2ª
CONFERENCIA
El
primer testimonio del que tenemos constancia, y
sólo como un atisbo de vocación
indefinida, es el que nos recuerda su querido
maestro Don Eugenio Tamayo, el paisajista asturiano
que daba clases de pintura a Rafael, cuando contaba
de 15 a 18 años. El maestro así nos
lo asegura:
Algo
había en él, que le encaminaba a
alturas mayores, y muy pronto obtuve sus
confidencias íntimas, siendo yo el primero
que oí de sus labios su deseo de una vida
asceta, silenciosa, aún no
definida"...
Así
nos lo asegura también José Cervero
Lorences, uno de los testigos procesales de Oviedo,
y que fue compañero de Rafael, desde el
mismo momento que llegó de Burgos, cuando
comenzó el segundo año de
bachillerato en el colegio de San
Ignacio.
Hace
del joven Rafael este conjunto de comportamiento:
"Hombre pulcro y elegante, muy ameno en sus
conversaciones; le gustaba mucho la literatura y
escribir como a su madre. Intentamos hacer un
periódico y él quería
colaborar. Su conducta mientras estuvo en el
colegio, excelente, muy dado a las cosas religiosas
con las que estaba completamente ilusionado. En el
colegio llegaba siempre a misa y comulgaba a
diario. En las charlas con los compañeros
siempre buscaba la idea religiosa y la mejor parte.
Yo pensé siempre, que al acabar el
bachillerato entraría religioso, pero supe
que había ingresado en la Escuela de
Arquitectura en Madrid.
Y
prosigue: "Ya teníamos en el colegio
formada la idea, de que se iría religioso,
tal vez Jesuita, por educarse con ellos, pero de
ningún modo a la Trapa".
Como
vemos, tanto entonces como ahora, se siente una
cierta prevención a esconderse en una Trapa,
interpretándola tan sólo bajo el
flanco de austeridad y privaciones, sin fijamos en
el prisma de la fe y del amor que es la
primacía de toda vocación, y lo que
está en juego en el sentido mismo de nuestra
vida: y bien merece la pena el esfuerzo por
encontrar ese albor, para que nuestra entrega sea
alegre y total a Dios.
Porque
si queremos explicar el sentido profundo de lo que
es la vocación, tenemos que decir, que no es
otra cosa que la vocación cristiana sin
más, ya que no implica nada radicalmente
nuevo y extraño a ella: en la misma medida
que el poeta o el artista no tienen una
vocación distinta de la humana. Cristo es
uno e indiviso, y hemos de vivir nuestra
vocación a la luz del Evangelio.
Ha
sido el Concilio Vaticano II el que nos asegura,
que "la vocación última, la
más profunda y sublime, en realidad es 2una
sola", es decir "divina" (G.S, 22); y que "la
razón más alta de la dignidad humana,
consiste en la vocación del hombre a la
unión con Dios" (G.S,22).
Tan
solo nos diferenciamos en porque Dios llama al
hombre en una comunidad de salvación; de
ahí que la vocación cristiana sea
vocación en Cristo y vocación en la
Iglesia. No hay que olvidar la índole y el
contenido comunitario de la vocación
personal, y al mismo tiempo hemos de poner de
relieve el sentido personal e irrepetible de toda
vocación, de toda vocación en la
comunidad.
Dentro
de esta vocación común universal, no
al margen o paralelamente a ella ' se inscribe la
"vocación religiosa" y la "vocación
sacerdotal", que además de ser vocaciones
estrictamente personales tienen una marcada
dimensión social y un quehacer
específico en la Iglesia.
En
este sentido, la vocación contemplativa de
un trapense, como la que vivió el hermano
Rafael y tratamos de vivir nosotros ' no es otra
cosa que hacer explicitud de la vida cristiana,
como acción y pasión de nuestra
existencia, como único quehacer y total
testimonio, al que tratamos de ordenar todos
nuestros potenciales y subordinar todas las
necesidades de la vida.
Al
intentar ponerlo en práctica con
radicalidad, queremos tan sólo ser signos
vivos dentro de las dimensiones esenciales del
Evangelio de Cristo, recordando con nuestra
presencia escondida, aquel pequeño resto de
Israel, que no anhelaba otra cosa que permanecer
fiel y ser esperanza granada. Más que
intentar "hacer", pretendemos "vivir por dentro",
"ser" a los ojos de Dios, y de este
modo:
- -
rememorar el rostro de Aquel que
buscamos;
- -
hacer caer en la cuenta, frente a los caminos
que marchan hacia Dios, que es Él el
camino personal, la palabra explícita y
el rostro vivo;
- -
y frente a todos los contrapuntos de la
música de los hombres, no intentamos otra
cosa que ser el acento en la melodía de
fondo y el canto firme del recuerdo de Cristo,
para convertirlo en soporte y centro de
atracción en todas nuestras
actividades.
Esta
vocación es la que estaba bullendo en el
interior del joven Rafael, esperando el momento
propicio para una feliz eclosión.
Toda
persona por el portentoso hecho de venir a la vida,
ya lleva por dentro encendida una estrella;
estrella no fugaz, sino permanente y fija que
llamamos "vocación" y que lo único
que hace falta es que se dé cuenta de tanta
maravilla.
Alguien
ha escrito, que si hubiera de expresar cual es la
mayor de las bienaventuranzas de este mundo
subrayaría sin vacilar, que la de poder
vivir lo que uno ama. de lo que uno ama. Y a
continuación, que una segunda y formidable
bienaventuranza, aunque de segunda clase seria
llegar a amar aquello de lo que se vive.
Pero
curiosamente, parece que son pocos los que
disfrutan de la primera, y no muchos más los
que conquistan la segunda.
Y
no es que la luz de la propia "vocación"
suela ser opaca; lo que pasa es que, muchos la
confunden con las tenues estrellas del capricho o
de las ilusiones superficiales.
Exactamente
todo lo contrario. Una "vocación no es ni un
lujo, ni un sueño quimérico, y menos
un afán de notoriedad. Todas las aventuras
espirituales son calvarios. Y el que se embarca en
una verdadera "vocación" ha de estar bien
seguro de que será feliz, pero no
vivirá nada cómodo, pues supone sobre
todo, una terquedad santa, y una entrega total,
como lo veremos a lo largo de la vocación
del Hno Rafael.
Por
eso repetimos la bienaventuranza: Dichosos los que
saben a dónde van, para qué viven, y
qué es lo que quieren, pues de ellos es el
Reino de los vivos, y después es el reino de
los santos.
-
Y todo comienza cuando uno menos se piensa y en la
data más imprevista:
Dios
llega a su persona en el interior del alma, y de
pura abstracción que era, como pasa la
mayoría de los mortales, se convierte en "
el que Es", en el "Viviente", con una intensidad
tan real, que cualquiera otra vivencia pierde
relieve y casi desaparece; al menos queda esfumada
en el último plano.
Es
entonces cuando el protagonista él o ella
encuentran a Dios en su conciencia, en su vida y
fuera de ella, en el mundo y en todo lo que vive en
su entorno. Ya no hay ni ensueños ni
ilusiones que merezcan la pena sólo
están El y el alma, y el resto
desaparece.
Y
no es cuestión de dar razones, pues las
propias palabras resultan pobres para expresar
realidad tan grande.
- -
decimos que "Dios habla", y nada oyen nuestros
oídos
- -
que "Dios se manifiesta" y nada ven nuestros
ojos; y a pesar de ello no hay expresión
más adecuada que el "oír" y "ver",
sin ver ni oír.
