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Hermano
Rafael - Dios y mi alma (I)
(�ndice)
16 de
diciembre de 1937 - jueves
Ave
María.
Después
de una larga temporada (casi un año) pasada en casa
de mis padres, reponiéndome de un achaque de mi
enfermedad, vuelvo de nuevo a la Trapa para seguir
cumpliendo mi vocación, que es solamente amar a Dios,
en el sacrificio y en la renuncia, sin otra regla que la
obediencia ciega a su divina voluntad.
Creo
hoy cumplirla, obedeciendo sin votos y en calidad de
oblato, a los superiores de la abadía cisterciense de
San Isidro de Dueñas.
Dios
no me pide más que amor humilde y espíritu de
sacrificio.
Ayer,
al dejar mi casa y mis padres y hermanos, fue uno de los
días de mi vida que más
sufrí.
Es
la tercera vez que por seguir a Jesús abandono todo,
y yo creo que esta vez fue un milagro de Dios, pues por mis
propias fuerzas es seguro que no hubiera podido venir a la
enfermería de la Trapa, a pasar penalidades, hambre
en el cuerpo, debido a mi enfermedad y soledad en el
corazón, pues encuentro a los hombres muy lejos.
Sólo Dios..., sólo Dios..., sólo Dios.
Ése es mi tema..., ése es mi único
pensamiento.
Sufro
mucho..., María, Madre mía,
ayúdame.
He
venido por varios motivos:
-
1º
Por creer cumplir en el monasterio, mejor mi
vocación de amar a Dios en la Cruz y en el
sacrificio.
-
2º
Por estar España en guerra, y ayudar a combatir a
mis hermanos.
-
3º
Para aprovechar el tiempo que Dios me da de vida, y darme
prisa a aprender a amar su Cruz.
A lo
que solamente aspiro en el monasterio es:
-
1º
A unificarme absolutamente y enteramente con la voluntad
de Jesús.
-
2º
A no vivir más que para amar y
padecer.
-
3º
A ser el último, menos para
obedecer.
Que
la Santísima Virgen María, tome en sus divinas
manos mis resoluciones y las ponga a los pies de
Jesús, es lo único que hoy desea este pobre
oblato.
16-12-1937
21 de
diciembre de 1937 - martes
De
una cosa me tengo que convencer: Todo lo que hago es por
Dios. Las alegrías El me las manda; las
lágrimas, Él me las pone; el alimento por
Él lo tomo, y cuando duermo por Él lo
hago.
Mi
regla es su voluntad, y su deseo es mi ley; vivo porque a
Él le place, moriré cuando quiera. Nada deseo
fuera de Dios.
Que
mi vida sea un "fiat" constante.
Que
la Santísima Virgen María me ayude y me
guíe en este breve camino de la vida sobre el
mundo.
26 de
diciembre de 1937 - domingo
En
la vida de comunidad, mientras no aprenda a dominar todo mi
«sistema nervioso", no sabré jamás lo que
es aprender a mortificarme.
Pobre
hermano Rafael... luchar hasta morir; he ahí su
destino. Ansias de cielo por un lado, y corazón
humano por otro. Total... sufrimiento y cruz.
Pobre
hermano Rafael, de corazón demasiado sensible a las
cosas de las criaturas... Sufres al no ver amor y caridad
entre los hombres... Sufres al no ver más que
egoísmo. ¿Qué esperas de lo que es
miseria y barro? Pon tu ilusión en Dios y deja a la
criatura..., en ella no hallarás lo que
buscas.
Pero,
¿y si Dios se oculta?... Qué frío hace
entonces en la Trapa. La Trapa sin Dios..., no es más
que una reunión de hombres.
Son
los días de Navidad y en ellos no tengo más
que una enorme soledad... Una pena muy honda... Nadie en
quien reposar, enfermo y débil... Ah, Señor, y
muy poca fe! Dios mío, Dios mío, eres muy
bueno... Tu misericordia perdonará mis olvidos...,
pero es tanto, Señor, lo que sufro, que mi flaqueza
sola no lo podrá resistir.
Nada
veo más que mi miseria y mi alma mundana con poca fe
y sin amor.
Llegaré,
Señor, hasta donde Tú quieras, pero dame
fuerzas, y el socorro a su debido tiempo..., mira,
Señor, lo que soy.
