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Jaume Boada i Rafí O.P. - Bolet�n n� 162  (�ndice)

 

Al Hno. Rafael

Jesucristo era tu vida
en la paz del Monasterio
hecho carne de misterio
en la alborada encendida.
 
Con ansias de cierva herida
te entregaste en cuerpo y alma
al éxtasis y a la calma
de la oración de quietud
siendo Jesús tu inquietud,
umbría de enhiesta palma.
 
Tu eres, Jesús, mi "tesoro"
y mi más firme esperanza
ya que en ti mi mente alcanza
su más perfecto decoro.
Yo te quiero, yo te adoro
y mi espíritu te reza
suplicándote el perdón
al par que mi corazón
se llena de tu belleza.

Porfirio Martínez G.

 

4ª y 5ª CONFERENCIA

Primera planta del edificio y obra de Dios en el Hermano Rafael

Por Juan Antonio Martínez Camino

    En esta primera conferencia vamos a exponer lo que pudiéramos llamar: "el esquema del edificio espiritual del Beato Rafael", según el P. Teófilo.

     Ayer dejamos nuestro itinerario y camino, en el momento en que, después de tres años de maduración, Rafael encuentra la ocasión para tomar la decisión y pedir al P. abad de San Isidro, su ingreso en el Monasterio, en noviembre de 1933.
     Hemos visto la génesis remota de su vocación, de esos dos amores de los que nos hablaba el P. Teófilo: "el amor a Jesucristo en su Humanidad, no una idea arquetípica genérica, sino la verdadera Humanidad de Jesucristo, presente en la Eucaristía e Hijo de María; esos dos amores que surgieron de la escuela y de la familia; y que encontraron en aquel carácter suyo, reflexivo y contemplativo que no se quedaba en la superficie de las cosas, el lenguaje para saber expresarse.
     Rafael, ya había conocido la vida trapense por medio del libro "Del campo de batalla a la Trapa" que estaba traduciendo su tío, una de esas providencias de Dios en la vida de los hombres, pero cuando en el ano 1930, contempla por primera vez a los monjes de San Isidro, dijo: "Esto es lo mío
     Todavía esperará tres años, pues le aconsejan que termine la carrera, y cuando esperaba poder madurar detenidamente su decisión se encuentra con aquella peripecia de la pensión del Callao en Madrid, de la que hemos hablado ayer; de ahí que encuentre la ocasión, no la razón, pues la única razón que Rafael tenía era su amor, el amor que le llamaba y al que el quería corresponder.
     Por eso huye del mundo, no por cobardía, sino como dice el justamente, por "dar el salto" que le exigía el amor.
     Dice Rafael: "Yo considero que si en nuestro camino, encontramos una gran peña que nos impide el paso, es señal de cordura, saltar por encima, en lugar de perder el tiempo y nuestras fuerzas en querer quitarla a fuerza de barrenos y palanquetas... Es mejor y más seguro encomendarse a Dios, tomar carrerilla y saltar por encima, que el luchar a brazo partido con el obstáculo"...
     El amor exige dar un salto, y hay que darlo cuando hay que darlo, y el lo hace precisamente en aquel momento, a mitad de la carrera; da el salto y aceptan su entrada en San Isidro; este el primer itinerario.

LUCHA CON EL "DESTIERRO" Y LA ENFERMEDAD

     Ahora nos quedan dos pasos que dar: es el resto del itinerario. Toda su vida monástica, que como saben ustedes fue una vida muy accidentada, pues tuvo que salir tres veces del Monasterio, el P. Teófilo la divide en dos vertientes, divididas por el 25 de marzo de 1934: es el momento de la enfermedad, el momento de "la hora de Dios", así la llama el P. Teófilo; y si toda la vida de Rafael había sido "hora de Dios", ese día en que tiene que dejar el monasterio por la enfermedad, después de cuatro meses de "luna de miel", ése día ,según el P. Teófilo, supuso una intervención decisiva de Dios en su vida.
     Ella le daría el perfil exacto y le ayudaría a acelerar el camino que le llevaría a la perfección y a la identificación con Cristo, muerto y resucitado, realizando así su función en la Iglesia y en el mundo. así como su función oblativa de amor para los fines que Dios tenía previstos.
     Toda la etapa de su vida monástica tiene esta divisoria: la "hora de Dios" con la diabetes aguda que se le presenta en mayo de 1934. Esa "hora de Dios", significa el "destierro", ya que está en "el paraíso", pues el monasterio -según la más genuina tradición de la espiritualidad y teología monacal, es concebida siempre como "vita angélica"- es el paraíso claustral, y en ese momento tiene que ir al destierro.
     Ese destierro, también va a tener su evolución, en la que el Padre tiene su momento decisivo, a la hora de encauzar los puntos de esa orden de Dios sobre Rafael, que será después de haber estado fuera desde mayo hasta noviembre de 1934, en que Rafael pasará por San Isidro de Dueñas, y allí con la ayuda del P. Teófilo, encontrará la nueva orientación de su vocación cisterciense.
     Vamos a ver el camino que lleva hasta noviembre de 1934, hasta la segunda fase del "destierro". Puede parecer un poco complicado entender todo esto, pero las Obras Completas nos ayudan a entender sus escritos.
     Este esquema que podemos ver de mano de quien lo conoció tan bien y que fue el P. Teófilo, nos puede llevar a precisar, qué significó todo este camino de pasos de sufrimiento:
- un camino corto pero muy intenso;
- y un camino de discernimiento espiritual de primera mano.
     Porque Rafael es un maestro de discernimiento espiritual, que nos hace ver qué es lo que pasa en el espíritu, lo que ocurre en el camino de la vocación.
     Hasta ese punto medio de su "destierro", de su estar fuera del Monasterio, casi año y medio, hay tres pasos:
     Primero, los cuatro meses de "luna de miel", el momento de la "hora de Dios" en que tiene que dejar el Monasterio y luego la primera fase del "destierro" hasta noviembre en la que piensa quedarse otra vez.
     A partir del mes de noviembre de 1934, que pasa por el Monasterio para hablar son el Superior y el P. Teófilo, se da cuenta, de que ya no va a ser lo mismo que antes, sino que su vocación va a ser otra cosa.
     Esto es lo que pasa en la vida; la vida es siempre distinta y lo propio de un discernidor de espíritu, es saber ver lo nuevo y entenderlo a los ojos del camino del espíritu, a los ojos de lo que Dios quiere en ese momento. Y esto es lo que hace Rafael de manera magistral con la ayuda excepcional, fundamental del P. Teófilo: ver, interpretar los pasos de su vida, los sentimientos y circunstancias de su vida.
     Los cuatro meses de "luna de miel" fueron eso. Llegaron después las Navidades, , pasó cuatro meses de novicio, de cielo, pues aquello era el cielo ya que el considera la vida monástica como "vida angélica"; no había estudiado teología, pero había leído libros muy buenos, por ejemplo hemos encontrado en las Clarisas de Avila un libro que dejó Rafael a la M. Pilar; el había hablado mucho con ellas sobre todo con la Abadesa y le regaló un libro de San Juan de la Cruz muy importante, ya que está casi todo subrayado por el.
     No había estudiado Teología, pero sin embargo le deja a su madre una estampa que dice: "Solo hay un consuelo en la tierra que es alabar a Dios" Y esto es lo que hacen los monjes: Alabar a Dios en el coro, como un anticipo del cielo.
     Lo que dice el P. Teófilo es que en estos cuatro meses, Rafael disfrutó como un ángel yendo al coro a cantar, haciendo la vida del noviciado... Algunos textos sobre esto los escuchamos anoche, preciosamente cantados.
     Cuatro meses disfrutó Rafael de su triunfo, su acendrado amor a Jesús y su devoción extraordinaria a la Virgen, convirtiendo su vida religiosa en un paraíso anticipado. Nadie pudo saber si en la vida monástica encontró Rafael algo desagradable; su sonrisa desconcertaba a los curiosos que querían sorprender sus reacciones, la frágil naturaleza de aquel apuesto joven. Todos estaban atentos a ver si aguanta, cómo reacciona, qué hace..., pero el siempre con la sonrisa, envuelto en el ambiente opuesto al que había vivido.
     Todo le parecía bien, todo le caía en gracia, todo le resultaba muy natural y practicable; por eso, a pesar del rigor extremo de la vida cisterciense, todo lo llevaba con garbo y con alegría sincera y contagiosa.
     Hay una carta en la que escribe a sus padres:"Me he acostumbrado muy bien a la Regla, que a primera vista y desde fuera, parece muy dura, pero aquí lo único duro es la cama... Lo demás es austero, pero no es inhumano ni mucho menos.
     Si vieras qué paz se respira tan grande; Esa silenciosa alegría que flota en la abadía y que no se puede explicar, porque esa alegría y esa paz, es Dios que reina en la casa, y El es el único punto de mira de la vida monástica.
     Estoy muy contento, pues Dios me quiere mucho."
     Esta carta es de enero de 1934. Estos son los cuatro meses de "luna de miel que llama el P. Teófilo. "Quisiera comunicaros ,dice a sus padres, mi amor a Dios, para que vierais que vuestro hijo ha encontrado el camino verdadero".
     El P. Teófilo, como buen maestro y guía espiritual, no idealiza las situaciones haciéndolas irreales, ni tampoco oculta a los lectores del Boletín, la lucha que ya tuvo que sufrir Rafael en aquellos cuatro meses. Esto no aparece en sus biografias; lo dice el P. Teófilo casi contando los secretos de confesión.
     El secreto de confesión, cuando ya se es santo, se pueden decir muchos detalles, por ejemplo el P. Teófilo nos dice que Rafael nunca cometió pecado mortal en toda su vida, y que veía de rodillas como extasiado ante la Eucaristía, pero también nos habla de luchas y de algunos defectos en aquellos cuatro primeros meses de noviciado.
     Cuenta el P. Teófilo que su carácter bullicioso y sensible, en ocasiones le jugaba a Rafael malas pasadas, por ejemplo : "Padre, me acuso de haber mirado desde el coro a la tribuna de los seglares". El P. Teófilo recuerda también alguna otra cosa más seria que la falta de recogimiento: la de observar a los demás monjes y compararse con ellos", y pone en sus labios esta confesión: que Rafael llega a la angustia, y que su fogosa imaginación abulta y concede más importancia de la que tiene, llegando a veces a suscitar en mi, tentaciones contra la vocación.

