|
Inicio
Oraciones
(�ndice)
S�LO
TÚ
Oraciones
de amor al Amor que me lo dio todo
-
|
|
- Quiero,
Señor, perder el brillo;
- quiero
quedar opaco,
- desgastado
por el uso del amor.
-
- Quiero
ser, como Teresa, una rosa deshojada
- cuyos
pétalos se lanzan a tu paso
- y,
en ese vuelo efímero, cantar tus
alabanzas.
- Y
después, deshecho y olvidado, no ser
nada:
- tan
solo para ti tener sentido.
-
- Quiero,
Señor, lanzar cada
mañana
- un
¡FIAT! generoso
- y
luego, cada tarde, postrarme en tu
presencia
- y,
humilde y confiado, disculparme
- de
todas mis flaquezas, mis
ausencias...
-
- Quiero,
Señor, quemar cada minuto de mi
vida
- menguando
en tu servicio, de modo que Tú
crezcas.
-
- Quiero,
Señor, amar sencillamente,
- amar
como has amado:
- sin
nada que esperar a cambio de ese
amor.
|
- Al
terminar cada día
- quisiera
ofrecerte, Señor, las manos
vacías
- después
de haber repartido todo lo que soy y
tengo
- entre
tanta gente con la que me he
cruzado.
-
- Quisiera
haber dejado mi corazón
repartido
- entre
todos los que sufren:
- unos
en el cuerpo; otros, pobres, en el
alma.
-
- Quisiera
haber dejado mi palabra entre los
sordos
- que
apenas si oyen hablar de ti.
-
- Quisiera
haber dejado mi mirada entre los
ciegos
- que
no te ven en los pliegues de la
vida.
-
- Quisiera
haber dejado mi amor a ti
- entre
los que no sienten amor ni compasión por
nadie.
-
- Quisiera
haber dejado mis caricias a los
duros,
- a
los que no se enternecen ante nada.
-
- Quisiera
haber transferido mi sangre a los
heridos,
- a
los que lloran, a los que están
hundidos.
-
- Quisiera
haberme quedado sin abrazos
- de
tantos como hubiera debido repartir.
-
- Quisiera
haber dejado hasta el aliento
- en
todos los que están como
vencidos.
-
- Quisiera
terminar, Señor, mi
día,
- sin
nada que ofrecerte, las manos ya
vacías...
-
- Así,
de esta manera,
- no
tendrías, Jesús, otro
remedio
- que
llenarlas tú mismo con tu
amor
- para
empezar de nuevo, al otro
día,
- a
darme y repartirme entre la gente.
- ...
lo mismo que haces Tú.
|
- Mira,
Señor, mi alma
distraída
- en
mil preocupaciones de esta tierra:
- trabajo,
compañeros, amigos y familia,
- asuntos
personales
- de
escasa trascendencia para el alma.
- Y
Tú no estás presente
- en
buena parte de ellos.
-
- ¡Qué
tonto soy, Jesús, que no te hago
entrar
- en
todos los asuntos de mi vida...!
- Si
cuando estás, ya se
- que
todo se revela más sencillo.
-
- La
sombra de tu Cruz en mis asuntos
- trastoca
todo el orden e importancia.
- Se
vuelven más sencillos los
problemas,
- amables
las palabras y dulces las miradas.
- Abrazo,
como hermano, al enemigo;
- se
vuelven comprensibles las
flaquezas...
-
- Mira,
Señor, mi alma
distraída
- en
mil preocupaciones de esta tierra:
- requiero
tu presencia en todas ellas
- para
divinizar mis pensamientos.
|
- Mírame,
Señor:
- soy
tan importante para mí...
- Mi
corazón está tan lleno de
mí y de mis cosas
- que
apenas si cabes Tú... si caben mis
hermanos.
-
- Mírame,
Señor: si quieres, puedes
curarme.
-
- Mi
corazón necesita el drenaje de tu
amor
- para
ser vaciado de todos mis
egoísmos,
- de
todos mis intereses particulares,
- de
mis preferencias, mis puntos de
vista,
- mis
gustos, mi amor propio... mi
soberbia...
-
- Mi
corazón necesita,
Señor,
- vaciarse
de mí mismo y yo solo no
puedo.
