen momentos
entrañables de Rafael niño, bien en
Villasandino, donde sus padres tenían una
casa solariega, bien en Burgos donde vivieron hasta
1922. Son documentos gráficos y mudos pero
afectivamente irreemplazables, y
así:
-
el primero de todos, es en la huerta de
Villasandino, donde Rafael aún en mantillas
aparece en brazos de su abuela paterna Dña
Luisa Sánchez de la Campa y Tarquez,
mientras un perrazo blanquinegro duerme tranquilo a
sus pies;
-
hay otra ya en cortos, que apenas se sostiene en
pie sobre una silla, y por eso se encuentra a su
lado el ama de llaves para sostenerle. Más
adelante aparece en otra fotografía los tres
hermanos en una carretilla sonrientes y felices
mientras la criada les pasea de esta guisa por la
huerta;
-
Hay otra muy simpática que se la hicieron en
Toro, y que a sus cuatro años está
vestido de tirolés, con un bastón en
la mano derecha, un sombrero de plumas en la
izquierda, y una amplia sonrisa para quienes le
están observando;
-
vendría luego la fotografía de rigor
en el día de su primera Comunión con
vestido de marinero pero sin galones; vestido que
usarían todos los hermanos, incluso
Merceditas en los días festivos para ir a
misa.
Rafael
con su abuela
|
- Rafael
con su niñera
|
Rafael
con su padre
|
Así
clausuramos estos primeros once años que
vivió la familia Arnáiz Barón
en la ciudad de Burgos.
EN OVIEDO: segundo
a�o de bachillerato
Cuando
a primeros de Enero de 1922, se trasladaron a
Oviedo por el cargo que tenía D. Rafael como
ingeniero de montes, ya la familia era completa y
todos burgaleses:
-
Rafael había nacido el 9 de Abril de
1911
-
Luis Fernando el 29 de Mayo de 1913
-
Leopoldo el 19 de Septiembre de 1914
-
Y Mª de las Mercedes -familiarmente
"Merceditas"-, el 12 de Mayo de 1917
Ya
no hubo más hijos en Oviedo.
En
el mes de Octubre de 1923, Rafael comenzó el
segundo año de bachillerato como externo en
el Colegio de San Ignacio, prosiguiendo hasta 1926,
no porque se cerrase entonces el Colegio, -como se
ha dicho- sino porque en el año
académico 1926-1927 se suprimió el
5º curso que era el que le tocaba hacer a
Rafael, quien por esta razón hubo de dejar
el colegio junto con la mayoría de sus
compañeros. Se tuvo que tomar esa medida por
falta de profesorado. Eran 21 alumnos cuya
fotografía colectiva se conserva.
De
su conducta en aquel tiempo, como colegial, da fe
textual el prefecto de entonces, P. Pascual Arroyo
S.J.:
"¡Rafael
Arnáiz Barón ! Mucho le recuerdo en
el momento en que, con sus padres y hermanos Luis
Fernando y Leopoldo, se presentó en 1923 en
el colegio de San Ignacio. Desde el primer momento
se echó de ver en él, al muchacho
acostumbrado a la vida del colegio de la
Compañía. Venía entonces del
externado de Burgos, encajando sin dificultad en la
marcha del nuevo para él, que le
admitía a cursar el segundo año de
bachillerato.
Niño
inteligente, constan sus notas de aplicación
en el libro de los matriculados,
destacándose por su buena disposición
para las matemáticas, no tanto en letras,
precisamente donde más tarde tanto
había de lucir, como lo demuestran sus
diarios íntimos, que sí son los de un
hombre, que ilustrado por Dios descubre su altura
de aspiraciones a la unión con El, ellos
reflejan luces de inspiración
artística.
Desde
el primer momento se capta las simpatías de
todo el colegio y es el centro alrededor del cual,
gira la alegría que sabía infundir en
sus compañeros.
Hay
testimonios procesales de condiscípulos que
estuvieron a su lado en el colegio durante tres y
hasta cinco años, que coinciden con las
aclaraciones del P. Pascual Arroyo.
Uno
de ellos fue José Cervero Lorences el cual
asegura:
Rafael
fue un hombre muy ameno siempre en su
conversación, destacaba mucho en los
idiomas, en cosas que hubiese que estudiar de
memoria siempre sobresalía. Hablaba
correctamente el francés.