El
día de Nochebuena le entregué al Señor
Jesús Niño, lo último que quedaba de mi
voluntad. Le entregué hasta mis más
pequeños deseos... ¿Qué me queda?...
Nada. Ni aun deseos de morir. Ya no soy más que una
cosa en posesión de Dios. Mas Señor,
¡qué pobre cosa posees!
Pobre
hermano Rafael..., viniste a la Trapa a sufrir..., ¿de
qué te quejas?... No me quejo, Señor, pero
sufro sin virtud.
Unas
lagrimillas en mi soledad el día de
Nochebuena... Tú, Señor, que todo lo sabes y
todo lo ves..., también todo lo perdonas.
Llena,
Señor, mi corazón
Llénalo de
eso que no me pueden dar los hombres.
Mi
alma sueña con amores, con cariños puros y
sinceros. Soy un hombre hecho para amar, pero no a las
criaturas, sino a Ti, mi Dios, y a ellas en Ti...
Sólo a Ti quiero amar, sólo Tú no
defraudas. Sólo en Ti se verá la
ilusión cumplida.
Dejé
mi hogar... Destrocé pedazo a pedazo mi
corazón... Vacié mi alma de deseos del
mundo... Me abracé a tu Cruz: ¿Qué
esperas, Señor? Si lo que deseas es mi soledad, mis
sufrimientos y mi desolación..., tómalo todo,
Señor, nada te pido.
26-12-1937
29 de
diciembre de 1937 - miércoles
Una
hora de oración sin un pensamiento de Dios. Apenas me
di cuenta, el tiempo pasó. Sonaron las cinco en el
reloj y ya llevaba una hora de rodillas
¿Y la
oración? No sé
, no la hice. Estuve
pensando en mí mismo, en mis sufrimientos personales,
en los recuerdos del mundo. ¿Y Jesús? Y
¿María? Nada
Sólo tengo
egoísmo, poca fe y mucha soberbia
¡Tan
importante me creo! ¡Tanto me considero!
¡Pobrecillo!,
polvillo insignificante a los ojos de Dios. Ya que no sepas
sacar fruto de la oración, aprende a humillarte
delante de Él, y así luego lo harás
mejor delante de los hombres.
Señor,
tened piedad de mi... Sufro, sí..., pero quisiera que
mi sufrimiento no fuera tan egoísta. Quisiera,
Señor, sufrir por tus dolores de la Cruz, por los
olvidos de los hombres, por los pecados propios y ajenos...,
por todo, mi Dios, menos por mí...
¿Qué importo yo en la creación?;
Qué so delante de Ti?... ¿Qué representa
mi vida oculta en la infinita eternidad?... Si me olvidara
de mí mismo, mejor sería
Señor.
No
tengo nada más que un refinado amor propio, y vuelvo
a repetir, mucho egoísmo.
Procuraré
con la ayuda de María enmendarme. Haré el
propósito de que cada vez que un recuerdo del mundo
venga a turbarme, acudir a Ti, Virgen María, y
rezarte una Salve por todos los que en el mundo te
ofenden.
En
lugar de meditar mis sufrimientos..., meditar en el
agradecimiento, a amar a Dios en mis propias
miserias.
Perseveraré
en la oración, aunque pierda el tiempo.
29-12-1937
31 de
diciembre de 1937 - viernes
Me
voy dando cuenta de que la virtud más práctica
para tener paz en la vida de comunidad es la
humildad.
La
humildad delante de Dios, nos ayuda a la confianza, pues
humildad es conocimiento de sí mismo, y
¿quién que se conozca a si mismo, puede esperar
algo de si?... Loco sería si no lo esperase
todo de Dios.
La
humildad llena de paz nuestro trato con los hombres. Con
ella no hay discusión, no hay envidia, no hay ofensa
posible... ¿Quién puede ofender a la misma
nada?
Le
pido encarecidamente a María, me enseñe en lo
que Ella fue maestra..., humilde ante Dios y ante los
hombres.
«Hágase"
31-12-1937
1 de enero
de 1938 - sábado
Día
1º de enero de 1938.
En
la oración de esta mañana he hecho un voto. He
hecho el voto de amar siempre a
Jesús.
Me
he dado cuenta de mi vocación. No soy religioso...,
no soy seglar..., no soy nada... Bendito Dios, no soy nada
más que un alma enamorada de Cristo. Él no
quiere más que mi amor, y lo quiere desprendido de
todo y de todos.
