Boletín Informativo 163

 

Al Hno. Rafael

Cubierto con la capucha
nuestro Hermano Rafael
sigue siendo en todo aquel
que por Dios suspira y lucha.
 
Siempre atento y a la escucha
de un dulce silbo interior
que le transporta al amor
y le deja en Dios sumido
con el gozo presentido
de saberse del Señor.
 

Sólo Dios te basta y sobra
y es tu entera plenitud
llenándote de quietud
como vaso que se sobra.
 
Tu espíritu en Dios recobra
la paz que no puede dar
el mundo, y es tu pensar
un pensar de llama ardiente
que se torna viva y fuente
de un continuo borbotar.
Porfirio Martínez G.

 
     No es difícil imaginarse al Hº Rafael escribiendo sus notas y apuntes en el noviciado. Alguien que fue testigo, como compañero suyo me decía, que , sobre todo en la última temporada, al terminar los actos comunitarios, fuera una hora litúrgica, el trabajo o cualquier otra observancia regular:
- iba a la capilla del noviciado para pedir luz al Amo,
- volvía muy recogido a la sala,
- se ponía de rodillas como estaba prescrito, durante breves instantes,
- y comenzaba a escribir sus pensamientos o a dibujar.
      La imagen era ésta: un novicio alto, vestido de blanco; tal vez con la capucha calada para guardar más recogimiento; un crucifijo en la repisa de su pupitre con los signos de la Pasión para imaginárselo más real ; un pequeño cuaderno de papel..., y una pluma entre sus dedos, que él quisiera no fuese de acero, sino espiritual, para transmitir sus ilusiones a lo divino, sus anhelos ardientes y su fuego de volcán.
      Él mismo nos lo dice:
      "Son las siete de la mañana de un claro día del mes de julio.... En el monasterio reina, como siempre, el silencio y los monjes se dedican cada uno a ocupar santamente el tiempo libre que la Regla le permite disponer.. Yo, encomendándome a mi Madre María, he cogido la pluma y el cuaderno, y mirando unas veces al sol que pasa por entre las hojas de la parra, y otras al crucifijo que tengo delante, me dispongo a escribir un ratito".
      Y al comienzo de MI CUADERNO dedicado a su hermano Leopoldo, precisamente al entrar por tercera vez, después del nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo , escribe:
      "Tengo en la Trapa un crucifijo y en el mundo un hermano. Comienzo a escribir este cuaderno teniendo delante el primero, y acordándome del segundo".
      Fue en ese pupitre sencillo y de escuela -que se conserva en la pequeña exposición de la Trapa como reliquia de las más entrañables-, donde el Hº Rafael escribió sus cartas a la familia; sus MEDITACIONES DE UN TRAPENSE, en cuya portada dibujó una gran Cruz, cuya sombra cae sobre las espaldas de un monje arrodillado a su vera, y que es todo un símbolo de la "cruz enfermedad" que Dios había echado sobre sus hombros.
      También escribió MI CUADERNO Y DIOS Y MI ALMA, recogiendo lo que Espíritu Santo iba alentando en su alma.
      Los escritos del Hº Rafael, que salieron tan espontáneamente de su pluma, desvelando su interioridad, son catalogados en literatura como "género biográfico", y en la historia de la espiritualidad como "escritos de testimonio". Son páginas de quienes se han visto precisados a testificar el paso de Dios por sus vidas. Y así tenemos las Confesiones de San Agustín, la Vida y las Moradas de Santa Teresa de Ávila, la Historia de un alma de Santa Teresita del Niño Jesús, los escritos de Carlos de Foucauld, por citar algunos.
      Ahí exactamente se sitúan los escritos del Hº Rafael. Son una especie de "un gran manifiesto" que recuerda a todos aquellos que lean detenidamente sus pensamientos, que el paso de Dios por la vida de los hombres, no es algo trasnochado que hay que retrotraer a recodos oscuros de una historia lejana, sino que ocurre en los rincones geográficos más insospechados, y entre personas las más sorpresivas como Rafael, un joven que no llega a arquitecto, ni a escritos de profesión, ni siquiera a monje trapense en sentido jurídico.
      El mismo en su humildad lo reconoció así:
      "Señor, yo no soy religioso, no soy nada ni nadie.... soy el último de todos... No soy más que una cosa en posesión de Dios"
      Y pocos meses antes de morir, escribía:
      "Me he dado cuenta de mi vocación. No soy religioso (era sólo oblato)..., no soy seglar... ,no soy nada. Bendito Dios , no soy nada más que un alma enamorada de Cristo"
      Y ese mismo día 1 de enero de 1938, hace un voto,"he hecho el voto de amar siempre a Jesús", voto que, según el especialista en espiritualidad don Baldomero Jiménez Duque, no se ha encontrado en ningún otro santo.
      Sin embargo, en plena juventud, sin una preparación teológica que pudiera ayudarle, se ve forzado, desde dentro de si mismo, a decir casi día a día. el tremendo hecho religioso que pasa por él arrasándolo, desbordándolo y transfigurándolo.
      Sin duda que el Hº Rafael pertenece a un típico grupo de escritores de raza. Escritores no publicistas, pues escribe en lo oculto de una Trapa y sin la menor intención de que sus pensamientos alcanzasen notoriedad alguna. Antes al contrario, que tan sólo pudieran aprovechar a quienes iban dirigidos y luego los destruyeran.
      El caso más típico fue el de su tía María, Duquesa de Maqueda, con la que concertó romper las cartas que se escribieran, una vez leídas y contestadas:
      "Cuéntame lo que quieras y como quieras, te comprendo y aunque no merezco lo que esperas de mi, tus cartas serán leídas, contestadas y rotas. Haz tú lo mismo con las mías. ¿Para qué queremos papeles?".
      Y en otra ocasión le recuerda:
      "Bueno, como yo no tengo secretos para ti, ya te iré diciendo.... No sé si haré mal, pero hemos quedado en que romperías mis cartas...."
      Rafael cumplió lo prometido y rompió todas las cartas que le escribió su tía, pero ésta, comprobando la profunda espiritualidad de su sobrino, no rompió ninguna. Con ese sexto sentido que tiene toda mujer, entendió que Rafael era un caso carismático evidente, y que la mirada divina se había posado sobre él con amor especial. De ahí que guardase las cartas del sobrino como un tesoro.
      Cartas preciosas, escritas espontáneamente "al aire de su vuelo", y que al ser autobiográficas, nos revelan intimidades de su alma. De ahí el recelo porque fueran publicadas.
      A pesar de esta pretensión silenciosa, sus escritos han traspasado fronteras y han penetrado en las almas, llevando a la conversión a muchas y, a otras, a la vida religiosa y de entrega a Dios. Son sencillas arrastradas por el viento del Espíritu para posarse en las almas y hacerlas fructificar.
      Esta es la fuerza que uno a uno tienen los escritos del Hº Rafael. Escritos en cierto modo, químicamente puros que se realizan en si mismos. Y compuestos más por necesidad del autor, que por la funcionalidad y servicio. El mismo nos lo aclara:
      "Escribo estas cosas tal como se me ocurren..., quizás no sean pensamientos profundos ni de grandezas, lejos de mí suponerlas tales, lo que sí quiero que sean es el fiel reflejo de lo que pienso , de mi manera de ver y sentir las cosas.
      Cuando cojo la pluma y pienso, un poco antes, lo que voy a decir, al ver que mi único pensamiento es hablar de Dios y siempre de Dios..., me siento tan pequeño, que me dan ganas de cerrar el cuaderno y dejar las páginas en blanco, que así seguramente dirán, más expresivamente que yo, con mis torpes palabras, la grandeza de Dios…
      Mis escritos son al mismo tiempo reflexiones conmigo mismo y oraciones a Dios. Mis impresiones de lo que mis ojos ven por el mundo en donde estoy, están vistas a través del prisma de Dios... No lo puedo ver de otra forma, ni lo quiero tampoco…
      Si me impresiona un paisaje, es porque en él veo a Dios, y los colores, los vientos y el sol, son obras suyas. Alabémosle, pues. En las criaturas, o sea, lo mismo en los hombres que en los seres irracionales, también veo a Dios. En la grandeza de las almas para alabarle, y en las miserias de los cuerpos para implorarle.... En los actos de la vida, también veo a Dios..."
      Es cierto que en un momento concreto, le sorprendemos trenzando hilos de posible publicista, cuando impulsado por un cariño profundo a la Virgen, le dice a su tía María que:
      "He pensado una cosa: cuando esté en la Trapa se lo voy a decir al Padre Abad; seguramente me dejará escribir, y entonces allí, con calma, y a los pies de María, escribo todo lo. que se me ocurra a la Virgen y que se pueda leer... Te mando a ti los borradores, y con la firma de "un cisterciense, hijo de María", se puede publicar si así te parece. Así cumplo dos cosas: seguir ayudándote a ti y publicar las glorias de María, obligación de todo trapense. ¿Te parece bien?"
      El proyecto quedó en puro sueño, y sólo nos quedan los escritos más íntimos, con trazo radical y constitutivo, que se acercan a la esencia de la auténtica literatura espiritual.
      Porque "escrito espiritual", no es precisamente el que habla de temas espirituales, sino aquel que contiene en si mismo el hecho espiritual vivido por el autor.
      En su experiencia religiosa fuerte, no los pensamientos meramente pensados, ni la captación estética de la belleza creada y religiosa. No. Rafael vierte sobre sus páginas, el hecho de su experiencia de Dios: el supremo fascinante. El Dios que se acerca y toca. El omnipotente que avasalla y deja libertad. Con el que se topa en cada momento, que al mismo tiempo de ser Dios real, resulta muy poco cómodo.
      Y, a la vez tenemos un Hermano Rafael, que vive patéticamente el paso de Dios por su vida, por lo mucho que El le quiere… Que se encuentra desconcertado, fascinado, chiflado, desbordado, obligado a decirse todo eso a si mismo sobre el papel, y a la vez, claramente convencido de su incapacidad para decir, para acabar de decir ese hecho indecible, precisamente por eso, porque es indecible…

      Vemos un ejemplo como detalle. Ha salido por tercera vez del Monasterio. Se encuentra en el pueblo burgalés de Villasandino y desde allí escribe a su tío Leopoldo, Duque de Maqueda, y entre otras cosas le dice:
      "Querido hermano, no sé para qué he cogido la pluma y me he puesto a escribir... Solamente hay una razón... el deseo de hablar de Él. Nadie en el mundo escucha con paciencia las locuras que se le pueden ocurrir al que, vislumbrando un poquito la grandeza de Dios, se atonta, y dando de lado la nada y vanidad de las cosas de la tierra, se le ocurra gritar: necios, insensatos... ¿qué buscáis? daros prisa… Sólo Dios, ¿qué hay fuera de El? ¿Cómo es posible que nos podamos ocupar en tantas cosas, en reír, en hablar, en llorar, en discutir, y en cambio ,de Dios nada?
      …Y tú te pones a pensar un poco; primero, muy despacio y después muy deprisa, sólo Dios..., sólo Dios, hasta que de repente notes que también te has vuelto loco, y tengas el corazón muy alegre, y no sepas qué hacer, ni qué decir, y te rías mucho, mucho, como un tonto, de tanto que amas a Dios. Y lo mismo te dé todo. Y cuando alguien te diga algo, contestes, sí, sí, es verdad, tienes razón, pero allá adentro muy adentro, te digas a ti mismo... sólo Dios, sólo Dios.
      Y luego un día , también cojas un papel y una pluma y te pongas a decir todas las locuras que se te ocurran y se las mandas a quien se te ocurra, o a lo mejor te chiflas tanto, que se te olvida escribir
      No sé decir mas..., me he cortado, y con la pluma en la mano y mirando este cielo tan claro de Castilla, me he quedado pensando..., sólo Dios..., sólo Dios..., sólo Dios"
      He aquí el hecho radical que confiere unidad y continuidad a los escritos del Hº Rafael, a modo de gran sinfonía en torno a un secreto y diminuto motivo melódico como es el nombre de cuatro letras: DIOS.
      Ante su cuaderno, el Hº Rafael tiene que quedar solo -no como islote incomunicado, sino como testigo directo, inconfundible, incontaminado; citado ante "el hecho religioso"; por él convocado a hablar de Dios y de su paso por la propia vida; algo que ningún otro autor podría ayudarle a decir.
      Y a este hecho frontal y determinado, se debe el desarrollo de su producción como escritor espiritual:
- se adentra en el buceo de su propio misterio,
- pasa a hablar de Dios y con Dios,
- para terminar hablando de Dios a los lectores.
      Lo primero que hace es: leer el propio misterio, su vocación, su pulsión de trascendencia, su condición de antena receptora de las ondas que lo sacuden, lo barrenan, lo dejan en constante tensión de proyecto inacabado, siempre a tiro de los dones de Dios. No sé lo que me pasa...me vuelvo loco...,vivo sin vivir en mí... no sé lo que digo... quisiera dar gritos..., en silencio te gritare.
      Lo que dice en esas páginas es de una inmediatez imparable y, a la vez, de un imprevisto remoto y desconcertante. Para el teólogo, esas páginas en que Rafael habla así, son un "test" de teología espiritual en vivo. Y para el lector sencillo, se trata de un corte transversal sobre el tejido mismo de la vida cristiana.
      Lo segundo que hace Rafael es colocarse más allá: como en la Biblia, un hombre ante Dios, ante Cristo, ante la Virgen María, "la Señora", como él la llamaba.
      Comienza hablando de Dios, y al menor descuido, casi insensiblemente, pasa a hablar con Dios, a intimar con El de corazón a corazón, como un amigo con otro amigo. No hay truco literario en sus páginas, ni efectismo de luces y sonido. Rafael no hace literatura, ni teología. No lima ni revisa. El borrador es definitivo; testifica y vive a la par.
      Y viene un tercer momento, que es el de comunicar la superabundancia de los que vive. Y escribe cartas, no importa a quien, desde las familiares a sus padres y tíos, hasta a personas tan poco conocidas como tía Ropi (Rosa Calvo) administradora de Lotería en Toro (Zamora), y hasta a Marino del Hierro, que entró en la vida del Hº Rafael de forma puramente accidental.
      Y cuando no pueda escribir cartas por estar en el Monasterio, ya que según los USOS de entonces "debían ser pocas y con permiso del Padre Abad o Padre Maestro", entonces desbordará sus vivencias en pequeños tratados como: MEDITACIONES DE UN TRAPENSE, MI CUADERNO y ya en la enfermería DIOS Y MI ALMA, cuaderno guardado en una carpeta donde el mismo Rafael había escrito con tinta china y cuidada caligrafía, "notas de conciencia, reservado".
      Es precisamente en MI CUADERNO donde redacta, el 4 de enero de 1937, su escrito titulado SOLO DIOS Y YO. Ejemplo poético y de lo más sublime que se ha escrito, pues llega a sintetizar toda su historia y su vida en una sola palabra: ¡DIOS!
      Aunque está redactado en prosa, es pura, poesía tridimensional, por su altura, su anchura y su profundidad, y suena así:
Silencio en los labios
cantares en el corazón;
alma que vive de amores,
de sueños y de esperanzas...
alma que vive de Dios.
 