Era
muy buen compañero. Jamás
acusó a nadie, cosa que entre chiquillos era
muy corriente. Tenía una conversación
siempre muy amena, recordaba mucho los chistes, y
ya estábamos pendientes de que nos alegrara
con sus cosas.
Era
mucho más profundo que yo. Se notaba en
él y en sus conversaciones siempre un
sentido religioso. Era muy pulcro, elegante, le
favorecía también el tipo alto de
hombros. Ya teníamos en el colegio formada
la idea que se iría de religioso, sin que
pensáramos precisamente que había de
ir a la Trapa.
Su
trato era amable y servicial, siempre dispuesto a
favorecer a todos.
Cuando
el P. Pascual Arroyo añade: "nunca vi a
Rafael tomar parte en juegos de fuerza, pero
siempre en los recreos con su inventiva de un genio
franco y dulcemente guasón", D. José
Cervero Lorences lo ratifica cuando añade:
¡Nunca le vi correr ni jugar a la pelota;
él miraba con satisfacción cuando
nosotros jugábamos!.
Iglesia
de las Salesas
|
Rafael
de Primera
Comunión
|
Placa
de la Primera
Comunión
|
Otra
faceta muy importante es que "era formal y
cumplidor exacto del deber. Su aplicación
era mucha, llevando calificaciones en conducta y
clases, superiores siempre a lo ordinario, que le
hicieron en no pocas ocasiones digno de ocupar
puestos de las dignidades que se nombraban
periódicamente en la distribución de
premios con que se distinguían a los mejores
de entre los buenos.
Y
por la piedad intensa que observaba,
perteneció a la directiva de la
Congregación de San Estanislao, cuya medalla
llevaba años más tarde consigo, y que
me mostró cuando por su enfermedad, vuelto
de la Trapa el año 1934, nos vimos de nuevo
después de muchos años.
Y
entonces, me sorprendió la nueva faceta del
carácter y talento de Rafael, que yo
había dejado de niño el año
1926. Lo encontré elegante,
dignísimo, artista, y sobre todo de Dios, a
quien buscaba inquietamente, como magnetizado, para
ocultarse con Él en el silencio y austeridad
de la Trapa. Vi que estaba yo ante un
misterio
¿Qué había en
aquella alma, que buscaba la nada para ocultarse
desapareciendo, y dejar paso a la Divinidad para
que la poseyera?
Alguien
que le conoció muy de cerca fue su maestro
de pintura D. Eugenio Tamayo Muñiz. En su
declaración procesal nos dice entre otras
cosas
"Conocí
al Rafael desde los trece años de edad, y le
he tenido por alumno a los 15 años,
preparándole para que se iniciara en sus
estudios de arquitectura.
La
convivencia con Rafael en la clase me ha hecho
conocer mil detalles, y puedo decir que realmente,
no era cosa corriente, se distinguía entre
los demás por su humildad, muy generoso y
dadivoso para con todos, y todo ello ha sido
comentado muchas veces entre los mismos
condiscípulos y yo.
Lo
que yo puedo manifestar como resumen de la
impresiones recogidas durante el largo e
íntimo trato con Rafael es que se trataba de
una persona bien definida, algo que se salía
de los corriente por el conjunto de cualidades que
le hacían ganarse la simpatía y el
afecto de cuantos tuvieron la dichosa
ocasión de tratarle.
Sobre
todo quiero destacar su sencillez en el trato, no
exenta de elegancia de modales en él,
espontánea por razón del ambiente y
trato de familia del que era miembro
En
mi estudio, al que frecuentísimamente
acudía con la confianza que podía
tener un miembro de mi propia familia, se mostraba
extraordinariamente afectuoso, tanto conmigo como
con los demás muchachos que acudían.
Era generoso con generosidad espontánea para
todos. Si alguno necesitaba cualquiera de las cosas
que tenía: papel, goma, carboncillo,
difuminos, etc... se lo cedía
espontáneamente con una naturalidad
encantadora.
También
recuerdo haber notado en distintas ocasiones, el
recato y discreción con que se comportaba
cuando los alumnos entablaban conversaciones sobre
asuntos de jóvenes, aunque no fuesen del
todo escabrosas.