-
- Dame
tu mano, tu ayuda,
- tu
apoyo permanente.
-
- Ayúdame,
Señor, a hacer un hueco;
- un
hueco total, en el que quepas
Tú.
-
- No
quiero ser más yo mismo:
- solo
quiero ser Tú,
- pensar,
sentir y actuar como Tú
- y
quiero, Jesús, morir de amor... como
Tú.
|
- Oración
para ante el
Santísimo
-
- Ven,
Señor, mándanos tu
Espíritu.
- Ayúdanos
a dejar fuera todo lo que no seas
Tú
- para
que puedas colmar nuestros
corazones.
-
- Tú,
Jesús, que lees sin dificultad en nuestro
interior;
- Tú,
que lo sabes todo de nosotros,
- Tú,
Señor Jesús, sabes que te
amamos.
-
- Tú,
Amado, que nos conoces a cada uno por nuestro
nombre,
- Tú,
Jesús querido, Tú sabes que te
amamos.
-
- Venimos
a que nos mires a los ojos
- y
veas en ellos nuestra ansia de amor.
- Pero...
somos tan pequeños...
-
- Ven,
Señor, mándanos tu
Espíritu
- y
llena nuestros corazones.
- Nos
hemos hecho capacidad para que
Tú,
- Torrente
de Agua Viva, nos llenes hasta el
borde.
-
- Ven,
Señor... mándanos tu
Espíritu.
|
- Como
un recién nacido acudo a ti, mi
Dios.
-
- No
soy nada, no tengo nada, no valgo
nada.
- Te
necesito, Señor, y no se
decírtelo.
-
- Lloro
de hambre de ti, Pan de Vida.
- Gimo
atacado por la sed de ti,
- Torrente
de Agua Viva.
-
- Grito
ante un profundo dolor en mis
entrañas:
- si
quieres puedes curarme.
-
- Sucio
por mi propia miseria, te reclamo:
- si
quieres puedes limpiarme.
-
- Mírame,
mi Dios amado:
- no
soy nada, no tengo nada, no valgo
nada.
-
- Solo
Tú das sentido a mi vida:
- nada
más abrir los ojos en la
mañana,
- al
lavarme, al vestirme,
- al
trabajar y al relacionarme,
- al
dormirme...
- Si
no estás Tú... es la
nada.
-
- Como
a un recién nacido, mi Dios,
- mírame
como a un recién nacido.
-
- Porque
sólo Tú eres todo mi
horizonte.
|
- Has
herido mi corazón,
Señor,
- con
tu mirada penetrante.
-
- Sangrando
en mi interior, suspiro
- de
amor por tu presencia.
- No
bastan las palabras:
- preciso
del silencio
- para
expresar todo el dolor
- presente
en la distancia
- que
nos separa, mi Dios.
-
- Deseo
morir para vivir,
- para
abrazarte eternamente,
- para
apoyar mi cabeza en tu regazo
- y
descansar en ti, Jesús amigo.
-
- Deseo
vivir para morir de amor,
- porque
muriendo a cada instante
- me
acerco a ti y te conquisto.
-
- Deseo,
mi Dios, amarte y adorarte cada
día
- ...como
si fuera el último.
|
- En
tu muerte, Señor, está mi
vida.
- En
tu sangre y tu cuerpo masacrado,
- mi
alimento.
- Tu
palabra es mi luz.
- Refugio
para mí tu corazón
herido.
-
- Señor,
Señor, Señor:
- ¡me
encuentro tan contento de mí
mismo!
- ¡Me
he vuelto tan soberbio al contemplar
- la
pompa de jabón que es mi
vida!
-
- Preciso
de tu cruz, Jesús amado.
- Preciso
que me prestes
- los
clavos que te fijan al madero
- para
pinchar, con ellos,
- la
jabonosa pompa de mi vida.
- Preciso
de tu herida abierta por la lanza
- para
encontrar en ella mi refugio,
- para
encontrar en ella la razón
- de
todo lo que intuyo.
- Preciso
de tu cruz para morir
- a
todo lo que quiero.
- Preciso
de tu cruz para vivir
- allí
donde me quieres.