     El P. Teófilo cuenta, que para librarse Rafael de aquella inquietud de espíritu, se hacía sus reflexiones para disculpar a unos y a otros, pero añade que, advertía la necesidad de ir más al fondo , a la raíz de los problemas. Muy difícil, -le dijo el P. Teófilo-, será para ti, verte libre de estas inquietudes, sino tomas tu un remedio radical, que para ello da nuestro P. San Benito. Se refería "al dominio de las pasiones y afecciones humanas.
     Y es entonces cuando le habla de San Juan de la Cruz: "Ya ves, Rafael, escribe el P. Teófilo en 1954 que ni los placeres de los sentidos, ni los afectos humanos, te han de llevar a Dios por si mismos". Y cita a San Juan de la Cruz: "ni eso, ni esotro en el camino para ir a Dios. Nada , nada, y en el monte nada. Déjalo todo y lo hallarás todo que es Dios . Dios es espíritu, te dice el divino Maestro y por lo mismo, los que le adoran, en espíritu y en verdad deben adorarle."
     Y es aquí donde le llega el golpe de la gracia, dice el P. Teófilo, en este mismo año 1954. Rafael hubiera necesitado mucho tiempo, quizás años, dado su carácter abierto y jovial, si hubiera gozado de buena salud, como en los primeros meses de su noviciado. El golpe de gracia fue para Rafael la enfermedad incurable que hizo cambiar bruscamente el ambiente placentero en que el joven se desenvolvía, para conducirle a la soledad, donde el señor le hablaría al corazón".
     También la enfermedad es un acto de la Providencia divina. Se necesita visión de fe para ver esto así, pero el camino de los santos no hay duda que ha sido así... Y lo que nos sobra son teorías con apariencia de fundamentación y de ciencia , y lo que nos falta es práctica, y práctica cristiana.

LA "HORA DE DIOS" Y "EL DESTIERRO"

     Aquí terminan los cuatro meses de "luna de miel". Y llegó "la hora de Dios"con la enfermedad que imprime un "viraje de 90 grados" en la vida de aquel joven novicio. El inesperado asalto de la aguda diabetes que vino a interrumpir bruscamente el noviciado de Rafael el 25 de mayo, y que el P. Teófilo describe como paso para la salida del "destierro".
     El destierro o el desierto: el destierro del Paraíso que era el Monasterio o el desierto que era el lugar que describía Rafael en aquella parábola, a su tía: "he encontrado un inmenso valle con inmensos panoramas, tierras fértiles, sol, flores, plantas de todas clases.., en fin un país en el que la mente humana no lo puede casi imaginar..:' y ahora...
     Jesús vino a quitarle a Rafael incluso los amores sensibles al Monasterio y a la carrera monástica normal. El P. Teófilo, en ese articulo de 1954 dice que el ya le había entregado todo a Dios: lo único que amo, de un modo sensible, que me gusta, que me atrae, es lo que Jesús promete a los que por su amor, dejan el mundo y cuanto en el aman.
     La "hora de Dios" le iba a exigir una "indiferencia" espiritual plena, palabra clave para la vida cristiana.

     "Al saber que Rafael iba a salir del monasterio para volver a su casa gravísimamente enfermo. todos fuimos a despedirnos de el y darle el último abrazo . Al verle tan flaco y débil, pues en una semana había perdido más de diez kilos, quedamos profundamente conmovidos; los oblatos que le amaban mucho, lloraban a lágrima viva pensando que ya no volverían a ver a quien tanto les quería y alegraba.

     Despedidos todos, quedamos en la enfermería Rafael y yo solos. Sentado el en un sillón de su habitación, aparecía agotado, sin fuerzas y moralmente deprimido. Yo traté de reanimarle ayudándole a conformarse con la voluntad de Dios. El reaccionando responde: "Si solo me quedan pocos días de vida ¿por qué no terminarlos aquí en medio de mis hermanos? ¿Qué dirán en Oviedo si me ven volver a casa extenuado, a los cuatro meses de salir de ella, con admiración y augurándome toda clase de favores divinos y espiritual felicidad, a la vez que felicitaban a mi familia?...

     Además, mi venida a la Trapa se publicó en la prensa de Oviedo y se difundió por toda la provincia de Asturias. ¿Y qué pensará ahora la gente de yerme volver a mi casa? ¡No pienso salir de aquí, aunque venga mi padre con una pareja de guardias de asalto!

     Yo traté de devolverle el ánimo y la serenidad asegurándole que se trataba sólo de una dura prueba de Dios, pero que la Santísima virgen de la que era tan devoto, se las arreglaría para que volviera otra vez a la Trapa: "Ahora conviene que vayas con tu padre, pues nuestros superiores no deben asumir la responsabilidad de dejarte morir sin poner los medios conducentes para recobrar la salud".

     Seguimos hablando largo rato en íntimo coloquio espiritual, y recordando algunas cosas que no mucho antes habíamos tratado sobre el desprendimiento de todo afecto puramente humano que impidiera la entrega total a la divina voluntad de Dios. También el afecto al monasterio, al coro, al hábito a la misa, todo afecto humano, aunque sea de lo divino."