Virgen
María, ayúdame a cumplir mi voto.
Amar
a Jesús, en todo, por todo y siempre... Sólo
amor. Amor humilde, generoso, desprendido, mortificado, en
silencio
Que mi vida no sea más que un acto de
amor.
Bien
veo que la voluntad de Dios, es que no haga los votos
religiosos, ni seguir la Regla de san Benito. ¿He de
querer yo lo que no quiere Dios?
Jesús
me manda una enfermedad incurable; es su voluntad que
humille mi soberbia ante las miserias de mi carne. Dios me
envía la enfermedad. ¿No he de amar todo lo que
Jesús me envíe?
Beso
con inmenso cariño la mano bendita de Dios que da la
salud cuando quiere, y la quita cuando le place.
Decía
Job, que pues recibimos con alegría los bienes de
Dios, ¿por qué no hemos de recibir así
los males? ¿Mas acaso todo eso me impide amarle?...
No..., con locura debo hacerlo.
Vida
de amor, he aquí mi Regla..., mi voto... He
aquí la única razón de
vivir.
Empieza
el año 1938. ¿Qué me prepara Dios en
él? No lo sé... ¿Quizás no me
importe?... Menos ofenderle me da lo mismo todo... Soy de
Dios, que haga conmigo lo que quiera. Yo hoy le ofrezco un
nuevo año, en el que no quiero que reine más
que una vida de sacrificio, de abnegación, de
desprendimiento, y guiada solamente por el amor a
Jesús..., por un amor muy grande y muy
puro.
Quisiera
mi Señor, amarte como nadie. Quisiera pasar esta
vida, tocando el suelo solamente con los pies. Sin
detenerme a mirar tanta miseria, sin detenerme en ninguna
criatura. Con el corazón abrasado en amor divino y
mantenido de esperanza.
Quisiera
Señor, mirar solamente al cielo, donde Tú me
esperas, donde está María, donde están
los santos y los ángeles, bendiciéndote por
una eternidad, y pasaron por el mundo solamente amando tu
ley y observando tus divinos preceptos.
¡Ah!,
Señor, cuánto quisiera amarte.
¡Ayúdame, Madre mía!.
He
de amar la soledad, pues Dios en ella me
pone.
He
de obedecer a ciegas, pues Dios es el que me
ordena.
He
de mortificar continuamente mis sentidos.
He
de tener paciencia en la vida de
comunidad.
He
de ejercitarme en la humildad.
He
de hacer todo por Dios y por
María.
6 de enero
de 1938 - jueves
Ave
María.
Día
6 de enero.
Por
la mañana de este día tuve gran consuelo y
mucha paz en la santa comunión. Estuve un gran rato
muy recogido; vi con claridad que sólo
Jesús puede llenar mi alma y mi vida.
Hubiera
querido ofrecer a Jesús Niño algo..., algo que
no tengo. Hubiera querido morir en su presencia
olvidándome de todo, y solamente
amándole... ¡Qué bueno es
Dios!
No
habían pasado tres cuartos de hora, cuando no lo
sé, ni me lo explico, una angustia muy grande
llenó mi espíritu. Mi alma se derramó
en lágrimas en la capilla del noviciado.
¡Señor, soy un pobre hombre!
¡Me
vi tan solo!... ¿Y mi fervor?... ¿Y mis ansias de
Dios y desprecio del mundo, dónde se fueron?...
¿Por qué me dejas, Señor?...
¿Qué haré yo sin Ti? Me da pena de mi
mismo al verme tan débil.
Al
hacer el examen por la noche, comprendí muchas cosas,
que no acierto a escribir.
Dios
es muy bueno conmigo.
7 de enero
de 1938 - viernes
Una
de mis mayores faltas es la impaciencia y algunas veces un
hermano, sin darse cuenta, me pone los nervios en tal
estado, sobre todo con ciertos ruidos, que saldría
dando gritos si me dejara llevar del natural.
Mas
he venido a la Trapa a mortificarme y a sufrir lo que el
Señor quiera enviarme.
La
máxima penitencia es la vida común.
Señora
y Reina del cielo, concededme la gracia de ser manso.
Así sea.
7-1-38
Una
de mis mayores penas es el ver que estoy abrazado a la Cruz
de Jesús, y que no la amo como
quisiera.