Alma que mira a lo lejos…
lejos, muy lejos del mundo,
pasando la vida en silencio...,
cantando en el corazón.
 
Una Trapa…,
un monasterio...,
     hombre…
            ¡sólo Dios y yo!
 
Pasan rápidos los días, en ellos se va la vida…, soñamos en lo pasado, esperamos lo que ha de llegar.
El alma mira a lo lejos buscando la única vida, Y que espera sea mejor.
 
Una Trapa.., cantares a Dios.
¿Qué importan los hombres?
¿Qué importan las nieblas o el sol...?
¿Qué importa lo que nos rodea?
Todo es nada,
y la nada no merece nuestra atención.
 
Busca el alma lo que aquí no encuentra...
Busca en las alturas sus ansias de Dios,
y cuando a ella llegan los rayos de luz
que Cristo la envía...
¿qué importan los hombres, las nieblas o el sol?
 
Y cantan en silencio murmullos de amores,
y busca sus consuelos en la paz tranquila,
quieta y sosegada del que nada espera,
y pasa su vida sin mirar al mundo,
que ignora lo que es oración.
 
Pasan serenos los días,
en la dulce calma del amor que espera.
El alma comprende,
que nada en el mundo la puede llenar…
 
- la tierra es de barro
- los hombres son pobres,
- la vida muy corta,
- todo es muy pequeño, frágil y caduco,
 
y el alma está ansiosa
de verse en el cielo
mirando a la Virgen,
contemplando a Dios.
 
Monasterio de hombres..., casa de un día;
monjes penitentes…
aves de paso que vuelan cantando.
 
- Flores y espinas.
- Llantos y cruces.
- Vientos y hielos.
- Himnos de alegría.
- Momentos de angustia.
- Campañas... incienso…
 
Todo lo que vibra,
todo lo que al alma en la vida rodea
todo es flor de un día,
que ahora viene y luego se va.
 
Nada le interesa que no sea Cristo,
nada la conmueve que no sea Dios,
y esconde muy hondo
            sus ansias,
            sus penas,
            sus cruces,
            su amor.
 
Ya todo la cansa,
no busca en los hombres
lo que jamás podrá dar.
Para ella, no existen ni cielo ni tierra,
ni hombres ni bestias…
ni mundo, que es polvo mortal.
 
Sólo tiene el alma una ocupación
que llena su vida entera...,
un ansia grande de cielo
y un Dios a quien adorar.
 
En el monasterio, pasan los días…
¿qué importa? Sólo Dios y yo...
Vivo aún en la tierra, rodeado de hombres,
¿qué importa? Sólo Dios y yo…
Y al mirar al mundo no veo grandezas,
no veo miserias
no veo las nieblas,
no distingo el sol...
 
El mundo entero se reduce a un punto…
En el punto, hay un monasterio,
Y en el monasterio... "¡SOLO DIOS Y YO!"
      Expresión de auténtico enamorado: ¡Sólo Dios y yo!. Es el anhelo cumplido de la esposa del cantar de los cantares : "Mi amado es para mi y yo para mi amado". Es el deseo de Cristo: " El que no me prefiere a mí, no es digno de mí".
      En otro soliloquio anterior había escrito: Sólo Tú, dibujando al final una banderola en la que ponía la frase de Santa Teresa: Sólo Dios basta.
      Toda persona, sea hombre o mujer, posee un secreto interior, un lugar que ha sido creado para el amor, un paraíso íntimo, un huerto cerrado y una fuente sellada.
      Lo único necesario en la vida, es que esa cámara no se encuentre vacía, y en el Hº Rafael había una urgencia de amor, que quiso y consiguió llenarla de Dios:
      "Dios...., he aquí lo único que anima; la única razón de mi vida monástica.... Dios para milo es todo, en todo está y en todo lo veo. ¿Qué interesa la criatura? ¿ Y yo mismo? Qué loco estoy cuando de mi me ocupo, y qué vanidad es ocuparse en lo que no es Dios. Y, sin embargo, con cuanta facilidad nos olvidamos del verdadero motivo de vivir, y cuántas veces vivimos sin motivo.
      Tiempo perdido son los minutos, las horas, los días o los años que no hemos vivido para Dios"
      Y su escrito se convierte en oración:
      "Señor, Dios mío, ¿qué me interesa nada que no seas Tú? ¿Qué saco de ocuparme tanto de la criatura"… Verdaderamente todo es vanidad. Sólo Tú eres lo que debe ocupar mi vida. Sólo Tú llenar mi corazón... Sólo Tú ser mi único pensamiento".
      Ante este escrito, nace espontánea una pregunta: ¿De verdad que no le interesaban a Rafael las criaturas?. Interrogante que es necesario aclarar con toda transparencia para poder entenderle como verdadero pregonero del Absoluto, y profeta solitario que se eleva en medio de nuestra sociedad, instándole con urgencia a que despierte de su ilusión de autosuficiencia y entienda que no hay más absoluto que Dios.
      Si con atención nos paramos ante los escritos y el arte del Hº Rafael, notaremos sin esfuerzo, que el joven oblato trapense ,se distinguió siempre por su sensibilidad a la belleza de la creación:
      "Yo veo la creación muy hermosa... El sol brilla, me gustan las flores, los pájaros, los niños. Todo es un motivo de alabanza al Creador las estrellas, la noche y los campos llenos de luz... Es alegre y dichoso ver la bondad reflejada en las criaturas"
      En varias ocasiones, nos cuenta su afición a contemplar la naturaleza para que desde ella, nos elevemos hasta Dios. Unas veces será el mar, y otras los espléndidos panoramas de Asturias, donde pasaba las horas rumiando los dichos de San Juan de la cruz, y que plasmó en sus cuadros. Rafael siempre amó la belleza de la creación y su función mediadora en la elevación del alma al Absoluto.
      "¡Cuánto gozaba mi alma, viendo la inmensidad de Dios, reflejada en los profundo de los valles, y en las escarpadas cimas de las sierras y de los montes! ¡Cuántos ratos me tengo pasados viendo los mares de nieblas y escuchando el silencio solemne de una naturaleza donde pocas veces llega el hombre!"
      Eso lo decía de esos mares de niebla de los montes asturianos vistos desde las cumbres, encajonados en los profundos valles. Pero la misma experiencia tendría contemplando los interminables horizontes de su Castilla natal:
      "En mis ansias de horizontes recorría las llanuras de Castilla, llenándome los ojos de la luz de sus cielos, inundando mi alma de la paz de sus campos, gozando de la austeridad de sus paisajes y amando esa tierra que es mi tierra"
      No cabe la menor duda de que la contemplación de Dios en la naturaleza y en los seres en general, tanto racionales como irracionales, ocupó un lugar importante en la vida del Hº Rafael. Tuvo la capacidad de descubrir siempre en la creación, la presencia inmanente de Dios que todo lo llena, y que acaba, imponiéndose a su mirada orante:
      "Al ver ese mar tan grande, pensaba en Dios... Y después pensaba: ¡Qué pequeño es el mare El mar tiene un límite, y cuando nos hundimos de veras en EL.., entonces no vemos nada, le vemos a El en todo, todo lo es El"
      La sensibilidad estética y espiritual del Hº Rafael, le hacía sentir una profunda atracción por las grandezas naturales, ante las que experimentaba su propia pequeñez, y en las que veía reflejada la grandeza infinitamente mayor de Dios
      Sin embargo, es claro también, que para él la criatura no tiene sentido alguno en si misma. Ante la Belleza de Dios , la maravillosa belleza de la creación, le resulta infinitamente pequeña.
- La inmensidad del mar, como acabamos de ver, y sus horizontes aparentemente ilimitados, palidecen ante la inmensidad sin límites de Dios-Todo e inabarcable.
- Los más grandes y hermosos paisajes del mundo, nada son, ante la pequeñez del Sagrario.
      Por otra parte, en su canto de Sólo Dios y yo, subraya la fragilidad y fugacidad de las criaturas:
- La tierra es de barro, la vida muy corta.
- el monasterio es casa de un día.
- Los monjes.... aves de paso.
- Todo es flor de un día que ahora viene y luego se va.
      Por eso ora en su soliloquio:
      "Señor, admirable eres en tus criaturas. Por medio de ellas te manifiestas a mi alma, pero no permitas que en ellas me quede. Hermoso es el cielo, la tierra y sus moradores, pero no son Tú y a Ti quiero llegar a través de todo y de todos".
      La contemplación de Dios en la naturaleza, no es más que un inicio para sacar al alma principiante de su sueño y despertarla al sentido del absoluto. Pero Rafael está convencido de que es preciso dar pasos hasta la posesión o invasión de Dios. De ahí que nos ponga con sencillez, esta imagen aclaratoria:
      Contemplar a Dios en las criaturas, es como mirar un paisaje a través de la niebla. Las criaturas son esa niebla.. Es cierto que en todo está Dios, pero está como detrás: detrás de lo que los sentidos perciben, los sentimientos sienten y las ilusiones sueñan. Detrás del insecto o el sol, de la flor o del árbol frondoso, del trozo de música o del paisaje grandioso. El verdadero paisaje es Dios en Si mismo. Para contemplarlo hay que disipar la niebla creatural y descender a la completa soledad del espíritu.
      Quien lea detenidamente los escritos del Hº Rafael, percibirá con claridad e inmediatez, que la clave estructural de fondo, y aquello que constituye el motor fundamental de su tensión religiosa , es : el anhelo insaciable de Dios.
      Ya desde su misma petición de entrada en la Trapa, escribía al P. Abad con toda sencillez:

      "Dios nuestro Señor, ha obrado en mi de tal manera, que me he formado el propósito decidido de entregarme a él con todo mi corazón y de cuerpo y alma... Por tanto, mi reverendo Padre, si me recibe en la comunidad con sus hijos, tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre con mucho amor a Dios"
      Su máxima convencida fue ésta:
      "El que busca a Dios lo encuentra"
      Y nos da este consejo, que para él fue un propósito de por vida:
      "Acompañadme y ved que es verdad que os digo: Buscad a Dios y lo encontraréis, y una vez hallado, tened la seguridad de que nada ni nadie os hará dejarle".
      Buscar a Dios es buscar el amor y la vida, que no aparece al final como el encuentro de un objeto, sino como el rostro vivo que alumbra desde siempre por doquier, pero que hay que tener ojos nuevos para verle. Por eso recomienda el salmista: Buscad al Señor y vivirá vuestro corazón.
      Todo lo que no sea Dios, no tiene ni poder último , ni consistencia. Sólo Dios es ser y sustancia, lugar irremovible no exiliable por los poderes, o destructible por los elementos que anonadan.
      Buscar a Dios, no es perseguir un deseo nacido de nuestras carencias, sino ir tras su rostro que nos ha fascinado y sin cuya contemplación el alma no puede vivir.
      Por eso, buscar su faz, es la expresión permanente para demostrar que Él es alguien con semblante y mirada, con ojos que identifican, desvelan, enclavan y retan. Búsqueda que no cesa, y encuentro que no cansa. Porque la relación de intimidad con El, es perennemente innovadora de vida y acrecentadora de gozo.
      No es una fantasía, ni una mera utopía el impulso que nos lleva a buscar a Dios y a desear encontrarlo. Responde a una necesidad honda grabada de forma indeleble en el corazón de toda persona sea hombre o mujer. Cuando nos dejamos llevar por el amor que procede de Dios, y que ha dejado impreso en todo corazón humano, sólo El es la respuesta que no puede defraudar jamás y la calma gozosa de nuestras expectativas y esperanzas.
      Buscar a Dios, para descansar en su posesión, es la tarea más sublime y más cualificada de cuantas nos es dado realizar en esta tierra de peregrinación.
      Cuando el corazón humano digamos la persona con su conocimiento y voluntad ' alcanza a percibir o sentir a Dios, como su objeto propio, experimentándolo como el bien total ,y absoluto a que espontáneamente aspira, irremisiblemente se adhiere a El. Diríamos que inevitablemente se enamora de El.
      Es entonces cuando el corazón hecho amor y deseo, se convierte en buscador ardiente del Rostro divino, que llega a resultarle por su fuerza de atracción, del todo absorbente.
      Rafael, maestro espiritual en este tema, nos dirá cómo debemos hacerlo, ya que lo vivió en su propia persona con ansias y sed ardiente.
      Para ello usa verbos en sentido ascendente, cada vez más concretos y comprometedores, hasta llegar a la unidad de espíritu, de una radical intimidad, dedicación y consagración.
      El primer verbo es buscar.
• Él está convencido de que: "el que busca a Dios lo encuentra" (34,94), y por eso lanza el consejo a todos y cada uno :"Busca el corazón de Dios que es insondable, húndete en él, y no busques otra cosa" (421). Y ya en el monasterio: "No hay que buscar la trapa, sino al Dios de la Trapa" (638)
"Callemos los cistercienses, pues vinimos al Monasterio a buscar a Dios en el silencio de nuestras almas.... Guardemos silencio, pues en él hallaremos, si sabemos buscarlo, nuestro tesoro que es Dios" ( 695)
"El mundo se busca a si mismo y a sí mismo se encuentra; el corazón que busca a Cristo, ama la soledad de todo y de todos. Es en esa soledad dónde Dios busca a las almas" (764).
"Un alma sedienta de horizonte infinitos, sólo encuentra lo que busca, en la grandeza e inmensidad de Dios" (790)
"Sólo Dios .... Sólo Dios, gritará con berridos nuestro corazón, ya que los labios no pueden abrirse para gritar por las calles y plazas sus maravillas, su grandezas, su misericordia y amor. Sólo Dios....no busques otra cosa" ( 926)
• Y en sus últimos días, aún se preguntaba: "¿Qué vine yo a buscar a la Trapa? No a los hombres, Dios mío..., no... Sólo a Ti... queriéndote a Ti y suspirando por Ti" (1061)
• Y termina convencido: "Sólo en Dios encuentro lo que busco" (1142)
      Pero hay que buscar a Dios , -y éste es el segundo verbo- "deprisa", corriendo"
      Comenta San Juan de la Cruz:" Cuando el ciervo está herido, vase con gran priesa a buscar refrigerio a las aguas frías (CB. 13,9)
      Como eco de esta frase, el Hermano Rafael nos habla en intimidad de si mismo, de su pulsión de trascendencia, y nos dice que "pica muy alto", que "no sabe lo que le pasa" que "vivo sin vivir en mí", y, concluye con un consejo: "Hay que darse prisa para ser santos" (406)
      Y un día, sin fecha fija, -tal vez el 9 de diciembre de 1936- traza un dibujo que tiene por fondo la Cruz ,que es Cristo, y saltando fuertes fronteras, la silueta de un ciervo veloz, figura de sus propias ansias y anhelos.
      Y reza más que escribe: "Señor, Señor.... murmuran los labios: como el ciervo desea las fuentes (Sal, 41,2) como el cervatillo sediento olfatea el aire buscando con qué mitigar sus sed, así mi alma suspira de sed de vida.... Vida eterna, vida de espacio y luz, vida en la cual, esa centellica que tengo dentro se dilatará, y a la vista de tu Rostro, dará más luz que el sol....
      Señor, Señor, como el ciervo desea las fuentes, así está mi alma." (757)
      Y cierra estas prisas San Juan de la Cruz diciéndonos:
      "Cuando el Amado envía al alma el olor de sus ungüentos, le hace correr hacia Él, que son sus divinas inspiraciones y toques " (Can. 1,34; LB. 3,28)
      En el octavo grado de la "Secreta escala del amor" que el místico español nos trae en la "Noche Oscura", ocurre el encuentro de fusión por el que "hace el alma unir y apretar. sin soltar al Amado, tal como lo recuerda el Cantar de los Cantares: "Encontré al Amor de mi alma, lo agarré y no lo soltaré". (CC.3,4; N 2,20,3)
      He aquí la meta de toda alma buscadora de Dios: la de llegar y asir al Amado. Y no es porque no se le poseyera antes, pues sabemos que por gracia somos auténticos "theóforos". portadores de Dios, sino porque en este estado, se vive de manera experimental, tangible e indecible.
      La contemplación mantenida y alimentada, es siempre camino de posesión; pero cuando se sorprende entre los brazos al Amado, los deseos irrumpen en ansias de transformación, y ni los labios saben decir, ni la pluma escribir, a no ser expresiones de misterio.
      Por eso, como en aquella escena de los "nabos"," Las piruetas de los nabos" que él titula ,cuando se hizo luz en su alma, de haberse dejado llevar de sus impulsos interiores, hubiera comenzado a hacer verdadera filigranas malabares con los nabos, la navaja y el mandil; así, ahora, que se sabe poseedor de Dios, "No sabe lo qué decir
      Nos lo recuerda precisamente en la oración espontánea de un martes santo, cuando le quedaban tan sólo catorce días de vida "Jesús mío, a pesar de lo que soy, cuánto te quiero, y te querré siempre.... y me agarraré a ti, y no te soltaré no sé lo que iba a decir". (1170)
      Este "no saber decir" lo ha repetido muchas veces al hablarnos de que "no sabe lo que le pasa", que "desbarra", que "está chiflado y loco", y así nos dice:
      "Ni el mundo puede comprender, ni tampoco es necesario, la locura del que ama a Cristo. La locura si, no tiene otra palabra, la locura de la cruz, que hace que el alma desbarre, que las palabras se hagan torpes de tanto querer decir y no poder decir nada. La locura sostenida únicamente por esa "camisa de fuerza" que consiste en unirse a la voluntad de Dios, y que nos hace callar cuando quisiéramos gritar, que nos hace prudentes cuando el alma se desata y desea.... no sé....Que nos hace serena la espera cuando el ansia de Cristo palpita impaciente dentro del corazón.
      La locura de Cristo .... no se comprende, es natural, y hay que ocultarla; ocultarla dentro, muy dentro. Que sólo El ,la vea y que nadie, y si fuera posible ni aún uno mismo , se enterara de que se está dominado por ella.
      "Bueno, no me hagas caso -escribe a su tía, la Duquesa de Maqueda-, ya te he explicado el motivo de todas estas palabras torpemente escritas, como ves, es muy sencillo: estoy loco y nada más" (916)
      Pero la vehemencia más profunda es, cuando "loco por Dios" usa verbos de total "absorbimiento" , y así dice que quiere "abismarse", "desaparecer" , ser "absorbido".
      "Quiero vivir en esta vida oculta y humilde de mi Trapa, en que olvidado de los hombres me entregue a Dios de lleno... A veces me veo muy solo y muy pequeño.... ¿ qué podré hacer, Señor" Quisiera abismarme y desaparecer (372)
      "En la vida espiritual, en la vida interior, no hay principio ni fin,,,, no hay más que Dios ... Ese sentimiento, ante el cual la palabra enmudece, quisiera el alma no verse, desaparecer, no ser ni existir y solamente la grandeza de Dios ... En fin , me pierdo" ( 650)
      ¿Hay algo más profundo en las ansias y anhelos de este Oblato trapense?. Hemos de reconocer y recordar que el Hº Rafael es un caso carismático evidente; la mirada de Dios se posó sobre él con amor especial, y él supo encontrarse con esa mirada y responder a sus exigencias amplia, generosa y heroicamente.
      La "pasión de Dios" le consumió de ahí que los estudiosos de la espiritualidad tendrán que profundizar despacio; porque Rafael, dentro de la vida contemplativa,
• es torbellino
• es contagio y contagioso
• ojo huracán que arrastra con fuerza de espíritu
• remolino absorbente para meter a Dios
• vértigo vertiginoso
      Los anhelos y ansias más vehemente fueron como los de San Pablo: "dissolvi et esse cum Cristo", o como Santa Teresa :" Vivo sin vivir en mi" ; por eso, no encontrando en el léxico una palabra más fuerte de unión transformativa con Dios, habla de que quiere "disolverse
* * *
      Es tan solo un símbolo y casi una parábola. Me encontraba yo lejos de España, como capellán, en una Comunidad de monjas contemplativas de nuestra Orden, en el Monasterio del Encuentro, en ciudad Hidalgo, Michoacán, México.
      Al entrar por primera vez en el templo, me impresionó de verdad su lectura arquitectónica:
• La iglesia era circular;
• el altar, así como su base, eran redondos;
• el sagrario con su lamparilla también eran redondos
• los candelabros eran circulares
• y circular era también el coro y la sillería, siguiendo la línea de la iglesia.
      Una hechura tan original, no sólo contribuía a la unión de voces y resonancias en la liturgia de las monjas, sino que invitaba y casi impelía a poner los ojos en otro centro invisible en el que , en teofanía velada, aparecía la voz de Cristo alabando al Padre, en medio de aquellas voces femeninas.
      Al tener que dirigirlas la palabra por primera vez, la conferencia versó sobre la "O" de Dios, que era lo que a mí me parecía el coro, con todas aquellas formas y detalles circulares.
      Porque:
• DiOs tiene una "O"
• CristO tiene una "O"
• El hOmbre tiene una "O", y también la mujer pues Dios al sacarla del hombre, la llamó "viragO" o "varOna". (Gen. 2,23)
      Y yo creo que es la definición mejor que yo puedo dar sobre la vida contemplativa, la cual consiste nada más y nada menos que esconder nuestra "O" de hombres y mujeres en la "O" grande de DiOs y de CristO, y que, en realidad, no es otra cosa que el grito extático de San Pablo: "Vivo yo, más no yo, es Cristo quien vive en mi. (Gal. 2,20)
      Más tarde, consultando a San Juan de la Cruz, he quedado sorprendido de que también él nos habla de la "O" de Dios, o sea, de la "figura circular esférica", cuando comenta que escondidos en los misterios de Dios, que son las cavernas insondables de Cristo:
 
 
"Allí nos entraremos,
y el mosto de las granadas gustaremos"
 
      "Y notamos aquí la figura circular esférica de la granada", dice el Santo, porque cada granada entendemos aquí por cualquier virtud y atributo de Dios, o sea, Dios mismo; el cual es significado por la figura circular esférica, porque no tiene principio ni fin", (CB. 37.7)
      De este modo, todo nuestro empeño, no sólo teórico., sino vital, como personas consagradas, debe consistir en meternos, escondernos, desaparecer tan de verdad en la "O" de Dios, que, cuando intentaran encontrarnos, sólo pudieran hallarnos en lo "escondido de Dios"

Interior de la Iglesia de San Sebastián de Bonn (Alemania)

     Un logotipo en la simplicidad de su confección simbólica lo decía todo: el arco elíptico como letra "O" estilizada, significaba la gran asamblea o la Comunidad mundial de las Iglesias; la persona de Cristo estaba representada por la Cruz, y en el fondo las agujas de la catedral de Colonia indicadas por una estrella, significaban el lugar de adoración, ya que en su slogan condensaba el fin de la Jornada: "venimos a adorarle".
      Como auténtico profeta, Juan Pablo II invitó a los jóvenes en el Downsview Park de Toronto, Canadá, a un nuevo encuentro, con estas palabras: "Deseo anunciar oficialmente que la próxima Jornada Mundial de la Juventud, se celebrará el año 2005 en Colonia, Alemania. Cristo os espera allí. Que la Virgen María Madre nuestra, os acompañe en la peregrinación de la fe".
      Los jóvenes acogieron con entusiasmo la invitación, y del 16 al 21 de agosto, miles y miles de jóvenes llegados de todas partes, convirtieron a Colonia, en la capital de la Juventud Católica Mundial durante toda una semana. Las diócesis de Ávila, Burgos, León, Palencia Salamanca, Valladolid y Zamora no podían faltar.
      Los feligreses de la Parroquia del Beato Rafael, junto con la Delegación de Juventud, presentaron a los asistentes a la Jornada Mundial una glosa de tres horas sobre el monje trapense en la parroquia de San Sebastián de Bonn el día 17 de agosto de las 6,30 a 9,30 de la tarde, teniendo como objeto resaltar la figura humilde, atractiva y asombrosa de este joven místico de nuestro tiempo, para que sea conocida en el mundo entero: la radicalidad de su entrega, la profundidad de su renuncia, la delicadeza de sus sentimientos, la heroica aceptación de su cruz, y la alegría de saber esperar.
      Aunque no pocos jóvenes emprendieron su marcha mucho antes de la Jornada oficial, peregrinando por tierras de España, Francia, Suiza hasta llegar a Alemania, el encuentro de palentinos y Burgaleses fue el 17 por la mañana en la capilla de Marien-Hospital de Dusseldorf. Antes de la misa, se dio lugar a al sacramento de la reconciliación, de la que participaron bastantes peregrinos, a la que siguió la celebración eucarística presidida por el Sr. Obispo de Palencia D. Rafael Palmero Ramos, el Abad de la Trapa del Hermano Rafael Dm. Enrique Trigueros y cinco sacerdotes más. Al final de la misa se cantó con sentimiento y emoción el himno del Hermano Rafael.
      A las 12,30 de la mañana se había programado un espacio de danzas españolas con trajes regionales en el gran jol del Hospital, que resultó precioso y fue intensamente aplaudido por médicos, enfermeras, visitantes enfermos en recuperación y familiares.
      Pero el objetivo fundamental, fue la vigilia-encuentro que se celebró en la parroquia de San Sebastián en la ciudad de Bonn a las 6,30 de la tarde, dedicada a la oración-adoración con el Santísimo, y a la propagación de la fama de santidad del Hermano Rafael Arnáiz Barón, como modelo de juventud.
      Los jóvenes de Burgos colocaron un poster de unos tres metros de alto en el exterior de uno de los ventanales de la iglesia, para indicar la motivación de los actos que iban a seguirse, pintado en lienzo por un feligrés de la ciudad burgalesa, D. Lamberto, que siendo daltónico supo dar con los colores auténticos.