Otro
detalle que quiero consignar es que, no recuerdo
haberlo visto nuca enfadado, no solamente conmigo,
-a quien dicho sea de paso- siempre me trató
con extraordinario respeto y afecto, sino con los
otros compañeros y chicos que acudían
al estudio; cosa por otra parte tan frecuente y
fácil entre los chicos de corta
edad"
La
definición por tanto de Rafael en estos
años es: "Niño inteligente, alegre,
travieso en los juegos y formal en los estudios. Y
en medio de todo: hondamente piadoso.
Y
como joven: elegante, espíritu selecto,
artista, con decisión inquebrantable de
entregarse del todo a Dios
Así
lo vio también su maestro de pintura:
siempre le recuerdo de pie en mi estudio, frente al
caballete, horas y horas en silencio, apenas
turbado de vez en cuando por alguna
observación, ausente de cuanto le rodeaba,
absorto en su trabajo.
Ya
entonces vi en él, algo especial que me
atraía irresistiblemente
y al correr
de los años, cuando ya Rafael era un hombre
de una madurez de juicio superior a su edad,
comprendí que aquel espíritu
selectísimo, no servía para el
tráfago de la vida vulgar. Algo había
en él que le encaminaba a alturas mayores, y
muy pronto obtuve sus confidencias íntimas,
siendo yo el primero que oí de sus labios su
deseo de una vida asceta, silenciosa, aún no
definida.... la vida que años después
abrazó en el Monasterio de la
Trapa.
Las
fotografías de aquel entonces, son ya todas
en paisajes de Oviedo, pasando de niño a
joven en las que se ve cómo va creciendo
hasta conseguir la altura de 1,72 metros, y
entretenido en las faenas más simples:
pescando con una red en la piscifactoría que
regía su padre, en barca con algunos
criados, subido a los árboles con sus
hermanos, teniendo al lado a su madre, paseando por
el campo a caballo o escalando montañas y
muy seguro que alabando a Dios en su
interior.
El
año 1926, a petición suya,
comenzó sus clases de dibujo y pintura. Ya
bullía en él, el deseo de hacerse
arquitecto, carrera en la que podía aunar la
ciencia con el arte.
El
amor a la pintura fue siempre la faceta más
destacada del espíritu de Rafael. Dios
quizá se valió de ese medio para
atraerle hacia Sí.
Terminó
con aprovechamiento su bachillerato y
decidiéndose no perder tiempo,
comenzó a prepararse para su ingreso en la
Escuela de Arquitectura de Madrid, donde se
matriculó el 26 de Abril, día
señalado en su vida, recibiendo la carta de
identidad como alumno de dicha escuela, en la que
se hace constar que estaba matriculado para
ingresar en el curso 1929-1930.
Según
su madre Doña Mercedes, era el sueño
de Rafael, su gran ilusión... dibujar,
pintar, llegar a ser algo, plasmar en lienzos y
cartulinas lo que su alma de artista
concebía, abarcando todo lo que tuviera un
atisbo de arte.
EN MADRID
Al
terminar su bachillerato y como premio a la
terminación de sus estudios,
haciéndole descansar de sus tareas
escolares, le mandaron sus padres a la finca de
Pedrosillo, que en Ávila poseían sus
tíos, los duques de Maqueda, hermanos de su
madre, a quien desde niño, cuando fue a
curarse de la pleuresía, le unió tan
gran cariño, que fue siempre considerado por
ellos como un hijo más.
Fue
precisamente en el mes de mayo de ese año
cuando aparece en el "Registro de Ejercicios
Espirituales" del Monasterio la siguiente
reseña: "Del 23 al 29 practicó
Ejercicios Espirituales D. Leopoldo Barón
Torres, duque de Maqueda, conde de Fuenclara y
marqués del Águila".
Fruto
de este contacto y experiencia monacal, que
vivió durante diez años consecutivos,
fue su entusiasmo y admiración por la Orden
del Císter, y su amistad profunda y
espiritual con algunos monjes.
De
su hija Dolores, es esta afirmación cuya
fecha no hemos podido concretar: "Una tarde le
llevó mi padre a la Trapa para que la
conociese; y nos extraña que Rafael no
dejase detalle ninguno sobre esta visita
inesperada".
