|
|
SOLO
|
TÚ
|
|
|
- Mis
flaquezas, Señor, son un armario
- en el
que escondo el montón de mis defectos.
- Mis
flaquezas, Señor, son cada día,
- más
abundantes que las flores de mi afecto.
- En mis
flaquezas escondo cobardía,
- ruindad
y desapego de tu Cruz.
- En mis
flaquezas, Jesús, te muestro al hombre
- sin
vestiduras que escondan mi verdad.
- Soy yo,
mi Dios, sin oropeles, sin brillos
- ni
palabras que me oculten.
- Soy yo,
que necesito cada día
- ser
salvado de nuevo, Jesús mío.
- Y tus
manos, extendidas otra vez,
- aceptan
ser clavadas hoy también.
- Y al
entrar el clavo, a cada golpe,
- me
lanzas tu mirada generosa,
- rebosante
de amor y que perdona.
- Y yo,
Jesús, me siento conmovido...
- ¡Me
siento tan cobarde... tan poco generoso...!
- Mis
flaquezas, Señor... acepta mis
flaquezas.
- Son mi
ofrenda de hoy... mi amor sincero.
- Son...
lo único que tengo.
|
Volver
|
|
|
|
- Quiero, Señor,
perder el brillo;
- quiero quedar
opaco,
- desgastado por el uso
del amor.
- Quiero ser, como
Teresa, una rosa deshojada
- cuyos pétalos
se lanzan a tu paso
- y, en ese vuelo
efímero, cantar tus alabanzas.
- Y después,
deshecho y olvidado, no ser nada:
- tan solo para ti
tener sentido.
- Quiero, Señor,
lanzar cada mañana
- un ¡FIAT!
generoso
- y luego, cada tarde,
postrarme en tu presencia
- y, humilde y
confiado, disculparme
- de todas mis
flaquezas, mis ausencias...
- Quiero, Señor,
quemar cada minuto de mi vida
- menguando en tu
servicio, de modo que Tú crezcas.
- Quiero, Señor,
amar sencillamente,
- amar como has
amado:
- sin nada que esperar
a cambio de ese amor.
|
|
|
- Al terminar cada
día
- quisiera ofrecerte,
Señor, las manos vacías
- después de
haber repartido todo lo que soy y tengo
- entre tanta gente con
la que me he cruzado.
- Quisiera haber dejado
mi corazón repartido
- entre todos los que
sufren:
- unos en el cuerpo;
otros, pobres, en el alma.
- Quisiera haber dejado
mi palabra entre los sordos
- que apenas si oyen
hablar de ti.
- Quisiera haber dejado
mi mirada entre los ciegos
- que no te ven en los
pliegues de la vida.
- Quisiera haber dejado
mi amor a ti
- entre los que no
sienten amor ni compasión por nadie.
- Quisiera haber dejado
mis caricias a los duros,
- a los que no se
enternecen ante nada.
- Quisiera haber
transferido mi sangre a los heridos,
- a los que lloran, a
los que están hundidos.
- Quisiera haberme
quedado sin abrazos
- de tantos como
hubiera debido repartir.
- Quisiera haber dejado
hasta el aliento
- en todos los que
están como vencidos.
- Quisiera terminar,
Señor, mi día,
- sin nada que
ofrecerte, las manos ya vacías...
- Así, de esta
manera,
- no tendrías,
Jesús, otro remedio
- que llenarlas
tú mismo con tu amor
- para empezar de
nuevo, al otro día,
- a darme y repartirme
entre la gente.
- ... lo mismo que
haces Tú.
|
|
|
|
|
- Mira, Señor,
mi alma distraída
- en mil preocupaciones
de esta tierra:
- trabajo,
compañeros, amigos y familia,
- asuntos
personales
- de escasa
trascendencia para el alma.
- Y Tú no
estás presente
- en buena parte de
ellos.
- ¡Qué
tonto soy, Jesús, que no te hago
entrar
- en todos los asuntos
de mi vida...!
- Si cuando
estás, ya se
- que todo se revela
más sencillo.
- La sombra de tu Cruz
en mis asuntos
- trastoca todo el
orden e importancia.
- Se vuelven más
sencillos los problemas,
- amables las palabras
y dulces las miradas.
- Abrazo, como hermano,
al enemigo;
- se vuelven
comprensibles las flaquezas...