Y
tampoco se trata de llevar una vida en el mundo, O
entre valores y categorías humanas a las que
se procura impregnar de fe y amor cristiano, es
más bien, un dejarse atraer y seducir, para
darse a Dios como suprema aspiración en la
vida.
Dos
preguntas se nos ofrecen en este misterio
vocacional:
- -
¿Cuál era la génesis y
hontanar de ese deseo de darse a Dios en el Hno
Rafael?
- -
¿Y cuál fue la causa inmediata de su
vocación precisamente en la
Trapa?
-
-
- a)
La Familia
Si
hubiera que precisar en qué consiste la
comunicación del Espíritu que da
origen a la "vocación", pudiéramos
decir que es un acento o modalidad en el don de la
fe que suscita en el alma cristiana "una intensa
aspiración vital hacia Dios" y la lleva a
consagrarse en plenitud y para siempre a su
búsqueda y al cumplimiento de su
voluntad.
- D.
Rafael y Dña. Mercedes, padres
del Beato Rafael
|
Es
por la moción de este carisma y en
su función cómo el cristiano
puede ser impulsado a llamar a las puertas
de un Instituto o Monasterio.
Hay
algo insustituible en la vida de los
hijos: la transmisión de fe en la
iglesia doméstica o sea en la
familia. Lo recuerda la
Constitución 'Dogmática
Lumen Gentium: "Los padres deben ser para
sus hijos, lo primeros transmisores de la
fe ,mediante la palabra y el ejemplo, y
deben fomentar la vocación propia
de cada uno, pero con un cuidado especial,
la vocación sagrada" . (L.G.
11)
|
Esto
hicieron los padres de Hno Rafael. Hay constancia
muy subrayada en los testigos procesales, sobre
todo de los que vivieron y convivieron con
ellos:
- -
sus padres gozaban de cualidades morales,
excelentes, nos dice uno;
- -
eran personas muy cristianas, formaron a sus
hijos religiosamente, y la prueba es que de los
cuatro, tres de ellos ingresaron en el convento,
nos dice otro;
- -
familia sinceramente religiosa y que se
preocupó siempre de la buena
educación de sus hijos;
- -
su padre aunque serio, era honrado a carta cabal
y ella una señora muy católica,
dedicada siempre a organizar festivales para
recabar donativos con destino a obras
benéficas:
- -
ambos muy rectos y religiosos, la madre dedicaba
mucho a obras de caridad;
- -
la madre de Rafael era muy religiosa; estaba
dotada de grandes cualidades artísticas y
culturales, de gran temple; el padre más
serio, pero no se opuso a la vocación de
Rafael, antes al contrario, él mismo le
llevó a la Trapa.
- -
Y finalmente nos dice Socorro Fernández,
sirvienta durante 38 años en la casa
Arnáiz-Barón: "Ambos eran buenos,
buenísimos, él era de
carácter serio pero de buen fondo, ella
muy agradable y muy buena, como una santa de
Dios. Se preocuparon sobremanera de la
educación de sus hijos"
Gracias
a este ambiente de amor y religiosidad, es como en
el templo familiar - que es el hogar , tienen
cabida y se expresan con toda espontaneidad los
componentes clásicos de lo religioso: la
adoración, la acción de gracias, la
petición, el culto a los misterios de Cristo
etc....
Unos
detalles tan solamente:
- -
En la fotografías de niño, aparece
Rafael con una cadena en el cuello, de la que
pende una cruz y una medalla. No era un mero
adorno externo, sino una profesión de fe
y uno de tantos gestos de religiosidad del hogar
Arnáiz-Barón.
- -
Tenían la feliz y piadosa costumbre de
que en el momento que bautizaban a sus hijos les
colocaban la cadenita de oro con la cruz de
Cristo, poniendo el nombre de cada hijo en el
reverso, como refrendo y recuerdo de su
regeneración cristiana. El día de
la ía Comunión
añadían a la cruz, la medalla de
la Virgen del Pilar, pues el "Patrón",
como llamaban los hijos cariñosamente a
su padre, le tenía especial
devoción, así como a la Virgen del
Carmen devociones que él recibió a
si mismo de su propia madre Dª Luisa de la
Campa.
- -
No se ponían a comer sin que Dª
Mercedes bendijera la mesa, como no terminaban
tampoco el día sin coronarlo con el rezo
del santo rosario. Debía ser precioso al
anochecer, o ya de noche ciega, ver a aquella
familia recogida en oración; los padres
sentados en postura magnificada de autoridad y
protección, y los cuatro niños de
rodillas a su alrededor, en el salón de
la casa.
- -
A su ingreso en el Colegio de la
Compañía de Jesús, cuando
Rafael contaba ocho años nada más,
se inscribió como Congregante de
María Inmaculada, de la que desde
chiquito fue muy amante. Por la intensa piedad
que observaba en ambos colegios ,en el de Burgos
y el de Oviedo ,perteneció a la directiva
de la Congregación de San Estanislao de
Kostka, cuya medalla llevaba consigo más
tarde. La de San Luis Gonzaga se conserva entre
los recuerdos que se hallan en el
Monasterio.
- -
Todas la iglesias y conventos de Burgos y de
Oviedo, fueron testigos de las fervorosas
visitas al Santísimo que Dª Mercedes
hacía, acompañada de sus hijos, a
los que enseñaba a rezar y a vivir la
presencia real de Cristo en la
Eucaristía.
- -
En el hogar Arnáiz -Barón, se
vivía en sentido profundo, al mismo
tiempo que con naturalidad increíble, esa
piedad familiar llamada a desembocar en
auténtica contemplación, basada en
la fe elemental de las personas
sencillas.
-
Siendo
así que la piedad del hogar está
inspirada en las verdades de la revelación,
es natural que se cultive una comunicación
cordial como de amigo a amigo, como de persona a
persona. Recordad si no, la entrañable
película de "Marcelino Pan y Vino " cuando
se pasaba ratos y ratos hablando con Manuel", que
en realidad era el Enmanuel, su amigo
invisible.
- Rafael
niño
|
Este
hecho que parece elemental, al basarse en
las prácticas de piedad corriente,
llega sin embargo al núcleo
esencial de la fe, bien en contra de las
abstracciones meramente
intelectuales.
Si
quisiéramos buscar un símil
para simbolizar este influjo materno de
oración en el alma de sus hijos,
pudiéramos encontrarlo en el riego
gota a gota que hoy día se usa con
tanta frecuencia en huertas y jardines .
Ni que venga el ábrego, ni la
sequía más recia, pueden con
las tiernas plantas, porque a sus
raíces llega siempre el frescor del
agua que les da vigor y
fortaleza.
Y
quiero ilustrar este símbolo con un
caso histórico de nuestros
días lleno de ternura. A una joven
muy llena de Dios, pero sencilla y jovial
en su hacer y decir , le invitaron a tomar
parte en un grupo de animación. El
tema - bien extraño en nuestra
sociedad y ambiente ' era el de dar
testimonio viviente de cómo
había aprendido ella a hacer
oración y entenderse con
Dios.
|
De
momento comenzó a bucear en su propia
historia, y quiso llegar al origen de su encuentro
con el Señor ; y con quien se
encontró fue... con su propia
madre.
Recordaba,
que con su corta edad de tres a cuatro años
recién estrenados mientras su padre
trabajaba en el turno de noche, iba a refugiarse en
la cama con su madre; y entre mimos y ternuras,
ésta abajándose a su corta edad, y
recordando su juguete preferido, un teléfono
de plástico , en lugar de las oraciones que
ya se sabia de memoria, le dijo a la niña
que podía hablar a Dios y pedirle todo lo
que quisiera, que de seguro lo
alcanzaría.... Primero hablaba a Dios su
madre, y luego la niña, hasta que rendida ,
se quedaba dormida
Y
tanto le gustó la idea a la pequeña ,
que cuando llegaba la hora de recogerse, a diario
se lo recordaba a su madre , para que ambas
repitieran las llamadas a Dios. A la Virgen, a los
santos.