     Rafael escuchaba con atención, pero hablaba muy poco. Una de las cosas que recordamos fue lo de las "nadas" de San Juan de la Cruz: "Ay, Padre, exclamó entonces, Rafael; ahora comprendo lo que me dijo el otro día: aquello de nada, nada, y en el monte nada... como enseña San Juan de la Cruz."
     Esta interesante narración, la ha dejado el P. Teófilo consignada en varios Boletines Informativos: "La noche avanzaba, ya los religiosos se habían retirado a descansar en el dormitorio. Rafael y yo quedábamos solos en la enfermería y salimos a la galería para tomar el aire suave de una noche templada de primavera. Era el 25 de mayo y el cielo estaba tachonado de estrellas.
     Quedamos durante un poco de tiempo contemplando en silencio el atrayente espectáculo nocturno. Pero pronto sentimos la necesidad de acudir a la Reina de los cielos, y comenzamos a rezar muy pausadamente el Santo Rosario. Al recordar los misterios, tratamos de acomodarlos a la situación presente.
     Como María al recibir el anuncio de la encarnación del Hijo de Dios en sus virginales entrañas, aceptó plenamente el oficio de madre con todas sus dolorosas consecuencias, declarándose la esclava del Señor, así nosotros debemos aceptar humildemente las pruebas dolorosas a que Dios nos someta. Como Jesús al recibir de mano del ángel el cáliz de la pasión, también nosotros debemos aceptar el amargo cáliz de la dolorosa enfermedad que nos purifica y santifica.
     Duró el rezo del Rosario más de una hora, nos sentimos consolados y confortados con la segura protección de la que es llamada "Salud de los enfermos", y tranquilos nos retiramos cada uno a nuestra celda, esperando llegar el día de la partida de Rafael.
     Apenas pudo conciliar el sueño, al pensar que a la mañana próxima se vería privado de su querido hábito, aunque ambos abrigábamos la seguridad de que tarde o temprano lo volvería a poner... El P. Abad le permitió se lo llevara.
     Y amaneció el día 26 de mayo, día triste y desolador para el Hermano Rafael, en que debía despojarse del santo hábito...
     Hacia media mañana, me llama Rafael y me pide que le ayude a bajar la escalera de la enfermería, pues el solo no podía bajarla, por inseguridad en sus piernas. Al ver a Rafael con los ojos humedecidos y el traje, que cuando vino al Monasterio le caía tan bien a su esbelta figura y ahora parecía que estaba colgado de sus hombros como de una percha, me quedé de una pieza, pues no esperaba tan triste espectáculo.
     Nos acercamos a la barandilla de la escalera, sobre la cual apoyó su mano derecha, mientras la izquierda la colocó sobre mi hombro; y así fuimos bajando lentamente todos los peldaños hasta llegar al claustro. Aquí nos agarramos del brazo y seguimos avanzando hacia la portería del monasterio.
     Después de abrir la puerta de esta y al tratar de despedirme de Rafael, para volverme a la enfermería, se abrazó a mi cuello y sollozando me dice que el no quisiera salir del monasterio, que preferiría acabar en mis brazos.
     Así quedó algún tiempo hasta que bajó la escalera de la hospedería el Padre Enfermero y separándole de mis hombros, le llevó hacia la ventana para que se enjugara las lágrimas y se serenara antes de presentarse a su padre que le esperaba en la hospedería.
     Yo me di la vuelta para el claustro con el corazón angustiado, pensando que humanamente había pocas posibilidades de volver a ver por la Trapa al Hermano Rafael... Durante varios días seguía yo pensando: "qué pasará con "mi Rafael"?
     Esta primera fase del "destierro" abre el momento decisivo para la evolución espiritual del Hermano Rafael. Se va a Oviedo y está en su casa desde Mayo, se está recuperando. En un primer momento la recuperación fue bastante rápida y pensó que pronto iba a poder reanudar su noviciado y continuar de un modo más o menos normal el curso habitual de la carrera monástica.

     El 15 de septiembre escribe una carta al P. Francisco, Submaestro de novicios y le dice: "Cada vez estoy mejor, y según el médico ya estoy curado de "diabetes". Hace ya días que no tomo medicación ninguna, y ahora lo único que hago es ir acostumbrándome a la comida del Monasterio. El otro día me tomé un gran plato de judías blancas y me hice el análisis y nada de azúcar".
     Más adelante le diría a su profesor de dibujo, Eugenio Tamayo: "Como voy a estar todo el verano en casa, no quiero perder tiempo, y es muy posible que vaya a seguir dibujando con usted.
     Un alto en el camino de su vida monacal, o sea unas vacaciones de verano fuera del Monasterio, ya que después del verano quería regresar al monasterio:
     "Yo estoy, gracias a Dios, casi bueno del todo, había escrito al P. Maestro el 22 de julio del 34, será cuestión de dos o tres meses más, que a mi se me hacen siglos..., para poder seguir luego mi vida ininterrumpida, al lado del Sagrario de la Trapa, junto a mis buenos hermanos".
     Esta fase termina en octubre, y en octubre llega la revolución de Asturias, y pilla a Rafael en Oviedo. Su madre dice que fue quien les libró de la muerte: Dios lo hace todo bien, nos trajo a nuestro ángel trapense a casa para que nos salvara.
     La revolución duró diez días, desde el 5 de octubre hasta el 15, a sangre y fuego, quemando, derribando el Palacio Episcopal, el Seminario... fueron diez días de caos total, no podían salir a compra nada, metidos en sótanos húmedos y sin comida alguna: ... sobre nuestras cabezas, -escribe Dña. Mercedes-, los espantosos cañonazos que rompían cristales y destrozaban cuanto encontraban, oyendo caer los cascotes y viendo el momento que todo se hundiría y quedaríamos sepultados...
     ¡Seis horas horribles"
     Aquello posiblemente fue el motivo de la evolución positiva de su enfermedad, se truncara y se rompiera.
     En cuanto terminó la revolución de octubre, esto lo cuenta Dña. Mercedes en una carta a su propia madre, ya puede salir de Oviedo yendo a vivir con sus tíos en Burgos. Desde allí hace un viaje Toro y a Ávila a visitar a su familia, pasando por San Isidro pero sin entrar en el Monasterio.
     Fue el último día cuando se iba ya para Oviedo, paró en Venta de Baños para ver al P. Abad.

LA VUELTA AL MONASTERIO COMO OBLATO

     Este alto en el Monasterio, que efectivamente hizo el día 21 de noviembre de 1934, iba a ser decisivo para el futuro. De momento las cosas estaban poco claras, y de aquellas entrevistas con los superiores captó que no podía volver al monasterio, que le daban largas por no decirle que no, que esperara por más tiempo a ver si su salud se robustecía.
     Rafael corrió a contárselo a su confesor y guía, y es el P. Teófilo quien nos dice: "Esta determinación de los Superiores ocasionó a Rafael un profunda angustia" "El resultado de la entrevista le causó mucha pena y vino a contarme la desilusión que se había llevado."
     ¿Y qué le dice el P. Teófilo? "A ti que te gusta tanto la Regla de San Benito, busca un lugar donde el régimen alimenticio no sea tan rígido como en la Trapa y que pueda compaginarse con tu vida delicada.
     Pero a esta proposición respondió Rafael, que donde quiera que fuera se vería precisado a manifestar su estado de salud y pedir alguna dispensa a la observancia, lo cual no se avenía con su carácter, y que para el era preferible quedarse en San Isidro, aunque fuese en un rincón".
     El P. Teófilo se arriesgó a sugerirle a Rafael a su vuelta como "oblato". Oblato es: estar en el monasterio, pero un poco por libre; en todo lo posible como los demás pero sin estar obligado a la Regla de manera estricta; tampoco se pueden hacer los votos ni se tienen los derechos de los monjes; es una especie de asociado al Monasterio, pero sin ser jurídicamente monje.
     Rafael se agarró a esta alternativa como a un anda de salvación y fue inmediatamente a consultarlo con los Superiores, quienes aceptaron la propuesta, tal vez un poco extrañados ya que no pensaban que un hombre joven, con su gran formación, con amplia capacidad para los estudios quisiese aceptar esa postura.
     A partir de aquí, Rafael se vuelve a Oviedo con una nueva posibilidad de volver al Monasterio aunque como oblato..., gracias al P. Teófilo. La espera se prolongó casi un año, hasta que el 9 de octubre de 1935 se decide a escribir al P. Abad solicitando formalmente su readmisión y recordándole su compromiso de admitirle como "oblato".

