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Hermano
Rafael - Cartas
(�ndice)
16
de enero de 1934 - martes
A su madre
desde la hospedería de San Isidro
Queridísima
madre: Dos letras nada más para decirte que ahora, a
las dos de la tarde, entraré ya en comunidad e
iré al coro a Vísperas; excuso decirte si
estaré contento, espero que tú lo estés
también.
Ayer
me dejó aquí mi padre que estuvo un gran rato
con el reverendo Padre Abad; después fui a la Salve,
después cené y a la cama. Hoy me he levantado
tarde, he estado bastante tiempo con el Padre Maestro y me
ha dicho que ahora, a las dos me vendrá a
buscar.
Supongo
que ya estaréis todos juntos en Oviedo, dando gracias
a Dios en todo momento por el inmenso beneficio que nos ha
hecho; yo por lo menos no ceso de darle gracias por
todo.
Muchas
cosas quisiera decirte pero no acierto con ninguna. Os tengo
a todos en el corazón, especialmente a ti, querida
madre. ¿Te gustaron las estampas que te
escribí?
No
dejes de alabar a Dios por todo, y de pedir a la
Santísima Virgen mi perseverancia, pues si algo
recibimos de Dios, es siempre por su
intercesión.
Ahora
están repartiendo la comida a los pobres; me dijo el
Padre que ayer fueron más de ciento.
Hoy
hace un día espléndido de sol, no como el de
ayer que fue tristón.
En
estos momentos ya estoy impaciente esperando al Padre
Maestro y no veo ya la hora de tener mi sitio en el coro;
qué feliz voy a ser, querida madre. Mira, las
primeras oraciones son un himno de agradecimiento que sale
de mi pecho para Dios y, después, ¿por
quién voy a pedir como no sea por mis padres? Es lo
único que yo creo que puede consolaros.
Ya
os escribiré más despacio cuando me dé
permiso el Padre Maestro. Hoy contentaros con saber que
vuestro hijo está contento, que pide mucho por
vosotros, y que está en manos de la Virgen, que es la
abogada de la Orden.
Sin
más, recibid todo el cariño de vuestro hijo
que os pide vuestra bendición
Rafael
Tengo
muchas ganas de fumar, pero no sé lo que me pasa que
no me acuerdo que las tengo.
23 de enero
de 1934 - martes
A sus
padres desde San Isidro de Dueñas
Son
las seis de la mañana... Y tengo un sueño que
me caigo. Fray Damián me lo ha notado y me ha hecho
señas de que escribiendo no me dormiré, y
procuraré con más facilidad, tener los ojos
abiertos... Y sin más preámbulo que un
Avemaría, he cogido papel y pluma y me dispongo a
escribir.
Llevo
con hoy en el monasterio ocho días justos, en los
cuales he tratado de sujetarme en lo posible a la Regla, y
por ahora lo que sí puedo decir es que tengo mucho
sueño... A las siete de la tarde me acuesto, y con la
gracia de Dios me duermo enseguida. A la una me despierta un
dolor de riñones, pues no es colchón de plumas
precisamente sobre lo que duermo; cambio de postura a la
una, como digo, y cuando ya parece que estoy otra vez
dormido... ¡zás!, la campana que me dice que son
las dos y que tengo que bajar a Maitines... No lo dudo ni un
minuto, ni un segundo; me pongo las zapatillas y el abrigo,
pues duermo vestido, me lavo un poco la cara, y con el
pensamiento puesto en Dios, y el corazón alegre, bajo
las escaleras del noviciado a toda velocidad y entro en la
iglesia donde mi Dios está en el Tabernáculo,
esperando a sus monjes para que empiecen a cantar sus
alabanzas... Y una vez allí, en el coro de una
abadía cisterciense, medio centenar de hombres
comienzan cantando las palabras del ángel a
María: «Ave María, gratia plena, Dominus
tecum».
Yo
creo que en ese momento la Reina del cielo ha de mirar a sus
hijos con ternura, y el mismo Dios se recreará en
María... Bien vale, pues, la pena de levantarse a las
dos y pasar un poco de sueño.
Pues
tenía razón Fray Damián, se me ha
quitado el sueño. ¡Dichosa naturaleza!,
qué guerra das, pero espero que con la ayuda de Dios
te he de sujetar, y te he de domar; para eso no necesito
más que una cosa que es constancia y
oración..., y seguramente, sin que yo me de cuenta,
al cabo de cierto tiempo ya no tendré tanto
sueño como ahora, pero qué le vamos a
hacer..., también los apóstoles se durmieron
en el Huerto, y dejaron a Jesús
solo..., y eso que eran apóstoles, conque qué
no haré yo, que soy un pobre pecador.
24 de enero
de 1934 - miércoles
A sus
padres desde San Isidro de Dueñas
¡Qué
hermoso es el silencio!, sobre todo aquí en la Trapa,
donde todos nos entendemos con sólo mirarnos
y,
sobre
todo, Dios nos entiende; yo creo que con eso basta...
Admirable es la Regla de san Benito, pero lo que la da
más carácter de santa es el silencio... Ese
silencio alegre del claustro, del jardín y de la
huerta, donde todo calla, excepto los pájaros que
cantan a Dios.
Vivo
en unión de tres novicios y, desde que estoy
aquí, no me han hablado más que por
señas; yo ya sé hacer unas cuantas, pero de
qué buena gana hablaría un parrafito con mis
queridos hermanos... Estoy convencido, el silencio ayuda
mucho para no perder la presencia de Dios..., pero es una
gran penitencia, sobre todo en cierto momentos y a ciertas
horas; por ejemplo: hace un día espléndido,
vas a salir a trabajar al campo, el trabajo en el campo es
alegre; pues bien, esa alegría que quisieras
manifestar dando saltos y cantando, te la tienes que callar,
y se la ofreces a Dios en silencio... Esto es muy hermoso,
pero hace falta acostumbrarse. Le dije al Padre Maestro que
algunas veces me dan ganas de dar voces, y me
contestó que guardara mis energías para cantar
en el coro, y así lo hago.
Como
se ve, la vida de la Trapa se reduce a cantar en el coro y a
cantar fuera del coro; unas veces dando gritos y otras veces
en silencio, pero el canto es el mismo; y aunque el
mío es muy pobre, y lo hago a veces con bastante
sueño, yo creo que Dios me lo ha de aceptar, y a la
Santísima Virgen así se lo pido.