Después
de años. - habían pasado la escuela,
el Instituto, la Universidad ella cuenta a su madre
que va a tomar parte en ese grupo, eligiendo como
tema la oración. La madre que ya se
había olvidado de todo, le pregunta con la
sonrisa en los labios : ¿ y qué les vas
a decir?
Cuando
le recordó como si lo estuviera viviendo,
que había sido ella el origen de su
aprendizaje por medio del "teléfono",
hablando y orando a Dios , la madre se
derretía de gozo, pues nunca
soñó, que un entretenimiento tan
sencillo, hubiese calado tan hondo en el alma y en
el corazón de su hija. ¿Consecuencia?
Que hoy día está determinada y
entusiasmada por seguir a Cristo muy de cerca,
mientras la madre sigue llorando entremezclando el
dolor y el gozo : dolor porque ya es la segunda
hija que se va ; y gozo... porque el Señor
ha puesto la mirada de preferencia en sus
hijas.
Y
porque la misma fe es referencia a lo invisible,
por eso supone soordinar toda la vida y los
proyectos de acción a un ser y amor
invisibles que se revelan en Cristo.
De
esta referencia a lo invisible, aparecerá
espontáneamente el fenómeno de la
contemplación, ya que todo el que
confía en que por encima de lo casual y lo
fatal - que es el mundo de los adultos sin fe y por
encima de los conatos impotentes, hay una
inteligencia y una voluntad que nos ama
ése es el contemplativo.
Y
aquí viene el milagro de la iglesia
doméstica, que originándose en un
sacramento, vive un auténtico dinamismo
sobrenatural. Esta piedad cristiana del hogar
Arnáiz Barón, fue el paso obligado en
el desarrollo espiritual de nuestro Hno Rafael, de
la niñez a la juventud, del fervor familiar
a la contemplación monacal.
La
casa de sus padres y el monasterio, llegaron a ser
para él, dos hogares, o si queremos, la
piedad que nació entre besos y ternuras, se
desarrolló, afianzó y
consolidó en el monasterio hasta la propia
inmolación, desgranada en los detalles
más insignificantes
- -
de aquella cruz que pendiera de su cuello cuando
fue bautizado, y que no tenía Cristo,
seguiría teniéndola en su pupitre
monacal, haciendo de su propia persona una
ofrenda de Cristo viviente.
- -
Lo mismo pudiéramos decir del rezo del
rosario a la "Señora" y su
devoción entrañable
seguiría dedicándoselo siempre a
la Virgen, aún en los momentos más
insospechados, como era el ambiente estudiantil
y divertido en la Pensión de Madrid.
Representará cómicamente el
"Tenorio", bailará la jota., pero antes
ha rezado el rosario....
Y
lo mismo hará en el convento.
Escribe
a su padre desde el noviciado; después de
contarle los mil detalles del día, concluye
la carta con este párrafo:
"Bueno
os dejo que tengo aún mucho que hacer, como
es hacer el viacrucis y rezar el rosario a la Santa
Madre.... y aconseja a su padre: Mira que no le
dejes de rezar, que aunque yo no estoy muchas veces
me acuerdo de las rapideces de mi madre; ahora yo
lo rezo solo, pero siempre lo hago como si
estuviese con vosotros, y yo creo que la Virgen
recibe las oraciones vuestras y las mías al
mismo tiempo, aunque sean en distintas
horas.
Verdaderamente
es un gran consuelo para los cristianos el
sentirnos tan tinidos.... Cuando hay fe no existen
distancias ni edades, ni padres, ni hijos; no
existe más que una cosa que es
Dios.
Y
en su primera salida, recuerda a su tía
desde Oviedo "Cuando
salía a trabajar al campo, con una mano el
azadón, y con la otra el rosario, ya
podían caer heladas que no me importaba....
Y si vieras con qué cariño
hacíamos en el Noviciado el mes de las
Flores lo tuve que interrumpir con mi
enfermedad".
Vuelto
por segunda vez al convento escribe: "Los ratos que
tengo libres entre el Viacrucis, el santo rosario a
María, un poco de lectura espiritual y todos
los ratos que puedo junto al Sagrario, se me pasan
los días que no me doy cuenta".
La
segunda fuente de su vocación
fue:
b)
El Colegio
Pablo
VI dejó escrito, dentro de la doctrina del
Concilio algo muy interesante y básico sobre
la "Declaración de la Educación
Cristiana de la Juventud" : "La Iglesia es
consciente del gravísimo deber de procurar
con sumo cuidado, la educación moral y
religiosa de todos sus hijos recuerda a los padres
la grave obligación que tienes de disponer y
aún exigir ,todo lo necesario para que sus
hijos puedan disfrutar de tales auxilios y
progresen en la formación
Cristiana"
Y
prosigue: La nota distintiva de la Iglesia
Católica, es crear un ambiente animado por
el espíritu evangélico de libertad y
caridad ayudar a los adolescentes, para que en el
desarrollo de la propia persona, crezcan a un
tiempo según la nueva criatura que han sido
hechos por el bautismo, y ordenar finalmente toda
la cultura humana , según el mensaje de
salvación, de suerte que queda iluminado por
la fe, el conocimiento que los alumnos van
adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre"
Gravissimun Educationis, 8).
- Rafael,
al fondo Colegio de La Merdez en
Burgos
|
Este
mensaje aunque escrito para nosotros en el
Concilio Vaticano II lo vivió en
toda su perfección e intensidad el
Hno Rafael, en los Colegios de "La Merced
" en Burgos , y en el de "San Ignacio" en
Oviedo
Realmente
fue donde todo lo que recibió de
sus padres en sentido piadoso de
oración y devoción, no
sólo se consolidó
profundamente ,sino que floreció en
intensidad y amplitud, pudiendo perdurar a
lo largo de su adolescencia, juventud y
madurez.
|
Por
su comportamiento edificante y orientado por el P.
Aramburu, a quién los jóvenes
buscaban con mucha ilusión, recibió
los distintivos más honoríficos que
existían en aquel entonces en los Colegios.
El mismo se lo recordará escribiendo a su
tío:
"¿Te
acuerdas del Colegio? Algunas veces te he
oído hablar de la Virgen del
Recuerdo...
Se
refiere Rafael a aquel himno de despedida que
cantaban los alumnos al irse de vacaciones y que
además de ser una plegaria preciosa, dejaba
en los corazones de los jóvenes una
vibración de añoranza y un
propósito de ser más buenos .(
Sólo una estrofas):
- Madre
del santo Recuerdo
- que
nunca podré olvidar
- Virgen
que como un lucero
- me
alumbras sobre el altar
- bajo
tu manto sagrado
- mi
madre aquí me dejó:
- ¡Señora,
ya eres mi Madre,
- no
me abandone tu amor!
Otra
versión en sentido de despedida rezaba
así ante un cuadro de la
Dolorosa:
- Dulcísimo
recuerdo de mi vida
- bendice
a los que vamos a partir
- ¡Oh
Virgen del Recuerdo Dolorida,
- recibe
Tú , mi adiós de
despedida
- y
acuérdate de mí!
Y
continua la carta: ¿verdad que efectivamente
es el mejor recuerdo que tienes del Colegio? Ya lo
creo, yo también les estoy muy agradecido a
los Padres Jesuitas por aquella iniciación
en la devoción a María en nuestros
primeros años.