HACIA EL DESPOJO TOTAL

     Hemos dejado al Hermano Rafael volviendo a Oviedo, después de aquella entrevista con los Superiores del Monasterio y con el P. Teófilo que le abrió el camino para su empeño de seguir como cisterciense; aquella vida que había comenzado hacía menos de un año, en enero del 34 y que de nuevo se le abren perspectivas para regresar como "Oblato", es decir, renunciando a la carrera monástica, ya que no puede guardar el régimen de la comunidad, ni ir al coro ni al trabajo; es un hombre enfermo, pero un hombre que quiere seguir su vocación.
     La clave se la da el P. Teófilo: "ven como oblato"...; una cosa que a nadie se le había ocurrido, tratándose de un joven como Rafael, pues el oblatado era más bien para gente mayor o no apta para los estudios. Le tenemos pues, volviendo a Oviedo con esta idea en la cabeza; era el 21 de noviembre de 1934.
     Pero las ideas hay que asimilarías y acomodarlas al espíritu para esta novedad que suponía para el una nueva vocación cisterciense. Aún le quedaban bastantes meses para ingresar de nuevo, desde noviembre del 34 hasta enero del 36, o sea, todo el año 35, que es lo que llamamos la segunda fase del "destierro", o sea, el "despojo total".
     Y esta fase, tiene a su vez varias etapas; es muy interesante, porque es cuando Rafael camina por la senda que le va a llevar a la oblación completa de su vida, para volver al monasterio por última vez en diciembre del año 37, y que el P. Teófilo lo llamaría, volver al monasterio a morir.
     Todo comienza con los llamados "túneles navideños", -así los llama el P. Teófilo-. Estamos en noviembre y la Navidad la pasa en Oviedo. Aquel año 34, Rafael ni escribe a nadie, ni felicita las Navidades a nadie. Estaba el hombre diciéndose: "Pero esto cómo es"... Y le vemos aquí, es interesante, como un auténtico maestro de discernimiento; maestro de saber y entender lo que pasa por el alma con los distintos estadios de ánimo, haciendo un discernimiento ejemplar.
     Vuelve, pensando que tiene que renunciar a los votos, a cantar misa... ¡Volver a la Trapa!... tiene que pensarlo bien, aún le queda un año. En aquel entonces un confesor le dijo que tenía un desequilibrio nervioso achacándolo a la revolución de Asturias; puede ser, dice Rafael, pero yo no nunca lo creí. Entraba en una iglesia y no podía estar, todo me irritaba, y alguna vez iba a confesarme llorando, porque no sabia hacer el examen de conciencia y me veía muy pecador.
     ¿Sabe lo que me convenció de que no había nerviosismo físico. Todo esto me pasaba en lo tocante a Dios y a la religión, pues para todo lo demás no me ponía nervioso. El confesor no acertó, lo vi enseguida.
     Un año después escribe a su tía María, en el otoño del 35,época ya de mucho avance porque ya había decidido entrar como oblato, una carta en que le dice lo que le había pasado en Oviedo, al volver de la Trapa , de haber hablado y enfocado todo con el P. Teófilo.
     Es un auténtico misterio, dentro de lo que se llama desolación espiritual. Porque la desolación espiritual no es un estado deprimido, no es tener una crisis nerviosa. Se puede tener desolación espiritual y estar eufórico psicológicamente. La desolación espiritual es no encontrar el camino para la vida espiritual, para hacer oración.
     Y le dice a su tía: "Mira, no te vayas a engañar, ¿no te puedes dominar? Yo creo que si; haz la prueba una, dos, veinte veces; ya verás como pasa"... Ya verás como pasa esa situación de no poder hacer oración... Pasó como pasa todo, que llega hasta donde Dios quiere y permite...
     Aquellos días no eran un simple estado nervioso porque estaba enfermo, porque no mejoraba; eso también estaba ahí, pero lo más importante , y así se lo cuenta es: cómo lo veo yo desde la fe, a dónde me lleva esto etc., esa era la cuestión; no era el nerviosismo, sino la desolación, pues lo que estaba pasando no era un lenguaje de Dios, no procedía de Dios, ya que el lenguaje de Dios es la consolación, la paz espiritual.
     Pero también esa dificultad es un modo por el que Dios nos lleva a El, y ahí era donde Rafael no veía con claridad, y le aconsejaba su tío porque el había pasado por ello.
     Un segundo momento de aquella fase, fue cuando llegando la primavera, se fueron a Madrid con su madre, ya que su hermana Merceditas padecía tuberculosis.
     Es una fase más tranquila, de mucho tiempo de paseo por Torrelodones, de oración, de ir a la iglesia, de ponerse ante la Virgen en su santuario; en esta fase se le abre una luz nueva que expresa en una oración escrita ante el Sagrario, en la iglesia de Los Dolores y que resume este momento espiritual importantísimo. Esta es la oración:

     "Señor, cada día que pasa voy viendo mejor lo que tengo que hacer para santificarme; antes creía que era yo, desgraciado de mi, el que ponía la virtud y que si algo bueno hacia también lo hacia yo, y no, ¡Señor!, no es eso. Todo lo pones Tu; no he puesto más que pecado en mi vida; por tanto, Señor, lo mejor será dejaros hacer en mi; yo me entrego del todo a Vos, no quiero nada; quiero ser todo vuestro".

