|
Inicio
Oraciones
(�ndice)
SI
FUERA TODO CRUZ...
- Señálame
los pasos; muéstrame tus
sendas.
- No
tengo más camino, Señor, que tu
Camino.
- No
tengo más tarea que amarte sin
medida.
- No
tengo otro destino que hacer tu
voluntad.
Estoy
siempre dispuesto a partir a donde
digas.
Carezco
de equipaje,
de
nada que me ate a nada de esta
tierra.
Se
iniciarán mis pasos
al
ver un gesto leve de tu mano.
Terminarán
allí donde decidas.
Me
tienes por completo a tu servicio:
vivir
en el silencio de los claustros,
correr
por esta selva que es la vida
del
mundo enloquecido de intereses;
volcar
mi corazón y mis
entrañas
sirviendo
en lo que mandes.
Te
quiero mi Señor, mi Dios, mi
Amado.
No
hay nada que requiera mi
atención
más
que servirte a ti.
No
tengo otro destino que hacer tu
voluntad.
|
|
| |
- Cayó
todo mi cuerpo a la tierra del
camino.
- Cayeron
las murallas de mi alma tan altiva.
- Cayó
todo mi ser, Señor, cuando
quisiste.
- ¡Gracias,
mi Dios, pues me llamaste
así!
|
- Despójame,
Señor, de mis seguridades,
- despójame
de todo cuanto tengo,
- desvísteme
de todos mis ropajes.
No
quiero tener deseos, ni imagen, ni
historia.
Tan
solo a tus ojos ser algo:
tu
hijo confiado en tus brazos que,
alegre,
abandona
en tus manos de Padre todos sus
asuntos.
No
quiero ser nada, mi Dios,
más
que lo que quieras.
Quedarme
muy quieto ante ti;
ser
tu compañía en cualquier
Sagrario,
en
cualquier lugar donde tu presencia
se
me hace patente.
¿Qué
más puede un hombre
pedirle
a su Dios de él enamorado?
Despójame,
sí, de todas mis ansias.
También
de lo bueno que pueda tener.
Hazme
puro hueco donde construir
tu
casa, tu hogar...
un
sitio apartado al que retirarte
para
tu oración... cual fuera
Betsaida.
Vacía,
Señor, todo mi equipaje:
me
quiero quedar como vine al mundo
ante
tu presencia: pequeño y
desnudo,
sin
ninguna cosa por la que me pueda
sentir
atraído, atado o vencido;
quedarme
vacío, quedarme sin nada:
depender
de ti... tan solo de ti.
Ser
tuyo, Señor, ser... sin
condiciones,
del
todo entregado a tu voluntad.
Ser
tuyo, Señor... solo por amor.
|
|
| |
- Dame,
Señor, si quieres, el don de la
humildad.
- No
lo quiero por mí. Lo quiero para
ti,
- para
amarte y alabarte sólo a ti,
- para
referir mis circunstancias tan sólo a tu
Persona.
Dame,
Señor, si quieres, el don de la
pobreza;
de
la pobreza de alma, de la pobreza
interior.
Quisiera
no tener, para tenerte sólo a
ti,
pues
solo contigo basta al hombre.
Dame,
Señor, si quieres, el don del amor
total
a
todo lo que sea tu voluntad.
No
quiero resignarme, ni aceptar:
tan
solo quiero amar aquello que en tu
Plan
de Amor de Padre preveas para
mí.
Dame,
Señor, si quieres, entrega confiada y
abandono
sin
límite en tus manos;
lanzarme,
sin temor a lo que venga,
a
todo lo que sea tu voluntad.
Mi
Dios, mi Amor, mi Todo...
tan
sólo Tú me importas,
tan
sólo Tú eres Lógica de
Vida.
Tan
sólo a ti quiero tender.
|
- Es
tu silencio, Señor, lo que ahora quieres
darme.
- Es
tu silencio en respuesta a todas mis
preguntas.
- Tu
silencio, que es paz
- en
medio de este ruido de la Tierra.
A
veces, mi Señor, entiendo tus
silencios
mejor
que otras respuestas
más
sonoras que me ofreces.
¡Encuentro
tanto amor en tu silencio!