¿Te
acuerdas del solemne mes de las Flores?
Los
congregantes con sus cintas blancas y azules ....
Aquellos cánticos ingenuos , que
cantábamos en la capilla nuestros libros
forrados en papeles de colores y muy leídos
que hablaban de San Estanislao, de San Luis
Gonzaga, San Juan Berchmans, todos tan amantes de
Maria Inmaculada?
¡Qué
lejos todo! ,¿verdad? Pero la Virgen sigue, y
aunque nosotros ya no somos niños, Maria no
nos olvida.... Cambian los tiempos, las
circunstancias. Ahora y no son cintas azules de
Congregantes, es un Monasterio Cisterciense
dedicado a María Es San Bernardo, el Abad
blanco, el que nos enseña a cantar y
publicar sus alabanzas"
Este
paso de la infancia y la adolescencia a la juventud
y de la piedad jesuítica a la piedad
cisterciense, se realizó en él , con
toda naturalidad y sencillez. El contacto con la
Trapa, no añadió nada esencial a su
alma mariana, sino que la hizo vibrar de un modo
nuevo.
Rafael
no solamente no se olvidó de su colegio,
sino que en sus escritos se puede percibir el
marchamo que dejaron impresas las lecciones y
prácticas de su estancia con los PP
Jesuitas, no solamente en frases concretas y en
oraciones tomadas de San Ignacio, sino en algunos
enfoques de la vida espiritual.
El
tercer origen de su vocación,
fue:
c)
La finca de "Pedrosillo"
Ya
sabemos por D. Leopoldo ,hermano de su madre, que
Rafael, niño de 9-10 años
conoció el precioso rincón de la
finca de Pedrosillo, cerca de Ávila, hacia
el año 1921, en la que pasaría
semanas enteras reforzando su constitución
debilitada por la enfermedad, no solamente durante
el verano, sino también durante el
invierno.
Pero
fue en 1929 al terminar su bachillerato, cuando
Rafael pidió a sus padres ir a pasar un mes
a Pedrosillo. En esta ocasión le
acompañaría su hermana Merceditas, a
quien profesaba un cariño
entrañable.
De
esta visita nos habla la hija mayor de los Duques,
en su exposición procesal:
"Respecto
a mi primo Rafael, para mí como un hermano
lo más asombroso fue cómo
encajó allí con mis padres y con
nosotros , lo pequeños, empezando con mis
padres charlas larguísimas.
Vio
también la vida casi conventual que nosotros
hacíamos en casa con D. Justo, el
capellán que teníamos entonces . Por
la mañana celebraba la santa Misa en la
Capilla de casa, por la tarde , el santo rosario,
los jueves y domingos la Exposición Mayor ,
pues mis padres tenían permiso del Sr.
Obispo para ello, y por la noche , nadie se
marchaba a la cama , sin pasar antes por la Capilla
para hacer una visita al Santísimo como
despedida.
En
lo sucesivo todos estaban pendientes de que
llegaran las vacaciones para tenerle a su lado y
durante el curso, si Rafael tenía
algún día libre, en vez de quedarse
en Madrid, venia a Ávila a pasarlo con sus
tíos. "Abrir la puerta y ver a Rafael era
fiesta mayor en casa" dice la Duquesa. Allí
en aquel ambiente de piedad, se fue forjando la
vocación monástica de
Rafael
Sabemos
por el testimonio de su profesor Eugenio Tamayo,
cómo llegó él a vislumbrar el
ideal ascético de su discípulo cuando
recibía en su casa clases de pintura, aunque
no supiera todavía y en concreto su punto de
elección.
Sería
aquí, precisamente en Pedrosillo, donde se
iba a aclarar del todo el horizonte, en fuerza a la
sugerencias que D. Leopoldo le iba a presentar, y
que Rafael iba asimilando en su
interior.
- Finca
de Pedrosillo
|
"De
jóvenes, mis padres, -sigue
diciendo Dolores- hicieron una vida social
algo mundana pero en una ocasión en
que hicieron Ejercicios Espirituales con
el P. Torres, sus palabras le llegaron a
lo más profundo de sus corazones,
recibiendo con ellas un verdadero impacto
y cambiando en el acto su modo de vida y
de pensar, empezaron a confesarse con este
Padre, efectuándose una verdadera
conversión en ellos, cambiando la
tónica de su casa.
|
Mis
padres pertenecieron a la generación de los
grandes santos de su tiempo, con los cuales
tuvieron gran relación: con los jesuitas P.
Torres y P. Rubio, con sor Ángela de la
Cruz, con la que hicieron una fundación en
Toro (Zamora), con Luz Casanova, muy amiga de mi
madre, y con la madre Maravillas, así como
Don José María Escribá de
Balaguer".
- Duques
de Maqueda, tíos del Bto.
Rafael
|
Fue
precisamente en esta recién
conversión cuando llegó el
Hno. Rafael a Pedrosillo. Los Duques, en
sus ansias de ser cada vez más de
Dios, buscaron entre otros lugares el
silencio y soledad de nuestro
convento.
Don
Leopoldo, hombre de Dios, se sentía
atraído por el ambiente monacal de
oración y silencio del que
escribiría sendas estampas
literarias, como pueden leerse en su
libro: "Un secreto de la Trapa", el
primero que vio la luz después de
la muerte del Hno. Rafael.
|
Para
él, el monasterio era: "Todo quietud,
reposo, silencio, un verdadero remanso. Y
escribía: si aquí en esta
Abadía, los pensamientos se convirtiesen en
cuerdas musicales, y en ciertos momentos se les
hiciese sonar, producirían magníficos
acordes de muchas voces".
Y
un poco demasiado poéticamente aseguraba:
"el silencio constante de los trapenses es un
cántico perpetuo: cántico porque es
siempre armonía, y perpetuo porque es de
todo el día y de todas las
horas".
Finalizamos
la conferencia anterior con la misiva de
petición que Rafael escribiera al Abad del
Monasterio.
A
vuelta de correo, recibe una carta del Padre
Maestro de novicios, Fray Marcelo León en la
que accede a celebrar una entrevista, en la cual le
declara que queda admitido como novicio.
Como
quien suelta amarras, Rafael ya se ve bogando por
el mar de Dios. y lleno de alegría se lo
comunica por carta a su abuela Fernanda como
primera confidente, a sus tíos los Duques de
Maqueda, con quienes se explayará de
palabra, y a su amigo Juan Vallaure.
Ardiente
en ansias de renuncia inmediata, no quería
despedirse ni de sus padres ni de nadie; anhelaba
irse desde Ávila al monasterio y ya no
moverse de allí por ningún
género de consideraciones. En realidad lo
que temía Rafael, era a su propio
corazón. La prudencia de don Leopoldo -su
tío Polín- aconsejándole que
diera cuenta a sus padres de su
determinación, fue avalada por la
monición paternal del Nuncio
Apostólico Mons. Tedeschini, que en aquellos
días se encontraba en Ávila y que le
dijo: "creo debe ir usted a despedirse de sus
padres, y recibir su bendición, que por mi
parte, aquí me tendrá usted siempre,
para todo cuanto pueda ocurrirle en el nuevo camino
que emprende; en garantía de ello voy a
anticiparme a sus padres de la tierra y bendecirle
con todo el afecto que merece su generosa
decisión".