     Y dice el P. Teófilo que recoge esta oración en uno de sus artículos del Boletín, que el fallo en la construcción estaba en la primera planta que es: "niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame".
     Cierto que Rafael trabajaba por la mayor gloria de Dios, pero no excluía su propio provecho y consuelo espiritual: "yo pensaba que era yo el que buscaba las cosas buenas" y eso da una satisfacción, una alegría; y ese egocentrismo espiritual también hay que superarlo.
     Dice el P. Teófilo que Rafael en este momento pasa del egocentrismo al Cristocentrismo, poniendo a Cristo como centro de su vida.
     ¿Qué pasa a los cristianos que no apetecemos el consuelo espiritual y preferimos el masoquismo, el sufrimiento por el sufrimiento?
     No es que sea así, pero estos maestros de vida espiritual nos ayudan a entender como se consigue realmente el consuelo, la paz por el camino de la Cruz. El buscar el propio consuelo, la propia satisfacción no es el camino para encontrar la felicidad y la paz.
     El que busca directamente la felicidad, no la encuentra; este es el misterio de la Cruz cristiana, que no es un amor al sufrimiento, sino un amor al camino único para encontrar la paz verdadera: que es el camino de la renuncia por amor, el pagar un precio.
     Esto es lo que descubre Rafael en esta oración. Si vas a ver los escritos anteriores, se perciben atisbos de esta vía, pero aquí la descubre existencialmente. Es preciso pasar por las cosas que han pasado otros para que nos puedan ayudar.
     Paso siguiente. De Torrelodones escribe Rafael a su Padre que está en Oviedo y le dice que quiere ir a Ávila. El padre accede y pasa junto con su madre y su hermana un mes en Ávila. En octubre vuelve a Madrid.
     En Ávila, habla con la abadesa de las Clarisas, Sor Pilar, que le anima a seguir su nueva vocación, la de "oblato". Fue a ella a quien le dejó el libro de San Juan de la Cruz.
     Se lo recuerda al P. Abad en la carta que le escribe el 9 de octubre de 1935, carta que es verdaderamente antológica. Dice entre otras cosas: "El otro día me decía una monjita muy santa a quien fui a consultar sobre mi determinación, que el Señor me daría mucho más en este camino que en el que seguía siendo novicio de coro, y también recuerdo que su reverencia me dijo al entrar yo en el monasterio, que Dios me pagaría aún en este mundo, el sacrificio que hacía... Pues ahora, bien sabe Dios que no sigo a Dios por nada de eso... Amo a Dios por que si, y nada más. Aun amor a Dios muy poco, pero mi amor no es mercenario, se que El me quiere y me basta."
     Esta la es la indiferencia, la gracia a una respuesta; aunque a uno le vayan mal las cosas, aunque tenga la enfermedad, aunque no pueda ir al coro..., ahora no es por nada de eso.
     Esta carta es una joya, le cuenta al Abad todo lo que le ha pasado en aquellos meses de "destierro", y lo que pasa es que hay que entender todo este contorno y circunstancias para sacar jugo a esta carta.
     Y de allí se va a Oviedo con su hermana y su madre a finales de octubre del 35, y es en Oviedo aquel otoño desde donde escribe cerca de cuarenta cartas a sus tíos, hasta enero del 36, en que vuelve otra vez al Monasterio.
     Ha tomado esta decisión. Está contento de haber respondido a la vocación con entrega completa a Dios en la vida monástica. Esto es lo que dice a sus tíos en un epistolario sumamente interesante.
     Es el momento de: "no coger las flores ni temer las fieras"; usa mucho este lenguaje de San Juan de la Cruz y lo plasma en una estampa, pintando flores y fieras, con lo que quería decir que no hay que buscar recompensas ni temer las fieras, o sea: no temer lo que me va a pasar en el monasterio, porque no son tan fieras como las pintan; y las flores no son tan flores, ni duran tanto como parece su color y aroma, pues se acaban y pasan. Significa en el fondo, la indiferencia ante todo lo que no sea el amor de dios; es la línea conductora de toda su correspondencia con su tío Polín y su tía María.
     Y estamos de nuevo en el monasterio. Termina esta entreplanta entre dos pisos; los dos pisos que describe el P. Teófilo como el edificio de Rafael.
     Un edificio de dos pisos con una entreplanta maravillosa y fuerte que es esta época de "destierro", donde toma todas estas decisiones, entre el primer piso que eran los cuatro meses de luna de miel en el noviciado, y el segundo que es el resto de su vida monástica. Este es el esquema que se saca de los escritos del P. Teófilo.
     El 11 de enero de 1936, tenemos de nuevo al Hermano Rafael en la Abadía de San Isidro . Ya está en la portería, y mientras su padre y su hermano Leopoldo están hablando con el P. Abad, él se va a poner el hábito : "Rafael deseoso de vestirse el hábito, pidió permiso al P. Abad para ello, a lo que accedió gustoso y le dijo que luego en el noviciado, le darían la misma capa de novicio que había dejado cuando salió para su casa".
     Una cosa extraña, entra como "oblato" y le van a dar la capa de novicio. Se habla de que su padre le va a pagar una pensión, pero no hay constancia de ello.
     Aquí viene la prueba del oblatado, y es cuando empieza a escribir sus "Meditaciones de un trapense". Al principio se encuentra bien, puede ir al campo, pero bien pronto se percató que "el panorama familiar del claustro respecto a su persona había cambiado". A su soledad de la enfermería, se añadían las reticencias de algunos sobre su condición de "pensionista". Es conocida la dureza del trato que le dio otro enfermo veterano, el P. Pío, que se oponía a que se le administrara a Rafael un régimen alimenticio especial y que le mortificaba con sus invectivas.
     Fue entonces cuando según nos cuenta el mismo P. Teófilo "para probar la sinceridad de la vocación cisterciense de Rafael, le propuso que si no se sentía satisfecho de la Comunidad que se trasladase a los benedictinos negros o a otros Institutos religiosos que sin duda, dadas las aptitudes intelectuales y la buena formación de Rafael, le recibirían con gusto".
     A todas estas propuestas Rafael contestó con una negativa: "Yo no podré ingresar en ningún noviciado sino con un régimen de excepción, que en ningún caso resultará edificante para los novicios. Prefiero quedarme donde estoy, y como el P. Abad me ha admitido, juzgo que esta es la voluntad de Dios".
     En septiembre del 36, sale unos meses a Burgos a alistarse, había empezado la guerra, le hacen la revisión y le dan por inútil a causa de su diabetes.
     Vuelve con la prueba de la inutilidad y de la soledad, cada vez más pruebas...; no puede ir a trabajar al campo, el abad le dice que no vaya al coro, y allí entre las columnas, el se ve como un desterrado, exclaustrado. Todo quedó consignado en "Mi cuaderno", escrito por estas fechas y que terminó poco antes de la última salida de Rafael del Monasterio y poco antes de relatar la historia de los nabos: "¿Qué hago yo aquí, Dios mío, pelando nabos, sin poder siquiera estar en la Comunidad?"
     Con esto termina la primera fase del momento final, cuando sale por última vez a Villasandino casi por una año entero, desde el 7 de febrero hasta el 15 de diciembre de 1937.
     Es un periodo de maduración del "Fiat" pronunciado al abandonar San Isidro, que le llevará a tomar la sorprendente decisión de volver al Monasterio en circunstancias verdaderamente heroicas. Para el P. Teófilo este tiempo no tendría otro significado especial que este: el de una nueva prueba de preparación para la asombrosa consumación de la oblación.
     Apenas habla de este tiempo, sino es desde este punto de vista, es decir, desde la sorpresa que supuso para el verle aparecer de nuevo en el monasterio. Nos lo cuenta así:
     "Antes del oficio de Vísperas, estaba yo al extremo del claustro y al ver de lejos a un joven alto, esbelto, con paso decidido, que se acercaba a mi, quedé muy sorprendido porque en esa fecha toda la juventud de la comunidad estaba en el ejército luchando por Dios y por la patria.
     Ya mas cerca, le reconocí y después de un fuerte abrazo, le pregunté: ¿cómo tu por aquí? No te esperábamos hasta el fin de la guerra. Ya ves en que desolación está el monasterio.
     A este requerimiento contestó el joven con firmeza espartana: "vengo por última vez, para no salir más, aquí moriré". Las circunstancias eran muy extremas; sin embargo son los caminos de Dios.
     Al día siguiente 16 de diciembre Rafael comienza a escribir "Dios y mi alma", y allí dice los distintos motivos por los que viene:
1º.- por creer cumplir en el monasterio mejor mi vocación de amar a Dios en el Cruz y en el sacrificio;
2º.- por estar España en guerra y ayudar a combatir a mis hermanos;
3º.- para aprovechar el tiempo que Dios me da de vida y darme prisa a aprender a amar su Cruz.
     Dos semanas antes de la muerte de Rafael, sucede un incidente que cuenta el P. Teófilo. Providencialmente vino a parar a mi confesionario, y fue entonces cuando me enteré de lo que le estaba pasando; todo lo que escribió en "Dios y mi alma", su amor de sacrificio llevado hasta el final... Eso es lo que le acababa de decir, que el se consideraba como un cirio que se estaba consumiendo delante del altar.
     A partir de aquí, el P. Teófilo interpreta toda la existencia de Rafael como una providencia de Dios con su vida, para convertirla en ofrenda. Rafael ha hecho esa ofrenda paso a paso en pocos años, cada vez en circunstancias nuevas, manteniéndola siempre pasara lo que pasara, ofreciéndola además como víctima, dando la vida..., pues va a morir: es una ofrenda martirial.
     Entiende además el P. Teófilo, que Dios había escogido a Rafael en el contexto dramático de la guerra, de este siglo lleno de odios y enemistades, para ser víctima de amor a semejanza como lo fue Jesucristo.
     No sabemos si Rafael lo entendería así, pues aquí hay una cuestión que se podría matizar, pero el siempre había ansiado el martirio como algo deseable y posible para él.
     "Siento muy dentro de mi alma, -escribe Rafael al Hermano Tescelino en una carta del 1 de noviembre del 37-, muy dentro de mi alma esa dulce mirada de Jesús; siento que nada del mundo me llena, que sólo Dios es el único "diario" de mi alma".

     "Suponte que tu estás en tu casa enfermo, lleno de cuidados y atenciones, casi tullido, inútil..., incapaz de valerte, en una palabra. Pero un día vieras pasar debajo de tu ventana a Jesús...
     Si vieras que a Jesús le seguía un turba de pecadores, de pobres, de enfermos, de leprosos, y que te llamaba y te daba un puesto en su séquito y te mirase con esos ojos divinos que desprendían amor, ternura, perdón y te dijese: ¿por qué no me sigues?... ¿Tu qué harías? ¿A caso le ibas a responder... Señor, te seguiría si me dieras un enfermero, si medieras medios para seguirte con comodidad y sin peligro de mi salud... Te seguiría si estuviera sano y fuerte para poderme valer?...
     No, seguro que si hubieras visto la dulzura de los ojos de Jesús, nada de eso le hubieras dicho, sino que te hubieras levantado de tu lecho, sin pensar en tus cuidados, sin pensar en ti para nada, te hubieras unido, aunque hubieras sido el último..., fíjate bien el último, a la comitiva de Jesús, y le hubieras dicho: Voy, Señor, , no me importan mis dolencias, ni la muerte, ni comer ni dormir, si Tu me admites, voy..." Y como le admitieron pues se fue.
     Esto quiere decir que fue el amor a ese Dios de dulce mirada, del que se sentía amargamente separado en el mundo, el que le pidió la entrega completa de su vida, en sus circunstancias concretas de idas y venidas, con su enfermedad, su familia, ahí le pidió la entrega completa de su vida.
     Que la entrega tuviera lugar, condicionada por las circunstancias de la guerra, es importante, y el P. Teófilo lo relacionó muchísimo, pero la ofrenda del Beato Rafael, hecha por amor, fue toda una primicia de fe y esperanza; por eso la víctima ha tenido sus frutos y los sigue teniendo de tanta gente que gracias a el, encuentra luz y camino para su camino; la entrega de Rafael es una primicia segura de fe y esperanza para este siglo XXI que comenzamos.  

 

UN ENSAYO IN�DITO DEL HERMANO RAFAEL

     Consultando el archivo de la Secretaría, se ha dado con una carta escrita por el Marqués de San Miguel de Grox, tío abuelo del Hermano Rafael, dirigida al P. Abad de aquel entonces, Dom Buenaventura Ramos Caballero, con fecha 26 de junio de 1942, y que decía lo siguiente.

