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Hermano
Rafael - Cartas
(�ndice)
3
de diciembre de 1933 Domingo
Al R. P.
Marcelo León, Maestro de novicios, desde
Ávila
Mi
amado Maestro: Desde que salí de la abadía no
he dejado por un momento de tener mi espíritu entre
mis hermanos los monjes, aunque he tenido que estar ocupado
en todos mis asuntos que en Madrid dejé pendientes, y
que ya, gracias a Dios, están todos arreglados. Le
contaré lo que hice desde que me despedí de
ustedes.
Salí
de Venta de Baños un sábado y pasé el
domingo y el lunes en Ávila con mis queridos
tíos, y el martes me fui a Madrid, que si bien antes
me costaba gran trabajo y mortificación la vida en
esa ciudad, ahora los días que he pasado allí,
se me han hecho relativamente fáciles, debido a que
van a ser, si Dios quiere, los últimos. Solamente en
pensar que los novicios seguramente pedirían por
mí, me ha dado fuerzas y me seguirán dando,
para seguir el camino del Señor, que desde luego es
Cruz, pero bendita Cruz, cuando por amor a Cristo se
abraza.
Ya
está todo arreglado. Me he despedido de mis
profesores, de mis amigos y de mi familia. Nadie sabe desde
luego que el viaje que tengo proyectado durará toda
la vida, y a todos les he dejado la ilusión de mi
vuelta en enero después de vacaciones. Por tanto,
nadie sabe nada, excepto un amigo mío,
compañero de carrera, y que se ha hecho cargo de
todos mis libros, y de todas esas cosas, que a nosotros nos
parecían necesarias para andar por el mundo, y que en
realidad, mirándolo bien, no son más que
caprichos, lujos y pequeñas vanidades.
Ya
tengo medio camino recorrido; me falta, como usted sabe...,
mis padres; cierto que he dejado atrás la gran
ilusión de una carrera, y el cariño verdadero
de muchas personas, y si le he de decir verdad, no me ha
costado gran trabajo, por dos razones muy sencillas:
primera, la consideración de que mi sacrificio es
agradable a los ojos de Dios, que me ha de pagar en una
moneda que los hombres, por lo general, no conocen, pero que
yo en medio de mi miseria, adivino. Y segundo, por la
razón de que ya hacía mucho tiempo que mi
espíritu se estaba despegando de las cosas y
acercándose a Dios, y como ese momento lo veo llegar,
me inundo de alegría y estoy seguro de que Dios me
seguirá dando esa alegría, para acabar de
desatar ese nudo de cariños y afectos, con que
estamos atados todas las criaturas en la tierra.
Como
le digo, Padre, pasé en Madrid la semana y ayer
día dos, me vine a Ávila, para ya desde
aquí, marcharme a Oviedo para librar la batalla final
que son mis padres. Me marcharé seguramente hacia el
día ocho y estaré allí..., pues, Padre,
no lo sé. Siguiendo sus consejos, prepararé el
camino poco a poco, y cuando lo vea conveniente,
pediré a Dios fortaleza para mí y para mis
padres, y solicitaré el permiso, y sin más
dilación, me tendrá el Padre Maestro de
Novicios, desenterrando cepas en Venta de
Baños...
Por
ahora todo está en manos de Dios y de la
Santísima Virgen, a quien especialmente tengo que
dedicar mi cariño y mis amores, pues Ella ha de ser
mi única Madre, en lo que me queda de
vida.
Qué
contento estoy, Padre, al saberme tan querido por la
Señora, y qué bueno es Dios conmigo, que sin
merecerlo, me trata así; a veces me da miedo el no
saber corresponder, pues siempre ha sido mi conducta
bastante mediana, y ni soy fervoroso, ni mortificado, ni
nada en realidad que me haga diferenciarme entre los
demás hombres y, sin embargo, ya ve, mi buen Dios me
trata con favores que no merezco... Misterios de su voluntad
y que nos hacen pensar y reflexionar, en muchas cosas...,
pues efectivamente, nada merecía el hombre, y en
cambio descendió Nuestro Señor para ser
clavado en una cruz... El nos lo da todo, y nosotros cuando
le damos un poquitín, lo llamamos sacrificio; a mi me
parece que está mal empleada esa palabra en este
caso... Cuando hago mi examen y me veo un poco por dentro,
veo claramente que no hago más que seguir los
dictados de mi corazón hacia Dios, ansia de llenarme
de El, y nada más. El verdadero sacrificio seria
seguir atado en el mundo, y no poderle cantar día y
noche en el coro...
Perdóneme,
Padre, que me haya excedido en mi carta. Lo que si le
suplico, es que tenga la caridad de contestarme antes de que
me vaya a Oviedo, y me diga qué le parece lo que
pienso hacer, y su opinión y sobre lo que he hecho;
su consejo será seguido por mí como si fueran
órdenes, pues ya me considero novicio y si usted me
alienta se lo agradeceré y si solamente se reduce a
ponerme dos letras, diciendo que ha llegado mi carta,
también se lo agradeceré, no quisiera
molestarle más de lo debido.