      Dentro del templo, grande y espacioso nos esperaba D. Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y antes de Palencia, el arzobispo de Burgos D. Francisco Gil Hellín y el obispo de Palencia D. Rafael Palmero Ramos. D. Ricardo no pudo asistir al acto completo ya que tenía que atender a otro grupo impartiendo una de las catequesis.
      Mientras se iba colocando la gente dentro del templo, que terminó por llenarse en su totalidad, se iban exponiendo en una pantalla grande una serie de filminas sobre el Monasterio de la Trapa de San Isidro de Dueñas, la vida y familia del Hermano Rafael y sus dibujos.
      Conseguido el silencio, el P. Juan Martínez Camino S.J., Secretario de la Conferencia Episcopal Española, expuso desde el presbiterio su conferencia sobre: "La mística española de siempre, en un joven del siglo XX", a este tenor:
 
Hemos venido a adorarle (Mt 2, 2)
La mística española de siempre en un joven del siglo XX:
El Beato Hermano Rafael
      ¿A qué habéis venido a Colonia? ¿Para qué os ha convocado aquí, en su tierra, el Papa Benedicto XVI? Lo sabéis muy bien. Pues ¡para hacer ejercicio! El ejercicio más saludable de todos, que consiste en... ¡adorar!. "Hemos venido… a adorarle" (Mt 2, 2). A adorar a Jesucristo. Como aquellos personajes misteriosos del Evangelio que, viniendo de tierras lejanas, se presentaron un día en Belén para adorar al Salvador recién nacido y para ofrecerle sus dones. La ciudad de Colonia recuerda aquel gesto fundacional de adoración y venera en su catedral la memoria de los que llamamos Reyes Magos o de Oriente.
      Pero ¿qué es eso de "adorar"? ¿Será tan importante adorarle, precisamente a Jesucristo? ¿Vosotros adoráis algo o a alguien? ¿Has pensado en serio si "adoras"... si adoras alguna cosa o a alguna persona? ¿Qué pasaría si adoráramos a alguien que no fuera a Él, a Jesucristo?
      Seguro que muchos ya conocéis a Rafael Arnáiz Barón, el popular Hermano Rafael. Él fue un maestro de la adoración en pleno siglo XX. Esta tarde le tomamos a él como guía para nuestro ejercicio: para que nos ayude a saber adorar en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 24).
      Pero ¿por qué Rafael? Pues muy sencillo: porque él es, a la vez, un místico y un joven de nuestro tiempo.
1. Rafael Arnáiz murió en 1938 cuando no tenía más que 27 años. Desde entonces ha pasado ya algún tiempo casi siete décadas pero él es aún contemporáneo nuestro. Todavía podría estar hoy entre nosotros, aunque con la bonita edad de 94 años; y aún vive gente que le conoció y que convivió con él. Además, la situación fundamental de la humanidad sigue siendo hoy muy parecida a la de su época. Lo veremos enseguida.
2. Pero lo que nos interesa sobre todo es que, joven y cercano a nosotros, el Beato Rafael es un místico de cuerpo entero. Místicos son aquellas personas que han sido capaces de hacer de su vida entera un gran vuelo de adoración. ¡De su vida entera, si! No tuvieron miedo de que eso fuera demasiado. No temieron perderse, ni quedarse sin nada para ellos mismos. Al contrario: se tomaron al pie de la letra aquello de Jesús: "el que pierde su vida por mi causa, la gana" (Lc 9, 24). Adorar es ganar de verdad la vida permitiendo que toda ella se consuma, quemada por el fuego del Amor. Eso es lo que hizo Rafael, siguiendo las huellas de los grandes maestros de la mística española: de Ignacio de Loyola, Juan de la Cruz o Teresa de Jesús.
      Entonces, me vais a dejar que os cuente algo de Rafael: de su época y, sobre todo, de su mística. Como él escribe tan bien, os leeré párrafos suyos que os permitirán escucharle a él en directo.
 
I. Un joven sensible a la gran cuestión de nuestro tiempo
      1. Cuando tenía 22 años Rafael entró en un monasterio. Alguien podría pensar que, siendo tan joven y tan "buenecito", no le había dado tiempo todavía a sacarle partido a la vida ni le había sido posible aún forjarse una idea seria de lo que es este mundo. Pero no es así. El era inteligente y no le faltaron ocasiones ni medios para situarse en la sociedad y para conocerla bastante bien.
      Fue en enero de 1934, después de las vacaciones de Navidad, cuando Rafael les dijo a sus padres en Oviedo que había tomado la determinación de abandonar sus estudios de Arquitectura para irse a vivir en pobreza y en silencio a la Abadía cisterciense de San Isidro de Dueñas, en Palencia.
      A su familia no le faltaba de nada. Su padre era ingeniero de montes, alto funcionario del Estado. Su madre, de familia de militares, era una mujer culta: tocaba el piano y escribía críticas de arte y de teatro en la prensa. Eran felices. Vivían en el centro de Oviedo, en un piso precioso, nuevo, amplio, frente al Campo de San Francisco, la huerta del viejo convento franciscano convertida en el parque romántico del ensanche urbano que, en el siglo XIX, había hecho llegar a la ciudad hasta la estación del ferrocarril. Los Arnáiz podían ver desde su casa, al otro lado del parque, el colegio de los jesuitas, en el que Rafael continuó el Bachillerato que había comenzado, también con los jesuitas, en Burgos, la ciudad castellana que le había visto nacer en 1911. Los tres últimos años de sus estudios preuniversitarios, de los 15 a los 18 de su edad, Rafael los cursó, como un estudiante más, en el Instituto del Estado. Terminado el Bachillerato, se dedicó a prepararse para el ingreso en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, perfeccionando las técnicas del dibujo y la pintura con un conocido pintor ovetense, Eugenio Tamayo. Mientras tanto, cultivaba también la música, el teatro, y, con su padre y los técnicos forestales, recorría los ríos, las costas y las montañas de Asturias.
      En 1932 Rafael se traslada a Madrid para continuar sus estudios ya en la Escuela de Arquitectura. Elige una pensión en la plaza de Callao, en el 8º piso del Edificio de la Prensa, por aquel entonces el rascacielos más alto de la capital. Compra y lee periódicos franceses, de los que le envía recortes a su hermano Fernando, a Oviedo; cerca de la pensión están las salas de cine de estreno de la Gran Vía; visita de vez en cuando buenos restaurantes; y sale con su amigo Juan Vallaure y otros a divertirse; las compañeras se lo rifan y una argentina, más avispada, le persigue literalmente hasta su habitación. Hace el servicio militar con los universitarios.
      También estudia... es verdad. También... visita a diario el Sagrario en el Oratorio del Caballero de Gracia, muy cerca de la pensión de Callao. También se inscribe en la congregación mariana de los Luises. También se escapa algunos fines de semana a Ávila para charlar de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz y de la vida monástica trapense con sus tíos, María y Leopoldo, sus amigos del alma.
      Pero ¿conoció o no conoció Rafael lo que la vida le podía ofrecer? Lo conoció bien, no cabe duda. Y se lo pasó también muy bien. Fijáos en este párrafo de una "carta kolosal" que le escribe a su hermano Femando desde la pensión madrileña:
      "Nos han puesto alfombra nueva en el pasillo, y es mi desesperación, porque yo, en cuanto veo una tira larga de tela con franjas a los lados y extendida en el suelo..., me entran unas ganas atroces de dar saltos mortales, y empezar en un extremo y acabar en el otro, y como tengo la desgracia de no saber darlos, nada más abrir la puerta, y ver la alfombra, tan nueva, gris, con tiras rojas, me meto corriendo en la habitación y cuando salgo no puedo mirar al suelo, porque si miro, me entra en el cuerpo una cosa como si fuese vértigo.., y unos deseos locos de poner las manos sobre el mullido suelo, hacer una flexión, lanzar los pies a la altura, describir con ellos media circunferencia, para volverlos a posar en el suelo, delante de mi nuca..., y así, girando a gran velocidad, acabar en un doble salto mortal delante de la cerradura de la puerta... ¡Oh! es horrible lo que me pasa, tener que pasar corriendo, sin pisar la alfombra, y con los ojos mirando al techo..., porque si miro ya te digo, o se me va la vista, o me tiro de cabeza... La dichosa alfombra me está poniendo malo, preferiría tener un precipicio y pasar en una tabla, que tener que atravesar a paso lento la larga tira gris y roja, extendida en el suelo de mi pasillo.
     Bueno, no tengo más que contarte
      Ahora estoy oyendo en el gramófono «Jocelyn» de Godard.…¡ ¡Me da una rabia!! Tu madre puede que entienda esa rabia, pero qué le vamos a hacer. Bueno, te voy a dejar que tengo que cortarle los rabos a los claveles, y cambiarles el agua; el pájaro se ha hecho una bola de plumas (pone un dibujo), y no enseña más que la cola... No sé dónde tiene la cabeza. A mi, particularmente, me parece que está durmiendo profundamente, pero ahora vendrá Juan y me lo despertará... le conozco.
      Bueno, es el día siguiente."
      No cabe duda: Rafael está muy contento en Madrid haciendo su vida de estudiante y conociendo mundo. Es el mundo de la España de los años treinta, de la efervescencia de la II República y, ¡cómo no! del "progreso" (¿os suena?). También él parece que llegó a "adorar" un poco las nuevas posibilidades que le ofrecía la vida moderna. En aquellos tiempos, tenía con frecuencia ¡un coche !a su disposición y fijaos con que sencillez escribirá años más tarde confesando su pequeña "idolatría":

Juan Antonio Martínez Camino

      "Yo también alguna vez allá en el mundo, corría por las carreteras de España, ilusionado de poner el marcador del automóvil a 120 kilómetros por hora... ¡Qué estupidez! Cuando me di cuenta de que el horizonte se me acababa, sufrí la decepción del que goza la libertad de la tierra..., pues la tierra es pequeña y, además, se acaba con rapidez."
      En fin, que cuando llega la hora de pedir el ingreso en el monasterio, Rafael está tan contento de la vida, que le podrá escribir al Abad diciéndole que él no se hace monje porque la vida le ofrezca poco; le confiesa más bien con sinceridad y desparpajo que lo tiene todo:
      "… no me mueve para hacer este cambio de vida, ni tristezas, ni sufrimientos, ni desilusiones y desengaños del mundo... Lo que éste me puede dar, lo tengo todo. Dios en su infinita bondad, me ha regalado en la vida, mucho más de lo que merezco... Por tanto, mi reverendo Padre, si me recibe en la comunidad con sus hijos, tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre y con mucho amor a Dios."
      2. Total: que Rafael conoce la vida y está contento con ella. Sin embargo, hay algo que le inquieta profundamente en aquella sociedad tan satisfecha de si misma, en la que a él le tocó vivir, y tan parecida a la nuestra de hoy. Aquel hombre joven, de alma de artista, dotado para el dibujo, para la pintura, para la música, para la pluma, para el volante, etc. sentía una llamada desde el fondo de todo eso y más allá de todo ello hacia un Amor indescriptible que le arrastra irresistiblemente hacia sí. Rafael echaba de menos un mundo más capaz de abrirse a Dios y menos cerrado en si mismo y en sus conquistas. No se explica cómo es posible que los hombres vivan tan absortos con las cosas que ellos hacen y tan olvidados de aquel Amor que no pasa, del que provienen el ser y la vida. En definitiva, un corazón joven que no se conforma con las cosas de este mundo, por más hermosas e interesantes que sean. Lo eran, de hecho, para Rafael, pero no eran bastante.
      Rafael era, por tanto, sensible al gran problema de nuestro tiempo, que es el olvido de Dios que la gente sufre con tanta frecuencia a causa de una visión de la vida centrada simplemente en lo que el ser humano puede conseguir o cree que puede conseguir. La tragedia de la vida moderna, que impide a los hombres "ver a Dios" y los hace esclavos del llamado "progreso", la expresó un día Rafael con una especie de parábola que dice así:
      "Yo me imagino a toda la humanidad en un gran valle..., inmenso y lleno de sol. Todos los hombres están en él; van y vienen, se mueven y gritan... Dios está en lo alto de una montaña desde donde se domina el valle, que es más inmenso que el mar... Los hombres y mujeres que están en él ven la cima del monte donde está Dios, pero a El no le ven...
      De la inmensa muchedumbre, que es toda la humanidad, llega hasta la cumbre del monte donde está Dios un clamor como un trueno... Son las conversaciones de los hombres, su música mezclada a gritos de combate, ayes de dolor y de alegría, retumbar de tambores, pitidos de fábricas, motores eléctricos, gritos de las plazas y de los circos, millones y millones de discusiones, conversaciones, conferencias, cines y teatros; todo ese griterío capaz de enloquecer a quien no fuese Dios, llega hasta la cumbre del monte..., pero allí se para; Dios no lo oye. Todo ese ruido lo desdeña, le ofende y no lo oye... Entonces ¿qué escucha? ¿Por qué Dios no barre de un soplo toda esa muchedumbre de gente, que no hace mas que un ruido insoportable?... Parece que a Dios algo le detiene... Algo escucha complacido. ¿Es un murmullo? No... apenas se oye... Entonces, ¿qué es?...
      Nos ponemos a mirar detenidamente a los hombres del valle y vemos que algunos no gritan, no discuten, no corren ni pegan martillazos... ¿Qué hacen? Parece que no hacen nada... Están en silencio y de rodillas... Los demás los miran y se extrañan; les estorban algunas veces en su camino, y o se burlan de ellos o los quitan de enmedio... Pero ellos siguen en silencio y siguen de rodillas... Entonces vamos a ellos y les preguntamos, ¿qué hacéis? ¿Por qué no [os] unís a nosotros, en el progreso, en la civilización?... Y entonces ellos nos dicen: Calla, hermano, no metas ruido, que estoy hablando a Dios..."
      El "progreso" sin Dios es "ruido" que aturde, no a Dios, sino a los hombres. En cambio, algunos que parece que no hacen nada, por estar de rodillas y en silencio ante Él, son precisamente quienes se hacen clarividentes y tienen la clave del futuro de la Humanidad. Por aquellos mismos días, Rafael hacía en Oviedo una experiencia que él cuenta así:
      "Cuando salí de la iglesia, era de noche. No quise dirigir mis pasos al Centro de la ciudad, y me encaminé a los barrios extremos... En ellos se ve lo de siempre: pobreza material y moral... Las casas, sucias y negras, dejaban ver de vez en cuando el interior mal alumbrado de las habitaciones, olor a polvo y humedad; mujeres desgreñadas chillando a los chiquillos que juegan en el arroyo... Las calles mal alumbradas y sucias; los comercios se reducen a casas donde se vende nada más que lo indispensable..., pan y alpargatas. De vez en cuando, una taberna de la que se desprende un olor a tabaco, a vino y a comida barata. Todo esto debajo de un cielo encapotado y sin estrellas...
      Esto es el pueblo, el pueblo pobre, donde el hambre es una cosa corriente, y a donde los habitantes del centro de la ciudad, no quieren venir, porque la miseria les molesta. Allí hay comercios de lujo, las casas tienen un portero y ascensor; hay anuncios luminosos en los teatros, y los coches brillantes y limpios se pueden deslizar por el asfalto sin llenarse de barro y sin tropezar con chiquillos que juegan en el arroyo.
      Y, sin embargo, tanto los pobres como los ricos son hijos de Dios, todos tienen las mismas miserias y los mismos pecados..., pero algún día, cuando Dios juzgue, ¡qué sorpresas nos vamos a llevar!! La desesperación del que tiene hambre se puede justificar, pero el egoísmo del que tiene dinero, y los pobres le molestan, eso no tiene perdón.
      Si a Dios le olvidan los de arriba, ¿por qué nos extrañamos que se rebelen los que están abajo?... No hay que ir al pobre a predicarle paciencia y resignación, sino que hay que ir al rico y decirle, que si no es justo y no da lo que tiene, la ira de Dios caerá sobre él.
      Al ir caminando por estos barrios, muchos pensamientos me asaltaban de indignación y de vergüenza. Cuanto más se le destierre a Dios de la sociedad, habrá más miseria, y si en un pueblo que se llama cristiano, las criaturas se odian por razón de castas, de intereses, y se separan en barrios ricos y pobres, ¿qué pasará el día que el nombre de Dios sea maldecido por unos y por otros?... Si al pobre le quitan la idea de Dios, ya no le queda nada; su desesperación es justificable, su odio a los ricos es natural, su deseo de revolución y anarquía es lógico; y si al rico la idea de Dios le estorba, y no hace caso de los preceptos del evangelio y las enseñanzas de Jesús..., entonces que no se queje, y si su egoísmo le impide acercarse al pobre, no se extrañe que éste pretenda arrebatarle a la fuerza lo que tiene.
      Al ver la sociedad tal como está hoy día, ¿quién es el cristiano que no le duele el alma, el verla en tal estado?... Cuando pienso que todos los conflictos sociales, todas las diferencias se allanarían si mirásemos un poco hacia ese Dios que tan abandonado estaba en la iglesia que yo acababa de visitar... Cuando pienso, al ver el espectáculo que presentan los hombres, que los odios y las envidias, los egoísmos y las mentiras, desaparecerían si mirásemos a Dios... Cuando veo tan fácil la solución para que los hombres sean felices, pero éstos, ciegos o locos no lo quieren ver..., entonces no puedo menos de exclamar: Señor..., Señor, mira a tu pueblo que sufre... Los hombres no son malos, Señor..., pero si Tú les abandonas, ¿quién podrá, Señor, subsistir?... ¿Qué podemos hacer nosotros solos? Nada; absolutamente nada... Si Tú apartases tu mirada del mundo por un solo instante, el mundo se hundiría en el «caos»... Perdónanos, Señor."