- Mira, Señor,
mi alma distraída
- en mil preocupaciones
de esta tierra:
- requiero tu presencia
en todas ellas
- para divinizar mis
pensamientos.
|
|
|
- Mírame,
Señor:
- soy tan importante
para mí...
- Mi corazón
está tan lleno de mí y de mis
cosas
- que apenas si cabes
Tú... si caben mis hermanos.
- Mírame,
Señor: si quieres, puedes curarme.
- Mi corazón
necesita el drenaje de tu amor
- para ser vaciado de
todos mis egoísmos,
- de todos mis
intereses particulares,
- de mis preferencias,
mis puntos de vista,
- mis gustos, mi amor
propio... mi soberbia...
- Mi corazón
necesita, Señor,
- vaciarse de mí
mismo y yo solo no puedo.
- Dame tu mano, tu
ayuda,
- tu apoyo
permanente.
- Ayúdame,
Señor, a hacer un hueco;
- un hueco total, en el
que quepas Tú.
- No quiero ser
más yo mismo:
- solo quiero ser
Tú,
- pensar, sentir y
actuar como Tú
- y quiero,
Jesús, morir de amor... como
Tú.
|
|
|
|
|
- Oración
para ante el Santísimo
-
- Ven, Señor,
mándanos tu Espíritu.
- Ayúdanos a
dejar fuera todo lo que no seas Tú
- para que puedas
colmar nuestros corazones.
-
- Tú,
Jesús, que lees sin dificultad en nuestro
interior;
- Tú, que lo
sabes todo de nosotros,
- Tú,
Señor Jesús, sabes que te
amamos.
-
- Tú, Amado, que
nos conoces a cada uno por nuestro nombre,
- Tú,
Jesús querido, Tú sabes que te
amamos.
-
- Venimos a que nos
mires a los ojos
- y veas en ellos
nuestra ansia de amor.
- Pero... somos tan
pequeños...
-
- Ven, Señor,
mándanos tu Espíritu
- y llena nuestros
corazones.
- Nos hemos hecho
capacidad para que Tú,
- Torrente de Agua
Viva, nos llenes hasta el borde.
-
- Ven, Señor...
mándanos tu Espíritu.
|
|
|
- Como un recién
nacido acudo a ti, mi Dios.
- No soy nada, no tengo
nada, no valgo nada.
- Te necesito,
Señor, y no se decírtelo.
- Lloro de hambre de
ti, Pan de Vida.
- Gimo atacado por la
sed de ti,
- Torrente de Agua
Viva.
- Grito ante un
profundo dolor en mis entrañas:
- si quieres puedes
curarme.
- Sucio por mi propia
miseria, te reclamo:
- si quieres puedes
limpiarme.
- Mírame, mi
Dios amado:
- no soy nada, no tengo
nada, no valgo nada.
- Solo Tú das
sentido a mi vida:
- nada más abrir
los ojos en la mañana,
- al lavarme, al
vestirme,
- al trabajar y al
relacionarme,
- al
dormirme...
- Si no estás
Tú... es la nada.
-
- Como a un
recién nacido, mi Dios,
- mírame como a
un recién nacido.
-
- Porque sólo
Tú eres todo mi horizonte.
|
|
|
|
|
- Has herido mi
corazón, Señor,
- con tu mirada
penetrante.
-
- Sangrando en mi
interior, suspiro
- de amor por tu
presencia.
- No bastan las
palabras:
- preciso del
silencio
- para expresar todo el
dolor
- presente en la
distancia
- que nos separa, mi
Dios.
-
- Deseo morir para
vivir,
- para abrazarte
eternamente,
- para apoyar mi cabeza
en tu regazo
- y descansar en ti,
Jesús amigo.
-
- Deseo vivir para
morir de amor,
- porque muriendo a
cada instante
- me acerco a ti y te
conquisto.
-
- Deseo, mi Dios,
amarte y adorarte cada día
- ...como si fuera el
último.
|
|
|
- En tu muerte,
Señor, está mi vida.
- En tu sangre y tu
cuerpo masacrado,
- mi
alimento.
- Tu palabra es mi
luz.
- Refugio para
mí tu corazón herido.
-
- Señor,
Señor, Señor:
- ¡me encuentro
tan contento de mí mismo!
- ¡Me he vuelto
tan soberbio al contemplar
- la pompa de
jabón que es mi vida!
-
- Preciso de tu cruz,
Jesús amado.