Presente
mis cariñosos respetos al Padre Abad, y a usted le
pide su bendición y sus oraciones su
novicio:
Rafael
Escríbame
aquí, a casa de mis tíos en Ávila, San
Juan de la Cruz, 4.
8 de
diciembre de 1933 - Viernes
Al R.P.
Marcelo León, Maestro de novicios, desde
Ávila
Reverendo
P. Fray Marcelo León.
Mi
queridísimo Padre Maestro: Gran consuelo
experimenté con su caritativa y cariñosa
carta, que Dios le pague todo. Esta es para comunicarle que
el domingo saldré de Ávila para Venta de
Baños y llegaré allí como el otro
día en el rápido.
Llegaron
las vacaciones, y mi ida a mi casa se aproxima. El momento
de decírselo a mis padres es temeroso, debido a
circunstancias que yo mismo de palabra le quiero explicar a
usted, pues me veo, debido a mi flaqueza, en un grave
peligro, y en estos momentos, lo único que me
interesa es Dios y mi vocación. Por tanto, me voy
ahora al monasterio para que usted me aconseje y entregarme
en absoluto a la voluntad de mis superiores, que para
mí, en este caso, representa la voluntad de
Dios.
De
la cuestión de mis libros, reglas y útiles de
trabajo, efectivamente lo dejé todo,
condicionalmente, pensando en que a la Comunidad le fuesen
útiles el día de mañana, aunque desde
luego, a la Trapa me voy completamente solo... Supongo que
me entenderá perfectamente lo que quiero decir.
Seré útil a la Comunidad, en lo que de mi
dependa, pero mis aficiones se quedan a la puerta... Mi
única afición es Dios.
Iré
con un amigo íntimo que me ayudará cerca de
mis padres, que en estos momentos es la única espina
que tengo, pues están ajenos a todo esto.
Hoy,
día de la Inmaculada, me he unido en espíritu
a mis hermanos los novicios, para que Ella nos ilumine a
todos, y que por su mediación, Dios Nuestro
Señor, acepte gustoso lo que yo de todo
corazón le voy a ofrecer.
Presente
mis cariñosos respetos al P. Abad y de usted mi
querido Padre, espera sus oraciones y su bendición,
su novicio
Rafael
17 de
diciembre de 1933 Domingo
Al R. P.
Marcelo León, Maestro de novicios, desde
Oviedo
Mi
querido Padre Maestro: Ya hace días que debí
haberle escrito. Perdóneme mi retraso, pero mi estado
de ánimo es difícil expresarlo por carta;
solamente Dios lo sabe y a El le ofrezco lo que estoy
pasando estos días. Estoy viviendo en el hogar de mis
padres, que en estos momentos son completamente felices al
tenerme a mí a su lado... Aún no he dicho
nada, pues cualquier cosa me desarma: un cariño...,
una atención de mi madre, pero esta situación
se me va haciendo insostenible y por otra parte, no puedo
dar la noticia poco a poco, pues en mí no han notado
diferencia, debido a que hace mucho tiempo que pienso lo
mismo y actúo lo mismo; es decir, que si yo, en la
conversación, hablo de la Trapa, no les pilla de
sorpresa..., pues ya están acostumbrados. Si
insinúo cualquier conversación sobre mi tema,
les pasa lo mismo y piensan: cosas de Rafael... De manera
que no tengo más remedio que dar la noticia de golpe,
diciéndoles que ustedes me esperan, y que yo me
voy..., y créame, Padre, me faltan fuerzas para hacer
la herida, y no es por mi, que yo la tengo
sangrando...
Pida
por mí, querido Padre, que Dios me sostenga en estos
momentos tan difíciles, en que las circunstancias
ordenadas por Dios me han puesto; en la que mis renuncias a
todo, las voy haciendo poco a poco, y cada día, cada
hora que pasa, y cada detalle en la vida del hogar, me lo
recuerda, y es como si me fuese a hacer una operación
y yo mismo con toda calma, e incluso deleitándome,
fuese preparando el instrumental y todos los detalles... Y
mi naturaleza y mi egoísmo, me gritan: ¡Basta
ya!
, basta!, pronto, pues; no sé cuánto
resistiré, pues cuando hay que operar, operar pronto,
y si hay que abrir y herir, cuanto más de prisa se
haga, mejor...
Y no
es que peligre mi vocación, al contrario, cada vez
estoy más contento del camino emprendido, y
más resuelto a todo; para mi lo primero es Dios, y
con su ayuda lograré vencer a las criaturas, y si
luego lo único que le puedo ofrecer, es un
corazón ensangrentado, es porque así El lo ha
querido, y El se cuidará de sanármelo, pues
será suyo completamente.
Qué
ganas tengo, Padre, de verme entre mis hermanos los novicios
y dejar de una vez todo esto... Le escribo desde una
habitación caliente, alfombras, buena luz, mi cama
blanda y limpia; en una palabra, todo el "confort" y la
comodidad que puede dar la vida moderna... Pero pienso en la
camarilla de la Trapa, y lo cambio todo por ella, y cien
veces más que tuviera.