Lo
que si sabemos con exactitud, siguiendo el orden
cronológico, es que:
-
en el mes de Junio de 1930 se examinó con
toda felicidad del dibujo de estatua, que en este
caso era el del famoso "Moisés" de Miguel
Ángel.
-
La estatua modelo se coloca en medio del estudio,
poniéndose todos los discípulos
alrededor para copiar el frente que les toque. Por
eso dice Rafael a su padre: "Me tocó un
sitio muy bueno, de costado; comencé con
mucha calma y tranquilidad, a pesar de la hora que
nos pusieron -de 9 a 1 de la noche-. Excuso decirte
que a tres días de examen aquí,
suspenden por cansancio, y más que un examen
parece un "record" de resistencia. Pero para mi no,
pues como le tomé afición a la figura
y la empecé con simpatía y sin
tropiezos, no me pareció largo; y no es que
lo diga yo, pero me salió muy bien, y te
digo con franqueza que no hubiera cambiado mi
dibujo por ninguno de los sesenta que había
en la clase; bien es verdad que no me
extraña la cantidad de suspensos, pues
había algunos que merecían tres o
cuatro en vez de uno.
Estoy
sumamente esperanzado y me extrañaría
mucho un suspenso; será lo que Dios quiera y
como he trabajado durante el curso, espero salir
bien"
Después
de aprobadas las primeras asignaturas de
preparación para Arquitectura, Rafael hizo
una excursión por las provincias de
Castilla, deteniéndose en Toro (Zamora) y
principalmente en Salamanca, cuyas joyas
arquitectónicas le tenían,
-según palabras suyas-, verdaderamente
entusiasmado. Desde allí escribe una tarjeta
a todos y cada uno de los suyos.
Volverá
a Pedrosillo, donde pintará unas vidrieras
para la capilla con las figuras de San Bernardo y
San Pablo, así como las portadas de los
libros que su tío va traduciendo: "Del campo
de batalla a la Trapa" "El" y "nosotros", cuyas
estampas conocemos.
Y
aquí es donde se encuentra, -dentro del
año 1930- y con fecha 23 de Septiembre, su
primera visita a la Trapa, llevando en mano una
recomendación de su tío
En
la crónica de la hospedería
quedó consignado: "el día 23 de
Septiembre llegó el sobrino del duque de
Maqueda D. Leopoldo, y se fue al día
siguiente".
Debió
vivirlo con tal intensidad, que a pesar de los
imprevistos que le ocurrieron dice que: "de ese
día me acordaré toda la vida, y en
ratos que tengo de desfallecimiento me acuerdo de
mis hermanos, -(ya llama a los monjes "hermanos"
desde esta primera visita)- de su monasterio y de
sus costumbres, y me animo mucho".
Interpreta
al Monasterio como el lugar de su ensueño y
de su pensamiento, y también "el eje de mi
vida" el sitio en que descubrirá que Dios le
quiere, y en el que desde este momento le llama a
su seguimiento.
He
aquí el punto concreto de su vocación
: "Sólo Dios sabe lo que sentí.
Cuando al entrar a saludar al Señor en la
Iglesia, vi a los monjes cantar en el coro, vi
aquel altar con aquella Virgen, vi el respeto que
tienen los monjes en la Iglesia, y sobre todo
oí una Salve que
entendí yo no
sabia rezar".
He
aquí la atracción irresistible, la
fascinación que obnubiló en Rafael
todo este proyecto. ¡Ahí le esperaba
Dios...! el Señor le hizo ver como en una
teofanía, lo más sublime, como lo
más profundo y de vértigo que pudiera
encontrar en la Trapa, como mansión
místico-contemplativa.
-
fue el flechazo del enamorado
-
el arpón que se clava en la pieza
anhelada
-
la fascinación del Absoluto, experimentada
como cercana y tangible.
Rafael
estaba tan hondamente impresionado, -y éstos
son los imprevistos que le ocurrieron-, que esa
noche se levantó a las 11, pensando que eran
ya las 2 de la mañana, cuando los monjes
debían comenzar el rezo de
Maitines.
Más
tarde, un tanto desconcertado por la emoción
que llevaba dentro, pierde un coche de línea
que podía haberle llevado a la
estación, por lo que tuvo que quedarse hasta
las 2 de la tarde.