Oyentes atentos a lo que está diciendo el P. Juan Antonio

      Pocos días después de que Rafael hubiera escrito estas reflexiones, Oviedo fue arrasada por la revolución de octubre de 1934, preludio de la Guerra Civil española y, también, de la Segunda Guerra Mundial. Adorar el "progreso", sea del tipo que fuere: material o cultural, de un signo político o de otro, es ponerse en el camino del fracaso y de la catástrofe. Rafael se percató bien de ello. Y se hizo el propósito firme de no adorar más que al Creador de todos.
 
II. La adoración existencial de un joven místico
      "Hemos venido a adorarle" (Mt 2, 2)
      Rafael lo abandonó todo... su carrera, su futura profesión, su familia para adorar sólo a Dios. ¿Es necesaria tanta radicalidad? ¿Pide tanto el Creador de nosotros, débiles criaturas? ¿Tenemos que hacernos todos monjes para poder ser de verdad adoradores de Dios? ¿Fracasaremos nosotros y fracasará el mundo si no nos hacemos todos monjes y monjas? Claro que no. Dios sólo desea que le demos por entero nuestro corazón. Rafael tuvo claro que él sólo lo podía hacer como lo hizo: cambiando los lápices y el traje de seda por la azada y el hábito de áspera lana. A cada hombre y a cada mujer Dios le muestra un camino propio para que él o ella le entreguen por completo su existencia. Eso es adorar "en espíritu y en verdad", como nos pide Jesús.
      Es posible que Jesucristo le pida a más de uno de vosotros que lo abandone todo para dedicarse exclusivamente a él en la vida monástica o en el apostolado. A la mayoría Dios os llamará a haceros santos en el hogar y en el trabajo. Pero a todos, absolutamente a todos, nos pedirá adoración "en espíritu y en verdad". Por eso, los grandes adoradores, como Rafael, nos sirven a todos de ejemplo y de estimulo. Recordaréis que, en la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, en Santiago de Compostela, Juan Pablo II propuso a Rafael como modelo de seguimiento de Jesucristo para todos los jóvenes.
      Pues bien, nos acercamos a Rafael el 5 de enero de 1935, víspera del día de Reyes, y lo encontramos en Oviedo, por la noche, escribiéndole a su tía María lo siguiente:
      "Me voy a acostar y mañana, día de Reyes, iré a adorar al Niño y le ofreceré... lo de siempre..."
      ¿Qué es eso "de siempre" que Rafael le ofrece a Jesucristo, junto con los dones de los Reyes, como expresión de que le adora de verdad? Pues, sencillamente todo lo que es y lo que, tiene. Es, más en concreto, su trabajo, sus deseos, su salud y su vida. Hacer ofrenda de todo a Dios por amor... trabajo, deseos, vida: eso es adorar de verdad. Veamos cómo lo hacia Rafael.
      1. El trabajo, el estudio o cualquiera de nuestras actividades, sólo tienen verdadera capacidad de llenar nuestra existencia cuando son ofrecidas, es decir, cuando las hacemos más que por lo que valen en si, por lo que ponemos en ellas de entrega de nosotros mismos. Entonces cualquier actividad puede ser valiosa, aunque no obtenga grandes resultados o aunque sea tenida por poco importante. Entonces el trabajo no nos esclavizará ni nos empujará a la envidia ni a la codicia. Lo vemos muy bien en lo que le pasó una fría mañana de invierno a Rafael en el monasterio:
      "En mis manos han puesto una navaja, y delante de mi un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes... y tan fríos... ¡Qué le vamos a hacer!, no hay más remedio que pelarlos. El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados.
      Los diablillos me siguen dando guerra. ¡¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto.
      Un demonio pequeñito, y muy sutil, se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, patatas, berzas y nabos.
      El día está triste... No miro a la ventana, pero lo adivino. Mis manos están coloradas, coloradas como los diablillos; mis pies ateridos... ¿Y el alma? Señor, quizás el alma sufriendo un poquillo... Mas no importa..., refugiémonos en el silencio.
      Transcurría el tiempo, con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma... Una luz divina, cosa de un momento... Alguien que me dice que ¡qué estoy haciendo! ¿Que qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa!! ¡qué pregunta! Pelar nabos..., ¡pelar nabos!... ¿Para qué?... Y el corazón dando un brinco contesta medio alocado: pelo nabos por amor..., por amor a Jesucristo.
      Ya nada puedo decir que claramente se pueda entender, pero sí diré que allá adentro, muy adentro del alma, una paz muy grande vino en lugar de la turbación que antes tenía. Sólo sé decir que el solo pensar que en el mundo se puede hacer de las más pequeñas acciones de la vida actos de amor de Dios; que el cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre nos puede hacer ganar el cielo; que el pelar unos nabos por verdadero amor a Dios, le puede a Él dar tanta gloria y a nosotros tantos méritos, como la conquista de las Indias; el pensar que por sólo su misericordia tengo la enorme suerte de padecer algo por Él... es algo que llena de tal modo el alma de alegría, que si en aquellos momentos me hubiera dejado llevar de mis impulsos interiores, hubiera comenzado a tirar nabos a diestro y siniestro, tratando de hacer comunicar a las pobres raíces de la tierra la alegría del corazón... Hubiera hecho verdaderas filigranas malabares con los nabos, la navaja y el mandil.
      Me reía a «moco tendido» (quizás por el frío) de los diablillos rojos, que asustados de mi cambio, se escondían entre los sacos de garbanzos y en un cesto de repollos que allí había.(...)
      ¿Qué importa el pesar de un momento, el sufrir un instante?... Lo que sé decir es que no hay dolor que no tenga compensación en ésta o en la otra vida, y que en realidad para ganar el cielo se nos pide muy poco. Aquí, en una Trapa, quizás sea más fácil que en el mundo, pero no es por el género de vida éste o aquél, pues en el mundo se tienen los mismos medios de ofrecer algo a Dios. Lo que pasa es que el mundo distrae y se desperdicia mucho. (...)
      Aprovechemos esas cosas pequeñas de la vida diaria, de la vida vulgar... No hacen falta, para ser grandes santos, grandes cosas; basta el hacer grandes las cosas pequeñas.
      En el mundo se desaprovecha mucho, pero es que el mundo distrae... Tanto vale en el mundo el amar a Dios en el hablar, como en la Trapa en el silencio; la cuestión es hacer algo por El..., acordarse de El... El sitio, el lugar, la ocupación, es indiferente.
      Dios me puede hacer tan santo pelando patatas como gobernando un imperio.
      Qué pena que el mundo esté tan distraído..., porque he visto que los hombres no son malos..., y que todos sufren, pero no saben sufrir...
      Si por encima de la frivolidad, si por encima de esa capa de falsa alegría con que el mundo oculta sus lágrimas, si por encima de la ignorancia de lo que es Dios, elevaran un poco los ojos a lo alto..., seguramente les ocurriría lo que al fraile de los nabos..., muchas lágrimas se enjugarían, muchas penas se endulzarían y muchas cruces se amarían para poder ofrecerlas a Cristo.
      Cuando terminó el trabajo, y en la oración me puse al pie de Jesús muerto..., allí a sus plantas deposité un cesto de nabos peladitos y limpios... No tenía otra cosa que ofrecerle, pero a Dios le basta cualquier cosa ofrecida con el corazón entero, sean nabos, sean imperios.
      La próxima vez que vuelva a pelar raíces, sean las que sean, aunque estén frías y heladas, le pido a María no permita se me acerquen diablillos rojos a hacerme rabiar. En cambio, le pido me envíe a los ángeles del cielo, para que yo pelando y ellos llevando en sus manos el producto de mi trabajo, vayan poniendo a los pies de la Virgen María rojas zanahorias; a los pies de Jesús, blancos nabos, y patatas y cebollas, coles y lechugas...
      En fin, si vivo muchos años en la Trapa, voy a hacer del cielo una especie de mercado de hortalizas, y cuando el Señor me llame y me diga basta de pelar..., suelta la navaja y el mandil y ven a gozar de lo que has hecho..., cuando me vea en el cielo entre Dios y los santos, y tanta legumbre..., Señor Jesús mío, no podré por menos de echarme a reír."
      El buen humor que derrocha Rafael en su voluntario encierro monástico es una prueba de la verdad de lo que dice: "no hacen falta grandes cosas, basta el hacer grandes las cosas pequeñas". ¿Y cómo se hacen grandes? Ofreciéndolas, finalizándolas, transfigurándolas por el amor a Dios que ponemos en ellas.
      2. Lo que pasa es que estamos constantemente deseando cosas que a nosotros nos parecen grandes; o deseando precisamente lo que no tenemos. Bueno, pues si adoramos verdaderamente a Dios, si tenemos puesto del todo nuestro corazón en Él, también sabremos silenciar ese fragor de los deseos, que van y vienen, para encontrar la paz y la serenidad del alma. El verdadero adorador de Jesucristo no es, ciertamente, ningún pasota, ningún desinteresado por lo bueno y por lo bello, pero su alma se serena y pacifica, saciada por el único eterno y gran Amor; y podrá repetir constantemente, como Rafael, ante los avatares de la vida y ante los deseos contradictorios y siempre inquietos del corazón: "¡qué más da!"; ¡qué más da, en el fondo, este lugar que aquel otro, esta ocupación que aquella otra que tanto me interesaría! ¡Nada de este mundo me ata, porque lo tengo todo en el Amor de Dios! Rafael es un maestro de esta "espiritualidad del qué más da".
      Os leo lo que le dice en una carta a su tía María sobre esa libertad espiritual, después de haberse despedido de ella para ingresar de nuevo pronto al monasterio. Lo hace con lenguaje de San Juan de la Cruz y pasaré los fuertes y fronteras..
      "¡Qué pena me dio el verte llorar en Ávila cuando nos fuimos...! (…)
      No me extraña nada lo que me dices del consuelo y la paz que te dio el Señor al leer a san Juan de la Cruz. A mi me pasó lo mismo... El día anterior habíamos leído en Sonsoles: «Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras...». Pues bien, con ese pensamiento y con la ayuda de María, hice todo el camino... Veía pasar pueblos, personas y paisajes; y, con el volante muy apretado en las manos, y ¿por qué no? con muchas ganas de llorar, seguía, seguía la carretera sin detenerme...
      Acababa de dejar en Ávila muchas flores de las de san Juan de Cruz... El Señor me pide seguir y no detenerme. ¿Qué hacer?, pues lo de siempre: mirar arriba, mirar muy alto..., y seguir sin detenerme... Haz tú lo mismo. La Virgen te mira y Dios te ayuda; no te importe ni el llorar ni el reír, ¿qué más da? El barro es siempre barro y no nos podemos mudar. Lo importante es que ese barro sea de Dios, que Él haga lo que quiera, y que todo nos lleve a El.
      ¡Qué difícil es no coger las flores! Pero también, qué fácil es... Una vez hecho el tirón, Dios atrae de tal manera y con tal suavidad, que nada cuesta... ¿Qué más da llorar?... Llora todo lo que puedas; ríete y goza, cuando puedas. ¡Qué más te da!... La que ríe y llora eres tu..., y tú no eres nadie, tú no eres nada...' Y, créeme, queridísima hermana ¿no te importa que te llame así? créeme: el día que lo veas..., el día que estés desprendida de todo y de ti misma, entonces verás que todo lo que a nosotros nos pase, nos tendrá sin cuidado. Ni el sufrir, ni el gozar atraerán nuestras miradas... Entonces veremos mejor a Dios. No nos miremos tanto a nosotros mismos..., y si nos miramos, y escudriñamos, sea para buscar a ese Dios escondido, que tenemos en nosotros.
      El otro día, aun en medio de mi aflicción y de mi pena, había momentos en que, olvidándome de todo, gozaba de Dios en medio de la carretera. ¡Pasaba todo tan deprisa! era todo tan pequeño, aun yo mismo, tan insignificante a los ojos de Dios... Tenía tanta prisa por verle.., que no sabia lo que hacía. «Ni cogeré las flores», pensaba... ¿Qué flores? ¿He cogido yo alguna vez flores? No..., no me puedo detener, no hace falta hacer esfuerzo, no necesito detenerme..., aunque quisiera no podría, Dios no me deja. ¿No te pasa a ti lo mismo?
      Qué alegría, Señor, mándame lo que sea, o flores o espinas, ¿qué más da? No me he de detener a mirar nada, pues con mirarte a Ti tengo bastante; ¡llenas de tal manera, amas de tal modo!, que todo ante Ti desaparece y quedamos en nada...
      ¡Qué alegría, Señor, el poder verte a Ti y el no vernos a nosotros! ¿Qué más da flores o espinas si eres Tú el que las das, el que nos las llevas y el que nos las quitas? Nosotros no hacemos nada, pues nada sabemos hacer; Tú lo haces todo... Nosotros, si hablamos de la cruz, es para quejamos con egoísmo; si buscamos consuelo, a nosotros [nos] buscamos; si queremos amarte, lo hacemos con ruindad, y no sabemos...
      ¡Qué alegría, Señor, pensar que Tú nos lo haces todo!… entonces todo es grande y hermoso.
      Señor, no puedo detenerme, porque si me detengo, es para buscarme a mi mismo, y en mi no hallo nada que merezca la pena; tengo que seguir hasta Ti, ¿qué me importan las flores? ¿Qué me importan las espinas? A Ti te tengo, tengo tu amor, lo tengo todo... Qué alegría el verse en nada, y sin nada.
      Con estos pensamientos continuaba el viaje a Oviedo... A los lados del camino, dejaba muchas cosas, pero no las quería. Dios me esperaba allá en el horizonte, y no me podía detener, ni yo quería tampoco.
      Cuesta mucho desprenderse,... pero una vez desprendido, se vuela mejor. Después rezaba Avemarías para que a ti te ayudara Dios como a mi me ayudaba.
      Llegamos a Oviedo a las seis y media. Comimos en León e hicimos el viaje perfectamente sin marearse nadie."
      3. La adoración que no se queda en palabras vacias y que permite "volar mejor" como nos enseña Rafael consiste en disfrutar de tenerlo todo con tener tan sólo el amor de Dios. Así, se adora haciendo grandes las cosas pequeñas de cada día; se adora con la sana indiferencia respecto de los deseos de cualquier cosa; y, por este camino, la adoración llega a convertirse en la locura de querer estar con Jesucristo en su misma cruz. Querer la cruz con Él es el grado supremo de la adoración. Que nadie se confunda. No se trata de ningún masoquismo. Se trata más bien de estarse con gusto allí donde el Amor todopoderoso nos sale al encuentro.
      Rafael murió a los 27 de años de un coma diabético, después de haber tenido que abandonar varias veces el monasterio a causa de esta enfermedad y después de haber vuelto una y otra vez, en cuanto podía, al lugar donde él sabia que Dios le quería. Cuando regresa por última vez, el 15 de diciembre de 1937, España estaba en guerra y todos los monjes jóvenes habían sido llamados por el ejército. En el monasterio se pasaban estrecheces y ni siquiera contaban con el hermano enfermero que había atendido a Rafael en ocasiones anteriores. Precisamente a este hermano, que estaba en un cuartel, Rafael le escribe una carta hablándole de su vuelta al monasterio. Es conmovedora la forma en la que le cuenta cómo está dispuesto a seguir la llamada del Amor, aun a sabiendas de que le puede costar la salud y la vida. Porque es el mismo Jesucristo quien le llama a acompañarle hasta el final. Escuchad a Rafael:
      "Escribí al Padre Abad diciéndole que una vez hecho el reconocimiento, volvería al convento, y me contestó el Padre José, diciéndome que volviera cuando quisiera, que las puertas las tenía siempre abiertas... pero que lo pensase bien y no me precipitase ya que ahora no tienen enfermero y seria de lamentar me volviese a ocurrir lo pasado. Eso es todo.
      Humanamente hablando, es muy prudente, ¿no te parece? Pero ¿qué he de hacer? Pues mira, yo pienso de la manera siguiente, a ver qué te parece.
      Suponte que tú estás en tu casa enfermo, lleno de cuidados y atenciones, casi tullido, inútil..., incapaz de valerte en una palabra. Pero un día vieras pasar debajo de tu ventana a Jesús... Si vieras que a Jesús le seguían una turba de pecadores, de pobres, de enfermos, de leprosos. Si vieras que Jesús te llamaba y te daba un puesto en su séquito, y te mirase con esos ojos divinos que desprendían amor, ternura, perdón y te dijese: ¿por qué no me sigues?... ¿Tú, qué harías? ¿Acaso le ibas a responder... Señor, te seguiría si me dieras un enfermero..., sí me dieras medios para seguirte con comodidad y sin peligro de mi salud... Te seguiría si estuviera sano y fuerte para poderme valer...?
      No, seguro que si hubieras visto la dulzura de los ojos de Jesús, nada de eso le hubieras dicho, sino que te hubieras levantado de tu lecho, sin pensar en tus cuidados, sin pensar en ti para nada, te hubieras unido, aunque hubiera sido el último..., fíjate bien, el último, a la comitiva de Jesús, y le hubieras dicho: Voy, Señor, no me importan mis dolencias, ni la muerte, ni comer, ni dormir... Si Tú me admites, voy. Si Tú quieres puedes sanarme... No me importa que el camino por donde me lleves sea difícil, sea abrupto y esté lleno de espinas. No me importa si quieres que muera contigo en una Cruz...
      Voy, Señor, porque eres Tú el que me guía. Eres Tú el que me promete una recompensa eterna. Eres Tú el que perdona, el que salva... Eres Tú el único que llena mi alma.
      Fuera cuidados de lo que me pueda ocurrir en el porvenir. Fuera miedos humanos, que siendo Jesús de Nazaret el que guía..., ¿qué hay que temer?
      ¿No te parece, hermano, que tú le hubieras seguido, y nada del mundo ni de ti mismo, te hubiera importado? Pues eso es lo que a mi me pasa.
      Siento muy dentro de mi alma esa dulce mirada de Jesús. Siento que nada del mundo me llena; que sólo Dios..., sólo Dios, sólo Dios...
      Y Jesús me dice: puedes venir cuando quieras... No te importe ser [el] último, ¿acaso por eso te quiero menos? Quizás más.
      No me tengas envidia, hermano, pero Dios me quiere mucho...
      Por otra parte, la carne me tira; el mundo me llama loco e insensato... Se me hacen prudentes advertencias... Pero ¿qué vale todo eso, al lado de la mirada de un Dios como Jesús de Galilea, que te ofrece un puesto en el cielo, y un amor eterno? Nada, hermano..., ni aun por sufrir hasta el fin del mundo merece la pena dejar de seguir a Jesús."
 