Hoy
he ido a un sermón y Bendición en los Padres
Dominicos y mi madre, porque hacía un poco de
frío, se empeñó en ponerme el coche, y
si viera cuánta reflexión y consideraciones he
sacado de ese detalle... En fin, Padre, para qué le
voy a marear contándole todos los detalles de mi
vida. Lo que me pasa es que lo que antes no le
concedía importancia, ahora me impresiona mucho, y si
pudiera con el pensamiento trasladarme a mi querido
monasterio, así lo haría... Pero Dios me pide
el sacrificio de mis padres, además del
mío..., pues sea; no cuento con mis fuerzas, pero con
la ayuda de Dios y de la Santísima Virgen, todo se
hará... Lo contrario seria una
cobardía.
Dígales
a los novicios que no se impacienten por mi llegada, y que
pidan al Señor que se cumpla en mí su
voluntad.
Espero
su carta con impaciencia, pero le suplico me la mande a
Ávila, San Juan de la Cruz, 4, en casa de mis
tíos, que ellos se encargarán de
enviármela a mí sin que mis padres se enteren,
pues hasta ahora jamás he tenido secretos con ellos,
e incluso las cartas que recibo, no he tenido el
inconveniente en que las leyesen, pero ahora, hasta que yo
no se lo diga, no quisiera... Bueno, Padre, usted me
entiende.
De
los documentos necesarios aún no he hecho nada, hasta
saber en qué Parroquia de Burgos estoy confirmado y
bautizado.
Sin
más que contarle, presente mis cariñosos
respetos al P. Abad y de usted espera sus oraciones y
bendición su novicio
Rafael
Argüelles,
39 - OVIEDO.
17 de
diciembre de 1933 - Domingo
A su
tío Leopoldo, Duque de Maqueda, desde
Oviedo
Queridísimo
tío Polín: Dos letras nada más para
pedirte un favor, y es que seguramente recibirás una
carta para mí de mi casa de Venta de Baños; te
suplico me la envíes con dos letras tuyas para que
mis padres no se enteren, pues aún no saben
absolutamente nada, y en estos momentos son completamente
felices al tenerme a mía su lado.
En
estos días me han salido muy bien hilvanadas las
mentiras; mejor dicho, las ocultaciones de la verdad. No
sé hasta cuándo me dará Dios fuerzas,
pues te aseguro que estoy en un estado de ánimo que
cualquier cosa me desarma; un cariño, una
atención de mi madre, la ilusión de mi padre y
estoy sosteniendo un esfuerzo violento, pues mi cuerpo
está en mi hogar, con mi familia, y mi
espíritu está cada vez más
lejos.
¡¡¡Cuánto
me pide Dios!!!, pues no solamente me pide que lo deje todo,
sino que antes de dejarlo para siempre, me pide que lo
paladee bien, y duro es tener que hacerse una
operación, pero más duro es tener que
prepararse uno mismo todos los utensilios e incluso
deleitarse con los preparativos.
No
creo que a ti tenga que explicarte nada; tú de sobra
entiendes, y sabes que Dios me perdonará todas estas
flaquezas tan humanas.
Mi
madre toca el piano..., me tengo que ir... Si callo, sufro
mucho, si mi alegría alegra a mis padres, sufro
más... Qué bueno es Dios, tío
Polín, que me hace sufrir por El, pues si no fuese
por El, yo no tenía por qué desgarrarme el
corazón poco a poco y lentamente como lo estoy
haciendo.
Pero
bueno..., dejémosle hacer a Él y que se cumpla
en mí su voluntad.
¿Estás
mejor?
Cuando
el otro día llegué a la Trapa y puse a los
pies del Sagrario lo que acababa de hacer en Ávila
(1)
me quedé contentísimo, puedes creerme, y
cuando salí le pedí a la Virgen que fuera
conmigo y me acompañara y guiara mis pasos..., mis
últimos pasos entre los hombres, que cuando flaqueo
me acuerdo de Ella, y como sé que me está
esperando allá en el monasterio, solamente el
pensarlo me da fuerzas para seguir..., y sigo.
Mira,
los novicios estaban muy contentos el otro día porque
creían que ya me iba a quedar, y cuando estaba oyendo
la misa mayor, el que toca la campana me acercó una
banqueta, y cuando volvía del trabajo, me
crucé con ellos en la vía, pues yo entonces me
marchaba, y me sonrió como diciéndome: a ver
si vuelves pronto..., y ánimo, que la Virgen te
acompaña... Y te aseguro que solamente la
cariñosa sonrisa de ese novicio que toca la campana,
hacia un desconocido del que solamente sabe que está
luchando en el mundo por desatarse de él...,
solamente por esa atención, merece mi viaje al
monasterio... Esto solamente te lo digo a ti porque
tú únicamente me podrás
comprender.
Pero
bueno, no quiero prolongarme; si me pusiera a hablar
estaría esta noche hasta las tres de la
mañana, pero como no tengo con quién, le
contaré mis cosas en silencio a Dios que hasta eso me
ha quitado, el consuelo de los hombres, para que le busque a
El solo y a El solo se lo comunique.