31 de enero
de 1938 - lunes
Dios
mío..., Dios mío, enséñame a
amar tu Cruz. Enséñame a amar la absoluta
soledad de todo y de todos. Comprendo, Señor, que es
así como me quieres, que es así
de la única manera que puedes doblegar a Ti este
corazón tan lleno de mundo y tan ocupado en
vanidades.
Así
en la soledad en que me pones, me
enseñarás la vanidad de todo, me
hablarás Tú solo al corazón y mi alma
se regocijará en Ti.
Pero
sufro mucho, Señor..., cuando la tentación
aprieta y Tú te escondes... ¡cómo pesan
mis angustias!...
¡Silencio
pides!... Señor, silencio te ofrezco.
¡Vida
oculta!... Señor, sea la Trapa mi
escondrijo.
¡Sacrificio!...
Señor, ¿qué te diré?, todo por Ti
lo di.
¡Renuncia!...
Mi voluntad es tuya, Señor.
¿Qué
queréis Señor, de mi?
¡¡Amor!!
¡Ah!, Señor, eso quisiera poseer a raudales.
Quisiera, Señor, amarte como nadie... Quisiera,
Jesús mío, morir abrasado en amor y en ansias
de Ti. ¿Qué importa mi soledad entre los
hombres? Bendito Jesús, cuanto más sufra...,
más te amaré. Más feliz seré,
cuanto mayor sea mi dolor. Mayor será mi consuelo,
tanto más carezca de él. Cuanto más
solo esté, mayor será tu ayuda.
Todo
lo que Tú quieras seré.
Mi
vida quisiera que fuera un solo acto de amor..., un suspiro
prolongado de ansias de Ti.
Quisiera
que mi pobre y enferma vida, fuera una llama en la que se
fueran consumiendo por amor... todos los sacrificios, todos
los dolores, todas las renuncias, todas las
soledades.
Quisiera
que tu vida, fuera mi única Regla
Que
tu "amor eucarístico" mi único
alimento.
Tu
evangelio mi único estudio.
Tu
amor, mi única razón de vivir..
¡Quisiera
dejar de vivir si vivir pudiera sin amarte!
Quisiera
morir de amor, ya que sólo de amor vivir no
puedo.
Quisiera,
Señor
, volverme loco
Es angustioso vivir
así.
¡Es
tan doloroso querer amarte y no poder! Es tan triste
arrastrar por el suelo del mundo la materia que es
cárcel del alma que sólo suspira por Ti...
¡Ah!, Señor, morir o vivir, lo que Tú
quieras
, pero por amor
Ni
yo mismo sé lo que digo, ni lo que quiero... Ni
sé si sufro, ni si gozo..., ni sé lo que
quiero ni lo que hago.
Ampárame,
Virgen María... Sé mi luz en las tinieblas que
me rodean. Guíame en este camino en que ando solo,
guiado solamente por mi deseo de amar entrañablemente
a tu Hijo.
No
me dejes, Madre mía. Ya sé que nada soy y que
nada valgo. Miseria y pecados..., eso es lo único, y
lo mejor, que puedo alegar para que tú atiendas mi
oración.
Señora,
vine a la Trapa, dejando a los hombres, y con los hombres me
encuentro. Ayúdame a seguir los consejos de la
Imitación de Cristo, que me dice no busque nada en
las criaturas y me refugie en el Corazón de
Cristo.
Nada
quiero que no sea Dios..., fuera de El todo es
vanidad.
31-1-38
5 de
febrero de 1938 - sábado
San
Isidro, 5 de febrero de 1938.
Pasan
los días rápidamente y con ellos paso yo. Con
el papel delante y con la pluma en la mano, no sé
qué hacer... ¡Son tantas cosas las que encierra
mi alma que si de todo lo que siento me pusiera a escribir,
no acabaría.
Dios,
en su infinita bondad, sin necesidad de palabras de hombres,
me va enseñando la única ciencia que
aquí a la Trapa he venido a aprender..., el desprecio
del mundo y la práctica de su amor a Dios. Es a costa
de mucho sufrimiento como voy aprendiendo.