Conclusión
      "Hemos venido a adorarle" (Mt 2, 2)
      Hemos venido a hacer un ejercicio de amor místico, de amor de identificación con Jesucristo. Seguro que las palabras y la vida del Hermano Rafael os animarán a convertiros en adoradores en espíritu y en verdad. Adorar así es ganar la vida dejándola que se abrase toda entera en el fuego del Amor eterno, que es Dios.
      Hoy día, como también en los días de Rafael, son muchos los que se olvidan de Dios o viven como si Dios no existiera, adorando falsos dioses. Pero los falsos dioses jamás dan lo que prometen. El "progreso", convertido en ídolo, al que todo se le ofrece, promete libertad, pero lo que realmente da es aburrimiento, por un lado, y violencia y muerte, por otro. La cara de los ídolos es amable, pero su corazón es de hierro.
      Termino dejando hablar de nuevo a Rafael. Oíd lo que le escribía a su abuela materna que, al parecer se le había quejado de sus muchos años y de lo poco que podía hacer ella. Rafael le habla como el místico de 24 años que entonces ya era y le dice algo que vale también para todos nosotros:
      "¿Qué más da ser trapense que ser militar, ser pobre o rico, alto o bajo, hombre o mujer? El amor a Dios debe ser único, y no valdrá [decir] allá un día, delante de Jesús..., yo, Señor, te he querido, pero como he tenido que ir todos los días al cuartel, pues claro, el militar no puede ocuparse en otra cosa..., y el labrador ocupado con sus yuntas, tampoco tiene tiempo, y el intelectual no puede interesarse en «ñoñeces de fraile», y así sucesivamente todo el mundo.
      Ya ves, tú tienes muchos años, pero ¿qué más da? Ves el sol, el cielo y las flores que son criaturas de Dios y publican su gloria. Tienes un Sagrario cerca donde puedes hablar a Jesús para que Él te consuele en todo. Tienes un nieto que te quiere mucho (aunque tú no lo creas), que ha pedido y pedirá por ti en un coro de monjes del Cister... En una palabra, tienes a Dios y la protección de la Virgen, ¿qué más puedes pedir? No me digas que te falta algo porque lo tienes todo."
      Si: ¡Sólo Dios basta!
      Hermano Rafael, intercede por nosotros para que sepamos adorar como tú.
* * *
      Terminada la conferencia, se debía salir de la iglesia, porque dentro del programa había una escenificación titulada: El joven del "Sólo Dios", dividida en cuatro tiempos con estos nombres: Dispersión, lucha, encuentro y anuncio, y preparada con todo detalle por los feligreses de la parroquia del Hermano Rafael.
      En el primer tiempo de "Dispersión", los asistentes y participantes se hallaban de manera informal a la puerta de la iglesia. Del pórtico salieron las danzas con sus trajes típicos y castañuelas, interpretando una danza ruidosa. Algunas personas aparecieron en distintos sitios portando cartulinas en las que se podían leer: prisa, superficialidad, miedos, mentira, irrealidad, dispersión, ídolos, vacío etc.
      Desde el fondo de la iglesia un monitor lee pausadamente y con energía esta admonición: "La vida tiene distintos significados: para unos es seguir su propio capricho, para otros, recorrer el mundo con libertad, y para otros, como para Rafael, ceñirse al querer de Dios:
      "Todo llega, todo pasa... Un alma sedienta de horizontes infinitos, solo encuentra lo que busca en la grandeza e inmensidad de Dios... Solo hay paz en el corazón desprendido".
      Uno de los jóvenes, en tono fuerte interpeló a la asamblea en nombre personal: "¿Quieres entrar dentro de ti? ¿Quieres buscar a Dios?...
      Después de unos momentos de silencio para reflexionar sobre estas dos preguntas se entonó la siguiente canción: "Señor Jesús, enséñanos a ver. / Señor Jesús, ayúdanos a entrar /,
      Adentro, donde nace la luz, / donde crece el amor, / donde nos esperas Tu."
      Repetidas las dos preguntas, se entra en la iglesia y se van ocupando los bancos, y con ello comienza el segundo tiempo: el tiempo de lucha.
      El monitor pide silencio e interviene: "Hemos dado algunos pasos importantes para mejor encontrarnos con nosotros y con Dios, pero: ¿Seguimos adelante? ¿Nos volvemos atrás?
      Mientras tanto hay una escenificación de lucha en el mismo presbiterio de la iglesia que significa los dos rivales del bien y el mal, y se leen retazos de la vida del Hermano Rafael:
      "El otro día lo veía todo negro; mi vida oscura y encerrada en la enfermería, sin sol, sin luz sin nada que le ayudara a soportar la carga que Dios me había echado encima... ,mi alma sufría mucho. Me veía muerto en vida como un muerto en el sepulcro... los monjes me parecían almas en pena, que también eran muertos... Vi después que era una tentación".
      Y el monitor siguió: Probado por una tentación fortísima, Rafael cree que Dios no le quiere, a él, que tan enamorado estaba, y que no tenía otro sentido en la vida... Si nosotros no fuéramos probados por el sufrimiento, nunca llegaríamos a lanzarnos a los brazos de Aquel que es la Vida.
      Al entrar por segunda vez en la iglesia, la asamblea se encontró que no podía pasar ya que se lo impedían unas cadenas simbólicas, que iban de banco a banco, y por el so el monitor volvió a preguntar en sentido reflexivo y personal: ¿Quieres entrar dentro de ti? ¿Quieres buscar a Dios?...
      En aquel momento se rompen las cadenas y los fieles se acercan a ocupar los primeros bancos, mientras se cantaba el himno de liberación, "Llega el día":
      "Llega el día, la aurora de la salvación, cuando el pueblo se llena de esperanza. Llega el día la aurora de la salvación, porque el día a la noche venció y el sol brilló.
      Llega el día, salid al encuentro de Dios, preparad el camino al Señor libertador.
      El destierro acabó, el desierto pasó, la esperanza brilló
      Y con esto llegó el "tercer tiempo", el "tiempo de encuentro". Mientras se revestía en la sacristía el Sr. Arzobispo de Burgos para presidir la Exposición y adoración de la Eucaristía, se escuchaba el violonchelo de Dña. Brígida R. Una, joven española residente en Düsseldorf, interpretando magistralmente el "Aria de la Suite en Re de Juan Sebastián Bach", al que siguió un profundo silencio de adoración al Santísimo.
      A continuación el Sr. Arzobispo comentó las lecturas bíblicas, que no traemos aquí porque fue una exposición espontánea, y a continuación, como hecho maravilloso del Hermano Rafael, la joven Carmen Argüelles Merino, dio testimonio público del milagro que un día obrara en ella y que sirvió para la Beatificación del monje trapense.