No
te pido tus oraciones y las de tía María,
porque ya sé que sois generosos en
ofrecerlas.
Mis
queridísimos tíos..., qué mal hice en
daros tanto si después os lo había de quitar.
Cuántas cosas se me ocurren que no os dije y que mis
estúpidas lágrimas me impidieron expresar,
pero es tanto lo que os quisiera decir, que no puedo ahora;
allá en el cielo las sabréis; dejadme ahora
solo, pues así, al yerme solo, seré más
para Dios y Dios estará más contento
conmigo.
Perdonadme
porque no sé lo que digo, pero de buena gana me
tomaba una copa de "cointreau" para quitarme un nudo que no
me deja tragar. Además, lo voy a dejar ya que es la
una de la mañana y llevo ya, con ésta, dos
cartas: una a vosotros y otra al P. Maestro y son las
únicas horas de que dispongo, cuando todo el mundo
está acostado y en silencio, y esta noche parece que
me he "soltado el pelo" a escribir.
Adiós,
queridísimos tíos, y preparémonos que
por encima de todas estas pequeñas cosas de las
criaturas, dentro de seis días vendrá el
Salvador del mundo a nacer en un pesebre y lleno de pobreza
en el mayor desamparo.
Os
deseo unas Navidades llenas de felicidad con vuestros
hijos... Como es la fiesta del hogar cristiano
procuraré no enturbiárselas a mis padres y mis
hermanos, y si yo no las paso como otros años, es
decir, humanamente feliz, espiritualmente lo soy más,
pues es el único año después de
veintidós, en que le puedo ofrecer al Niño
Dios algo que merezca la pena.
Os
da un abrazo desde lo más profundo vuestro
hijo
Rafael
El
día que me vaya definitivamente os escribiré
conforme os prometí. La carta del P. Maestro, sacadla
del sobre, primero para que la leáis porque
tenéis derecho, y segundo, para que abulte
menos.
El Padre
Maestro le contesta por mediación de sus tíos,
con la siguiente carta:
24
de diciembre de 1933: Mi querido futuro novicio:
¡Cuánto tiempo ha tenido que estar esperando mi
cartel Pero si ella le habría proporcionado
algún consuelo y lenitivo, o si le parece mejor
habría de obrar como anestésico de sus
dolores, aunque sólo fuese parcial, Dios ha querido
que hasta hoy no me haya sido posible acudir a su necesidad,
y lo hago hurtando un poco de tiempo a los pequeños
intervalos que hoy nos quedan, porque mañana
sería completamente imposible.
Me
doy cuenta de su situación y no es una sorpresa para
milo que le ocurre, porque las cosas desde lejos impresionan
menos, y en cambio de cerca, parece que aumentan de
tamaño, y lo que antes nos parecía cosa de
poca monta, más tarde se nos antoja imposible para
nuestras fuerzas. Cuando recibí su carta del 17,
hubiera querido contestarle en el momento, pero la hora de
salir para Burgos, donde he pasado dos días completos
confesando a nuestras Hermanas las Huelgas y a otra
Comunidad de Bernardas hacía imposible realizar mis
deseos y, no era cosa de encargar la contestación a
uno de los Padres que trabajan conmigo en esta Secretaria y
opté por esperar mi regreso, pero sin olvidarme un
momento de la situación que usted está
atravesando y, pidiendo a Dios continuamente le sostuviese
en la lucha y le diese las fuerzas necesarias para realizar
la operación.
Por
una parte, el cariño a sus padre, a quienes no quiere
en manera alguna disgustar, y por otra, la vida muelle y
regalona que en su casa tiene por fuerza que llevar, tiran
de usted para ver si consiguen derribar todos sus
propósitos y le hacen desistir de su proyecto. Pero
confío en que usted sabrá sobreponerse a todas
estas dificultades y saldrá adelante con su
resolución. Dios, al parecer, le llama a esta vida
tan austera y penitente, y cuyas dificultades principales le
expuse para que no se dejase engañar de las astucias
del enemigo, que desde más o menos lejos le ha de
combatir. Pues si Dios le llama y, precisamente le llama a
la gloriosa Orden de San Bernardo, ¿qué ha de
hacer? ¿Retrocederá siquiera un milímetro
de su camino, desoyendo la voz del Señor absoluto de
todo nuestro ser, que le pide el sacrificio de cuanto
más caro tenga en el mundo, como son sus
padres?
Además
¿no es el Dueño y Señor de todos, no
sólo de usted, sino también de sus padres, a
quienes también pide ese sacrificio? ¿Que le
cuesta? No es cosa nueva para los que hemos tenido que hacer
sacrificios semejantes y Dios que lo pide y exige, nos dio
fuerzas bastantes para hacer por nosotros mismos la
necesaria amputación, y aquí estamos
agradeciéndole siempre este beneficio inmenso de la
vocación. ¿No hubo de renunciar también
nuestra Madre al cariño del mejor y más
querido de los hijos, sabiendo además, porque nada de
ello ignoraba, que le entregaba a lobos carniceros que
habían de cebarse en El y terminarían
poniéndole en una afrentosa cruz? Y Ella, al fin y al
cabo mejor, y al fin y al cabo madre, tuvo valor para hacer
la entrega de aquel pedazo de sus entrañas, porque
sabía ser esa la voluntad de Dios, que para nosotros
es la regla suprema del obrar.