Hoy,
día 24, amanece nevado, por tanto, después de
la Misa mayor, iremos a la chocolatería a empaquetar
chocolate; yo lo hago muy despacio, pero como no me pagan a
destajo, menos mal. Tenemos dos horas de trabajo, o sea, dos
horas de silencio absoluto, y puedo asegurar que no me canso
ni me aburro, pues lo que hago es pensar. Dicho así,
parece una tontería, pues todo el mundo piensa, pero
no es así; pensar es una cosa difícil. Claro
que yo me refiero a pensar bien, pensar ordenadamente, sacar
provecho, pensar con calma, sujetar la imaginación,
llevarla por donde quieres. A todo eso me dedico mientras
empaqueto chocolate, y si de vez en cuando rezo un
Avemaría, saco más
provecho del trabajo, y el chocolate
sale mejor empaquetado. Aquí en la Trapa se hace de
todo menos perder el tiempo.
29 de enero
de 1934 - Lunes
A su madre
desde San Isidro de Dueñas
Queridísima
madre: Espero que no estés quejosa de tu hijo porque
no te haya escrito antes, pero has de saber que aquí
en la Trapa nada depende de nosotros, sino de nuestros
superiores, y en este caso, es el Padre Maestro quien tiene
la palabra. Tenía permiso para haberte escrito ayer
domingo, pero estuve con mi padre y no pude; ya te
contará él como me encontró y
cómo estoy... En resumidas cuentas: muy
bien.
Tu
carta me agradó mucho, y al Padre Maestro
también y me dijo que estaba muy literariamente
escrita y sentida muy en cristiano, y que te iba a pedir
permiso para copiarla... Excuso decirte qué estoy
orgulloso de mis padres y alabando a Dios en
ellos.
Hoy
hace quince días que estoy en el monasterio, y parece
que fue ayer cuando llegué. Me he acostumbrado muy
bien a la Regla, que a primera vista y desde fuera, parece
muy dura, pero aquí lo único duro es la
cama... Lo demás es austero, pero no es inhumano ni
mucho menos.
Si
vieras qué paz se respira tan grande; esa silenciosa
alegría que flota en la abadía y que no se
puede explicar porque esa alegría y esa paz, es Dios
que reina en la casa, y Él es el único punto
de mira de la vida monástica.
Alrededor
del Sagrario gira toda la actividad del monje cisterciense;
los Oficios divinos en el coro no cansan nunca; las horas
que se pasan en la iglesia parecen minutos... La fe nos dice
que estamos alabando a Dios, y Dios está allí,
muy cerca, a unos pasos en el Sagrario... ¡Qué
sabe el mundo lo que es una Trapa! Yo cada vez le doy
más gracias a Dios de mi vocación y le pido
que me lleve de Venta de Baños al cielo, para
allí, ya cara a cara con El, como decía santa
Teresita, poder seguir cantando.
Muchísimas
cosas te podría contar, pero mi pluma es muy sosa, y
no acertaría a expresar lo que siento... Estoy
contento, muy contento, pues Dios me quiere mucho, y la
Santísima Virgen me ayuda de una manera..., como Ella
sabe hacerlo.
Ahora
te voy a decir lo que más me agrada y lo que mas me
cuesta..., ya te lo podrás suponer; lo que más
me gustar es estar en el coro, y lo que más me cuesta
es levantarme a las dos, pues aquí no es eso de
primero un ojo y después otro ojo, y después
pensarlo, y acabar por dormirse otra vez..., sino que al
toque de campana, sin esperar que haya dejado de sonar, ya
debemos estar en pie, calzados y vestidos, pues a las dos
tocan la campana y a las dos y diez se empiezan los
Maitines.
Tu
propósito de rezar el Oficio parvo de la
Santísima Virgen, a las mismas horas, me parece algo
exagerado, pues verás:
|
Maitines
y Laudes
|
a
las 2,10 de la mañana
|
|
Prima
|
a
las 5,30 de la mañana
|
|
Tercia
y Sexta
|
a
las 7,45 de la mañana
|
|
Nona
|
a
las 11,7 de la mañana
|
|
Vísperas
|
a
las 4,30 de la mañana
|
|
Completas
|
a
las 6,30 de la tarde
|
Estas
son las horas de invierno, pues en verano varían.
(1)
Ahora
vamos a la Misa conventual, o sea, a las ocho menos cuarto.
Primero rezamos Tercia, después la Misa y
después Sexta. Después de la Misa vamos al
trabajo, bien sea al campo, a descepar, o a la
chocolatería a envolver pastillas de chocolate;
depende del tiempo que haga, pues si ha helado la tierra
está muy dura y hace frío.
Bueno...
lo voy a dejar por hoy.
Te
mando otros dos pliegos de papel que emborroné el
otro día.
No
te choquen las diferencias de papel, pero es que aquí
se aprovecha todo y todo sirve.
Si
ves a algún amigo mío le das recuerdos; no te
nombro los que son, porque como son tan pocos, no hace
falta, pero se los das especialmente a don Fernando
Vallaure.
En
cuanto a vosotros y a mis hermanos, ¿qué os
puedo decir'? sino que me acuerdo cuando debo y donde
debo.
Ahora
vamos a ir a "Nona" y después al "refectorio", a
comer el pan del trabajo, pues hemos estado en la
chocolatería.
No
sé cuándo te volveré a escribir...,
cuando me lo ordenen. En este momento vuelvo del refectorio
y hemos comido: alubias negras, leche, pan, vino y nueces.
¿Qué te parece el menú?... Dentro de un
rato tendremos clase de "Constituciones de la Orden", y
después iremos al trabajo... Te digo que no se puede
perder un minuto.
Muchas
veces pienso en vosotros, en los momentos más
felices, pues quisiera que participarais de las
alegrías de un noviciado en la Trapa.
Da
muchos abrazos a la tía de mi parte, y a mis hermanos
lo mismo; a mi padre, nada, porque ya le vi ayer, y para ti
todo el cariño de tu novicio Rafael que conforme te
prometió todos los días se acuerda de ti a las
siete menos cuarto después de rezar la Salve a la
Santísima Virgen (no vayas a creer que me
acuerdo de la familia a horas fijas...).
Bueno, nunca aprenderé a escribir en
serio...
Sin
más, te da un abrazo muy fuerte tu hijo
Rafael
30 de enero
de 1934 - martes
A su madre
desde San Isidro de Dueñas
Queridísima
madre: Mi carta no puede salir hoy, por tanto, tengo tiempo
para llenarte otro pliego.
Estoy
deseando que llegue el día de la toma de
hábito, que supongo será dentro de quince
días, pues debo estar un mes por lo menos de
postulante. No sé qué nombre me
pondrán, pero es posible, me dijo el Padre Maestro,
que me quede con el mío, pues no hay ningún
Rafael en el monasterio.
Ayer
tuvimos por trabajo la traslación de sacos de patatas
desde el almacén o depósito al monasterio. Te
aseguro que me sale muy bien la carga y descarga de sacos y,
después de la jornada, voy a que me apunten lo que he
hecho, es decir, voy a la capilla y se lo digo al Amo y
siempre que voy a verle, tengo algo para que me apunte, y
luego me pague los jornales todos a la vez. Un día es
unas cuantas cepas arrancadas u hoyos tapados; otro
día son pastillas de chocolate; otro día el
barrido del dormitorio..., etc. Al fin y al cabo, no voy
más que a mi negocio y te aseguro que con un Amo tan
generoso como el mío, he hecho un negocio
redondo.