Rafael,
obediente a este consejo que interpreta como venido
de Dios, se fue a Oviedo a pasar el mes y medio que
le quedaba entre los suyos. En su carta a la abuela
le había dicho:
"Lo
que sí te suplico es que pidas a Dios que
dé fortaleza a mis padres, y más
que fortaleza, comprensión, y en cuanto a
mi, que Dios me ilumine y me dé luces
para la empresa que a los ojos de los hombres
parece heroica y que en realidad no es
más que corresponder de una manera a los
beneficios que el Señor me ha dado, que
son muchos".
Y
al P. Marcelo le da cuenta en estos
términos:
"Aún
no he dicho nada, pues cualquier cosa me
desarma: un cariño... , una
atención de mi madre... De manera que no
tengo más remedio que dar la noticia de
golpe, diciéndoles que ustedes me esperan
y que yo me voy..., y créame, Padre, me
faltan fuerzas para hacer la herida, y no es por
mi, que yo la tengo sangrando".
Y
a su tío le confiesa:
"¡Cuánto
me pide Dios!!!, pues no solamente me pide que
lo deje todo, sino que antes de dejarlo para
siempre, me pide que lo paladee bien y duro es
tener que hacerse una operación, pero
más duro es tener que prepararse uno
mismo todos los utensilios e incluso deleitarse
con los preparativos...
Mi
madre toca el piano..., me tengo que ir. Si
callo, sufro mucho, si mi alegría alegra
a mis padres, sufro más... Qué
bueno es Dios, tío Polín que me
hace sufrir por Él, pues si no fuese por
Él, yo no tenía por qué
desgarrarme el corazón poco a poco y
lentamente como lo estoy haciendo. Pero
bueno..., dejémosle hacer a El y que se
cumpla su voluntad"
- Rafael,
despidiéndose de su
madre
|
Dejó
Rafael que pasaran las Navidades,
Año Nuevo y Reyes, fiestas en las
que, al no estar su familia en el secreto
que dolorosamente ocultaba, todos las
pasarían bien menos él;
esperaría un momento oportuno que
bien pronto llegó.
Fue
en la tarde del 7 de enero. Cuando su
madre estaba sola tocando el piano, Rafael
se acerca y le pide que deje de tocar. Con
sencillez y firmeza le dice en pocas
palabras: "Madre...
Dios me llama... Quiero irme a la
Trapa".
|
Sabía
que Rafael decía siempre la verdad, por lo
que la madre le creyó absolutamente.
Sólo supo decir entre sorpresa y
lágrimas: "¡hijo!
Cuando
llegó el padre y se lo contó su
esposa, doña Mercedes, quedó mudo de
momento, pero recibió el golpe con entereza
cristiana, notándose tan solo un
imperceptible temblor de labios. Después de
bendecir a Dios, le preguntó:
¿cuándo quieres irte?. Yo te
llevaré... "y no hubo más. Todo fue
natural y sencillo sin dramas ni tragedias. Dios
pedía lo que era suyo y voluntariamente se
lo daba. Un hijo que obediente acudía a la
llamada de su primer Padre, y unos padres humanos
que cumplían con su deber".
La
mañana del día 15, fue la
señalada para la partida: austera en su
profunda sencillez y serena dentro de lo
dramático del momento. Acompañado de
su padre en el coche, Rafael llega a la Trapa de
San Isidro de Dueñas.
Al
despedir a su padre le dice:
"Márchate
tranquilo, que yo me quedo aquí para rezar
por ti".
Le besó la mano y le despidió . Y no
hubo más. Fue la despedida de dos hombres
creyentes : uno sabia por qué se iba y el
otro por qué se quedaba.
En
la crónica del monasterio quedó
anotado: " Ingresa para corista el postulante
Rafael Arnáiz Barón, estudiante de
arquitectura, de 22 años, natural de
Burgos.
Rafael
lleno de ilusión, cree haber llegado a la
mera de sus aspiraciones y de su vocación,
de modo que puede decir a boca llena:
"la
Trapa la ha hecho Dios para mí, y a
mí para la Trapa... Ahora puedo morir
contento, ya soy trapense
"
Todo
lo ve con ojos de novel principiante, y por lo
mismo con novedad gozosa; escribe a su
madre:
"
La campana me dice que son las dos y que tengo que
bajar a Maitines. No lo dudo ni un minuto.., y con
el pensamiento puesto en Dios, y el corazón
alegre, bajo las escaleras del noviciado a toda
velocidad y entro en la iglesia donde mi Dios
está en el Tabernáculo, esperaudo a
sus monjes para que empiecen a cantar sus
alabanzas
"¡Qué
hermoso es el silencio!
Estoy convencido, el
silencio ayuda mucho para no perder la presencia de
Dios."
"El
trabajo en el campo es alegre".
Y
se trataba ¡qué paradoja! ,de arrancar
cepas a pura azada, cuando la tierra en pleno enero
estaba hecha un carámbano
Las
heladas las califica de "magníficas", y " no
me molestaba estar a bajo cero, pues precisamente
el frío que yo tenía estaba
bendiciendo al Señor".
Las
lentejas
las como con mucho gusto, porque las
sazono con dos cosas: con hambre y con amor de
Dios.
En
la cuaresma
se pasa hambre, pero se pasa con
alegría, pues se pasa por Dios
Todo
esto lo decía el Hno Rafael, que como
él mismo escribió a sus padres:"
parezco un novicio recién desempaquetado",
cuando acababa de estrenar su antenombre monacal de
Fray María del que él hacia
tanta gala.
Sin
embargo los caminos de Dios, suelen comenzar,
seguir y concluir por la puerta estrecha,
según la doctrina del maestro místico
san Juan de la Cruz:
Porque
la puerta angosta es la noche del sentido, del cual
se despoja y desnuda el alma para entrar en ella,
juntándose en fe , que es ajena de todo
sentido, para caminar después por el camino
estrecho, que es la otra noche del espíritu,
en que después entra el alma para caminar a
Dios en pura fe, que es el medio por donde el alma
se une a Dios"
De
momento el Señor permitirá que goce
de las emociones y alegrías de una novedad
cuasi celeste, y cuando esté afianzado en
fe, esperanza y amor secreto y hondo de su
vocación trapense, vendrá muy
calladamente el momento duro de la prueba y de la
noche más oscura de sentidos y del
espíritu. Dios es así de
sorprendente, cuando ha conquistado por amor a un
alma, y quiere llevarla a la cima de la
santidad.
Sólo
cuatro meses de goces de enamorado, y su castillo
de naipes más soñado rodará
por el suelo, quedando en el desconcierto
más profundo. De momento guardará un
silencio de misterio, porque ni él mismo
entiende lo que le está ocurriendo, y
desahogará su desvalimiento llorando en la
intimidad. Su alma y su cuerpo, están
verdaderamente triturados. Su cuerpo flagelado por
una "diabetes méllitus", que en pocos
días le ha robado veinticuatro kilos
dejándole casi ciego; y su alma ,por
habérsele cerrado todos los caminos y hasta
hallarse sin brújula para poder
orientarse.
Una
carta desconcertante llega a la familia
Arnáiz-Barón:
"Muy
señor mío y distinguido amigo D.
Rafael: Cuando menos lo esperábamos, se ha
notado hoy que Rafael, su hijo, padece diabetes
sacarina, que podrá curarse con un
tratamiento apropiado y una medicación
racional. Consultado el caso con nuestro
médico, opina que es conveniente marche al
lado de ustedes para ponerle ahí en
tratamiento a la mayor brevedad.
Por
esta razón y con el natural sentimiento,
ruego a ustedes vengan con su coche para
llevárselo y aquí se le darán
todas las instrucciones convenientes.
Con
este motivo y en espera de su llegada, me reitero
atento s. s. Fray María Marcelo
León.