Pase,
pues, estos días de Pascua con toda tranquilidad y
una vez que pasen, oiga la voz de Dios que le pide ese
sacrifico y dígale: Señor soy todo vuestro
porque vuestro es todo cuanto tengo; ¿quid me vis
facere? ¿Qué queréis que haga?, y El le
dirá lo que debe hacer y hágalo sin titubear,
con firmeza, con suavidad, con cariño, procurando
antes anestesiar un poco la sensibilidad para que la
operación no sea tan dolorosa.
Cuente
desde luego con nuestras oraciones y especialmente con las
de sus futuros condiscípulos y, muy particularmente,
con el auxilio poderosísimo de nuestra buena Madre,
que no le abandonará un instante.
El
Reverendo Padre Abad le bendice y otro tanto hace su futuro
Maestro
Fray
María Marcelo León
1 de enero
de 1934 - Lunes
Al R. P.
Marcelo León, Maestro de novicios, desde
Oviedo
Reverendo
Padre Fray Marcelo León.
Mi
querido Padre Maestro: Recibí su cariñosa
carta el día 26 que le agradecí
muchísimo, pues para mi fue de un gran consuelo, pues
estoy acostumbrado a no recibir un aliento de nadie, y a
verme tan solo que, a pesar de ser mi único
confidente Dios, mi flaqueza me pide muchas veces el
consuelo de los hombres; claro que ustedes son para mi mis
verdaderos hermanos, y la voz de mis superiores la considero
la voz del mismo Dios, y está visto, cuando un alma
es llamada por Dios, la quiere tan desprendida de todo, que
hasta del consuelo material de las criaturas la despoja, y
cuando el alma se ve sola, desamparada y al parecer privada
de todo..., entonces es, cuando a mi entender, Dios
está más cerca de ella y, entonces, se oye con
más claridad la voz de su divina voluntad.
Querido
Padre, las cosas siguen igual, pero el momento se acerca y
mentiría si dijera que no le temo, pero al mismo
tiempo, tengo tan grande confianza en la protección
divina, que me hace seguir adelante y arrostrándolo
todo.
Efectivamente,
el enemigo de Dios me combate en todos sentidos; me ha
vencido varias veces, pero a pesar de todo, no he
retrocedido ni un "milímetro", como usted dice. Sus
victorias son sobre mis sentidos, y aunque yo no quiero
disculparme, sino todo lo contrario, usted que ha estado en
el mundo conocerá una palabra que se llama confort" y
que hoy día es como un dios, a quien adoran los
gentiles, y como eso es lo que me rodea, comodidad y
más comodidad, el enemigo se vale de eso para querer
perderme... Pero mi espíritu está con Dios, y
no solamente no he retrocedido un milímetro en mi
resolución, sino que he avanzado algunos "metros" y
cuantas más tentaciones tenga, más firme
estaré en mi camino, no por mis méritos que no
los tengo, ni porque me crea invencible, sino porque
detrás de mí está la Señora que
cuando salí del monasterio la última vez, me
encomendé a su cuidado y me creo firmemente protegido
por Ella.
He
dejado pasar estos días, que no me parecían a
propósito para decir nada, pero un día de
éstos, comenzaré por mi madre, por quien le
suplico a usted sus oraciones.
Mañana
voy a ir al Sr. Párroco para que me extienda el
documento que necesito y así, poco a poco,
llegaré a donde mis impulsos hacia Dios y mi
vehemencia, quería hacer llegar todo de un golpe...
Cuántas enseñanzas podemos sacar de todo,
incluso de nuestras propias flaquezas.
Si
viera, Padre, cuánto "lastre" tengo que dejar antes
de presentarme a Dios. Qué poco nos conocen los
hombres! Aún en medio de una vida piadosa,
cuánto lodo se queda adherido!... Pero por lo
general, los hombres se contentan con poco; basta que vaya
usted a menudo a recibir la Santa Comunión y, alguna
vez al rosario, y enseguida le llaman santo y le colocan en
los altares si se descuida... Pero Dios, que lo ve todo y lo
sabe todo, no juzga así...,
afortunadamente.
El
monasterio va ser para mi dos cosas: primero, un
rincón del mundo donde sin trabas pueda alabar a Dios
noche y día; y segundo, un purgatorio en la tierra
donde pueda purificarme, perfeccionarme y llegar a ser
santo... Parece que dicho así, con esa
tranquilidad..., llegar a ser santo, parece una
pretensión un poco..., no sé cómo
decir... Pero es la verdad; quiero ser santo, delante de
Dios, y no de los hombres; una santidad que se desarrolle en
el coro, en el trabajo, y sobre todo, una santidad que se
desarrolle en el silencio, y que solamente Dios la sepa y ni
aún yo mismo me dé cuenta, pues entonces ya no
sería verdadera santidad...