El
otro día estaba en la capilla yo solo; había
vuelto de la chocolatería (2)
donde había estado empaquetando pastillas. Y
allí en la capilla, Dios y yo que había ido a
rendirle cuentas. De rodillas delante del Sagrario mi alma
le ofrecía a Dios mi último trabajo, las dos
horas de silencio empaquetando pastillas; y de esas cosas
que pasan a veces, me pasó a mi...
Verás...
En
un arranque de fervor le dirigía a mi Dios la
siguiente oración: "Señor, Vos estáis
muy arriba y yo estoy aquí abajo, donde de una manera
más o menos generosa quiere hacer llegar hasta Vos el
humilde obsequio de un pobre trapense, que lo único
que ahora os puede dar es el trabajo de envolver unas
docenas de pastillas de chocolate..., y creedme, si yo
pudiera subir al cielo y entregaros mi ofrenda, y luego
volver a bajar a la chocolatería de la Trapa,
así lo haría..., podéis
creerme".
Y
como a mi, incluso en la oración, se me ocurren
tonterías, pensé, cuando ya me levantaba:
"Qué bien me venía a mi un aeroplano". Y nada
más decir esto, cuando rompe el silencio de los
cielos de Castilla, un potente motor de un aeroplano, que en
aquellos momentos daba la casualidad que volaba por encima
del monasterio.
Podéis
creerme, me iba a levantar y seguí de rodillas, pero
ahora no le decía nada a Dios..., pensaba en el
aeroplano que se me imaginaba había pasado por la
Trapa, había cogido los chocolates de un novicio que
no podía volar y, luego, dirigiendo los mandos y el
timón hacia el cielo se lo había dio a
entregar a Dios... Y el Amo seguía en el
Tabernáculo y su siervo de rodillas y en silencio,
escuchando cómo se apagaba el ruido de un potente
motor que se alejaba a toda velocidad sobre el cielo de
Castilla.
Bueno,
no vayáis a creer que he venido aquí a la
Trapa para hacer literatura..., pero es que sin querer me
sale.
Hoy
ha caído una helada magnífica y esta
mañana a las cinco había una luna que se
podía leer con su claridad... Hacía unos
momentos que en el coro acababan mis labios de pronunciar
las palabras del Benedicite, "hielos y fríos bendecid
al Señor; luna, cielo y estrellas, bendecid al
Señor", que cuando salí de la iglesia no me
molestaba estar a bajo cero, pues precisamente el
frío que yo tenía estaba bendiciendo al
Señor, pero sin embargo, somos tan flacos, que mi
alma estaba cerca de Dios, pero mi cuerpo se aproximaba al
radiador del noviciado.
Esta
carta no sé cuándo va a salir, pues hoy es
día 31 y en este momento son las cinco de la
mañana (para dar más detalles).
Hoy
hemos cantado el Oficio de difuntos solemne, pues es hoy un
aniversario de la Orden. Es algo maravilloso, y a mi me ha
enfervorizado mucho. Los salmos del Oficio de difuntos, si
se quisieran hacer de nuevo, no se podría... Tengo la
cabeza y el corazón lleno de cosas..., no sé
explicar lo que yo he sentido esta mañana en el coro,
pero a pesar de no entender latín, mi alma se llenaba
de las palabras de David, de tal manera, que me acercaba a
Dios, para pedirle misericordia y pedirle que detuviese su
ira en el día grande y sublime de la
resurrección.
Yo
esta mañana, cuando cantaba en el coro, no sabia lo
que pedía, pero si sabía que pedía algo
muy grande, algo que el entendimiento de los hombres no
podemos concebir.
Siguen
los días fríos y las fuertes heladas, y ayer
hacía un viento muy fuerte, que silbaba al rozar la
aguja de la torre y que ondulaba los cipreses del
cementerio. A la hora de Vísperas no se
percibían en el monasterio más que dos cosas:
el viento al correr por la llanura y el canto de la
salmodia; la naturaleza y los hombres tributaban a Dios sus
alabanzas; el viento acariciaba al monasterio, resbalando
sobre las campanas, y los monjes en el coro acariciaban con
los salmos a Jesús en el Sagrario.
En
fin, muchas cosas podría escribir, pues para mi esta
vida que parece monótona tiene tantos atractivos, que
no me cansa ni un momento; cada hora es diferente, pues
aunque exteriormente sean iguales, interiormente no lo son,
como no son iguales todas las Misas, y cada vez que vas al
coro, el Oficio te parece diferente, por lo menos a mi me
pasa. Claro, que esto no quiere decir que las lentejas un
día sepan a perdices y otro día a tortilla de
patatas, no..., las lentejas serán siempre lentejas
mientras dure mi vida en el monasterio; pero, a pesar de
todo, las como con mucho gusto, porque las sazono con dos
cosas: con hambre y con amor de Dios, y así no hay
alimento que se me resista.
Ya
ha amanecido; ahora dentro de un momento iremos a la Misa
conventual y después al trabajo, y así, poco a
poco, poco a poco, un día y otro día,
esperando tranquilamente a que Dios nos llame para seguir
bendiciéndole PC toda una eternidad y sin empaquetar
chocolate ni comer len tejas.
Verdaderamente
cada vez que pienso que los trabajo son sólo un
día y el descanso es una eternidad, se hace todo con
gusto y con alegría..., todo llega y todo
pasa.
Bueno,
me parece que ya es bastante papel ¿no te
parece?...
Lo
que te suplico, querida madre, es que te acuerdes de
mí en tus oraciones; me parece que no es necesario
que lo tenga que decir.
18 de
febrero de 1934 Domingo
A su madre
desde San Isidro de Dueñas
Queridísima
madre: Hace solamente una hora que tu hijo ya no es Rafael a
secas, se llama Fray María Rafael... ¿te
alegras? Yo sé que sí, pues me sigo llamando
como antes, pero añadiendo el nombre de la
Santísima Virgen Maria y en vez de don..., Fray, que
quiere decir hermano... Queridísima madre, estoy muy
contento, hoy me han dado el hábito; me he emocionado
mucho y no hago más que bendecir a Dios que tanto me
quiere.
Te
escribo hoy como un favor especial, y solamente para darte
la noticia. Tu carta, con la que he gozado mucho, me la dio
el Padre Maestro esta mañana después de la
ceremonia, pues llegó precisamente el día que
yo comenzaba a hacer ejercicios espirituales..., y no me la
ha dado hasta hoy... Desde luego que te escribiré
largo y tendido cuando pueda; ahora en la santa Cuaresma nos
dedicamos a mucho más silencio, recogimiento y
oración, y no se escriben ni se reciben cartas...