Ya
me voy acostumbrando a permanecer encerrado en el
monasterio. Llevo dos meses sin gozar de un poco de aire y
de sol... ¡Ah!, Señor, qué duro es eso
para mi..., yo que gozaba en el mundo, con cantar en el
campo tus maravillas y grandezas..., que mi mayor placer era
abrir mucho los ojos para contemplar el mar..., que mi alma
se extasiaba ante un cielo tachonado de estrellas, y mi alma
te bendecía al escuchar el silencio de la tierra en
una tranquila y dulce puesta de sol.
Todo
se acabó para mi..., el cielo, el sol y las flores.
La parte humana..., que es mucha, llora, Señor, mi
libertad perdida. Pero Tú vienes y me consuelas...
¿Qué no harás Tú por mi, bendito
Jesús?
Ayer,
a la hora del trabajo, un cielo azul espléndido
rodeaba al monasterio... Un día claro de invierno
reinaba en estos campos de Castilla. La obediencia me
mandó a empapelar chocolate a la fábrica. Una
pena muy grande tenía dentro... Me agarré a mi
crucifijo y me dispuse a cumplir la obediencia, y Tú,
Señor, me hiciste pensar. ¿Qué mejor flor
que la penitencia?... Tenía gana de llorar, pero en
comunidad no se puede.
Penitencia
viniste a hacer..., ¿de qué te quejas, hermano?
Si tú supieras que cada lágrima derramada por
mi amor en la penitencia del claustro, es un obsequio que
hace cantar de alegría a todos los ángeles del
cielo.
Ánimo,
Rafael, me parece que Dios me decía..., todo pasa...,
y bendito Jesús, la pena se me quitaba... Ya no me
importaba la belleza del día, ni de nada de la
tierra... Yo sabía que Dios me ayudaba, y que Dios me
bendecía, y en mi torpe trabajo para empapelar
chocolate, a nadie de la tierra ni del cielo envidiaba, pues
pensaba, que si los santos del cielo pudieran bajar un
momento a la tierra seria para, desde aquí, aumentar
la gloria de Dios, aunque no fuera más que con un
Avemaría, de rodillas, en silencio..., o quién
sabe, envolviendo pastillas de chocolate.
¡Qué
bueno eres, Señor! ¡Cuánto me quieres!...
Poco a poco voy llegando a comprender la vanidad de
todo.
Cuando,
después de Vísperas, me arrodillé a los
pies de tu Sagrario, vi que había pasado el
día, y con él, el cielo azul, el sol
brillante, mis penas y mis alegrías... Todo
pasó y nada queda.
Qué
bien comprendo la vanidad de amar lo perecedero. Sólo
lo que sufrí por tu amor al fin del día, me
servirá para algo... Lo demás es tiempo
perdido, y ¡ah!, Señor, entonces si que
lloraremos el no haber hecho penitencia; entonces
bendeciremos las pastillas envueltas en la oscuridad de la
chocolatería...
¡Qué
bueno eres, Señor! Dulce eres cuando consuelas...,
pero tu verdadero amor nos lo muestras en las tribulaciones
y en las pruebas.
No
te pido descanso en la tierra Señor . Quiero
cumplir tu voluntad hasta el fin
Enséñame como hasta ahora lo vas
haciendo
, en soledad y desconsuelo, en pura fe
,
en el abismo de mi nada, y
en los brazos de la
Cruz.
¿Qué
me falta para ser feliz? Nada, pues nada deseo.
Ya
lo sabes, Señor, no te importen mis lágrimas,
ni te detengan a veces mis grandes faltas de
correspondencia a tu amor... Ya sabes lo que soy y
como soy.
No
me atrevo a pedirte sufrimientos y cruz, pues me
parecería una soberbia presunción, para mi
enorme flaqueza..., pero si me las envías, benditas
sean.
Bendigo
tu mano, Señor, y me entra una enorme alegría
al yerme pobre, inútil, enfermo..., y a veces tengo
miedo..., aún hay quien me quiere, y tengo cama..., y
el santo Job, te bendecía desde un muladar, rascando
sus podredumbres con una teja. ¿De qué me puedo
yo quejar?... ¡Ah!, Señor, aún soy algo y
aún tengo algo.
En
tus manos me abandono y a los pies de la Santísima
Virgen María...
¿Para
qué voy a seguir escribiendo?, también esto me
parece vanidad.
Que
Jesús y María me perdonen. Así
sea.
(1) Este cuaderno lo escribi� Rafael a indicaci�n
del que hab�a sido su director espiritual, el P. Te�filo Sandoval.
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