 

Hno. Rafael Bonn - 17 de Agosto de 2005
      Este será un testimonio personal, de algo que he vivido yo, y lo que ha supuesto y representa Rafael en mi vida.
      Os guste o no os guste mi exposición porque... esto es lo que sucedió no es una película con un final bonito que yo me estoy inventando y... tal vez interesante para vosotros, que os diera todo tipo de detalles pero... por el tiempo del que disponemos es materialmente imposible. Tal vez os resulte un poco largo pero... tened en cuenta que ha sido algo largo y lento. Me he dado cuenta de la existencia de Rafael de forma lenta; no ha sido de golpe.
      Cuando yo tenía 19 años, (mi curso universitario de 18/19 años), yo estudiaba arquitectura en Madrid. Estudiaba en el C.E.U., estaba en un Colegio Mayor de Madrid y todos mis amigos tenían coche (yo no).
      Fue un curso "de locura"; lo mejor de lo mejor. Hubo alegría, diversión, fiestas ... y que conste que yo iba a clase todos los días porque la arquitectura me gustaba (sobre todo las clases de los dos dibujos).

      El tema de la Iglesia ... aunque mi Colegio Mayor era de Monjas quedó olvidado. De Palencia a estudiar en Madrid fui un poco fría pero allí ... creo que ... se me olvidó que había Iglesias. Las noches que no estaba muy cansada rezaba alguna cosa corta porque ... yo soy de buen dormir.
      De vez en cuando me acordaba que en mi casa todo el mundo, hasta mis abuelos, rezaban el Rosario e iban a Misa pero ... ¡eso qué importaba!... ellos lo habían hecho así toda su vida y eran felices!.
      Yo también decía: "Señor... si Tú me das una señal... yo creo más y practico" y... ¡jo, con la señal que me dio!. Por eso os digo: ¡no pidáis una señal a Dios porque os la da!.
      Acabó ese curso de arquitectura, volví a Palencia y a los pocos días comencé a estudiar para poder hacer algo en Septiembre.
      El día 5 de Julio, a las 11,15 de la mañana, mi amiga Rosa Sandino Gómez y yo decidimos dejar de estudiar e irnos a la piscina... que para eso hacía bueno.
      En el Paseo del Salón de Palencia nos tuvimos que parar porque estaba rojo el semáforo y una escavadora que por allí pasaba golpeó el semáforo y lo rompió por su base, cayó y me dio en la cabeza y consiguientemente me la rompió.
      Todo lo que cuento a partir de ahora, e incluso cómo cayó ese semáforo, me lo han contado a mi porque... porque yo no me enteré y no recuerdo nada,
      Me llevaron a una clínica pero en Palencia, en el año 1982, el servicio de neurocirugía era bastante deficiente, y cuando vieron mi caso... rápidamente fui en ambulancia a Valladolid.
      Me practicaron una traqueotomía con bastante poca delicadeza porque me estaba ahogando. Yo estaba en coma, en el grado 5, también llamado coma D'Passé y, lógicamente, no me enteré de nada.
      Después comprobaron que tenía el parietal derecho clavado en el cerebro y me operaron para sacarme ese hueso.
      El Jefe del equipo de neurocirugía era Dr. D. Pedro Ley Palomeque, y hablando con mi familia dijo que... había muy poco que hacer.
      Todo hay que decirlo ... ya me habían dado el Sacramento de la Extremaunción.
      Me condujeron a la UCI. pero los mismos médicos afirmaban que iba a ocupar una cama muy pocos días.
      Mi padre, desesperado, pidió permiso a los médicos de Valladolid para llevarme a otra clínica, a Barcelona, a Paris, a... y le dijeron que ... sólo con bajarme de la cama me matarían porque tenía la presión intereraneal altísima. Dijeron que en aquel momento yo era "como una botella de Champán", es decir, que si la agitas, y la mueves... estalla y pierde la cabeza.
      Todo esto sucedía el día 5 de Julio de 1982.
      La gente que me iba a ver, familiares, amigos... hablaban con mis padres porque ya estaba muy próxima "mi hora de las alabanzas" y... una amiga de mi madre, Pilar Sevilla Díez, muy seguidora del Hno. Rafael con toda su familia, le dio a mi madre una Reliquia, una Novena y le recomendó que rezara porque ella siempre lo había hecho y siempre le había salido bien. Esa reliquia se la había proporcionado el P. Alberico, monje de San Isidro.
      Para colmo de males, y por si esto fuera poco, después de la operación por la que me quitaron el parietal vieron que se estaba produciendo un trombo por estar completamente paralizada y sin hacer ejercicio ... (que no se atrevieron a operar porque por el sitio donde se encontraba, por lo altísima que tenía la presión intereraneal y porque el derrame que podía producirse era mortal). También hubo más complicaciones pero no me acuerdo de nada.
      Mis padres comenzaron la Novena y mi madre consiguió que las enfermeras de la UCI. me pasaran por la cabeza la reliquia de Rafael y la pegaran con esparadrapo en la cabecea de mi cama una Reliquia de Rafael. Ellos lo vieron desde la ventana del pasillo de la U.C.I..
      Yo ni me enteré porque seguía en coma grado 5, esto es clínicamente muerta. El tratamiento que me practicaron en la clínica de Valladolid fue únicamente de control porque no podían hacer otra cosa. Los electroencefalogramas que me hacían salían totalmente planos, pero los electrocardiogramas daban señales de vida y no podían firmar mi muerte. Le pidieron permiso a mi padre para desconectarme de todo pero... gracias a Dios... mi padre no lo dio.
      Mis padres empezaron la Novena al Hno. Rafael el día 9 de Julio, y el día 16 (día de la Virgen del Carmen)... inexplicablemente... bajé de coma 5 a coma 2... y en pocos días salí del coma y el trombo posterior a la primera operación, despareció (nadie sabe porqué).
      Me llevaron de la UCI. a una habitación de planta.
      Todo esto, vuelvo a repetirlo, incluso mi estancia en la planta de la clínica, me lo han contado... tantas veces... que he llegado a aprenderlo.
      Los detalles médicos a partir de este momento los tengo que omitir porque no me da tiempo.
      Lo único deciros que los médicos, el primero el Dr. Ley, se quedaban sorprendidos porque ellos, aparte de electroencefalogramas, electrocardiogramas, scaners y otras pruebas de control... no estaban haciendo nada.
      Y también estaban sorprendidos de que no me apareciese ninguno de los efectos secundarios que tenía que tener porque, el parietal había dañado la zona derecha del cerebro y yo debía quedar paralítica en mayor o menor grado del lado izquierdo, epiléptica y muda (o por lo menos con problemas para hablar).
      De todos estos efectos secundarios ... como podéis comprobar ... nada.
      Todos mis informes médicos, que tardaron en conseguirse pero se consiguieron, los interrogatorios a testigos, familiares, a mi misma (que no supe decir nada porque no me había dado cuenta)... fueron estudiados por los correspondientes Tribunales Eclesiásticos en Palencia, Madrid y Roma y mi caso fue considerado milagro.
      Ahora os hablaré brevemente de lo que es en mi vida la persona de Rafael.
      Al principio de despertar totalmente del coma no conocía, estaba sondada arriba y abajo, con hierros en los laterales de mi cama y... no me daba cuenta de lo que pasaba.
      Me lo fueron explicando poco a poco, repitiendo una y mil veces y todas ellas haciéndome ver la Reliquia del Hno. Rafael que seguía pegada en la cabecera de mi cama.
      Yo todavía no me enteraba.
      Llegué a mi casa en Septiembre de ese año 1982 y... a mis padres les dijeron que yo no podía beber, ni fumar, ni aprender a conducir ni estudiar porque... por el traumatismo sufrido... en aquel momento físicamente tenía 19 años pero una mentalidad de 6.
      Poco a poco fui leyendo TBOs, libros fáciles, tocando el piano (de eso sí tuve clases) y también leyendo algún libro de Rafael (simplemente empezándolos porque no entendía nada).
      En San Isidro, la Trapa de Palencia, conocí al P. Fernando, monje cartujo hermano del Hno. Rafael, y con él fue todo una maravilla. Me ayudó casi tanto como mi familia y en algunos aspectos más que ellos. El fue el primero que me hizo dar cuenta que en mi vida había habido un milagro físico porque estaba viva, pero que también había habido un milagro espiritual, por mi total conversión, y eso era más importante.
      El periodo de 1982 a 1989-90 ha sido... no lo sé... no me acuerdo. Sólo recuerdo algunos detalles que me impactaron mucho, pero nada más.
      Se ha comentado esta tarde que Rafael se sentía como un muerto en su tumba. Yo no tenía esa sensación pero era parecida. Yo me acordaba de las películas de los zoombies y... era eso lo que sentía. Yo era un muerto viviente que hablaba muy bajo, muy poco o... no hablaba porque no tenía nada interesante que decir. No se me ocurría.
      Era horroroso sentirse muerta viviente. Más que horroroso... era muy triste. No es que me sintiese incomprendida como es lo típico en los chicos de 15 años. No era incomprendida sino que nada tenía sentido para mi.
      Cuando en 1990 me empecé a dar cuenta de las cosas... ese sentido a mi vida me lo dio Rafael. Yo entonces... así de repente... estaba estudiando tercero de Derecho, conducía un Renault 5 rojo, iba a misa todos los días, iba a la Trapa yo solita y me gustaba hablar de temas religiosos... vi en mi vida un cambio tan total que ni yo misma me explicaba.
      El caso que os acabo de exponer es un milagro. Podéis creerlo o no, pero lo he pasado mal y sólo doy gracias a Rafael porque he salido adelante gracias a él.
      Ahora pienso, ¿qué ha hecho Rafael en mi vida, o con mi vida?... y... ¿le estoy respondiendo?
      Yo no soy lo que era... eso está claro... Soy feliz por ser la que soy ahora pero... ¿cómo puede cambiarse tanto y en todo?
      Rafael para mi, desde antes de ir a Roma a su beatificación el 27 de Septiembre de 1992, es una persona tan buena que... no sé cómo explicarlo. Es bueno porque se fija y ayuda a todo el que con fe se lo pide y... si verdaderamente necesitas lo que le pides... lo conseguirás ese es mi caso.
      Desde la fecha en que creo desperté totalmente, Rafael es para mi: mi alegría, mi seguridad, un punto bien definido, un objetivo a igualar (para mi difícil de superar), un ideal de perfección en mi vida (por eso es un objetivo a alcanzar), el mejor modelo a seguir, es mi envidia por su seguridad.
      Tantas cosas dichas deprisa pueden no expresar claramente todo lo que ha cambiado mi vida. Bueno, también es lógico porque no me conocías ni antes del accidente ni ahora.
      Rafael también es para mi una ayuda para decir bien alto ¡SOLO DIOS!.
      Hay veces que, cumpliendo con nuestro deber, hacemos algo de mala gana y... si pensamos en el Sólo Dios de Rafael... terminamos haciéndolo con gusto.
      Otras veces sucede algo "insuperable", o "desastroso" en nuestras vidas y sí pensamos en el ¡SOLO DIOS! de Rafael... acabamos aceptando que es así por que Dios así lo ha querido.
      Es una alegría y un orgullo para mi haber descubierto a Rafael y poder seguir su camino.
      Esto es todo. Muchas gracias.
 
* * *
 
      El monitor leyó algunos pasajes de los escritos del Hermano Rafael, y entre ellos este: "Multitud de sagrarios existen en la redondez de la tierra, pero solamente un Dios, que es Jesús Sacramentado. Consoladora verdad que hace estar el monje en su coro, el misionero en tierra de infieles, y el seglar en su parroquia. No hay distancias ni edades..., al pie del Sagrario estamos todos cerca, Dios nos une".

      El coro y el pueblo cantaron:"En momentos así":

En momentos así, levanto mi voz
levanto mi canto a Cristo.
En momentos así, levanto mi ser,
levanto mis manos a El.
CUANTO TE AMO, DIOS
CUANTO TE AMO, DIOS
CUANTO TE AMO, DIOS, TE AMO
(bis)
En momentos así, escucho tu voz,
escucho palabras de vida,
en momentos así escucho tu voz,
escucho palabras de amor.