¡Me
siento tan amado
en
esa paz que así me otorgas!
Silencio
y soledad, oculta oscuridad
a
todo lo que sea
el
ruido y el tumulto, el brillo de esta
tierra...
No
sé, mi Dios amado, qué puedo
haberte hecho
para
que vengas a inundarme de tu luz.
Tu
luz... y tu silencio.
No
entiendo cómo pueden ambos
darse,
los
dos al mismo tiempo.
La
luz que se origina en tu
presencia...
Silencio,
sí, mas no silencio surgido de la
nada;
silencio
impresionante que de tu majestad se me
deriva.
A
veces, mi Señor, este mismo
silencio
pudiera
ser tomado por ausencia.
Tan
sólo la soberbia de los
hombres
genera
una ceguera tan enorme.
Gracias,
Señor. Estás en todas
partes;
estás
en todo tiempo, ya lo sé.
Gracias,
Señor, por todos tus
silencios.
|
|
| |
- Me
siento un peregrino
- que
no se atreve a entrar
- en
la posada abierta del camino,
- en
tu corazón partido por la
lanza.
- Me
siento pecador, Señor
Jesús.
- Me
siento indigno de acercarme a ti,
- de
compartir la mesa en que te das.
- ¡Me
sé tan lejos de realizar en
mí
- lo
que aprendí oyendo tu
mensaje...!
Señor...
Señor Jesús... ¡cuánto
dolor
por
ser tan mal amigo,
por
ser tan mal discípulo...!
¡Cuánta
tristeza hay en mi corazón
al
verme así... tan poco
generoso,
tan
poco convertido a la bondad
profunda
y dilatada que me anuncias...!
Siento,
Señor, los dedos de tu mano
que,
en mi mejilla, enjugan esa
lágrima
pequeña
que resbala por la piel.
Siento,
Señor, tu abrazo que me
estrecha
fundiéndonos
los dos en uno solo.
Siento,
Señor, tu amor que no
merezco.
Siento
tu amor... y siento tu palabra.
¡Me
siento tan mezquino, mi
Señor,
me
siento tan pequeño y
miserable...!
Soy
nada, mi Jesús. Soy nada, ya lo
sé.
Partiendo
de esta nada, que en mí es
absoluta,
hoy
quiero renovarte de nuevo mi
promesa:
mi
entrega es por completo, Señor, sin
condiciones.
Te
ofrezco lo que tengo y todo lo que
soy.
Acepta,
mi Señor, la ofrenda de mi
amor:
amor
para el Amor;
llamita
para el Fuego Abrasador;
caricia
que al Abrazo Eterno se le entrega;
suspiro...
para Dios, en Hombre convertido.
|
- Como
el leproso, Señor, acudo a
ti.
- Enfermo
y moribundo arrastro mi miseria
- por
el fangoso camino de mi vida.
- Sucia
e infectada está mi alma. Es
lepra.
- La
lepra del pecado que atenaza,
inflexible,
- la
pobre condición de mi
persona.
Mis
ojos apenas si se atreven a cruzarse
camino
de tus ojos. Cayendo de rodillas
mi
voz se eleva a ti en tono
suplicante:
Jesús,
amor amado, ¡tan sólo tu palabra y
seré limpio!
No
mires mi miseria, mi amor (...¡amor
amado!)
no
mires mi miseria...
Contempla
en mi interior todo el dolor
sincero
que me embarga.
Leproso
y miserable ante ti caigo y,
postrado
de rodillas, te suplico:
Señor,
abrázame... ¡estréchame en
tus brazos
y
todo quedará bien limpio y
olvidado!
Piedad,
Señor, piedad...
piedad
para este barro.
|
|
| |
- Cual
vieja zapatilla que se adapta
- perfectamente
al pie que, de años, calza,
- quisiera
yo adaptarme, Amado mío,
- a
hacer tu voluntad manifestada.
¿De
qué me sirve ser enamorado
de
ti, como protesto cada día,
si
no adecuo mi acción y mi
jornada
para
tu Plan de Amor llevar a cabo?
Ya
ves, mi Dios, que es mi deseo
el
realizar fielmente lo que quieres.