Puedo
atestiguar -nos dice un monje compañero
suyo-,que la noticia comunicada a Rafael aquel 25
de mayo de 1934, constituyó para él
el más terrible de los martirios. Comienza
para el Hno Rafael, la escalada más
difícil, el crisol más purificador,
el despojo más absoluto, el cauterio
más torturante. Vive instantes de
incertidumbre, de duda, de total oscuridad. En lo
más intimo, Rafael se interroga, si de
verdad el Señor le quiere en la Trapa, ya
que padece una enfermedad incurable que hasta
jurídicamente se lo imposibilita.
Durante
casi un mes guardará silencio absoluto con
el monasterio. Luego, como quien despierta de una
hipnosis moral, de un letargo prolongado, vuelve
poco a poco a la luz, colocando las cosas en su
sitio y dando la preferencia a Dios en la
interpretación misma de su
enfermedad:
"Cuando
me fui a la Trapa a Él le entregué
todo lo que yo tenía y todo lo que yo
poseía: mi alma, mi cuerpo... Mi entrega fue
absoluta y total, muy justo es, pues ,que Dios
ahora haga de milo que le parezca y lo que le
plazca, sin que haya por mi parte una queja ni un
movimiento de rebeldía.... Dios es mi
dueño absoluto y yo su siervo, que obedece y
calla.. La prueba que me ha exigido es dura, pero
con su auxilio saldré adelante... sin
retroceder
Él
ha interpretado este grave contratiempo de la
diabetes, como un cambio de escena con ojos de
artista: "Dios
me cambió el paisaje..:
- -
La declaración de su "diabetes sacarina",
que en poco tiempo le llevaría
físicamente a un coma
definitivo;
- -
La torturada convivencia que le tocó
vivir en la soledad de la enfermería
monacal;
- -
Y los demás sufrimientos tanto interiores
como exteriores que tuvo que pasar, orientaron
decisivamente su vocación religiosa, en
el sentido de una espiritualidad de
identificación con Cristo Crucificado en
expresión de San Pablo
Después
de la más negra de "las noches oscuras" en
pura incertidumbre ante Dios y los hombres, causado
por este "cambio
de paisaje", al fin se
convence
de que todo lo que está ocurriendo es obra
de la pedagogía de Dios para con
él.
Este
fuerte sentido providencialista. le hace pensar que
todo forma parte del plan de Dios para con su vida,
llegando a esta conclusión sublime:
"Cada
vez veo más su mano en todo lo que me ocurre
y acontece"
Pero antes había declarado:
"Dura,
muy dura es la prueba que estoy pasando, pero ni
tiemblo ni me asusto, ni desconfío de Dios.
Lo que pasa,
-dice con interpretación en clave
absolutamente
cristiana-,
es en resumidas cuentas, que Dios me quiere
mucho"....
|
Frase
sublime y heroica, que nos indica hasta
dónde llegaba la profundidad de su
fe y su entrega a Dios, en lo más
desolado de su prueba. Esa mano
sobrenatural y divina la seguirá
viendo siempre en los cortos años
de su vida; por eso Rafael, no se detiene
tanto en considerar su enfermedad como una
desgracia, cuanto un cambio
pedagógico de horizontes que Dios
introduce en su vida, para que aquellos
planes tan idílicos que hiciera en
la Trapa, y aquellos esquemas tan bellos y
fáciles se acomodaran cada vez
más a la cruz de Cristo.
|
De
ahí que, más adelante, recordando el
brusco giro que el Señor había dado a
su existencia, hable de su
"pobre
alma, a la que Dios en su infinita bondad,
cortó sus alas"
para
así, mostrarle su pequeñez, es decir,
para que se encontrase a sí mismo en la
verdad.
Aquel
novicio ingenuo nos dice Rafael, Dios de improviso,
"le
cambió el paisaje y le mandó la
cruz".
No
buscó ni pidió, sino que fue la Cruz
la que le buscó a él, en la medida
que podía recibirla y abrazarla.
Lo
valioso de esta experiencia en Rafael, no
está en lo que sufriera o pudiera sufrir,
pues todo el mundo vive probado, sino que
descubrió la ciencia del dolor, y supo
sufrir por Cristo y Cristo Crucificado.
Rafael
no sucumbió impotente ante la sorpresa
dolorosa de su enfermedad, sino que
consiguió asumir en libertad su propia
tragedia, hasta llegar a transformaría en
autodonación a Dios.
Al
igual que tantos otros santos, Rafael supo
descender al infierno de si mismo, asistir a la
muerte de su propio yo, para que de sus cenizas
surgiera y resucitara una nueva
criatura.
Es
ingenuo pensar en una santidad sin desgarros en el
corazón; porque es precisamente ese desgarro
la destrucción de todo lo cimentado en el
egoísmo, que se infiltra hasta las
profundidades más escondidas de nuestro ser,
donde el amor es imposible, o mejor, donde amar es
sinónimo de poseer, dominar y
codiciar.
De
ahí que, un corazón en el que nunca
pasa nada, no sea un corazón real y maduro;
Rafael supo traducir el camino del dolor o
"vía crucis", en amplia calzada del amor,
por eso su espiritualidad se interpreta y califica
como "ciencia y sabiduría de la
cruz".
Se
ha barajado diversas hipótesis sobre la
aparición de la enfermedad en el Hno Rafael;
pero siendo así que ningún miembro de
la familia la padeció, el desencadenamiento
diabético bien pudo ser el resultado de una
insuficiente adaptación del organismo a un
ritmo de vida y alimentación enteramente
contrapuesto al que hasta entonces había
llevado.
Rafael
era de los pocos que provenía, no
sólo de un ambiente cultural urbano, sino
además de un grupo social, que perfectamente
podía ser calificado de élite, todo
lo cual cambió de golpe por un
régimen de vida rural que se levaba en la
Trapa, que además vivía de una
espiritualidad que enfatizaba fuertemente la
austeridad y la penitencia físicas, con una
alimentación poco cuidada y un trabajo
manual intenso.
A
ello se añadía que el Hno Rafael
ingresó justo antes de comenzar la Cuaresma:
tiempo que, era de gran exigencia. El organismo,
sin duda se resintió, y al final se le
declaró una diabetes implacable y sin
esperanza.
Pero
lo que interesa no es ya cómo o por
qué apareció, sino sobre todo,
cómo la afrontó él, y desde
qué claves espirituales.
Una
de ellas, tal vez la más sentida fue la del
"despojo" afectivo a la Trapa. Es bien conocida la
frase que escribe a su tío Polín:
"Me
quedaba una cosa: el amor a la
Trapa".
Esta
ruptura afectiva no era sólo con el
monasterio en cuanto lugar, sino además, y
quizás sobre todo, con el más
excelente ambiente que había encontrado en
el noviciado
A
su tío le recordará en la misma carta
"los cariños profundos que dejó en el
monasterio y de las lágrimas que sus
connovicios derramaron en la despedida.
Pero
el propósito firme de Rafael, su verdadero
"esquema" es el de entregarse totalmente a Dios ,
darle todo lo que tiene y lo que es , y amarle de
modo radical y absoluto:
- -
sólo Dios
- -
Dios totalmente
- -
Dios absolutamente
Y
lo conseguirá a fuerza de pasos de
acercamiento a la cruz y con la Cruz pero con mucho
amor a Dios.
- Rafael,
con sus padres
|
El
11 de Enero de 1936, Rafael vuelve al
Monasterio por segunda vez en
condición de Oblato, pues a causa
de su enfermedad no curada, ni puede hacer
noviciado canónico, ni menos emitir
los votos religiosos.