     Rvdo. P. Abad Mitrado de Cistercienses de San Isidro de Dueñas. Venta de Baños.
     Rvdo. Padre: En mi poder uno de los recordatorios de mi sobrino Rafael, en religión Fray Maria Rafael, emocionado con su lectura de la que se desprende el proyecto de incoar expediente de beatificación, he sentido en mi la necesidad, aún a trueque de molestar su atención, de enviarle la adjunta carta, único dato que poseo, por si pudiera servir, a pesar de ser un documento familiar, al objeto que se propone, pasando a explicarle el origen de ella.
     Con ocasión de que mi hermana Fernanda, abuela de Rafael, comentando conmigo los achaques de la vejez, me pidiera algo descriptivo de lo que es aquella, yo en mi deseo constante de complacerla, escribí y entregué a mi hermana un pequeño articulo, del que no conservo copia, al que no concedí la menor importancia, porque como mío, no la tenía, ni pude presumir que la excesiva bondad de mi sobrino se la diera. Esas son las cuartillas a las que alude en la carta, que casi pudiera llamar meditación, que le remito.
     No hacía yo en ellas mas que describir la amargura del viejo, que volviendo el rostro atrás solo mira el recuerdo del placer perdido, y lamenta que la falta de actitudes fisicas le prive de ellas, acabando con la frase, ¡qué triste es la vejez!
     Mas como yo no la sentía bajo este punto de vista, seguí analizando el porvenir dirigiendo la mirada a lo externo, para hacerme la ilusión, que pida a Dios convierta en realidad, de encontrarme algún día, pronto o tarde, cuando El quiera, adorando a su Divina Majestad amparado con el manto protector de la Santísima Virgen, de cuya intervención tanto necesito y de la que todo lo espero; y terminaba diciendo:¡qué alegre es la vejez!.
     Tales son en síntesis Sr. Abad, mis pobres cuartillas, pobres por su expresión, pobres porque nada nuevo enseñan al que es cristiano de verdad, y que solo a un Santo han podido inspirar las hermosas frases con que me alienta, dándolas un valor que, como de quien viene, no dudo de calificar de sobrenatural, porque la unción con que las analiza, habla solo al espíritu, y lo eleva hasta el mismo Dios como único fin del hombre.
     Siempre pensé conservar en mi poder, durante el tiempo que me quede de vida, que no será mucho, pues cuento ya 87 años, la carta original que le remito, ya que es para mi, la más preciada reliquia, pero, ¿qué importa el sacrificio de renunciar a la posesión de objeto tan querido, si con ello aumento los datos que se desean, y contribuyo así, siquiera sea en una pequeñísima parte, a facilitar lo que en su día, puede ser para mayor gloria de Dios?

     Vuestra Reverencia podrá apreciar su utilidad y hacer el uso que mejor estime; yo me abstengo de todo comentario, como me abstengo también del que pudieran tener estas líneas, que escritas en la misma carta, me dedica su madre al enviármela; se ve en ellas la suma de todos los sentimientos fervorosos de la madre, es mi sobrina cariñosa como ve, y es al mismo tiempo madre, que llora emocionada, y esa misma emoción la hace recordar sus otros hijos, y nombra al que está en el frente defendiendo a España; a todos los estrecha en un abrazo. Es madre y ante esta palabra huelgan los comentarios.
     Solo me resta decirle, que contesté a Rafael, mas como mi contestación no tiene valor alguno no se la envío; sin embargo, si para completar la historia a que se refiere, lo juzga oportuno, pídamela, y tendré mucho gusto en enviársela, pues me quedé con copia para mi recuerdo.
     Perdone, Sr. Abad, la libertad que me he tomado, y admita el ruego de que a toda esta familia la tenga presente en sus oraciones, como se lo pide su affmo en Cristo

Leopoldo Torres

Toro (Zamora)

 A PROPÓSITO DE LA VEJEZ...

                         Ave - María
     Hace unos días tuve ocasión de leer unas cuartillas de un viejo cristiano; vi en ellas la prudencia que dan los años, y la paz serena, del que nada del mundo espera, porque todo lo espera únicamente de Dios.
     Terminaba sus reflexiones diciendo... ¡ qué feliz es la vejez!
     Qué bien suena esa exclamación en los labios de un viejo...; cuánto debe agradar a Dios es alegría interior, que se nutre de la ilusión de dejar algún día de vivir..., de la ilusión de la muerte cercana,... de la ilusión de ver a Dios.
     El hombre no puede vivir sin una ilusión.
     Los niños sueñan con ser hombres; los hombres ponen muchas veces su ilusión en cosas, que los años van transformando en desengaños, de los cuales, a menudo Dios se vale para atraer al hombre hacia sí, y llenar su corazón de la única ilusión que de veras satisface al alma, y para la cual no hay edades,... la ilusión de Dios.
     Feliz,.., mil veces feliz, la vejez llena de canas y de apagada mirada, que ya nada del mundo espera, y sonríe con esa alegría de la paz interior y que Dios comunica a sus amigos.
     Feliz el viejo que puede decir...: casi no veo, pero que importa, veo a la luz de la Fe las grandezas de Dios...; casi no oigo, pero que importa, ¿acaso los hombres dicen algo?... Oigo allá en mi interior la llamada de Dios, que me llama a la oración, al recogimiento, a la santa compunción..., eso me basta...
     Ya casi no me sostienen mis piernas..., para nada valgo...; pero qué importa; qué importa la pesadez de la materia, cuando se tiene dentro esa vida sobrenatural que tiene alas de querubín para volar a Dios..., qué importa la enfermedad del cuerpo cuando vemos al Gran Médico curar con tanta dulzura nuestra alma llena de lacras y de pecados pasados..., cuando vemos que es el corazón el que Jesús nos pide, y ese a pesar de los años y de las enfermedades, se lo podemos entregar con toda sinceridad..., y quien sabe, muchas veces corazón de niño en un cuerpo de viejo cargado de años.
     Cuerpos que se doblan y se cansan de vivir, almas que aman a Dios, eternamente jóvenes...; para el que es Infinito, no hay edades.
     Triste vejez, la que solo llora sus recuerdos, y vive amargada en su soledad.
     Alegres años los del anciano, que solo llora sus pecados y vive solo de la esperanza y del perdón, y ama la soledad en la que encuentra a Dios y solo a El.
     Felices los últimos años del cristiano que suspira por el cielo y que ve tan cerca. Ya no le turban pasiones, comprende la vanidad de las cosas de la tierra, no le interesan riquezas ni honores, todo ha sido como frágil humo que ha esparcido el viento de los años y del que ya nada queda. Mira las cosas con esa serena quietud del que vive más en el cielo que en la tierra...; verdaderamente es feliz el viejo que de veras ama a Dios.
     Últimos años de la vida, ¿por qué gemir y llorar, lo que ya pasó? ¿Acaso lo que pasó es mejor que lo que te espera? No...; pasaron tus días, y tus días no son nada...; pasaron tus ilusiones y tus deseos...; silos viste alguna vez cumplidos ¿qué quedó de ellos? nada..., quizás amargura.
     Pasaron tus seres queridos, y de ellos ¿qué queda?... nada, solo el recuerdo, que también como el humo se pierde en el espacio y en el tiempo.
     Mira atrás, y tus ojos apagados por los años, lloran el tiempo perdido en vanidades que no han llenado el corazón.
     Pero santa alegría la de los últimos años, si en lugar de soñar con tu pasado, miras la eternidad que te espera, donde no hay ya mentiras, ni envidias, ni ojos cansados y débiles miembros enfermos y envejecidos...; santa alegría la del viejo que sueña con solo Dios, que mira a la muerte con tanta dulzura y paz interior…