Abrázame,
Señor, y no me sueltes
pues
mi miseria me arrastra muchas veces.
|
- Me
siento tan pequeño,
Señor,
- tan
lleno de miseria y de pecado....
- No
sé cómo me atrevo a levantar la
vista,
- a
contemplar tus clavos, tus
heridas...
Amor...
Amor... me siento enamorado,
me
siento acurrucado entre tus brazos,
me
sé tan protegido y tan
amado...
que
casi me rebelo en mi soberbia
al
asumir lo injusto de este caso:
me
amas sin medida, Señor,
perdonas
mis pecados,
me
das tu abrazo estrecho y apretado...
Y
yo no te respondo... no sé
corresponderte...
Y
quiero rebelarme,
y
quiero ser cambiado desde dentro
y
quiero verme otro, amante y
entregado,
vencido
en mi altivez, humilde y abrazado...
a
ti, Jesús amigo... hermano...
Señor:
preciso de humildad para aceptarme
pequeño,
miserable, tan poco generoso,
tan
falto de un amor que corresponda
a
tanto don volcado...
Ayúdame,
Señor,
ayúdame
a ponerme de rodillas
volviendo
la mirada al interior,
a
donde te escondiste.
Ayúdame
a llorar por mis pecados,
a
darte a ti las gracias.
Ayúdame
a admitir
que
yo sin ti soy nada.
Y
abrázame, Señor, abrázame
bien fuerte
y
no me dejes andar sin tu
compaña.
|
|
| |
- Si
en vez de mi mirada
- tan
sólo por tus ojos
contemplara...
-
- Si
en vez de mis caricias
- tan
sólo con tus manos
bendijera...
-
- Si
en vez de mis palabras
- tan
sólo con las tuyas
consolara...
-
- Si
en vez de en este amor
- tan
sólo en tu Amor recibiera...
-
-
- Si
ya en mi corazón
- tan
sólo, Cristo, a ti se te
encontrara...
-
- Si
ya, Jesús, a ti
- te
vieran confundido en mi persona...
-
- Si
fuera todo Cruz
- de
tanta cruz amada...
-
- Si
ya no fuera yo...
-
- Si
ya no fuera nada...
-
- Será
algún día,
Señor,
- lo
sé, lo sé, mi Amado.
- Será
cuando decida
- no
ser ya más yo mismo.
- Será
cuando, vacío,
- me
inundes con tu gracia,
- me
empapes, como esponja, de ti mismo,
- me
quemes como a un tronco
- que
ya no quiere ser
- más
que calor y llama.
- Señor...
¿porqué no hoy?
- ...
pues tú lo puedes todo...
- ¡concédeme
esta gracia!
|
- Ten
piedad, mi Señor, de mi
presente
- como
ya la tuviste del pasado,
- y
ya que el corazón me lo has
trocado,
- ayúdame
a vivir cristianamente.
Mira
que quiero verme transformado,
transido
de tu amor profundamente;
testigo
de tu Cruz, constantemente
de
espinas en mi cuerpo traspasado.
Pues
de ti me confieso enamorado,
sólo
tú has de ocupar mi
pensamiento
Señor,
amigo fiel, Crucificado.
Y
puesto de rodillas a tu lado
tan
sólo han de trabar
conocimiento
mis
ojos y tu cuerpo tan llagado.
|
|
| |
- Si
de la oscuridad me reclamaste
- con
tu Pasión tras verte
escarnecido,
- ¡cuánto
agradezco aquello que has sufrido,
- pues
que con ello, Amado, me salvaste!
Si
por tu celo y amor no me dejaste,
ya
que de ti fui siempre perseguido,
tan
solo es tuyo, Señor, lo
conseguido,
pues
con tu sangre y tus ojos me
alcanzaste.
¡Cuánta
miseria y lodo hay en mi vida!
¡Cuánto
sufriste, Amor, por no quererte!
¡Qué
salvación me has dado
inmerecida!
Vamos,
Señor: dame pronto la muerte,
ya
que por ella he de encontrar la
Vida...
Quiero
morir, Señor, ... para
tenerte.
|
- Me
postro humildemente en tu presencia,
- me
muestro cual me siento: derrotado,
- consciente
de mi nada. Acongojado
- pretendo
absolución a mi conciencia.