Es
más, según los Usos y
costumbres de entonces: los oblatos,
canónicamente hablando no son
miembros de la Orden, sino simples
agregados que siguen en todo o en parte
los ejercicios regulares, a juicio del
Abad. Practican en el noviciado los mismos
ejercicios que los novicios por tiempo de
dos años, después de los
cuales estarán con los profesos, si
le pareciere bien al Abad. En todos los
lugares se colocan después de los
novicios, o sea: los últimos de la
Comunidad.
|
En
este segundo ingreso Rafael vuelve a la Trapa
encontrándose con un panorama muy distinto
al de la primera vez:
- -
un aislamiento relativo de la comunidad y de sus
compañeros de noviciado, al tener que
hacer vida de enfermería;
- -
la difícil convivencia con el P.
Pío, mentalmente desequilibrado y que le
tenía vecino tabique por
medio;
- -
la crisis de vocación cisterciense, al
notar que algunos miembros de la Comunidad,
incluso sacerdotes, no aceptaban su
condición de Oblato perpetuamente
enfermo
- -
la poca comprensión del nuevo P. Maestro,
que no supo descubrir el tesoro de Rafael, ni
entrar en su corazón;
- -
y finalmente su situación humillante, al
no poder seguir la vida regular como los
demás, sintiéndose un
inútil en medio de todos y viviendo como
de prestado
sin hablar de la imposibilidad
de profesar y de acceder al
sacerdocio.
Pero
Rafael ya había aprendido en la escuela de
la purificación, a pasar por encima de las
fórmulas jurídicas, y
fijándose en lo esencial supo
asumirías, elaborando con ellas su ciencia
de la Cruz. Por eso escribiendo a su tía
María le dice "En
el rincón de mi Trapa, pediré al
Señor, rogaré a la Virgen en
silencio... pide tú también para que
el Señor acepte mi ofrenda... pues eso
significa "Oblato"
, ofrenda".
Y
al P. Abad en otra carta:
"San
Benito los admitió( a los oblatos) y entre
ellos hubo santos, ¿por qué no he de
ser yo uno de ellos?"
Y
en cuanto a los " votos":
¿no
amo a Dios con todas mis fuerzas? Pues
¿qué más votos? Nada de eso me
impide estar a su lado, el consagrarle mi silencio
con los hombres y el amarle calladamente,
humildemente en la sencillez del
oblatado.
Por
eso escribe a su tía desde el Monasterio y
como reflejo de la experiencia que ha acumulado en
el primer mes de su ingreso, le dice:
"Si
supieras lo que he cambiado en este mes.... Mira,
vine a la Trapa buscando una cosa ,y el
Señor en su bondad infinita me ha dado
otra".
Rafael
está aprendiendo a pasos agigantados: al
venir al Monasterio se le ha impuesto una realidad
bien distinta de la prevista; pero su mirada
percibe enseguida que la mano de Dios quiere
conducirle a la desnudez del espíritu y a la
ruptura de su propio ego.
Y
así dice. "Yo
creo que es mejor no buscar nada, pues el
Señor nos va dando a medida de nuestra
necesidad, los manjares que El cree conveniente...
No desear nada, no buscar nada, no pedir...
solamente amar a Dios y entregarse en sus manos
como un niño pequeño.
Queremos
una cruz ,y esa no es la que nos conviene pues es
"la nuestra". Debemos querer la de Dios, la que
Él nos envíe".
El
designio del Señor para Rafael es un estado
de completa dependencia respecto de Dios ...; de
este modo va transformando su situación
humillante en situación de gracia, e incluso
de alegría espiritual:
"Ha
sido necesario que el Señor me pusiera en
este estado, para que abriera bien los ojos, para
que desterrara mis deseos, incluso el de ser
trapense,
para que me abandonara en sus manos y viviera
colgado de su Providencia".
Si
tuviéramos que sintetizar en una sola
palabra lo que Rafael aprende en este tiempo, dicha
palabra seria, sin duda," abandono santo, por eso
escribió:
"Hasta que no tengamos un perfecto abandono en
manos de Dios, no habremos hecho nada".
En
este sentido su actitud se identifica con el
propósito que hiciera Santa Teresita del
Lisieux, cuando en sentido simbólico y en un
momento en que ni veía luz ni esperanza en
su camino se ofreció al Niño
Jesús para ser su "pelotita".
Le
había dicho -escribe ella- que no me tratase
como a uno de esos juguetes caros, que los
niños se contentan con mirar sin atreverse a
tocarlos, sino como a una pelotita sin valor que
pudiera tirar al suelo, o golpear con el pie, o
"agujerear"..., o dejarla en un rincón, o
bien si le apetecía, estrecharla contra su
corazón. En una palabra, quería
"divertir al Niño Jesús", agradarle,
entregarme a sus caprichos "infantiles
Y El,
había escuchado mi
oración.
Los
santos coinciden en todo lo que se refiere a la
donación y entrega por amor.
A
partir de su segundo ingreso, el Hno Rafael, va a
experimentar la Trapa principalmente, como una
escuela de desprendimiento y configuración
con Cristo.
|
A
pesar de su situación
incómoda, Rafael está
bastante repuesto de su enfermedad. Sigue
casi todos los oficios litúrgicos y
sale al campo a trabajar moderadamente. Es
la etapa en la que Rafael se impregna
mejor de los valores monásticos y
comunitarios : el trabajo, el silencio, la
liturgia etc... a los cuales dedica vaciar
"Meditaciones" desde las más
diversas perspectivas.
Buen
tiempo, pues, para nuestro joven Oblato,
tanto en el exterior como en el interior .
Son ocho meses los que ahora va a pasar
dentro del monasterio el período
más largo de todos los que Rafael
estuvo en la Trapa. Tiempo suficientemente
amplio como para aficionarse y tomar
cariño a esa vida apacible que
llevaba, en medio de su abandono orante a
Dios ,y de la dulce paz que de ahí
le brotaba.
|
De
hecho cuando Rafael, tenga que salir de nuevo por
haber sido llamado a filas junto con otros
hermanos, estará muy poco tiempo fuera, poco
más de dos meses y ,después de haber
sido declarado inútil, se apresurará
a volver al monasterio, a pesar de la cruz que sabe
allí le espera.
Si
Rafael decide esta vez no esperar más
tiempo, es porque sabe que después la
ruptura será más dolorosa. Ahora es
el momento apropiado y él lo aprovecha, lo
cual prueba muy bien la maduración interior
que ha ido teniendo lugar durante el veraneo.
Escribe a su padre desde Ávila:
"No
quiero estar aquí mucho tiempo, al fin y al
cabo mi Trapa es mi Trapa....
¿comprendes?"
Pero
el Señor le tenía preparada otra
sorpresa: el 7 de febrero de 1937 agravada de nuevo
su enfermedad, y a la vista de las difíciles
condiciones de la vida monástica en el
tiempo de la guerra, los superiores le mandaron de
nuevo a su casa...¡es la tercera
salida!
Parece
uno de los sinos de Rafael el hecho de encontrarse
con un panorama distinto al esperado, cada vez que
retorna al monasterio, como si formase parte de la
providencia de Dios para con él, este cambio
no esperado de situaciones, que estrecha un poco
más en torno suyo el abrazo de la cruz,
aumentándosela, por así decirlo, en
la forma dosificada, y a la medida de su capacidad
de integración.