- Preciso que me
prestes
- los clavos que te
fijan al madero
- para pinchar, con
ellos,
- la jabonosa pompa de
mi vida.
- Preciso de tu herida
abierta por la lanza
- para encontrar en
ella mi refugio,
- para encontrar en
ella la razón
- de todo lo que
intuyo.
- Preciso de tu cruz
para morir
- a todo lo que
quiero.
- Preciso de tu cruz
para vivir
- allí donde me
quieres.
- Preciso no ser yo,
... para ser tú.
|
|
|
|
|
- Ven, Señor,
hasta mi corazón orante.
- Suplícote me
tomes en tus manos,
- ofrenda, como
víctima, a tu Padre.
- Me sé tan poca
cosa,
- me sé tan
confundido de por fuera...
-
- Señor: dame la
vuelta y muestra mis miserias.
- No quiero que me vean
de un brillo que no tengo.
- Aquello que reflejo
no es más que lo que Tú
- derramas a raudales
sobre mí.
- Me sé tan
miserable, mi Señor, que me duele
- todo este gran amor
que me derramas
- a manos de tus
hijos.
-
- Señor,
Señor, no tardes,
- acéptame cual
víctima en ofrenda.
- No pido que me
lleves,
- pues sé que no
merezco tu gloria todavía.
- Te pido que me
estreches el camino:
- la senda pedregosa y
empinada,
- la sequedad que hiera
la garganta,
- la espina que penetre
hasta clavarse
- del alma en el centro
más profundo.
- Y en todo ello tu
mano
- que sostenga mi gran
debilidad.
-
- Tu Cruz pido,
Señor, y tu sostén.
- Ya sé que no
merezco ser acepto,
- pues sólo
tengo un brillo sin valor.
- Te pido que me uses,
Jesús, y me desgastes;
- te pido que me dejes
tan viejo por el uso
- que no me quiera
nadie.
-
- En loco, mi
Señor, me has convertido:
- no sé
qué es lo que pido.
-
- Te quiero, mi
Señor,
- te quiero como un
niño...
- estoy ...
enamorado.
|
|
|
- Toma, Señor,
mi corazón: abierto
- como un cáliz
en tu ofrenda.
- Ya sé que
apenas si contiene
- un poco de mí
mismo,
- un poco que
entregarte.
- Son pocas mis
renuncias
- sacadas desde dentro
tan sólo por tu amor.
-
- Escaso el contenido
de este cáliz...
- Quiero multiplicarlo,
Señor, y tú lo sabes,
- con cosas
pequeñitas: no valgo
- para grandes
sacrificios.
- Soy débil y
pequeño, cobarde ante la Cruz.
- Ya ves, Señor,
tan sólo
- pequeños
detallitos que ofrecerte.
-
- Te ruego tu presencia
en el minuto
- constante de mi vida.
Presencia
- que me anime a las
renuncias,
- a aquellas mis
sonrisas que no salen
- si Tú no
estás conmigo.
-
- Tú sabes que
te amo,
- no obstante el poco
contenido de este cáliz.
-
- Me veo cada
mañana
- dispuesto a darlo
todo por tu amor.
- Y luego, cada
noche,
- ¡qué poco
es lo que he dado!
- Y sé que no te
importa, mi Señor,
- pero mi
corazón de hombre
- solloza acongojado
por tantas negativas:
- de cien pruebas
vividas en el día,
- apenas si
logré algunas de ellas
- ponerlas a tus
pies.
-
- Toma, Señor,
mi vida:
- apenas un vistazo se
merece. Lo sé.
- Pero es todo lo que
tengo.
- Pequeña y
miserable. Escasa. Ya lo sé.
- Toma, Señor,
mi vida. Tú pones lo que falta:
- amor, entrega,
cruz,
- abrazos y sonrisas.
Detalles abundantes.
-
- Toma, Señor,
mi cáliz. Está casi
vacío.
- Asómate a su
fondo y verás
- que se refleja en
él tu imagen santa.
- Esa es toda mi
ofrenda:
- tu imagen reflejada
en mi interior.
|
|
|
|
|
- Toma, Señor,
mi cuerpo en holocausto;
- toma mi mente tan
soberbia;
- toma mis bienes y mi
fama,
- mi pan, mi sol, mi
luz ... y mi palabra.
- Acepta cuanto soy y
todo lo que tengo.