En
medio de estos despistes y olvidos, que él
traduce como detalles providentes, dice que Dios es
tan bueno que le proporcionó la
ocasión para observar de cerca los
monjes:
-
que parecían personillas, en medio del campo
frente a las grandes llanuras castellanas de tanto
cielo;
-
en la liturgia eran como ángeles, y
él en su comparación no sabía
rezar;
-
frente a la estameña que vestían
aquellos hombres a él le avergonzaba llevar
una corbata de seda, que la interpretaba como un
pedazo de trapo que halagaba su vanidad;
-
le sobrecogía, que con el sudor de su
frente, defendidos del sol, con grandes sombreros
en la cabeza, trabajasen duramente la
tierra.
Y
cuando por la tarde llegó a la
estación de Venta de
Baños:
-
el trato con los hombres le produjo cierta
repugnancia, después de haber estado con
unos "ángeles" y tuvo deseos de tirar las
maletas y volverse a la Trapa;
-
la impresión de la Salve cantada, fue algo
sublime; cantando así como cantan los
monjes, es imposible que la Virgen no se complazca
en ellos;
-
todo le parecía extraordinario, con orden y
decoro impresionantes: la Virgen con su
majestuosidad y ternura a la vez, la austeridad del
altar mayor sin alfombras ni flores, y sobre
todo
el Sagrario.
Pero
no nos detengamos en estas loas monacales, pues el
prisma maravilloso con que hoy percibe Rafael el
encuadre conventual y sobre todo el de los
moradores del monasterio, se cubrirá de
sombras cuando llegue el día de la prueba y
purificación, y entonces escribirá
"el otro día lo veía todo negro... mi
alma sufría mucho; el recuerdo del mundo, la
libertad..., me abrumaba. Mis pensamientos eran
tristes, lóbregos. Me veía sin amor a
Dios, olvidado de los hombres, sin fe, sin
luz.
Me
pesaba el hábito... tenía frío
y sueño... no sé, todo se juntaba. La
oscuridad de la Iglesia me entristecía..,
miraba al Sagrario y nada me decía. Me
veía "muerto en vida
"
Y
los monjes que antes le parecían
"ángeles", ahora: le parecían almas
en pena, que también eran "muertos
vivos".
Pero
no adelantemos acontecimientos, ni precipitemos
decisiones. Rafael, tampoco lo hizo. Es cierto que
su espíritu salió herido por Dios en
esta visita a la Trapa, pero lo guardaría en
su arcano, y seguiría su vida en Asturias y
Madrid, como si nada hubiera ocurrido.
Como
su propósito era seguir estudiando, tal como
se lo había aconsejado el monje encargado de
los ejercitantes, en su primera entrevista: "me
dijo el padre Armando que ahora no, pero que en
cuanto acabase mi carrera me necesitan". Rafael
comenzó a buscar un lugar propicio para
vivir en Madrid con cierta comodidad.
Sin
embargo, el arpón de atracción a la
vida trapense seguía hurgándole por
dentro, trenzando su vida de estudiante con el
ensayo de sus "impresiones en la Trapa". De
ahí que terminados los exámenes en
Junio de 1932, y de su acostumbrada visita a
Ávila, Rafael llegó a la Trapa para
hacer concienzudamente 8 días de Ejercicios
Espirituales. Y como frase contundente, al mismo
tiempo que misteriosa, escribe en su agenda con
fecha 19, o sea, a los dos días de comenzar
los Ejercicios: "me he convencido de muchas
cosas".
Con
instinto de madre, escribía Doña
Mercedes por aquellos días: "muchas y
frecuentes excursiones hizo Rafael por aquella
época, recogiendo en todas dibujos y
apuntes."
Ávido
de panoramas y altura, y admirando siempre la
grandeza de Dios en las obras de la
creación, se pasaba las horas sentado en
muda contemplación, sintiendo su
ánimo cansado al tener que descender a las
pequeñeces del diario vivir: "Rafael no era
para el mundo..., instintivamente iba hacia
Dios"
Fue
en agosto, a sus 21 años cuando
ingresó en la Caja de Reclutas de Oviedo
para hacer el servicio militar sirviendo en el
Cuerpo de Ingenieros, en el Batallón de
Zapadores-Minadores, le tocó en Guadarrama,
y alternaba los estudios con los deberes militares
y la convivencia con los compañeros de
milicia.