Tendréis, pues, que esperar unos
días.
Me
ha dicho el Padre Maestro que no vengáis tan pronto,
porque ahora hace mucho frío para pasarlo en la
hospedería. En cambio, en junio, o así,
está esto muy hermoso y agradable, de flores..., el
campo espléndido, y por lo menos, no estaréis
en la hospedería dando diente con diente.
Ya
estoy todo de blanco, por lo menos por fuera; ahora voy a
esforzarme en estarlo por dentro que es lo principal. Hoy he
renovado todos mis buenos propósitos y
resoluciones... Le he ofrecido a Jesús en la
comunión mi sacrificio y el de mis padres, pues no
creáis que os olvido; y después de yerme
vestido de novicio y tan querido por mis hermanos, mi alma
está tan contenta que no hace más que alabar a
Dios en todo... Nadie sabe lo que es el corazón de un
novicio lleno de amor de Dios... Queridísima madre es
una cosa muy grande..., muy grande, que yo con palabras no
puedo expresar.
Bien
quisiera que mi carta fuera más larga, pero ya os he
dicho las razones, pero no midáis mi cariño
por la cantidad de pliegos..., básteos saber a
vuestro hijo contento, alegre, como dices que quiere santa
Teresa, que efectivamente decía que un santo triste
es un triste santo..., pero no te preocupes que aquí
en la Trapa es donde yo he visto mas alegría
reunida... Y, además, Dios nos trata tan bien que no
podemos estar tristes..., eso seria un pecado contra
Él.
Ya
estoy todo pelado como una bola de billar; bueno, como una
bola de billar, no..., con un poco más de
pelo.
En
fin, tengo muchas cosas que contaros cuando
vengáis... Lo que siento es, que cuando me
veáis, no estaré tan limpio como hoy, que
parezco un novicio recién desempaquetado.
Sabrás
que he estado malo, te lo digo para que veas que no te
oculta nada..., pero fue para hacer lo que todos mis
hermanos, que estuvieron griposos, y todos nos hemos pasado
dos o tres días en la enfermería. Por fortuna
ya pasó la epidemia... No puedo expresarte con
qué caridad tratan aquí a los enfermos. Yo
esos días no hice el horario de la comunidad y,
después, cuando se sale de la enfermería, te
dan lo que se llaman alivios, esto es, huevos u otro
extraordinario durante ocho días en la
comida.
Te
puedo asegurar que la vida es dura, pero está todo
tan bien dispuesto que se hace no sólo llevadera,
sino incluso agradable... Lo que da mucho calor es la
capucha..., excuso decirte cuando llegue el verano..., me
voy a ir derritiendo poco a poco, y un día van a
buscar a Fray M. Rafael y no encuentran más que el
hábito.
La
capa, el escapulario, la túnica, la camisa, las
medias y los escarpines, todo es de la misma tela, y del
mismo género: de ana blanca; lo único
diferente son los calzones que son más ásperos
y de color pardo. Te aseguro que estoy muy
cómodo.
Cada
vez me convenzo más de que la Trapa la ha hecho Dios
para mí y a mí para la Trapa; está
visto que la única ciencia posible en el mundo es
colocarnos donde Dios nos tenía destinados..., y una
vez que hemos acertado a saber su voluntad, entregarnos a
Él con todo el corazón.
La
última oración que dije de seglar fueron
Avemarías a la Virgen, y la primera que dije ya de
novicio, no lo sé... porque cuando estaba yo en mitad
del capítulo arrodillado, y todos mis hermanos los
monjes, cantando solemnemente el Benedictus..., mi alma
estaba delante de Dios, y le ofrecía mi sacrificio
con el corazón rebosando alegría, pero con
unas lágrimas como puños... Yo creo que los
ángeles en aquel momento al yerme llorar
también cantaban el Benedictus... Pero ahora ya me
puedo morir contento..., ya soy trapense. Pídele a
Dios mi perseverancia, que yo también pido por
vosotros... A mi me ha de exigir mucho pues mucho me ha
dado.
Si
vierais cómo nos queremos aquí en la Trapa;
hoy, como es natural, todos, si me pillan en algún
pasillo, me dan un abrazo... Y en silencio nos alegramos
mutuamente...
Bueno,
muchas cosas os contaré en mi próxima carta,
pero ahora me voy a dedicar a hacer una Cuaresma fervorosa,
por todos los hombres que hay en el mundo que no se acuerdan
de Dios.
Os
da un abrazo y, algo más, a todos, vuestro hijo el
novicio cisterciense
Fray
María Rafael
Ya
te mandaré la Salve, pero primero tienes que
oírla.
19 de
febrero de 1934 - lunes
A su padre
desde San Isidro de Dueñas
Queridísimo
padre: Ayer, cuando le di la carta que había escrito,
al Padre Maestro, me entregó la tuya y me dijo que
contestase, y que te hiciese una pregunta, que es la
siguiente, de parte del reverendo Padre Abad. Me encarga te
diga que aquí se plantaron hace unos ocho o diez
años unas encinas..., serán unas veinte o
treinta y resulta que salen todas torcidas y cada cual por
su lado; se trata, pues, de poner remedio..., y unos dicen
que convendría cortarlas y que
volviesen a retoñar, y otros dicen que podarlas y
guiarlas con estacas... A ti, ¿qué te parece?...
Procura con todo interés, decir detalladamente lo que
hay que hacer... y estoy seguro que si aciertas te nombra el
reverendo Padre asesor técnico diplomado de la Trapa
de San Isidro. (3)
Me
parece muy bien eso, de que hagáis vuestra vida como
siempre..., es lo natural y lo que Dios pide... Cada cual
debe desempeñar el papel que en esta gran comedia,
Dios nos ha destinado..., como dice Calderón en el
"Gran Teatro del Mundo". Unos en el mundo y otros en el
claustro, con la diferencia de que los que están en
el claustro no deben acordarse del mundo y los que
están en el mundo, lo que deben hacer es acordarse de
Dios... La cosa es bien sencilla, ni yo tendré
más gloria por estar en un convento, ni tú
menos por no estarlo..., pues a la hora en que Dios nos
llame a juicio, a mí me exigirá el haber sido
un buen trapense y a ti el haber sido un buen ingeniero de
montes, y un padre de familia cristiano..., como, con la
ayuda de Dios lo eres.
Me
dices que pida por tus necesidades..., ¿y quién
no las tiene?... Pero no te apures que tu hijo se acuerda de
ti más de lo que tú te figuras...