He
leído hace poco unos versos que decían:
"Virtud que se paladea, no es virtud". Bueno,
perdóneme estas disgresiones de mi estúpida
fantasía; me contentaré con lo que Dios
quiera, y lo que me permita ser; yo le entrego mi voluntad y
mis buenos deseos. Que El haga lo demás.
Si
me escribe, hágalo, si me hace la caridad, como el
otro día por intercesión de mi querido
tío en Ávila.
Ya
se me hacen largos los días que tardo en estar con
mis queridos hermanos los trapenses.
Le
deseo un feliz año al Reverendo Padre Abad y a la
Comunidad, y usted reciba el cariño de su novicio que
se encomienda en sus oraciones
Rafael
Arnáiz
Contestación
del Padre Marcelo a esta carta de Rafael:
Mi
querido futuro novicio: por conducto de su tío he
recibido su atenta carta del 1 del actual, con la que ha
querido inaugurar este año su correspondencia con
nosotros. Doy gracias en todo al Señor, que quiso
servirse de mí para darle algún consuelo en la
lucha que necesariamente ha de sostener consigo mismo,
porque no es cosa fácil que la concupiscencia se deje
arrebatar la presa que le sujeta a este mundo por medio del
"confort" de la vida moderna, tan en oposición con la
austeridad de nuestra santa Orden. Ha de valerse de todos
los medios imaginables para ver de no dejarse arrebatar cosa
que le es tan apetitosa, y por eso no ha de encontrar cosa
extraña el que esta concupiscencia se sirva, como de
poderosos auxiliares, de afectos tan legítimos como
son los de la familia, y mucho más si ésta es
tan afectuosa y cariñosa como la suya.
Se
encuentra, sí, en situación penosa y que
necesita gran esfuerzo para no dejarse arrollar por las
circunstancias, sino seguir sin dudas ni vacilaciones, lo
que entendemos ser la voluntad de Dios.
Ya
sé yo la defensa que han de pretender esgrimir sus
padres en pro de su negativa, y se repetirá ahora lo
que tantas veces estamos acostumbrados a ver.
"Podríase en último término -le
dirán- ingresar en otra Orden donde tengamos
facilidad de verte cuando queramos, y aun abrigar la
esperanza de que pases algunos días a nuestro lado,
pero si ingresas en la Trapa, haremos cuenta de que te has
muerto y no volveremos a pensar en ti; tenemos todas
nuestras ilusiones puestas en ti, y ¿te hallarás
con ánimos para truncar esas legítimas
ilusiones?"
Estos
y otros parecidos argumentos han de jugar en contra de la
realización de sus deseos, pero hágales ver
que no se encuentra la felicidad en las condiciones y en el
más exquisito "confort" ni siquiera al lado de la
familia, cuyo amor, por otra parte, no quiere destruir la
religión, sino purificarlo y encaminarlo todo entero
a Dios, de quien venimos y a quien hemos de
volver.
Jesús
amaba entrañablemente a su Santísima Madre,
pero cuando llegó la hora señalada por el
Padre, no dudó en separarse de Ella, dejándola
sola, pobre, viuda y desconsolada.
No
sé si a estas horas habrá dado usted
algún paso en este asunto, pido y pediremos todos a
Dios le ilumine para que en todo El le acompañe y le
fortalezca, a fin de que, cuando sea la hora señalada
por la Providencia pueda contarse entre nosotros.
Nuestra
buena Madre y Protectora, que acoge con singular
complacencia todo lo que a nuestra Orden se refiere, ya que
no en vano a Ella están consagradas todas nuestras
iglesias, ha de prestarle toda la ayuda que necesite, y
tenga ánimo, que le sacará adelante en todo
este importantísimo negocio.
Los
novicios me acosan diariamente a preguntas sobre usted y
gozaron mucho con la lectura de su anterior. Ya piden
siempre por usted.
El
Reverendo Padre Abad le bendice, y se encomienda a sus
oraciones y no le olvida en las suyas propias su affmo. en
Cristo
Fray
Maria Marcelo León
La
forma en que Rafael comunicó a sus padres su
decisión de ingresar en la Trapa, según cuenta
su madre en VIDA Y ESCRITOS, fue la
siguiente:
Siguiendo
el consejo de sus tíos dejó Rafael que
transcurriese el mes de diciembre, y llegaron las Pascuas de
Navidad alegres, felices, los cuatro hijos en el hogar
cristiano, sanos y fuertes y bendiciendo todos a Dios por lo
mucho que les daba.
Sólo
el corazón de Rafael estaba torturado, estrujado, por
la próxima separación, por la enorme pena que
iba a causar, y que sabía había de ser honda,
inmensa. Nunca pensó que sus padres le pusieran el
menor obstáculo para cumplir su vocación. Los
conocía bien! Educado por ellos en el temor de Dios,
sabía que habían de aceptar la voluntad del
Señor sin réplica ni resistencia, y los dulces
ojos de Rafael lloraban a solas para brillar después
entre risas ingenuas al calor de los suyos...
