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Con Rafael, ahuyentando �diablillos�

+ JOS� IGNACIO MUNILLA, Obispo de Palencia

(11-10-09 Diario Palentino)

 

�Felicidades Palencia! Ha llegado el anhelado 11 de octubre: la Canonizaci�n de nuestro muy querido Hermano Rafael Arn�iz.

 

Rafael es, antes de nada, nuestro �amigo�; consecuencia l�gica que se desprende de ser �santo�, es decir, �amigo de Dios�... No dudemos de que �l puede ayudarnos a �acertar� en el camino de la vida. Su historia, sus ansias de felicidad y sus luchas interiores, se asemejan a las nuestras, mucho m�s de lo que nos imaginamos� Las circunstancias de nuestra vida ser�n muy distintas, pero las batallas que nos presentan las tentaciones y los medios que tenemos para poder vencerlas, son b�sicamente los mismos. Aunque hayan pasado m�s de setenta a�os, y aunque el estr�s y el ruido que nos envuelven, contrasten con la paz y el silencio del claustro monacal, estamos b�sicamente ante los mismos retos.

 

Para demostrarlo, me quiero servir de un texto extra�do de las cartas del Hermano Rafael; un pasaje entra�able y emblem�tico, en el que nuestro santo comparte con nosotros su lucha contra el hast�o y la falta de sentido de la existencia:

 

�Las tres de la tarde de un d�a lluvioso del mes de diciembre. Es la hora del trabajo, y como hoy es s�bado y hace mucho fr�o, no se sale al campo. Vamos a trabajar a un almac�n donde se limpian las lentejas, se pelan patatas, se trituran las berzas, etc. (�) La tarde que hoy padezco es turbia, y turbio me parece todo. Algo me abruma el silencio, y parece que unos diablillos, est�n empe�ados en hacerme rabiar, con una cosa que yo llamo recuerdos... En mis manos han puesto una navaja, y delante de m� un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los hab�a visto al natural, tan grandes... y tan fr�os... �Qu� le vamos a hacer!, no hay m�s remedio que pelarlos.

 

El tiempo pasa lento, y mi navaja tambi�n, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados. Los diablillos me siguen dando guerra. ��Que haya yo dejado mi casa para venir aqu� con este fr�o a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo rid�culo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto.

 

Un demonio peque�ito y muy sutil, se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aqu� entre lentejas, patatas, berzas y nabos.

 

(�) Transcurr�a el tiempo, con mis pensamientos, los nabos y el fr�o, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma... Una luz divina, cosa de un momento... Alguien que me dice que �qu� estoy haciendo! �Que qu� estoy haciendo? �Virgen Santa! �Qu� pregunta! Pelar nabos..., �pelar nabos!... �Para qu�?... Y el coraz�n dando un brinco contesta medio alocado: �Pelo nabos por amor..., por amor a Jesucristo��.

 

La batalla de Rafael con esos �diablillos� que pretend�an robarle la paz, la alegr�a y hasta la misma esperanza, es tambi�n la nuestra. Nuestra vida puede resultarnos mon�tona, tediosa e insufrible, o por el contrario, gozosa e ilusionante, dependiendo de la clave de sentido que mueva nuestra existencia.

 

Frente a quienes piensan que el motor del mundo es el dinero, el poder o el placer; los santos nos recuerdan que el verdadero motor, y el �nico capaz de darnos la capacidad de ahuyentar a �los diablillos�, al mismo tiempo que nos revela el sentido de nuestra existencia, es el amor: el amor de Dios, manifestado en Cristo Jes�s.

 

El rostro de Cristo tiene la virtud de hacerse presente y de cautivarnos a trav�s de los santos, y ahora, en concreto, a trav�s de quien ser� venerado como San Rafael Arn�iz. Porque, como dice nuestro Papa Benedicto XVI, con una expresi�n certera, �los santos son la estela luminosa con la que Dios ha atravesado la historia�.

 

El Hermano Rafael est� acompa�ado de otros cuatro santos m�s, en esta ceremonia de Canonizaci�n: Zygmunt Szcęsny Feliński, polaco, obispo y fundador de la Congregaci�n de las Hermanas Franciscanas de la Familia de Mar�a; Francisco Coll i Guitart, espa�ol, sacerdote dominico y fundador de la Congregaci�n de las Hermanas Dominicas de la Anunciaci�n; Jozef Damian de Veuster, holand�s, sacerdote de la Congregaci�n de los Sagrados Corazones (muy conocido por su entrega heroica a los leprosos, relatada en la pel�cula �Molokai�); y Marie de la Croix, francesa, fundadora de la Congregaci�n de las Hermanitas de los Pobres.

 

Ciertamente, estamos ante grandes figuras que han destacado por su fecundidad apost�lica y por la estela que han dejado tras ellos. Entre estos, el Hermano Rafael llama la atenci�n, porque no fund� nada, ni tuvo ning�n puesto relevante, ni destac� externamente ante los dem�s; es m�s, hubo de conformarse con ser un simple �oblato�, ya que su salud no le permiti� abrazar �ntegramente la regla trapense� Rafael no hizo cosas grandes, ��s�lo fue santo!!

 

Esto nos recuerda que no debemos confundir la santidad, con unos modelos determinados de liderazgo que nos resultan inalcanzables para el com�n de los mortales� La santidad no s�lo debe ser admirada, sino sobre todo deseada, trabajada y suplicada a Dios. De forma similar a como el destino natural del ni�o es hacerse hombre, as� tambi�n el fin del cristiano es ser santo. Es la meta l�gica de quien ha sido redimido por Cristo�; lo contrario ser�a una frustraci�n. Como dec�a la Madre Teresa de Calcuta: �La santidad no es el lujo de unos pocos, es un simple deber para cada uno de nosotros�. Por ello, el escritor converso Le�n Bloy escrib�a: "S�lo existe una tristeza: no ser santo".

 

+ Jos� Ignacio Munilla

Obispo de Palencia

 

 

 

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