- Preciso
no ser yo, ... para ser tú.
|
- Ven,
Señor, hasta mi corazón
orante.
- Suplícote
me tomes en tus manos,
- ofrenda,
como víctima, a tu Padre.
- Me
sé tan poca cosa,
- me
sé tan confundido de por
fuera...
-
- Señor:
dame la vuelta y muestra mis
miserias.
- No
quiero que me vean de un brillo que no
tengo.
- Aquello
que reflejo no es más que lo que
Tú
- derramas
a raudales sobre mí.
- Me
sé tan miserable, mi Señor, que me
duele
- todo
este gran amor que me derramas
- a
manos de tus hijos.
-
- Señor,
Señor, no tardes,
- acéptame
cual víctima en ofrenda.
- No
pido que me lleves,
- pues
sé que no merezco tu gloria
todavía.
- Te
pido que me estreches el camino:
- la
senda pedregosa y empinada,
- la
sequedad que hiera la garganta,
- la
espina que penetre hasta clavarse
- del
alma en el centro más
profundo.
- Y
en todo ello tu mano
- que
sostenga mi gran debilidad.
-
- Tu
Cruz pido, Señor, y tu
sostén.
- Ya
sé que no merezco ser acepto,
- pues
sólo tengo un brillo sin
valor.
- Te
pido que me uses, Jesús, y me
desgastes;
- te
pido que me dejes tan viejo por el
uso
- que
no me quiera nadie.
-
- En
loco, mi Señor, me has
convertido:
- no
sé qué es lo que pido.
-
- Te
quiero, mi Señor,
- te
quiero como un niño...
- estoy
... enamorado.
|
- Toma,
Señor, mi corazón:
abierto
- como
un cáliz en tu ofrenda.
- Ya
sé que apenas si contiene
- un
poco de mí mismo,
- un
poco que entregarte.
- Son
pocas mis renuncias
- sacadas
desde dentro tan sólo por tu
amor.
-
- Escaso
el contenido de este cáliz...
- Quiero
multiplicarlo, Señor, y tú lo
sabes,
- con
cosas pequeñitas: no valgo
- para
grandes sacrificios.
- Soy
débil y pequeño, cobarde ante la
Cruz.
- Ya
ves, Señor, tan sólo
- pequeños
detallitos que ofrecerte.
-
- Te
ruego tu presencia en el minuto
- constante
de mi vida. Presencia
- que
me anime a las renuncias,
- a
aquellas mis sonrisas que no salen
- si
Tú no estás conmigo.
-
- Tú
sabes que te amo,
- no
obstante el poco contenido de este
cáliz.
-
- Me
veo cada mañana
- dispuesto
a darlo todo por tu amor.
- Y
luego, cada noche,
- ¡qué
poco es lo que he dado!
- Y
sé que no te importa, mi
Señor,
- pero
mi corazón de hombre
- solloza
acongojado por tantas negativas:
- de
cien pruebas vividas en el
día,
- apenas
si logré algunas de ellas
- ponerlas
a tus pies.
-
- Toma,
Señor, mi vida:
- apenas
un vistazo se merece. Lo sé.
- Pero
es todo lo que tengo.
- Pequeña
y miserable. Escasa. Ya lo
sé.
- Toma,
Señor, mi vida. Tú pones lo que
falta:
- amor,
entrega, cruz,
- abrazos
y sonrisas. Detalles abundantes.
-
- Toma,
Señor, mi cáliz. Está casi
vacío.
- Asómate
a su fondo y verás
- que
se refleja en él tu imagen
santa.
- Esa
es toda mi ofrenda:
- tu
imagen reflejada en mi interior.
|
- Toma,
Señor, mi cuerpo en
holocausto;
- toma
mi mente tan soberbia;
- toma
mis bienes y mi fama,
- mi
pan, mi sol, mi luz ... y mi
palabra.
- Acepta
cuanto soy y todo lo que tengo.
- Vacíame
por completo, hasta quedar expuesto
- lo
más elemental de mi
existencia.
- Vacíame,
Señor: anhelo la pobreza;
- tan
sólo tu presencia en mi
interior
- completa
ya mi vida.
- ...
- ...
- ...