Pediré por lo espiritual y también por lo
material... No creas, así lo he de hacer, a ver si
Dios quiere que salga Fernando adelante con el Banco de
España... Tú, búscale recomendaciones
de los hombres, que hacen falta, que yo se las
buscaré de Dios... a lo mejor Dios me hace caso...,
no por mis méritos, sino por la tremenda "coba" que
le estoy dando y que Él me perdone, si lo que le digo
es falta.
En
la carta de ayer os decía que me había echado
a llorar en el capitulo, pero donde me vino la gran llorera
fue a la colación en el refectorio, pues nos dieron
alubias blancas con zanahorias y después ensalada,
que nosotros mismos nos preparamos, y que consistía
en remolacha, unas hojas verdes que no sé lo que
eran, y ¡oh cosa terrible!, una cebolla de esas largas
del grueso de un puro y de veinte centímetros de
larga. Me acordé mucho de mi madre que tanto le
gustan, y yo no sé si fue el recuerdo materno o la
excitación de la cebolla, la cuestión es que
se me enrojecieron los ojos y lágrimas abundantes
corrieron por mis mejillas... Ahora en confianza..., yo creo
que fue la cebolla la que me hizo llorar.
Soy
un fraile muy disipado..., por desgracia... Tengo, como
siempre he tenido, muy buen humor, pero como no puedo
hablar, ni gritar, ni correr, pues me lo tengo que comer...
Así que me dan a lo mejor unas ganas terribles de
silbar, al ver a mis hermanos, y yo entre ellos, tan
encapuchados comiendo cebolla... Se me ocurren mil
diabluras, pues aunque siempre veo el lado sublime de la
Trapa, también le veo el lado divertido... Bueno,
esto parece un contrasentido, decir que una Trapa es un
lugar divertido..., pero la cuestión es que yo no me
aburro, ni sé lo que quiere decir esa
palabra.
Bueno
voy a ver si acabo esta carta, pues te aseguro que no tengo
tiempo para nada... Los días se me pasan volando...,
apenas me he levantado cuando ya es la hora de acostarme...
Aquí se vive al minuto y todos se aprovechan, y
está todo tan reglamentado, que las sucesivas cosas
que haces, alternando con el Oficio divino, es decir, lo que
se llaman intervalos, y que se dedican o al estudio o a la
lectura o a la oración, se te hacen cortos;
después las horas que te pasas en la iglesia, lo
mismo..., pues cuando estás en el coro y con el
salterio delante, ya pueden pasar horas y horas que no te
das cuenta. Además, que todos los días del
año hay algo diferente, bien sea en los Oficios de la
iglesia o en el horario, en el trabajo, en la comida...,
etc.
En
una palabra, estoy muy contento y quiero que vosotros lo
estéis también. Si hay algo que pueda
interesarme en el mundo son mis padres..., y desde que estoy
aquí os quiero más... Dios no me obliga a
dejar de quereros, al contrario...; solamente me dice:
"Amarás al Señor tu Dios sobre todas las
cosas". Por tanto, lo que me pide es amarle a Él
primero y después a mis padres... Supongo que no
tendréis celos de tan gran Señor.
Hace
unos días espléndidos y desde que estoy
aquí no ha llovido... Todos los días veo
amanecer... Yo aquí no tendré a toda la
naturaleza completa para recrearme en ella..., pero tengo un
cielo tan azul... que da gloria a Dios y, sobre todo, lo que
reina en esta santa casa es una paz espléndida, la
mayor que pueden dar los hombres... Una paz en Dios muy
grande.
Bueno,
queridísimo padre, no se te olvide el asunto de las
encinas, enseguida danos los detalles que te
pido.
Me
alegro mucho de que Jaime vaya por casa. Es uno de los pocos
verdaderos amigos que he tenido; dale un abrazo de mi parte;
algún día le escribiré.
Sin
más que contarte, dale muchos besos a la tía,
y tú recibe todo el cariño imaginable que con
el auxilio de la Santísima Virgen os mando para que
lo repartas en la familia, y tú recibe un abrazo muy
fuerte de tu hijo, el último novicio de la
Trapa.
Fray
María Rafael
1 de abril
de 1934 - Domingo
A sus
padres desde San Isidro de Dueñas
Queridísimos
padres: Os imagino esperando impacientes mi carta prometida
a principios de la Cuaresma. Todo llega y todo
pasa.
Hoy,
domingo de Resurrección, me ha llamado el Padre
Maestro, me ha dado papel y me ha mandado escribiros; excuso
deciros con qué alegría cumplo en este caso la
santa obediencia, y sin más preámbulos que un
Avemaría, para que Dios ilumine mis palabras,
comienzo a contaros lo que he hecho durante estos cuarenta
días.
Se
dice bien pronto, pues tratando de imitar a Jesús en
el desierto, lo que he hecho en estos cuarenta días
ha sido ayunar, hacer oración y penitencia, y nada
más, pues con eso ya tengo bastante; y no
creáis que en esta época del año
litúrgico abundan las caras largas y tristes a causa
del ayuno..., nada de eso... Se pasa hambre, pero se pasa
con alegría, pues se pasa por Dios..., y puedo
aseguraros que nunca me he levantado de la mesa más
contento que algunos viernes, después de no comer
más que pan y agua.
Desde
luego, la Cuaresma en la Trapa es muy dura, pero es
llevadera, y si no, véase la prueba, aquí
estoy yo que todavía vivo para alabar a Dios
más y más cada día.
Pero
las tinieblas se disiparon, el luto se ha cambiado en
alborozo y alegría, el Rey del cielo es alabado por
todos los ángeles y un atronador "aleluya" resuena en
todos los rincones del mundo, lanzado por la Iglesia
Católica... Yo me enorgullezco de ser hijo de la
Iglesia y poder lanzar también mis alabanzas a Dios
desde aquí, en el coro de una Trapa.
Todo
tiene recompensa, en el cielo y a veces también en la
tierra..., el reverendo Padre Abad nos ha premiado a la
comunidad por lo bien que ha salido el canto en estos
días, con un "alivio" en la comida de hoy, de dos
huevos fritos y una taza de café. Como veis
también en la Trapa se hacen algunas veces
extraordinarios... Los dos huevos fritos me han sabido a
gloria.
Ahora
ya comienza el horario de verano; tenemos siesta de una
hora, pues en lugar de dormir siete, dormimos seis. Salimos
a trabajar al campo a las seis de la mañana; a esas
horas está esto bastante "fresquito" todavía,
pues estamos en abril, pero allá cuando llegue junio
y julio, entonces dará gusto. Yo cada día
estoy más contento de ser un monje trapense; eso no
se paga con nada. Cuántas cosas os contaría si
tuviera tiempo, pero lo tengo justo, y os vuelvo a repetir
que aquí no puedo hacer lo que a mi me place, sino lo
que me mandan.