Mientras
tanto sigue llamando a las puertas de las distintas
pensiones: Santisteban, Hotel Iberia, Gran
Pensión Valencia, etc. para dar contento a
su madre, hasta encontrar la Pensión del
Callao, y establecerse allí con un amigo
íntimo, Juan Vallaure, el único
confidente entre los estudiantes, de su
determinación de hacerse monje en San Isidro
de Dueñas.
Nos
consta por juramentos procesales que nunca iba a
espectáculos profanos, como cines, teatros,
y mucho menos a bailes y otras diversiones. Sin
embargo en una ocasión se enteró de
que iba a proyectarse un documental sobre la vida
cisterciense de uno de los monasterios de
Francia.
Se
celebraba el octavo centenario de la abadía
de Sept-Fons (Francia) y el viejo monasterio, se
convirtió en teatro de una escena bien
distinta del ordinario.
Desde
hacía mucho tiempo, la acreditada Casa
"Pathé" había solicitado permiso,
para filmar los distintos aspectos de la vida de
los monjes, y Don Juan Bautista Chantard
había quedado siempre dudoso de acceder a
esta petición.
Pero
un día supo que los organizadores,
decepcionados en sus esperanzas, proyectaron rodar
bajo las bóvedas ojivales de una antigua
abadía, y que serían los mismos
artistas quienes hiciesen el papel de
monjes.
Fue
entonces, cuando todas sus dudas cayeron por tierra
y antes de permitir que se llevase a cabo una
"caricatura de la vida monástica"
abrió de par en par la puerta de Sept-Fons a
las cineastas, que se manifestaron contentos y
felices.
Este
detalle providencial de poder contemplar en
pantalla a los monjes en su ambiente, volvió
a renovar las fuertes impresiones que Rafael
había vivido en la Trapa de San Isidro de
Dueñas, y juntamente con las visitas cada
vez más frecuentes a Pedrosillo terminaron
por decidir el propósito de entregarse a
Dios por entero en el ocultamiento del
claustro.
Finalmente
un hecho ocasional, que expondrá
magistralmente el padre Juan Antonio
Martínez Camino, en su conferencia:
"Génesis inmediata de la vocación de
Rafael", fue el que produjese la decisión
irrevocable de dejarlo todo y esconderse para
siempre en la Trapa.
Y
desde Ávila mismo escribirá una carta
al padre Abad del monasterio Don Félix
Alonso y García, pidiéndole la
admisión en estos términos:
|
Reverendo
Padre: No sé si se acordará
de mí, pues hace tiempo, cerca de
tres años, que no he podido ir a
pasar días a la Trapa; sin embargo,
durante este espacio de tiempo, Dios
Nuestro Señor, ha obrado en
mí de tal manera, que me he formado
el propósito decidido de entregarme
a Él con todo mi corazón y
de cuerpo y alma, y para llevar a cabo mi
propósito y resolución y,
contando además con la ayuda de
Dios, es mi deseo ingresar en la Orden del
Císter. Este es, en breves
palabras, mi reverendo Padre, el asunto
por el cual yo le suplico una entrevista
lo antes posible, para que su reverencia
me ayude y aconseje.
Creo
contar con Dios, y en El solamente
confío, pero en mis primeros pasos,
también confío en la caridad
de su reverencia, a quien trato ya como a
padre y a quien suplico, me admita como
hijo.
|
- Colegio
de la Merded
|
Estoy
en Ávila con mis tíos esperando su
contestación, con la natural ansiedad de
quien quiere entregárselo todo a
Dios.
Por
otra parte, solamente tengo que añadir, que
no me mueve para hacer este cambio de vida ni
tristezas, ni sufrimientos, ni desilusiones y
desengaños del mundo... lo que éste
me puede dar, lo tengo todo. Dios en su infinita
bondad, me ha regalado en la vida mucho más
de lo que merezco. Por tanto, mi reverendo Padre,
si me recibe en la comunidad con sus hijos, tenga
la seguridad de que recibe solamente un
corazón muy alegre y con mucho amor a
Dios.
En
espera de su carta, humildemente le pide su
bendición, su hijo en Jesús y
María
Rafael
Arnáiz.
S/C
San Juan de la Cruz, 4 -
Ávila
|
Monasterio
de San Isidro de
Dueñas
(Palencia,
España)
|
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