- Mi
corazón, herido por tu amor,
- desbarra
enfebrecido. No sé ni lo que
digo.
- La
llaga provocada al roce de tu dedo
- se
hace más profunda cada
día.
- ¡Agrava
mi dolencia, amante tan querido,
- agrávala
hasta el fin,
- ayúdame
a exhalar mi último suspiro!
|
- Hola,
Señor.
- Vengo
a ponerme en tus manos.
- Vengo
a ofrecerme: quiero dejarme hacer.
- Quiero
ser arcilla, moldeable,
dúctil.
- Trabájame,
amásame, dame forma.
- Y
si ves que me quejo, no hagas caso:
- solo
soy eso: arcilla débil.
-
- Tómame
en tus manos, Padre amado,
- apriétame
hasta estirarme,
- vacíame
hasta darme capacidad,
- hornéame
con el calor intenso de tu amor,
- hasta
adquirir la consistencia que permita
- ser
usado una y mil veces en tu
servicio.
-
- Y
luego, Señor, haz que mi
capacidad
- no
sea llenada más que por ti.
- Lléname
hasta el borde
- y
ayúdame a darme a mis
hermanos.
-
- Y
cuando quieras, Señor amado,
- rómpeme
y hazme polvillo
- que
vuele, ligero, hasta ti.
-
- Gracias,
Señor, por haberme creado.
- Gracias,
porque he podido sentir tu amor.
- Gracias,
porque he podido amarte.
|
- Gracias,
Señor.
- Tan
sólo esa palabra se me
ocurre.
- Gracias.
- En
todos mis asuntos te he encontrado
- volcado
a manos llenas.
- Me
siento desbordado.
- Ninguna
otra cosa puedo hacer que repetirte:
- Gracias.
-
- Y
yo, Señor, ¿en qué te
correspondo?
- Pues
mira, bien lo sabes:
- yo
soy la misma nada;
- miseria
es mi existencia:
- escasos
y esqueléticos
- los
actos de renuncia que te ofrezco.
- ¡Me
veo tan deleznable, tan poco
agradecido...!
- Preciso,
mi Señor, de más
ayuda,
- que
vuelvas del revés mi
cobardía
- que
no se atreve a nada;
- que
en ese paso firme que no me atrevo a
dar
- te
hagas tan presente, tan presente,
- que
deje de ser yo y seas sólo
Tú,
- y
des, en mi lugar
- y
desde dentro de este pobre hombre
- el
paso decisivo de mi vida.
- Señor:
pues tú lo sabes todo,
- pues
sabes que te amo con locura...
- requiero
tu presencia en mis renuncias,
- ...
en las que no pronuncio.
- Te
pido que me ayudes a negarme,
- vendiendo
lo que tengo, lo que soy,
- para
correr ligero, cual Teresa,
- y
así... Vivir de Amor.
|
- No
tengo palabras
- que
expresen lo que siento.
- Tan
sólo podrían
aproximarse
- el
silencio y la quietud,
- la
serena mirada de un anciano,
- el
gesto de una mano que bendice
- la
frente limpia de un recién
nacido.
-
- ¿Cómo
contar, de balsa que rebosa,
- la
dulce cantinela del agua que se
escapa?
- ¿Cómo
expresar el hondo sentimiento
- que
genera una lágrima fugaz?
- ¿Cómo
explicar, tan sólo con
palabras,
- todo
el amor que invade el corazón
- al
contemplarte expuesto en el altar?
-
- Confieso
mi impotencia;
- declaro
que mi alma en erupción
- aturde
mis sentidos, que no pueden
- volcar
al exterior mis sentimientos..
- Proclamo
que mi amor se te ha rendido.
-
- He
puesto mi mirada en la Hostia Blanca
- y
allí se me ha mostrado la
respuesta
- a
todas las preguntas formuladas tantas
veces.
- ¿Que
dónde está el Amor?. Señor:
¡en ti!.
- ¿Que
dónde la dulzura de unas
manos
- que
acarician un cuerpo destrozado?
- ¿Que
dónde la pasión del
padre
- que
espera perdonando?
- ¿Que
dónde están los brazos que,
cálidos,
- te
acogen, si vienes congelado?
-
- En
ti, Señor, en ti.