En
estos días he tenido que cantar en el púlpito
unas "lecciones de Maitines" y puedo aseguraros que nunca he
pasado tantos apuros. Me salía la voz temblona,
cogía el tono o muy alto o muy bajo, tropezaba en la
capa al subir las escaleras, en fin, un verdadero desastre,
pero no se puede remediar, el verme a las tres de la
mañana subido en un púlpito y dominando todas
las calvas y peladas cabezas de los monjes, las letras del
"leccionario" me bailaban, de repente se me olvidaba la
pronunciación del latín, y no daba "pie con
bola".
También
he estado de "servidor de iglesia", o sea, "apaga velas",
ese es un oficio que me gusta mucho.
Además,
no creáis, que tiene su importancia, pues aquí
en la Trapa cualquier ceremonia adquiere una gran
importancia, y para encender o apagar una lámpara hay
que hacer todas las rúbricas que mandan las Reglas de
la Orden... Están contados, incluso los pasos, los
minutos y las inclinaciones.
En
la iglesia siempre estamos de ceremonia, no se habla nunca
para nada, no se hacen señas, se anda despacio, sin
ruido, se hacen inclinaciones profundas al Señor que
está en el Tabernáculo... En una palabra, lo
que debe ser y exige el culto divino; eso a mí me
entusiasma, pues bien sabéis que nunca me han gustado
las familiaridades en nada, y menos en la iglesia. Se puede
decir que los trapenses se educan exclusivamente para Dios.
Educan primero su alma, pero después su cuerpo y sus
modales..., y no es que yo quiera alabar a mi Orden por
encima de nadie, pero se puede decir que en cuanto a la
forma de celebrar el culto, el trapense es el más
elegante... Cuánto me hubiera gustado que hubierais
visto todas las ceremonias de la Semana Santa.
Los
más insignificantes detalles están ordenados
de una manera matemática, y así es la
única manera de no armarse un barullo.
En
fin, esta vida es tan distinta a la que hasta ahora he
llevado que no os podéis imaginar por mucho que os
contase... Todos los detalles de mi vida están en el
libro de los "Usos" que tenéis en casa. Eso en cuanto
a la parte externa..., en cuanto a mi alma, ¿qué
os puedo yo decir?... ¡Dios me quiere tanto!... Tengo
tanta paz en el alma que no lo podría explicar...
Cada día que pasa bendigo más a Dios, que me
ha escogido entre tantos sin yo merecerlo.
Qué
idea tan distinta tiene la gente de lo que es una Trapa...
Cuántos habrá que me compadezcan e, incluso,
se asusten de mi vida, sin sospechar siquiera que
aquí en el propio renunciamiento a si mismo y en la
entrega total a Dios, se encuentra lo único que
merece la pena de vivir..., que es la paz en
Dios.
Mi
única ocupación es amar a Dios, eso lo llena
todo y todos los momentos del día.
Los
ratos libres estudio el "canto" y el solfeo, me practico en
el Oficio divino, leo a santa Teresa y así, en
silencio, se me pasan los días y los meses sin darme
apenas cuenta ... Estoy verdaderamente admirado de que, a
pesar de levantarme a las dos y acostarme a las ocho, no
tenga tiempo para nada.
Además,
no podéis imaginaros lo agradable que se me hace el
no saber nada del mundo... En los dos meses y medio que
llevo aquí, me he enterado solamente de dos noticias:
la primera nos la dijo el reverendo Padre Abad en el
capítulo, pues nos dijo un viernes de Cuaresma que la
procesión que hacemos ese día por el claustro,
cantando los salmos penitenciales lo aplicásemos para
que triunfaran los buenos, pues había crisis en el
Gobierno... Y nada más, todavía no sé
si se ha resuelto.
La
otra fue el Padre Submaestro que me dijo a propósito
de no sé qué, que se había muerto el
rey de Bélgica. Eso es todo lo que a mi ha llegado en
este tiempo..., y no tengo ganas de saber
más.
Lo
que me da más alegría es pensar que esta paz
será eterna, pues el día que me muera, lo
único que haré será aumentarla en tan
alto grado, que no puedo sospechar.
El
amor a las criaturas, con la muerte se acaba... El deseo de
gloria humana, con la muerte se termina, y los negocios del
mundo, con la muerte se desvanecen en nada; solamente el
amor a Dios, se aumenta con la muerte... Es decir, que lo
que yo tengo. lo tengo para siempre, me lo dice la fe; en
cambio, lo que he dejado en el mundo, es solamente prestado
para unos cuantos años..., después,
nada.
Por
eso, queridísimos padres, cuando yo soy tan feliz
aquí en mi monasterio, poseyendo solamente una
túnica y una capa blanca por todo caudal, y veo que
no hace falta más para ser feliz en la tierra, pienso
en vosotros y tengo unos ardientísimos deseos de
poder comunicaros lo que siento en aquellos momentos, y
deciros a vosotros y a mis hermanos: No os preocupéis
del mundo y sus negocios, no os inquiete el porvenir,
dejadlo en manos de Dios; no os aficionéis a las
cosas de la tierra, pues es perder el tiempo. Acudid a Dios
y en Él hallaréis paz, primero aquí en
la tierra y después en el cielo...
Quisiera
en ciertos momentos comunicaros mi alma, mi amor a Dios,
para que vierais que vuestro hijo ha encontrado el verdadero
camino..., y como dice el evangelio, un tesoro, y sin
pérdida de tiempo se dedica a desenterrarlo... Pero
al mismo tiempo, como no soy egoísta, quisiera llamar
a todos mis hermanos y decirles: Acompañadme y ved
que es verdad lo que os digo... Buscad a Dios y le
encontraréis, y una vez hallado, tened la seguridad
que nada ni nadie os hará dejarle.
Bueno,
ya me salió el sermón, la verdad es que no se
cómo me las arreglo. El día que vengáis
a yerme os haré una platiquita y todo.
Ahora
vamos a Vísperas, pues van a dar las
cuatro.
Ya
parece que me voy acostumbrando a la capucha..., mejor
dicho, ya me voy acostumbrando a todo. El cuerpo es un
animal de costumbres, y lo único que hay que hacer es
saber domarle.
Haced
caso de lo que os dijo el Padre Maestro, y no vengáis
todavía, pues aún hace frío en la
hospedería y en la primavera esto está muy
agradable.
En
este momento me da el Padre Maestro una carta de mi madre y
me dice que la conteste; a eso voy.
En
primer lugar, no soy un fraile, que conste..., soy un monje,
que no es lo mismo; en segundo lugar, que no tengo la cabeza
tras la capucha, sino la capucha tras la cabeza..., que no
es lo mismo.