     El niño mira a la muerte con inconsciencia...; el joven la busca a veces con generosidad, y con ímpetu de deseos...; el anciano la espera sereno, conforme a la voluntad de Dios...
     Paz... palabra muy repetida y muy poco comprendida..., paz en el alma del cristiano anciano y viejo..., paz del que espera tranquilo en la misericordia divina, y en la bondad infinita del Crucificado. ¡ Verdaderamente es feliz la vejez!
     Yo no sé expresar nada..., ni tengo años ni experiencia, ni siquiera desengaños...; muy joven, me fue indicando Jesús el camino y no tuve tiempo de oir a los hombres; el Señor no me dejó tenerme a escuchar los halagos del mundo...; soy joven, quizás no haya empezado a vivir.
     Mas escucho a los viejos, respeto las canas y el cabello blanco cuando me dicen... yo pasé mi vida, y mi vida fue nada..., he llegado al final del viaje y solo he aprendido una cosa, la vanidad de todo y que sólo Dios basta.
     He escuchado al anciano que me dice: yo también fui joven y mis años pasaron sin darme cuenta; amé al mundo y el mundo nada me dio, busqué la sabiduría y no la hallé ni en la guerra ni en la ciencia, ni en la bestia ni en el hombre..., solo la hallé en el amor de Dios y en el desprecio del mundo.
     Escuché a los sabios, y escuché a los viejos..., por eso, quizás tenga también algo de viejo mi corazón, y sepa comprender las palabras de un viejo abuelo, que con su pelo blanco, su oído sordo, sus piernas débiles y sus ojos cansados exclame con santa alegría: ¡Qué feliz es la vejez!
     No es la vejez propiamente la que es feliz, es el corazón del viejo que ya, desasido de las cosas del mundo, solo suspira por Dios. Y eso en un joven también puede ocurrir.
     Ni se es viejo ni se es joven para amar a Dios..., no son los años los que nos enseñan a desprendernos del mundo; para llegar a comprender las palabras del evangelio: "Yo soy el camino y la vida", no hacen falta muchos años, solamente basta detenerse a pensar..., y a veces también a escuchar al que sabe más que nosotros..., al sabio que en la celda medita las verdades eternas; al viejo que, al final de su vida nos dice que el mundo y sus criaturas pasan, que pasa la vida, y que de todo nada queda; que es pueril amar la vanidad amar la vanidad y que solo se halla la paz en Jesús, que la única verdad es Cristo, que el único tesoro es Dios y que la única vida es El, y solo El.
     Ahora no digo, feliz la vejez, sino feliz el hombre joven o viejo que ha llegado a comprender, que ha llegado a amar, que ha llegado a vivir sólo para Cristo.
     Venga la muerte pronto o tarde..., ¿qué más da? Dios no tiene ni tiempo ni espacio limitado, es Infinito; para El no hay edades, no hay más que corazones que de veras sean suyos.
     A nosotros no nos queda mas que esperar..., esperar sin mirar atrás, sin pena de lo que pasó, sin esperar nada de los hombres, y alegres de cumplir la voluntad de Dios, sea como sea y cuando sea.
     La Santísima Virgen tome en sus manos mi intención al escribir. Solamente quería hacer llegar al alma de un viejo, el corazón de un joven, para demostrarle, que los que aman a Dios están unidos en El, aunque la edad los separe..., que se puede tener un alma de niño en el cuerpo de un anciano, y que se puede tener un corazón muy viejo en un cuerpo de veinticinco años.
     Solamente quería hacer ver, que la vejez no está sola; y cuando el viejo habla de Dios y de la Virgen, siempre hay alguien que le escucha, y que en silencio toma sus palabras, las respeta y las quiere; son palabras del anciano, ,las palabras del sabio, pues no hay más sabiduría que el llegar tarde o temprano a amar de veras a Dios, y a desprenderse del mundo.
     ¡Felices los viejos que hablan de Dios!
     ¡Felices los jóvenes que les escuchan!
     ¿Qué más puedo decir?... nada. Solamente pedir perdón de mi osadía al hablar, quizás de lo que sepa, al que sabe más que yo; pero si los jóvenes debemos escuchar con respeto al viejo..., el viejo debe ser indulgente con los atrevimientos del joven..., para eso es viejo.
     Y cuando unos cansados ojos, lean estas líneas, piense que, a su corazón de viejo cristiano le comprende en sus soledades un trapense joven, que también tiene un corazón que ama a Cristo, y que exclama:
     ¡Felices los hombres que esperan en Dios!
     Que la Virgen María sea siempre bendita!
                         Fray María Rafael
                         Villasandino, 30 de octubre de 1937
 
     Y Dña Mercedes, la madre de nuestro Hermano Rafael, devolvía este escrito al Marqué de San Miguel de Grox, con estas palabras:
     ¿Qué he de decir a nuestro viejo queridísimo, después de esta carta de mi trapense?, soy tan insignificante como falta de palabras; solo he de decirte una verdad: tus cuartillas sencillas, naturales, llenas de Dios, consuelan, alegran, pero a mi me hicieron llorar...; serán conservadas por mi por lo que merecen y por el amor que inspiran... Te abrazo con toda mi alma, viejin querido, y solo te pido una cosa: dile a la Virgen nuestra Madre, que proteja siempre a mi soldado, tan devoto suyo, que lucha por España, y que tenga también de su mano a mis otros tres hijos...; tu oración valdrá más que la mía, la mía es de madre, y quizá demasiado interesada.
                         Tu Mercedes.

 

NOTICIAS Y NOVEDADES BIBLIOGR�FICAS

 

     Dos acontecimientos de gran importancia han tenido lugar en el trimestre julio septiembre de este año 2005, en torno a la figura, cada vez más querida de nuestro Hermano Rafael:
1. El segundo encuentro de maestros de espiritualidad, con el título: "El Hermano Rafael "seducido por Cristo-Eucaristía en unión con María";
2. El espacio que se nos concedió en Bonn (Alemania) en la XX Jornada Mundial de la Juventud en Colonia.
     En este Boletín haremos tan solo la reseña por falta de espacio, y en el próximo, se darán mas detalles con las distintas intervenciones.
 

En el II Encuentro de Maestros de Espiritualidad se siguió el siguiente Programa de conferencias:

Día 15, viernes:
El Hermano Rafael y María
"Al amparo de la Señora" por el P. Alberico Feliz, Vicepostulador de la causa de canonización del Hermano Rafael.
"No hay nada difícil para la Señora" por D. Francisco Cerro Chaves, Director del Centro de Espiritualidad de Valladolid.
"Espiritualidad Mariana del Hermano Rafael" por D. Manuel Sánchez Monge, Vicario General de Palencia preconizado obispo de Mondoñedo-Ferrol.
¡Qué alegría el día que pueda ver a María! Por D. Rafael Palmero Ramos Obispo de Palencia.
 
Día 16, Sábado:
El hermano Rafael y la Eucaristía
"Rafael y su amor al Sagrario" por D. Francisco Cerro Chaves.
"Rafael testigo de la vocación" por D. Miguel Angel González García, Canónigo archivero de la catedral de Orense.
"El Hermano Rafael enamorado de la Cruz" por el P. Damián Yáñez Neira, connovicio del Hermano Rafael.
"El Hno. Rafael adorador y viviente de la Eucaristía" por el P. Alberico Feliz.
Recital de Música, por Ricardo Vargas García-Tenorio El Hermano Rafael y la Eucaristía.
 
Domingo día 17
"Dueño de Dios y Dios dueño de mi" Rafael y la Eucaristía". Por D. Rafael Palmero Ramos.
"Estado actual del proceso de canonización del Hermano Rafael" por el P. Alberico Feliz.

XX Jornada Mundial de la Juventud con el Papa

El segundo acontecimiento fue la XXª Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Benedicto XVI en Colonia, donde se nos concedió un espacio de cuatro horas para dedicarías a la figura del Beato Rafael en la Parroquia de San Sebastián, en Bonn-Poppelsdorf, el miércoles 17 de agosto.

Primer busto del Hermano Rafael

En la magnífica exposición de la Catedral de Palencia, como "Palabra construida", se han dado a conocer detalles de los "tesoros escondidos" de la Iglesia Madre. Uno de los apartados estuvo dedicado a los "Santos Palentinos" y entre ellos la esculturaproyecto del Beato Rafael, hecha por el afamado escutor Juan de Ávalos, natural de Mérida.

¡Solo Dios!

El deseo ardiente de un joven monje

Biografía espiritual del Hermano Rafael.

Un ejemplo sobre todo para los jóvenes! Así es como Juan Pablo II presentó a Rafael el día de su Beatificación.

Un ejemplo también para los monjes jóvenes, que desean encontrar o reencontrar, el impulso y la fuerza en la búsqueda y servicio de Dios.

Con su deseo de Dios siempre insaciable, aparece Rafael como verdadero hijo de los monjes de Císter, seducidos por Dios; y por su amor a la Cruz se muestra también heredero, de la renuncia voluntaria a todo menos a Dios, amar a Dios con todo el corazón con toda el alma y todas sus fuerzas.