Antes de la bendición, se rezó el Padrenuestro con las manos unidas de toda la asamblea, y en medio de un silencio meditativo las jóvenes burgalesas realizaron unas danzas bellísimas en honor a Jesús Sacramentado. A continuación se impartió la solemne bendición con el Santísimo a la que siguió el "cuarto tiempo", o sea la proclamación del "Magníficat" y la letanía de alabanzas a la Santísima Virgen sacada de los escritos del Hermano Rafael.
      Como colofón de un encuentro tan precioso, subió al presbiterio el Obispo de Palencia, D. Rafael Palmero Ramos para dar testimonio del monje trapense con este título: "Rafael Arnáiz Barón, joven de nuestro tiempo", dividiendo su conferencia en cuatro tiempos:

1. El Hermano Rafael, joven como vosotros
      Me alegra mucho, queridos jóvenes, tener la posibilidad de estar con todos vosotros en este encuentro festivo, en que también está con nosotros, en espíritu al menos, un joven de nuestro tiempo Rafael Arnáiz Barón.
      Fue un joven de distinguida familia burgalesa. Estudiante de Arquitectura en el Madrid de 1933. Inteligente, simpático, alegre. Un estudiante de aquellos de los "cambios de acera de la Castellana", de los conciertos del Monumental y del Palacio de la Música, de los buenos restaurantes madrileños. Elegante, alma fina y exquisita... alma de artista, pluma de poeta.
      Un día... se le cruzó Cristo, descubrió a Cristo, se enamoró de Cristo... Buscándole, siguiéndole, tratando de darle alcance... dejó todo, llegó a la Trapa de San Isidro de Dueñas.
      Tres años vivió entre sus muros, interrumpidos por la enfermedad, y allí murió el 26 de abril de 1938.
      Rafael alcanzó a Cristo. Fue Beatificado por el Papa Juan Pablo II en Roma, el 27 de septiembre de 1992, y el 11 de abril de este año 2005, ha comenzado el Proceso Diocesano para su Canonización.
2. Rafael fue un enamorado de Jesucristo
      Este fue su secreto: su amor profundo, intimo, auténtico... a Jesucristo.
      "Que bien sale todo, cuando se hace por amor de Dios"
      Quisiera dar gritos de alegría y decirle a toda la creación..., alabad al Señor. Quisiera volar por el mundo, gritando a sus moradores: ¡Dios! Dios! Dios! Sólo El!... Pobre mundo dormido, que no conoce las maravillas de Dios. Pobre mundo en silencio, que no entona un himno de amor a Dios". Qué suerte tan grande tener un corazón enamorado de El.
      Enciérrate dentro de ti mismo con ese Jesús a quien tanto amas y... Haz partícipe a los demás de lo que tienes; ocúpate con caridad de todo y de todos.
      Y como slogan suyo, que grabaría a fuego en la piel de todos, su grito alegre: "¡Hermano..., hermano!, ama a Cristo... lo demás, ¿qué más te da?"
3. Hijo enamorado de la Virgen María
      Cuánto se podría decir del amor entrañable de este joven a Santa María. De este fidelísimo hijo a tan buena Madre. Como recordatorio, estas frases suyas:
      "A mi me parece..., que cuanto más amor se tiene a la Virgen, sin que nosotros nos demos cuenta, más amor tenemos a Dios... Y es natural, ¿cómo vamos a querer a la Madre y no querer al Hijo?, imposible. Creo que no hay temor en amar demasiado a la Virgen. Creo que todo lo que en la Señora pongamos, lo recibe Jesús ampliado.
      Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús. Poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina. Invocando su nombre, parece que todo se suaviza. Y poniéndola como intercesora, ¿qué no vamos a conseguir de su Hijo Jesús?"
      Detrás de estas expresiones, está la vida y la enseñanza de San Bernardo. Para animarnos a una confianza total en la intercesión de la Santísima Virgen, Rafael esculpió esta frase lapidaria: "No hay nada difícil para la Señora".

4. Desde "su" Trapa, Rafael sigue hablando
      En la Trapa de San Isidro de Dueñas, diócesis de Palencia (España), sigue vivo su recuerdo. Allí reposan sus restos y en aquella Capilla recoleta, abierta todo el día y visitada por personas, frecuentemente jóvenes, de toda índole y condición, Rafael sigue hablando con su silencio trapense:
- con el ejemplo de su vida, siempre cercana y alentadora;
- con los textos de sus Obras Completas, traducidos ya al alemán y a otras lenguas;
- con el imán de su recuerdo y el atractivo de sus virtudes santas, siempre actuales y siempre elevadoras.
      Sursum corda , arriba los corazones, parece repetir día y noche. Escuchamos a una religiosa que por allí se mueve, vive en Palencia, y que ha cantado a Rafael con versos sonoros:
 
Rafael no te fuiste
tu siempre vivirás entre nosotros.
Volverá tu alegría trascendente
a darnos el sonris de tu mirada,
más pasos en tu ruta de desierto,
más sed con el torrente de tus aguas,
más luz que rasgue tules de inconsciencia,
más fuego con el fuego de tu brasa.
 
Tú siempre vivirás entre nosotros
sencillo: sin palabras.
 
¿Volverás, Rafael? No te fuiste
permanece tu luz serena y blanca,
tus escritos en alas del misterio
son dardos, son hoguera, son espada.
 
Tu espíritu que arranca decisiones,
tu fuego que enardece y arrebata,
tu fe que en incesante forcejeo
se clava en los rincones de las almas.
 
Hoy el mundo comprende tu alegría,
tu dolor, tus renuncias, tus llamadas
Rafael, no te fuiste,
hoy el mundo... es tu Trapa!
 
      Juan Pablo II nos dijo en el Monte del Gozo, de Santiago de Compostela, el 19 de agosto de 1989:
      "Con profundo gozo me es grato presentaros también, como modelo del seguimiento de Cristo, la encomiable figura del Hermano Rafael Arnáiz Barón, muerto como Oblato trapense a los 27 años de edad en la Abadía de San Isidro de Dueñas (Palencia). De el se ha dicho justamente que vivió y murió con un corazón alegre y con mucho amor de Dios. Fue un joven como muchos de vosotros y de vosotras, que acogió la llamada de Cristo y la siguió con decisión"
      Nuestro querido Papa Benedicto XVI no está utilizando otro lenguaje. Lo sabéis muy bien. Por eso estamos aquí...
      ¡Que el Señor y la Señora os bendigan!
+ Rafael Palmero Ramos
Obispo de Palencia
BONN, 17 agosto 2005

      Para terminar, fue invitado Dom Enrique Trigueros, Abad del Monasterio de San Isidro de Dueñas, donde vivió el Hermano Rafael y después de exponer brevemente el estado actual del Proceso Diocesano de Canonización, dio a besar la reliquia del Beato a la multitud, clausurando el acto con el canto solemne del Himno al Hermano Rafael entonado por la schola cantorum de la parroquia de Burgos.

 

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Cómo reza un Cardenal ante la tumba del Hermano Rafael
      Una tarde de verano, nos dice Alberto José González Chaves en su libro:"Don Marcelo, amigo fuerte de Dios", llevándole en mi coche, con mi amigo salesiano Santiago Gassín, de Ávila a Fuentes de Nava, quiso Don Marcelo que nos detuviéramos un poco en la Trapa de San Isidro de Dueñas. Los monjes cantaban vísperas y no les vimos. Entramos nosotros en la capillita que guardan los restos del joven Oblato trapense.
      El Cardenal se sentó en uno de los bancos sin respaldo. Jadeaba un poco, después de haber atravesado a paso lento la explanada del Monasterio Apoyado en su bastón, cerró los ojos.

      Al cabo de unos minutos, empezó a hablar en voz alta:
      "Querido Hermano Rafael, hemos venido a estar un rato contigo, porque tú nos puedes enseñar a amar a Jesús y a María, a servir mejor a Dios y a los hombres. Tú ya vives en el cielo. Nosotros aún en la tierra. Ayúdanos. Pon en nuestras almas de sacerdotes el deseo de que Jesús sea más conocido y amado"...
      Calló un instante. Suspiró levemente. Volvió hacia mi la cabeza y me dijo:
      "Vamos hijo". Le ayudé a levantarse y, antes de volverse a la puerta, hizo ante el sepulcro una pausa de inclinación, para despedirse de Rafael, por cuya beatificación tanto había él trabajado, como nos contara en alguna ocasión...
      En algún caso pude conseguir que se activase alguna beatificación. Por ejemplo, con el Hermano Rafael, de la Trapa de Venta de Baños, del que hablé al Papa antes de una de sus visitas a España:
      - "Está todo dispuesto en la Congregación. Yo he ido muchas veces; está todo esperando. Lo que le pedimos es que en su próximo viaje a España diga algo que mencione al Hermano Rafael"
      - ¿Y qué creéis que puedo decir?
      - Santo Padre, era un joven estudiante de Arquitectura, era un aristócrata, era un enfermo que entró y salió cuatro veces en la Trapa. Estaba deshecho. Pasaba sus horas en aquel monasterio, consumido por la diabetes, por la glucosa que se había apoderado de el. Si ahora cuando llegue a Compostela, era el segundo viaje que hacia, puede decir algo, nos conformaríamos con eso".
      Vino a España y habló al pie del avión, el primer discurso. Los obispos estábamos un poco lejos del avión, en fila. Pues habló del Hermano Rafael en ese instante, recordando en su mensaje a los santos españoles no sólo antiguos sino actuales, como el Hermano Rafael, estudiante de Arquitectura" Fue suficiente ya.
      Luego vino del avión y saludó a los obispos. Y al llegar a mi, como diciendo "he cumplido", me cogió de la mano. Y yo diciendo: "Si, Santo Padre, si".
 
Cambio inesperado de puesto.
Querido Padre:
      Soy una joven vallisoletana, que a través de esta carta quisiera contarle a usted y a todo aquel que quiera saberlo lo que por intercesión del Hermano Rafael, el Señor me ha regalado.
      En julio de 2001, a mi marido le trasladan a Paris, así que por cuestiones de él yo dejé mi trabajo de maestra y con él y con nuestra hija, que por aquel entonces tenía nueve meses nos instalamos en París. Han sido tres años felices, pero separados de nuestras familias. El último año surgió la posibilidad de cambiar de puesto, pero nada aseguraba que la empresa eligiera a mi marido para cubrir un puesto en Valladolid; de todas formas, esperanzada que estaba yo, se me ocurrió rezar la novena al Hermano Rafael, y junto a mi, una amiga clarisa y una numeraria del Opus Dei; todas pensamos en rezar, ellas por las intenciones de todas, aunque de forma más fuerte por la mía que era, regresar a Valladolid con el trabajo.
      Avanzaba el tiempo, hasta que por fin un día, mi marido me comentó que él sería uno de los candidatos. Fueron varias las reuniones y procesos de selección, hasta que por fin se eligió a alguien que no era mi marido, pero que por razones familiares lo rechazó, así que se lo ofrecieron a él y ya veis, aquí de nuevo con nuestra familia.
      Lo que he contado ha sido brevemente, pero esto que aparentemente es fácil no lo era, ya que en una empresa son muchas las historias que hay, y los problemas que surgen, pero desde aquí he podido ver, que si el Señor quiere, se consiguen las cosas, y en esta ocasión, por la intercesión del Hermano Rafael.
      Os he escrito, porque hice la promesa de que si se cumplía, lo haría saber, para ver si se consigue la canonización del Hermano Rafael. Me despido con un fuerte abrazo
      Julia de Valladolid
 
El "ensayo inédito" es algo especial para el espíritu.
Carísimo Padre:
      Recibo el último número del Boletín, le remito estas letras, para expresarle cuánto me ha gustado su contenido. Todo el es magnifico, pero me ha encantando especialmente el "Ensayo inédito". Su lectura es algo especial para el espíritu y he disfrutado muchísimo.
      Pido al Señor y a su Madre la Virgen, que pronto lo podamos ver en los altares, como lo que siempre fue: Un gran Santo. En la medida de mis posibilidades, hago propaganda de nuestro Beato, para que sea conocido por todas partes. Sin otro particular me encomiendo a sus oraciones ante el sepulcro del Hermano Rafael, como Vd. está en las mías.
      Fraternalmente
      Antonio Andrade
      SAN JUAN AZNALFARACHE
 
 
Rafael ha sido muy especial para mi
Queridos Padres:
      Desde que conocí al Hermano Rafael, siempre ha sido muy especial para mi, he intentado darle a conocer a mi familia y a las personas que tengo más cerca.. Pusimos una vidriera de su imagen en la construcción de la iglesia, y una reliquia en el altar el día de su consagración; reliquia que la adquirió nuestro párroco.
      He estado varias veces en el Monasterio y siempre he vuelto a casa renovada y feliz, porque Dios me permitía ir, porque es el monasterio de mi Rafa, y porque se respira una paz que aquí en el mundo exterior no tenemos tan clara.
      Hace tres años conocí al que en pocos días será mi marido, Raúl. Comenzamos una casa hace un año y la ofrecimos y encomendamos al Beato. ¡Quién mejor que el, que estudió arquitectura!. A pesar del trabajo que lleva la construcción, todo ha quedado perfecto gracias a Dios y a él.
      El próximo 22 de octubre a las 6 de la tarde recibiremos el sacramento del Matrimonio en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción del pueblo. Desearía que en ese momento o durante ese día, rezaran por nosotros para que Dios nos conceda todas las gracias necesarias para recibir santamente el sacramento y para comenzar una vida en común.
      Les pido recen por nosotros, gracias de antemano.
      Lola y Raúl
      QUISMONDO
 
 
Le considero un santo
Estimado Padre:
      Soy una devota de Rafael, le conocí en Villasandino junto con toda su familia; le considero un gran santo y me llena la palabra "¡Solo Dios!"
      Cuando tengo algún problema difícil de resolver, acudo a El, y no me falla. Creo es un gran santo. No me olviden en sus oraciones. La Trapa de San Isidro de Dueñas tiene "un no sé qué "que me atrae.
      Joaquina Calleja
      BURGOS
 
Pedí con gran fe
Estimados Hermanos:
      La presente es para comunicarles una gracia atribuida al Hermano Rafael. El año pasado, mi hijo Rafael, que se llama también así en su honor, hizo unos esfuerzos indebidos dada su edad, por lo que le ocasionó mareos, malestar y dolores de cabeza, acudiendo al médico de cabecera varias veces, sin haber obtenido ninguna mejoría; así durante dos meses y como consecuencia tuvo que repetir curso. Yo, su madre, abrumada y angustiada no sabia qué hacer, y cuando llegó el Boletín del Hermano Rafael, como cada trimestre, le pedí con gran fe que parasen los dolores.
      No sé lo que pasó, pero doy fe y testimonio que a partir de aquel día los dolores cesaron. Y cuando más tarde le hicieron los exámenes de cuello y cabeza, gracias a Dios todo estaba normal; pero de lo que estoy segura es que el Hermano Rafael sanó a mi hijo de sus dolores en el momento en que le invoqué.
      Cuando fuimos por el verano a darle gracias por todo, con mis dos hijos y esposo, estuvimos como una semana, y sentimos como si algo superior nos estuviera protegiendo, llenos de una paz sobrenatural que solo los conventos y la Trapa saben transmitir.
      Gracias, Hermano Rafael, sigue protegiéndonos como hasta ahora con tantos avatares que pasamos, y que el Señor y la virgen que tu tanto amabas, junto contigo, nos sigas protegiendo. Gracias por seguir enviándonos los Boletines.
      Rosa María
      PUENTE DE QUILE
 
Dom. Enrique Trigueros, Abad de San Isidro, dando a besar la
Reliquia del Beato Rafael a los jóvenes, en Bonn (Alemania)