- Encuentro
las respuestas
- a
todas mis preguntas planteadas
- tan
solo con mirarte en el altar,
- paciente
y convertido en alimento.
-
- Tú
eres, mi Señor, el único sentido
de mi vida.
|
- A
Javier, mi hermano en Cristo,
- a
quien tuve la dicha de conocer
- un
mes de septiembre
- en
la Trapa de San Isidro de Dueñas
(Palencia)
-
Quiero
hacer, Señor, "puenting" sin
cuerda.
- "Puenting
de amor", lo llamo yo.
- Quiero
lanzarme a tus brazos,
- los
ojos cerrados
- y
el corazón abierto de par en
par.
- Quiero
dejar a un lado mis miedos,
- mis
prevenciones, mis lugares comunes,
- tan
cómodos por no comprometidos.
- Quiero
poner mi confianza en ti
- por
cima de mi vida.
- Quiero
decirte: aquí estoy, toma, saca,
corta,
- actúa
como quieras. Párteme y
reparte.
- No
temas, Señor, no temas
afligirme:
- ¡Te
tengo a ti!, ¡Te tengo en
mí!.
- Señor,
prepárate, allá voy.
- Me
lanzo sin temor hacia tus brazos
- sin
cuerda que me ate a nada de esta
vida.
|
- Quisiera
ser tan pobre, tan pobre,
- que
no tuviera nada que ofrecerte.
-
- Quisiera
no tener palabras ni miradas,
- quisiera
no tener ni pensamientos.
-
- Quisiera
estar vacío, vacío por
completo,
- tener
las manos limpias de nada que
ofrecerte.
-
- Quisiera
no tener ni nombre ni apellidos.
- Quisiera
no ser nada, nada,
- para
que Tú pudieras serlo todo.
-
- Quisiera,
así,
- venir
cada mañana hasta tu lado,
- sentarme
junto a ti y no decirte nada.
- Ser
solo compañía de amor.
-
- Quisiera
mirar
- hasta
lo más profundo de tu amor
- y
amarte. Solo eso.
-
- Quisiera
ser tan sólo una frágil
vasija
- vacía
hasta de aire.
- Ser
pura receptividad que tiende a ti.
-
- Quisiera,
mi Señor, ser consumido
- en
una leve llama de amor
- y
darte ese calor.
-
- Quisiera
no ser más
- que
aquello que Tú quieras.
|
A
mi hermanilla Loli
- Gracias,
Señor, por darme tu silencio.
- Gracias
por tu sueño
- echado
en mi barquilla.
-
- Gracias
por dejarme
- andar
por tus caminos
- sin
darme ahora la mano.
-
- Gracias,
Señor, pues esta soledad
- es
obra de tu amor y tu cuidado.
-
- Tú
quieres que madure
- andando
tus caminos soltado de tu mano.
- Pues
bien, Señor, que sea.
- Mas
no apartes tu vista,
- que
puedo extraviarme.
-
- Seguro
que sabiendo tu mirada
- posada
sobre mí
- podré
andar tus caminos
- derecho
hasta tu casa.
-
- Gracias,
Señor,
- por
todos tus detalles.
|
- ¡Qué
frío hace en el mundo,
Señor,
- qué
poco amor encuentras!
-
- También
mi corazón es un refugio
- al
que le faltan tejas, al que le
faltan
- mantas
que pudieran darte un poco de calor.
-
- Me
hiciste así, Señor:
- humana
imperfección, fallo, defecto.
- Y
así me ofrezco a ti: tal como
soy.
-
- No
encontrarás en mí grandes
virtudes
- ni
rasgos generosos que destaquen.
- Tan
solo un corazón enamorado
- y
transido por tu amor, que no
merezco.
-
- Amor
en holocausto me he ofrecido:
- mil
veces por ayer; de nuevo en cada
hoy;
- y
así quiero seguir cada
mañana.
-
- Soy
poco, escaso, parco... ya lo
sé.
- Soy
yo, Señor... tú me
creaste.
-
- Pues
bien: tal como soy
- me
ofrezco con plena libertad
-
- Soy
tuyo, mi Señor. Haz lo que
quieras.
|
Anterior
�ndice
Siguiente
|