Lo
que no debes hacer es preocuparte de si mis manos manejan el
pincel o el azadón..., a los ojos de Dios es lo
mismo, con tal que se manejen para mayor gloria suya..., y
con todo se le puede alabar... En el campo con el
azadón, en casa con la pluma, en la iglesia con el
incensario; la cuestión es no tenerlas paradas..., y
así algún día poder presentarse delante
de Dios y, enseñándole las manos llenas de
callos y sabañones, decirle: «Señor, las
obras ejecutadas por mí son pobres y despreciables,
mis manos han trabajado mal..., pero yo, Señor, todo
lo hacía en tu nombre, y cada vez que el cuerpo se
inclinaba en tierra, para ganarme el pan, mi corazón
se elevaba a Ti para poder algún día ganar el
cielo". Es un gran consuelo tener callos por amor a
Dios.
Me
alegro infinito que veas en la voluntad de mis superiores,
la de Dios, pues así es... Cuida mucho a la
tía, pues los enfermos y los viejos son un manantial
donde se puede ejercitar la caridad... Hacerlo todo con
paciencia, con cariño, soportando a veces insolencias
y malas caras..., y sí nuestros sacrificios no los
pagan y comprenden los hombres, mejor, así son
más agradables a Dios, a quien tampoco pagaron su
sacrificio en la Cruz... y Él mismo nos dijo que si
diéramos un vaso de agua en su nombre,
gozaríamos de Él en el cielo.
La
caridad ¡qué hermosa virtud!, pues en ella va
comprendida la paciencia, la abnegación, la
mansedumbre, la dulzura..., bueno, en una palabra, la
santidad. Por tanto. aprovéchate de las ocasiones que
Dios pone a tu alcance. y no las desperdicies, que dentro de
poco tenderemos que dar todos mucha cuenta a Dios de
nuestras acciones.
Ahora
me voy a meter con Fernando, pues lo que tiene que hacer es
no hacer el "ridi" y seguir su régimen al pie de la
letra, y si quiere ponerse bueno, que venga a la Trapa, y yo
le aseguro que aquí no tendría ni el menor
asomo de ataques de hígado... ¿Que es
difícil? Ya lo sé, pero si no lo hace por su
salud, que lo haga por amor a Dios, y estoy seguro que se
cura.
Yo
atestiguo en mí mismo que se puede vivir solamente a
base de alubias, patatas, remolacha cocida, vino y pan... Si
es bueno, y se porta bien, se le pueden dar un par de huevos
y un poco de café cada dos o tres meses.
Claro
que al principio tarda uno en acostumbrarse..., y a veces,
lágrimas cuesta.
Me
acuerdo que al tercer día de estar en el monasterio,
no me habían dado más que alubias blancas un
día, negras otro y con pintas otro, y como soy un
regalado y estúpido comilón, al subir del
refectorio al noviciado pensando que ésa había
de ser mi comida durante toda la vida, pues cogí una
perra de esas de terranova, y ahora cuando me acuerdo me
echo a reír, y el día que no ponen alubias las
hecho de menos... Bien es verdad que el hermano cocinero,
con un puñado de las dichas legumbres y un poco de
agua y sal, hace maravillas, por lo menos a mi me lo
parecen, y no cambiaría yo mí escudilla,
comida en silencio y con el corazón alegre, por el
mejor "menú" que me puedan dar en Lardy... De manera,
Fernandillo, que ánimo y dale coba a las
verduras.
De
Juan no sé una palabra. Me alegro que vaya por casa,
es muy buen chico y yo le quiero mucho.
Me
alegro también de que a ti te alegren mis cartas,
aunque mis letras son tan cortas que no pueden expresar con
toda fidelidad lo que siento, pero espero que, a pesar de
todo, me comprenderéis perfectamente. Me pides
detalles de mi vida, pero ya los sabes todos. En fin,
allá van.
Ya
he aprendido a afeitarme con navaja sin cortarme. Las mangas
de la camisa me están en las narices. Hoy hemos
comido alubias blancas, leche y nueces... Durante toda la
Cuaresma nos quitaron la leche y el postre, quedando
sólo las alubias... Por la noche nos daban un plato
de patatas o lentejas y seis onzas de pan..., y a las seis
de la mañana, media onza de chocolate y una de pan.
Esto es lo que más me costaba de la Cuaresma, pues
los días que nos levantamos a la una, y se
prolongaban un poco mas los Oficios, nos estábamos en
ayunas seis o siete horas, y si después te dan un
pedazo de pan del tamaño de dos duros..., pues
eso..., pasas hambre... Ahora tomamos todo el pan que
queremos. A pesar de todo, estoy estupendamente de salud, y
dándole infinitas gracias a Dios que me da fuerzas
para todo.
Más
detalles: Ya sé pelar patatas, con toda mi elegancia
característica. Cuando leas en las vidas de los
santos, que, como una cosa notable, se dedicaban a humildes
menesteres, no le des importancia..., pues en realidad, no
pasa nada, por saber manejar una escoba, pues todo es
relativo. Si en la escalera de casa me pongo un mandil y
ayudo a la portera a fregar la escalera, hubiese llamado la
atención..., como aquí la llamaría un
señor que en el refectorio se pusiese a dar
palmaditas como en un café para llamar al camarero...
Aquí todos barremos y nos ayudamos unos a otros en
todo... La semana pasada estuvo de servidor de mesa mi
venerable Padre Maestro... Esta mañana me ayudaba a
mí a empaquetar chocolate, un digno sacerdote de pelo
blanco, y luego yo le ayudaba a la Misa
conventual...
Por
tanto, la vida de la Trapa no se comprende bien, pues se
relaciona con el mundo, siendo así que la vida del
mundo es completamente distinta.
Para
el trabajo, para comer y para dormir, y en el cementerio,
todos somos iguales..., siendo así que hay una escala
desde el reverendo Padre Abad al último novicio, y
cada cual tiene su puesto, su cargo y su dignidad. Es decir,
que en el Cister están compenetrados la
jerarquía con la igualdad: es una sociedad perfecta,
dentro de lo que cabe, siendo cosas de los
hombres.
Cuando
cantes el Avemaría de Gounod, no te acuerdes de mi
para nada, es mejor que te acuerdes de la Virgen;
sacarás más provecho y saldrá
mejor.
No
debe entristeceros ningún recuerdo mío, al
contrario... No desperdiciemos las
lágrimas.
Siempre
que te entristezca mi recuerdo, acuérdate de la
Virgen María, que Ella también tuvo mucho que
ofrecer. Me alegro que mi padre no se haya detenido, pues si
no le hubieran dejado yerme, habría pasado un mal
rato y yo también, y no conviene violentar las cosas.
Ya supondréis, como es natural, que mi noviciado es
la época de más recogimiento de mi vida
religiosa.
En
fin, yo también tendría muchas cosas que
contaros, y quisiera volcar mi corazón en el papel,
pero tenéis que contentaros con los buenos deseos.