No
busco, mi Señor, tu
complacencia,
ni
busco en ti consuelo regalado.
Tan
solo aspiro a verme perdonado,
volver
a ti contrito con tu anuencia.
Si
por contarle a un hombre mi pecado
voy
a obtener perdón a mis
ofensas,
lo
contaré, Señor, y
detallado.
Si
por echar en tierra mis defensas
a
mi interior serás recuperado,
las
echaré, pues Tú bien lo
compensas.
|
|
| |
- Has
tocado, Señor, mi corazón
soberbio
- con
tu mano llagada, atravesada
- del
clavo de todos mis pecados.
¡Qué
dolor se amontona en mi costado
por
ver tanta maldad como he tenido!
¡Qué
pena me impondría
si
fuera juez que viera mis delitos!
Cayendo de rodillas
gimió
todo mi cuerpo arrepentido:
Señor,
Amor,
mi Bien
¿cómo
se pueden dar, los dos al mismo
tiempo,
ofensas
repetidas y amor apasionado?
Amor,
Amor, Amor,
despiértame
del sueño en el que muero,
transpórtame
a la Vida.
Ayúdame
a vivir muriendo cada día
a
todo lo que pueda ser yo mismo.
Ayúdame
a ofrecerte, enamorado,
lo
que es mi propio cuerpo, mis ideas,
por
si debieras verte, nuevamente,
mi
amor, crucificado.
|
- Ayúdame,
Señor, a despojarme
- de
todo lo que soy.
Quiero
difuminarme, atomizarme,
quedar
como un rocío imperceptible
que
impregne el terciopelo de tus rosas,
dotarlas
de frescor en madrugada.
Y
quiero evaporarme,
sin
huella que denote mi presencia,
cuando
el calor y luz de tu mirada
recorra
cada rosa del jardín
que
cuidas con esmero.
El
ser, para servirte en mis hermanos.
No
ser, para adorarte;
no
ser para que seas
en
mí lo que Tú quieras.
Ayúdame,
mi Dios, a despojarme
de
todo lo que soy
para
empezar a ser
un
poco e Ti mismo.
|
|
| |
- Quiero
no tener, Señor,
- otra
seguridad que la de tu amor.
Quiero
ver estallar la tempestad,
rugir
los truenos, caer los rayos,
romperse
el cielo en mil pedazos
y
asolar la tierra un diluvio nuevo
sin
acercarme a despertarte de tu
sueño
echado
a popa en mi barquilla.
Quiero
navegar en esta frágil vida
abandonando
el timón a tu cuidado.
Quiero
que en mi vida no se encuentre
cuestión
más importante o trascendente
que
verte a ti, tenerte presente de
continuo.
Quiero,
Señor, tomar las decisiones que me
incumban
desde
tu perspectiva, desde tu corazón
enamorado.
Quiero
vivir pasando de puntillas por la
vida,
oculto
e ignorado.
Quiero
vivir muriendo a mis caprichos,
dejando
que las cosas de mi vida
transcurran
tan solo a tu cuidado.
Quiero,
Señor, que tomes en tus manos lo que
soy,
que
aceptes mi presente y mi futuro
y
hagas y dispongas a tu antojo.
Quiero,
Señor, perder toda la esencia de mi
vida
y
que tan solo Tú dispongas lo que
quieras.
Quiero,
Señor, ser consumido
por
un último aliento
al
exhalar tu nombre, Jesús
mío.
|
- Madera
ya empapada por la sangre
- manada
de tus manos y tus pies,
- vertida
por las llagas de tu espalda.
Madera
atravesada por los clavos
que
a ti te taladraron.
Madera
utilizada
envejecida
del
uso que le has dado en veinte
siglos.
Madera
bien pesada que llevaste
pensando
solo en mí, en todos mis
pecados.
Ya
es hora, mi Señor, que te
releve:
hacerla
toda mía,
tomar
sobre mis hombros,
con
gesto de alegría,
mi
cruz de cada día negándome a
mí mismo.
Sí
quiero, buen Jesús, venir en pos de
ti,
pues
tú eres el Camino, Verdad
¡el
Agua Viva!.
|
|
Anterior
�ndice
Siguiente
|