Ybon Joseph Moreau

Abad de OKA (Canadá)

La ternura de Dios

Camino místico del Hº Rafael Arnáiz Barón

Así se titula el folleto de 74 páginas que los monjes del monasterio Cisterciense de Mariawald (Alemania) confeccionaron para el gran acontecimiento de la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, con el titulo de: Die Zartlichkeit Gottes, y cuyo prólogo es de Dom Bernardo Olivera, Abad General de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

           Agradecemos profundamente la generosidad de los donantes con la causa del Beato Rafael y seguimos con el mismo

Ruego

Con estos acontecimientos, que pudieran ser el final de la meta perseguimos, que es la canonización de nuestro Hermano Rafael queremos llamar encarecidamente la atención a nuestros lectores.

Nuestro ruego es de intensificar nuestra oración en favor de este evento jubiloso; y junto con la oración llamar a las puertas de vuestra caridad en sentido de generosidad económica, ya que los gastos en esta última etapa, no dejan de ser cuantiosos.

Esperamos ser escuchados, y desde este momento, nuestro agradecimiento más cordial y profundo.

FAVORES TESTIMONIOS FAVORES

¡Hace tanto bien a meditar su doctrina!...
Estimado P. Alberico: Paz y bien.
      Con estas letras quiero agradecerle el libro que me ha enviado: "Sencillez por fuera, amor por dentro' del Hermano Rafael.
      También quiero darle las gracias por el detalle que ha tenido de enviarme los dos últimos Boletines, me han hecho mucha ilusión. Personalmente le diré que me encanta leer todo lo que a el se refiere, ya que dentro de la gran sencillez con que se expresa, todo cuanto escribe es de una profundidad impresionante. ¡Hace tanto bien meditar su doctrina!... Verdaderamente que en el se han cumplido las palabras de Jesús: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto, pero si muere da mucho fruto"
      Me impresiona la fidelidad heroica con que respondió a las más mínimas exigencias de Dios, y esto estimula mucho a seguir su ejemplo. Aparte de cuando se le invoca, se siente su ayuda de una manera muy palpable.
      P. Alberico, me gustaría que me mandase una estampa del Hermano Rafael con reliquia para hacerle la novena y la lista de libros que tienen a la venta del Hermano Rafael.
      No deje de encomendarme en sus oraciones, yo también le pido a Jesús que le envuelva en su ternura divina y le haga experimentar el gozo de gastar la propia vida en servicio de la Iglesia.
      Con mi afecto extensivo a la Comunidad
            Sor M' Adoración Hidalgo 0.S. C.
 
Un verdadero "milagro"
      Me llamo David y pertenezco al Camino Neocatecumenal desde hace varios años, en los que he sido testigo de la fidelidad y amor de Dios, que ha realizado verdaderos milagros en mi vida.
      Me dispongo ahora ,para gloria de dios, a contar uno de los acontecimientos en los que Dios se ha hecho especialmente visible.
      En el mes de noviembre del año pasado, después de estar varios días ingresada, con muchas molestias y dolores, le diagnosticaron a mi madre un cáncer de colon.
      Los médicos decidieron operarla, y después nos dijeron que la operación había sido mucho más complicada de lo que en principio habían pensado, ya que además del tumor que tenían localizado, al intervenir quirúrgicamente, habían visto otro tumor mucho más grande, y habían surgido algunas complicaciones.
      Fueron momentos muy duros para mi, para mi mujer, para mis hermanas y cuantos nos rodeaban, ya que el pronóstico no era demasiado favorable.
      Después vinieron los ciclos de quimioterapia. Fue en ese momento, cuando un amigo me habló del Hermano Rafael, de cómo el también había estado enfermo de Hepatitis C, y después de pedir la intervención del Hermano Rafael, había curado.
      Animado por esta experiencia, yo también le pedía al Hermano Rafael que cuidara de mi madre, que intercediera por ella ante el Padre, que se curara.
      Después de seis ciclos que quimioterapia, tras hacerse las pruebas pertinentes, los médicos nos han dicho que está bien. ¡Mi madre se ha curado! Un "milagro" como decía más arriba.
      No es solo mi opinión, sino también la de mi mujer y la de mis hermanas. Un "milagro" en el que ha tenido mucho que ver el querido Hermano Rafael. Todo para la gloría de Dios.
            San Sebastián de los Reyes
 
Ha sido algo increíble
Rvdo. Padre Vicepostulador:
      Los motivos que me llevan a dirigirme a Vd. son en primer lugar el dar gracias a Dios por la intercesión del Hermano Rafael, por el gran regalo que he recibido por su medio. El segundo es porque hace mucho tiempo que tengo estos deseos de comunicarme con su reverencia, y el tercero es el suplicarle me envíe la novena del Hermano Rafael.
      Me explico: Desde octubre del 2004, me brotaron en la parte del cuello unos queloides, y no se me curaban con ningún medicamento; el médico me recetaba hasta antibióticos en pomadas y pastillas, cosa que rechazaba mí organismo, me brotaron muchos más y con mucho dolor.
      Llegó a mis manos el Boletín del Beato Rafael, lo que me hizo recordar la experiencia que tuve en Perú (mi lugar de origen) y me llenó de emoción, pues no he dejado de leerlos, y ahora acompaño mis lecturas con Vida y Escritos.
      Le pedí con mucha confianza al Beato Rafael, que me alcanzara el favor que le pedía: que me curara de estos queloides, y le prometí rezar todos los días una parte del rosario por su pronta Canonización, favor que me lo ha concedido; poco a poco a partir de esa plegaria están desapareciendo sin intervención de ningún medicamento, ahora ya no tengo nada... Es algo increíble, no puedo imaginarme a veces, como he sido atendida tan pronto por el Beato.
 
Ejemplo universal de santidad
Estimados hermanos: Paz.
      Ante todo gracias por vuestra vida de trabajo y oración. He recibido la noticia del "milagro" atribuido al Hermano Rafael como un gran regalo.
      Doy gracias a Dios por el don de la santidad y que haya permitido que Rafael, alma enamorada humilde, sea ejemplo para jóvenes como yo, que desde el sacerdocio o de otros ministerios servimos a la Iglesia.
      Oro a Dios, para que pronto Rafael sea alabado como ejemplo universal de santidad.
      Desde Zaragoza agradecido al Beato
            Sergio Pérez. Sacerdote
 
¡Tengo tantas ganas de llamarle "Santo"!...
Estimado en el Señor:
      Nuevamente me pongo en contacto con Vd. para informarle de una gracia del Hermano Rafael con mi familia.
      El pasado 30 de diciembre, mi marido sufrió un derrame cerebral que le paralizó el brazo y la pierna del lado izquierdo. Su estado era muy delicado, pues el está operado del corazón y tiene tres Way-pas.
      Pasados los primeros momentos de nerviosismo y miedo, yo encomendé su curación al Beato Rafael, al que tengo tanta devoción, ¡tengo tantas ganas de llamarle santo!...
      El 18 del mes de mayo fuimos a ver el resultado de un escáner que le habían hecho, la hemorragia se reabsorbido y no queda cicatriz. Es por lo que me dirijo a Vd. para comunicárselo, por si puede ayudar en la causa de su santificación.
            Seló de la Fuente LEÓN
 
Desde entonces, acudo siempre a él.
Padre Vicepostulador:
      Ordenando unos papeles de un familiar, me encuentro con el pequeño Boletín del Hermano Rafael de 1989. En ese año, estaba pasando una etapa muy mala un hijo mío que estaba estudiando medicina; enfermó con un problema de intestino, sin saber bien lo que era.
      Le intervinieron dos veces, pero seguía mal, repercutiendo en su carrera ya que necesitaba gran esfuerzo. Por fin la terminó, pero vimos difícil su situación.
      Leyendo la "Nueva España" de Oviedo, me encontré con un artículo sobre el Hermano Rafael (que también vivió en Oviedo), que se le rezase, que estaba realizando muchos milagros.
      Le pedí con tanto fervor por mí hijo, que estando un día rezándole, me llaman por teléfono; era un médico que quería tenerle de ayudante. Y desde entonces no paró está en la Seguridad Social de traumatólogo con plaza fija. Su salud muy bien. Y todo se lo debo al Hermano Rafael. Desde entonces, acudo a el y me está ayudando siempre.
      Ahora quisiera que me enviara una estampa con su reliquia, porque la que tengo está deteriorada (se la envío para que vea como quedó), siempre la llevo en el billetero.
      Quedándole muy agradecida me despido.
            Emilia Vega - OVIEDO
Busto del Beato Rafael hecho por el escultor Juan de Ávalos

 

 

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