Siempre
consecuente con su modo de pensar y sentir, Rafael no
hacía ostentación de las grandes virtudes que
ya empezaba a atesorar su alma. Su gran piedad no era
molesta a nadie, siendo, por el contrario, su conducta
fervorosa sin exageraciones en el templo del Señor,
un motivo más de atracción hacia su persona, y
ejemplo para los indiferentes.
Más
de una vez animó a su madre y hermanos a ver
películas en las que se unía la buena
música al arte depurado de actores y
cantantes.
El
día 5 de enero, víspera de aquel otro
día en que había de dar cuenta a sus padres de
su firme decisión, se fue con su madre al teatro,
comentando jovialmente con ella el espectáculo que
presenciaban...
Nada
en su aspecto y conducta exterior hacia sospechar el gran
cambio que iba a operarse en su vida..., y sin embargo, su
alma se había desprendido ya de todas las vanidades y
atracciones del mundo..., pero aún le faltaba
desprenderse de lo que más amaba...
El
día de Reyes, 6 de enero, se celebró una larga
sesión musical en casa de sus padres.
Sorprendióle
a la madre que Rafael, amante apasionado de la
música, no asistiese a ella desde su principio,
llegando de la calle al terminar el concierto.
Aquella
noche, después de rezar en familia el santo rosario,
Rafael se fue a la cama sin el rato de charla o
discusión como era su costumbre, sin apenas
hablar.
Habían
pasado las Pascuas, y el momento se aproximaba.
Al
día siguiente, hallándose sola su madre
sentada al piano, entró Rafael donde ella estaba y,
poniéndole una mano en el hombro, le dijo con voz
natural y tranquila:
-
Deja de tocar un momento: tengo que decirte una
cosa.
Estremecióse
la madre..., el corazón le anunció algo
insólito.
-
Qué te ocurre?, dímelo. - Acudió
afanosa.
-
Madre - contestó él con lágrimas en la
voz y la mirada ausente -, Dios me llama..., quiero irme a
la Trapa.
Bajó
la cabeza la madre y sólo pudo pronunciar una
palabra:
-
¡Hijo!...
Débil
en su flaqueza, no pudo evitar que las lágrimas
acudiesen a borbotones, silenciosas y quemantes,
anegándole los ojos, el corazón, el alma
toda... ¡También María lloró a los
pies de su Hijo muerto...!
Sin
embargo, la reacción vino inmediata..., su hijo era
de Dios, hermoso préstamo que El le había
hecho..., se llevaba lo que era suyo..., ella
bendecía la mano divina que le causaba tanto
dolor.
-
¿Y tu padre...? - dijo en seguida, angustiada y
temerosa del otro dolor -. ¿Lo sabe tu
padre?.
- No
- contestó Rafael - he querido que fueras tú
la primera. Tú se lo dirás.
-
Gracias, hijo, - balbucearon débiles los
labios.
El
padre llegó al poco rato.
-
¿Qué pasa?, - preguntó anhelante al ver
al hijo y a la madre.
- Tu
hijo -dijo la madre sin aliento en la voz- quiere irse a la
Trapa.
Nada
dijo el padre en el primer momento. Recibió el golpe
con entereza, valerosamente. Apenas un imperceptible temblor
en los labios... Fue sólo un instante.
-
Bendito sea Dios - exclamó haciendo un esfuerzo
porque la voz fuese entera, sin lágrimas - por el
favor tan grande que nos hace.
Sólo
un abrazo fuerte al hijo de su alma que se le iba, al pedazo
de su carne que se desprendía con arranque
violento...
-
¿Cuándo quieres marcharte?, - preguntó,
haciendo la entrega total.
-
Cuando tú quieras, no tengo prisa.
¡No
tenía prisa, y todo él era una pura ansia de
partir, de terminar aquel sufrimiento insoportable que le
destrozaba las entrañas, aquella agonía sin
muerte...! ¡Partir!... ¡Dejar pronto aquella
felicidad de su vida, para ir hacia el silencio del
monasterio, hacia el amor inmenso de Dios, en busca de otra
felicidad mayor, de otra vida de renuncia constante y que
había de hacerle dichoso por toda una
eternidad!.
-Cuanto
antes, mejor -dijo su padre-. Hoy es día 7, el 15
puedes irte.
Y
como un remate de aquella entrega voluntaria,
añadió decidido:
- Te
llevaré yo.
No
hubo más. Todo fue natural y sencillo, sin dramas ni
tragedias. Dios pedía lo que era suyo, y con gusto y
voluntariamente se le daba.
Un
hijo obediente que acudía a la llamada de su primer
Padre... ¡Dios! Y unos padres humanos que
cumplían con su deber.
9 de enero
de 1934 - martes
Al
reverendo Padre Abad, Dm. Félix Alonso desde
Oviedo
Reverendo
Padre Abad del monasterio de San Isidro de
Dueñas.
Reverendo
Padre: Ante todo, alabado sea Dios y démosle gracias
infinitas por tantos beneficios, que recibimos de El, sin
nosotros merecerlo.
Hoy
llegará a su poder una carta de mi padre, a cuyas
generosas y cristianas líneas yo no tengo nada que
añadir.