Quiero ya terminar esta carta que se está prolongando
más de lo debido; por tanto, lo dejo hasta la
próxima.
Repartid
en mi nombre todo lo que queráis,
y vosotros recibid todo el cariño de vuestro
hijo
F M.
Rafael
8 de abril
de 1934 - domingo
A su padre
desde San Isidro de Dueñas
Queridísimo
padre: Tú no me molestas nunca, sea el que sea el
asunto que tengas que tratar. En contestación a tu
pregunta te diré que la carta de pago por valor de
750 pesetas la entregué en la oficina de
Mayoría del cuartel de la Montaña, Regimiento
de Zapadores Minadores; me parece recordar me dieron un
recibo que, silo conservo, lo encontraréis en unos
sobres blancos, donde tenía yo todas las cuentas de
Madrid... Los sobres no sé dónde
están..., pero de todas maneras, si no
encontráis el recibo entre mis papeles, no creo
difícil os extiendan un duplicado..., pues la carta
de pago allí está... Si necesitas dirigirte a
algún militar,, trata el asunto con el suboficial don
Luis Díaz Iglesias, muy buena persona, y que a mi me
quería mucho. Nada más puedo decirte sobre el
asunto en cuestión.
Supongo
en vuestro poder una larga carta que os escribí el
otro día, dándoos detalles de mi vida; nada
tengo que añadir a ella. Sigo pidiendo por vosotros,
pues es de la única manera que puedo pagar algo de lo
que os debo.
Antes
de venir al monasterio, tenía ilusión en
terminar mi carrera para, con mis primeras ganancias, ayudar
a mi padre..., y pensaba en lo que había de hacer con
las mil pesetas que ganase de mi primer proyecto... Desde
luego, no habían de ser para mi..., mis padres
estaban antes... Pero las cosas han cambiado... El
arquitecto futuro se ha trocado en monje; los proyectos de
glorias humanas, se han cambiado en deseos de gloria de
Dios... Yo he cambiado, por tanto, de estudiante, en
novicio. Mis aspiraciones para ganar dinero, se van a
convertir en voto de pobreza..., pero no paséis
cuidado, lo que no cambia ni cambiará es mi
condición de hijo, y si no os puedo ayudar con el
dinero, que no gano, tened la seguridad que las primeras
oraciones que salieron de mi, al tomar el nuevo estado,
fueron para mi padre y para mi madre... Mis ganancias no son
para la tierra; no tenéis, pues, la dicha de decir:
Tenemos un hijo que con su valer está asombrando al
mundo, su fama corre entre los hombres por quien es
considerado; amontona riquezas y es el sostén de sus
padres...
En
lugar de todo ese magnífico programa, al cual yo no
podría llegar nunca, pues mis méritos son
bastante escasos, podéis exclamar: Tenemos un hijo a
quien nadie conoce, es más pobre que las ratas..., es
un trapense que vive en paz y gracia de Dios en su
monasterio; no nos ayuda materialmente, porque no puede,
pues no gana más que para su sustento; pero, en
cambio, está amontonando para sus padres una riqueza
que los hombres no aprecian porque no conocen, y que
algún día, allá delante de Dios,
podrá ofrecer a sus padres y hermanos, y decirles:
Mis sacrificios han sido aceptados por Dios, y yo los he
ofrecido en vuestro nombre, y mientras vosotros
creíais que vuestro hijo no servia para nada, estaba
a los pies de Jesús pidiendo por sus padres. Por
tanto, ya veis que de alguna manera cumplo el mandamiento de
honrar padre y madre.
Siento
mucho lo de tía Petra y ya me imagino el cuadro... No
quiero ponerme pesado como el otro día y deciros que
tengáis paciencia... Os supongo con la necesaria...
Procurad atender en lo posible a su asunto espiritual, no
vaya a daros un susto cualquier día, y, aunque a
mí, a su edad me parece irresponsable, eso no es
cuenta nuestra, sino de Dios; a nosotros no nos queda
más que poner los medios.
El
Padre Eufrasio, el superior de los padres carmelitas, me
dijo que iría alguna vez por casa, ¿ha ido?
Tened confianza con él, pues es muy bueno.
¿Qué
tal los ejercicios espirituales de Fernando? He pedido a
Dios le sirvan para ser muy bueno.
Yo
nada tengo que contaros de nuevo... Que hoy domingo
está lloviendo y el cielo encapotado; me recuerda los
grises días de Asturias.
Bueno,
nada más por hoy; no quiero prolongarme como el otro
día, porque yo, con una pluma en la mano, no descanso
y lo triste es que no digo nada en sustancia.
Como
único detalle del día, te diré que se
ha estropeado el órgano, y como el último
novicio tiene que moverlo a brazo, me he pasado el
día haciendo subir a Dios mis oraciones a fuerza de
puños, y tengo "agujetas" en los brazos.
También
te diré, por si te interesa, que sigue lloviendo...
Y... nada más de particular, sino es volver a
repetirte que, como dices en tu carta, no me molestas con
asuntos de intereses... Tienes que tener en cuenta que
todavía no me he muerto.
Desde
luego, que yo sin hablar de pesetas soy feliz, y me parece
mentira que mis cartas no sean para pediros dinero como
otras veces. Aquellas combinaciones chinas de quitar y
poner, sumar y restar, para luego, en resumidas cuentas...,
el sablazo a mi padre, pasó a la historia todo
eso.
Bueno,
os dejo que tengo aún mucho que hacer, como es hacer
el vía-crucis y rezar el rosario a la Santa Madre...
Mira, que no lo dejéis de rezar que, aunque yo no
estoy, muchas veces me acuerdo de las rapideces de mi madre;
ahora yo lo rezo solo, pero siempre lo hago como si
estuviera con vosotros, y yo creo que la Virgen recibe las
oraciones vuestras y [las] mías al mismo
tiempo, aunque sean en distintas horas...
Verdaderamente
es un gran consuelo para los cristianos el sabernos tan
unidos... Cuando hay fe, no existen distancias ni edades, ni
padres ni hijos; no existe más que una cosa que es
Dios, a donde vamos todos a parar tarde o
temprano.
Recibe
un millón de abrazos de tu hijo
Fr
M. Rafael
(1)
Las horas que se indican son hora solar. Actualmente en
España la hora oficial va con don horas de retraso
sobre la solar; es decir, las 2,10 de la mañana
serían las 4,10. (Volver)
(2)
Durante más de cincuenta años los monjes de
San Isidro de Dueñas tuvieron fábrica de
chocolate ("Chocolates La Trapa") con la que sostener su
economía, hasta que la fábrica fue vendida.
Todo el trabajo de elaboración y empaquetado lo
realizaban los propios monjes. (Volver)
(3)
El padre del Beato Rafael era ingeniero de montes, de
ahí que le consulten. (Volver)
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