La
víspera de su salida escribe en" Mi
cuaderno" encabezando la meditación con el
"Fiat":
"Aquí
llego en mi cuaderno cuando la obediencia me obliga
a dejar mi celda en la enfermería, mi
silencio, mi vida de retiro del mundo....El me saca
de aquí, El me ha de volver a llevar otra
vez a vivir en su morada....¡Estoy tan seguro
que he de morir Trapense! .No sé por
qué ...pero aunque humanamente hablando
parece que todo me ses adverso, no es
así
Hace falta otros ojos que no son
los del cuerpo para verlo. Hágase la
voluntad de Dios".
En
plena guerra como estaba España, la familia
de Rafael se había trasladado de Oviedo a
Villasandino (Burgos) donde sus padres
poseían una casa y una finca. En aquella
soledad castellana, Rafael volvió a sus
lienzos y pinceles en Dios y en ellos se refugiaba
su alma de artista, soñadora y
endiosada.
De
entonces son sus obras más logradas, y en
todas es Dios quien guía sus manos, dando al
ambiente de sus cuadros, una religiosidad profunda,
un amor grande en perfiles y tonalidades : el
pueblo de Villasandino bajo la lluvia, y al fondo
la vetusta Iglesia Parroquial... Sus ojos al
hacerlo debieron ver al Dios escondido en el
Sagrario de la Iglesia magnífica de aquel
humilde pueblo castellano.
Otra
de sus obras de entonces, que dedicó a un
tío suyo muy querido, es de un simbolismo
impresionante. En el centro del lienzo se alza una
gigantesca Cruz con el cuerpo muerto del
Señor..., a sus pies la figura
microscópica de un trapense. arrodillado, y
sobre todo, el interior de la iglesia con un
pequeño altar pueblerino con la figura de
Cristo en la cruz y el arranque de la amplia
escalera que sube al coro.
Volvió
Rafael a hacer su vida ordinaria, a pasear por los
campos., a hablar afablemente con criados y
colonos.
Un
día Rafael fue a Burgos, subió a la
Cartuja de Miraflores y allí, en una lata
vacía que encontró a su paso,
recibió en la cola de los mendigos, la
comida que diariamente repartía la caridad
de los monjes. ¡Aquel día fue ese
único alimento!
Las
escasas cartas que escribe en estos meses, reflejan
una fuerte crisis interna entre lo que el cuerpo
necesita y lo que Dios le pide . El sabe muy bien
el ambiente de combate real que le espera: la
enfermería, la enfermedad mal cuidada, la
soledad experimentada como aislamiento y encierro.
Y sabe además que con su decisión
acorta drásticamente las posibilidades de
vida; así lo confesará con toda
claridad:
"Cuando
abandoné mi casa ,abandoné de propio
intento una serie de cuidados que requiere mi
enfermedad, y vine a abrazar un estado, en el cual
es imposible cuidar una enfermedad tan delicada.
Sabía perfectamente a lo que venía...
Al ver que tu vida aquí en la Trapa. La
acortabas a sabiendas, al ver que por voluntad de
Dios (y no de los hombres), sentías
más el peso de la enfermedad incurable
aquí, que en el mundo ,donde todo
está a su servicio, también
sufrías".
Rafael
no teme la muerte; está deseando que se
rompa la tela del dulce encuentro con Dios ,por eso
marcha hacia ella como el que va voluntariamente al
martirio, a consumar su vocación:
por
voluntad de Dios, no de los
hombres",
nos acaba de decir
O
sea, no precisamente por gusto, o por tozudez, y
menos aún por una especie de masoquismo
espiritual; sino porque está convencido de
que es Dios mismo quien le convoca.
Gracia
a esta luz interior , lo que en un principio
parecía razonablemente humano, se revela
como sobrenaturalmente irracional. Por eso Rafael
no vacila en dejar a un lado los prudentes consejos
que le llegan de Tescelino, (el enfermero)
contraponiendo su propia argumentación con
esta parábola:
"Suponte
que tú estás en tu casa enfermo,
lleno de cuidados y atenciones, casi tullido,
inútil.., incapaz de valerte en una
palabra... pero un día vieras pasar debajo
de tu ventana a Jesús...."
Si
vieras que a Jesús le seguía una
turba de pecadores, de pobres, de enfermos, de
leprosos..."
"Si
vieras que Jesús te llamaba y te daba un
puesto en su séquito y te mirase con esos
ojos divinos que desprendían amor, ternura y
perdón y te dijera:"
"¿Por
qué no me sigues..."
"¿Tú
que harías? ¿Acaso le ibas a
responder:" "Señor, te seguiría si me
dieras un enfermero...., si me dieras
médicos para seguirte con comodidad y sin
peligro de mi salud..., te seguiría si
estuviera sano y fuerte para poderme valer?
..."
"No.
Seguro que si hubieras visto la dulzura de los ojos
de Jesús, nada de eso le hubieras dicho,
sino que te hubieras levantado de tu lecho sin
pensar en tus cuidados, sin pensar en ti para
nada."
"Te
hubieras unido aunque hubieras sido el
último....fíjate bien, el
último, a la comitiva de Jesús y le
hubieras dicho:
"Voy,
Señor, no me importan mis dolencias, ni la
muerte, ni comer, ni dormir, si Tú me
admites voy; si Tú quieres puedes
sanarme..., no me importa que el camino por donde
me lleves sea abrupto, sea difícil y
esté lleno de espinas , no me importa si
quieres que muera contigo en la cruz...., voy,
Señor porque eres Tú el que me
guía, eres Tú el que me promete una
recompensa eterna, eres Tú el que perdona,
el que salva eres Tú el único que
llena mi alma...."
"Fuera
cuidados de lo que me pueda ocurrir en el porvenir;
fuera miedos humanos, que siendo Jesús de
Nazaret el que te guía... ¿qué
hay que temer?"
"No
te parece hermano, que tú le hubieras
seguido y nada del mundo, ni aún de ti
mismo, te hubiera importado?"
"Pues
eso es lo que a mí me pasa. Siento muy
dentro de mi alma esa dulce mirada de
Jesús..., siento que nada del mundo me
llena..., que ¡sólo Dios...,
sólo Dios..., sólo Dios"
"Y
Jesús me dice:
"Puedes
venir cuando quieras..., no te importe ser
el último..., ¿acaso por eso te quiero
menos? ... quizá más".
Este
convencimiento de que Cristo pasa y le llama a un
requerimiento, es decir a participar en el misterio
de su amor oblativo, es determinante en Rafael. El
seguimiento es parte esencial en la ciencia de la
Cruz; pero un seguimiento en el séquito de
los pobres. Y como pobre retornará al
monasterio: sin equipaje, a excepción de su
rosario, su oficio divino y su crucifijo en el
bolsillo. No exagera su madre cuando escribe:
"El Rafael trapense era mísero y pobre
como el más pobre mísero
mendigo".
El
relato de la despedida es breve y lacónico
pero encierra un profundo dramatismo. En la casa se
crea una atmósfera silenciosa y triste.
Todos saben que es el último adiós, y
él se siente como oveja llevada al matadero:
"madre,
pídele a Él que me muera pronto"...
¡Siempre quisiste mi felicidad, no me desees
una larga vida en la Trapa!
Los
acentos dramáticos, y hasta
patéticos, en que la madre ha sabido
relatarlo, son corroborados por el propio hijo,
cuando al día siguiente escribe, ya desde el
monasterio: "Ayer
al dejar mi casa y mis padres y hermanos ,fue uno
de los días de mi vida que más
sufrí".
Y considero un auténtico "milagro de Dios"
haber tenido fuerzas para abandonar nuevamente
todo, y "venir
a la enfermería de la Trapa, a pasar
penalidades".
Pero
Dios sigue haciendo "milagros", y gracias a ellos,
podemos admirar e imitar la heroicidad de nuestros
santos de ayer, de hoy y de siempre.
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