Mi
propósito hubiera sido el salir de casa, nada
más obtener el permiso de mis padres, pero mi padre
ha dicho que tenía que cumplir con su deber, y que
él mismo me llevaría al monasterio; ante eso,
yo creo que cumplo también con mi deber obedeciendo
y, además, creo que una vez hecho el sacrificio, a
Dios le ha de satisfacer que se haga plenamente y hasta el
final, y aunque ni confío en mis fuerzas ni en las de
mis padres, tengo una absoluta seguridad en Dios, que hasta
ahora no me ha faltado, y espero no me faltará
nunca.
No
acierto con palabras a expresar el estado de mi alma, pero
vuestra reverenda me comprenderá perfectamente. He
pasado ratos muy amargos, sobre todo al ver a mis padres
sufrir, pero al mismo tiempo he experimentado consuelo, al
ver que su sufrimiento es cristiano, y su sacrificio
agradable a los ojos de Dios.
Tengo
unos padres que no me merezco. No quisiera prolongar mucho
estos días; por tanto, le ruego con todas mis
fuerzas, que su reverenda escriba cuanto antes a mi padre,
diciéndole que ya podemos ir al
monasterio.
Yo
lo estoy deseando con todo mi corazón y mezclado con
mis lágrimas y con mi corazón hecho trizas,
tengo una alegría y un contento y una tranquilidad de
espíritu, difícil de comprender; en realidad,
humanamente es muy raro lo que me pasa.
Pida
mucho por mis padres, que Dios les ayude en estos
difíciles momentos.
Salude
en mi nombre al Padre Maestro y a la comunidad, y le pide su
bendición en Cristo
Rafael
Arnáiz
12 de enero
de 1934 - viernes
A sus
tíos los Duques de Maqueda, desde
Oviedo
Queridísimos
tíos: Dos letras nada más para que salga esta
carta hoy.
Nada
os tengo que decir, pues mis palabras son pocas para
expresarlo todo, y lo único que puedo deciros es que
yo no he hecho nada, pues Dios nuestro Señor lo ha
hecho todo, absolutamente todo. ¡Si vosotros supierais
cómo me quiere y de qué manera me ha sostenido
y me está sosteniendo!, ni nada le pediríais,
ni nada le ofreceríais. Todo se reduciría a
alabarle sin cesar, a bendecirle y ensalzarle y a entonar
continuamente un glorioso canto de acción de gracias
y de agradecimiento.
¡Señor,
Señor, nada os pido, porque ya lo tengo todo
que sois Vos!; solamente permitidme unirme al coro de los
ángeles, arcángeles y querubines y a toda la
milicia celestial, y que mi corazón aquí en la
tierra se remonte al cielo y cante el "Gloria a Dios en las
alturas y paz en la tierra a los hombres de buena
voluntad".
Si
vierais qué contento estoy al ver que Dios acepta lo
que le he ofrecido; no lo que le he ofrecido yo, que eso
poco vale, sino lo que le han ofrecido tan generosamente mis
padres... ¡Qué almas más
grandes!
¡Qué
gran responsabilidad he contraído! ¡Pero la
Santísima Virgen me ayuda de una manera, que casi
materialmente la experimento. Quisiera volcarme, pero es tan
grande todo lo que tengo dentro, que no puedo, pues si
grande es mi alegría, grande, muy grande es mi
dolor..., pero mucho más grande es mi amor a Dios
..., si no, no seria posible.
No
te puedo decir cuándo me marcharé, pues estoy
esperando carta de mi buen Padre Abad.
Las
cosas han ido por el camino que me indicó el Sr.
Nuncio; mi padre, no solamente me da el permiso, sino que
él mismo va a ofrecerme; yo no salgo huido de
mi casa, sino que me despediré de mi madre... Cuento,
no con mis fuerzas, ni con las de mis padres...; cuento con
el auxilio de la Virgen, y con las fuerzas que da un Dios,
como el nuestro.
Me
acuerdo de las palabras del Sr. Nuncio: "Hay que hacer las
vocaciones, no solamente agradables a los ojos de Dios, sino
suaves y dulces a los ojos de los hombres, es decir, sin
violencias, ni convulsiones, sino todo lo contrario,
agradables". Cuando esto es posible como en mi caso, hay que
hacerlo así. Quizás se sufra más, no
digo que no, pero a los ojos de Dios es más
meritorio, ¿no te parece?
Bueno,
ya te escribiré cuando esté en mi
monasterio.
Te
mando para la abuela el papelito adjunto, y te lo mando a ti
porque no sé si la abuela está en Madrid. No
vayas a creer que las he robado ¡eh!, cuidadito; es que
me dio la tía unas pesetas, por si tenía que
reparar alguna necesidad, y entre otras personas lo primero
que pensé fue en la abuela y en vosotros... Espero de
tu caridad que no te parezca mal.
Si
todavía está con vosotros, la dais un abrazo
muy fuerte de mi parte, y para vosotros, queridísimos
tíos, nada, pues nada os puedo mandar como no sea
mucho cariño de vuestro sobrino
Rafael
(1)
En Ávila había escrito la carta solicitando
formalmente la admisión como novicio.
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