- Vacíame por
completo, hasta quedar expuesto
- lo más
elemental de mi existencia.
- Vacíame,
Señor: anhelo la pobreza;
- tan sólo tu
presencia en mi interior
- completa ya mi
vida.
- ...
- ...
- ...
- Mi corazón,
herido por tu amor,
- desbarra enfebrecido.
No sé ni lo que digo.
- La llaga provocada al
roce de tu dedo
- se hace más
profunda cada día.
- ¡Agrava mi
dolencia, amante tan querido,
- agrávala hasta
el fin,
- ayúdame a
exhalar mi último suspiro!
|
|
|
- Hola,
Señor.
- Vengo a ponerme en
tus manos.
- Vengo a ofrecerme:
quiero dejarme hacer.
- Quiero ser arcilla,
moldeable, dúctil.
- Trabájame,
amásame, dame forma.
- Y si ves que me
quejo, no hagas caso:
- solo soy eso: arcilla
débil.
-
- Tómame en tus
manos, Padre amado,
- apriétame
hasta estirarme,
- vacíame hasta
darme capacidad,
- hornéame con
el calor intenso de tu amor,
- hasta adquirir la
consistencia que permita
- ser usado una y mil
veces en tu servicio.
-
- Y luego,
Señor, haz que mi capacidad
- no sea llenada
más que por ti.
- Lléname hasta
el borde
- y ayúdame a
darme a mis hermanos.
-
- Y cuando quieras,
Señor amado,
- rómpeme y
hazme polvillo
- que vuele, ligero,
hasta ti.
-
- Gracias,
Señor, por haberme creado.
- Gracias, porque he
podido sentir tu amor.
- Gracias, porque he
podido amarte.
|
|
|
|
|
- Gracias,
Señor.
- Tan sólo esa
palabra se me ocurre.
- Gracias.
- En todos mis asuntos
te he encontrado
- volcado a manos
llenas.
- Me siento
desbordado.
- Ninguna otra cosa
puedo hacer que repetirte:
- Gracias.
-
- Y yo, Señor,
¿en qué te correspondo?
- Pues mira, bien lo
sabes:
- yo soy la misma
nada;
- miseria es mi
existencia:
- escasos y
esqueléticos
- los actos de renuncia
que te ofrezco.
- ¡Me veo tan
deleznable, tan poco agradecido...!
- Preciso, mi
Señor, de más ayuda,
- que vuelvas del
revés mi cobardía
- que no se atreve a
nada;
- que en ese paso firme
que no me atrevo a dar
- te hagas tan
presente, tan presente,
- que deje de ser yo y
seas sólo Tú,
- y des, en mi
lugar
- y desde dentro de
este pobre hombre
- el paso decisivo de
mi vida.
- Señor: pues
tú lo sabes todo,
- pues sabes que te amo
con locura...
- requiero tu presencia
en mis renuncias,
- ... en las que no
pronuncio.
- Te pido que me ayudes
a negarme,
- vendiendo lo que
tengo, lo que soy,
- para correr ligero,
cual Teresa,
- y así... Vivir
de Amor.
|
|
|
- No tengo
palabras
- que expresen lo que
siento.
- Tan sólo
podrían aproximarse
- el silencio y la
quietud,
- la serena mirada de
un anciano,
- el gesto de una mano
que bendice
- la frente limpia de
un recién nacido.
- ¿Cómo
contar, de balsa que rebosa,
- la dulce cantinela
del agua que se escapa?
- ¿Cómo
expresar el hondo sentimiento
- que genera una
lágrima fugaz?
- ¿Cómo
explicar, tan sólo con palabras,
- todo el amor que
invade el corazón
- al contemplarte
expuesto en el altar?
- Confieso mi
impotencia;
- declaro que mi alma
en erupción
- aturde mis sentidos,
que no pueden
- volcar al exterior
mis sentimientos..
- Proclamo que mi amor
se te ha rendido.
- He puesto mi mirada
en la Hostia Blanca
- y allí se me
ha mostrado la respuesta
- a todas las preguntas
formuladas tantas veces.
- ¿Que
dónde está el Amor?. Señor: ¡en
ti!.
- ¿Que
dónde la dulzura de unas manos
- que acarician un
cuerpo destrozado?
- ¿Que
dónde la pasión del padre
- que espera
perdonando?
- ¿Que
dónde están los brazos que,
cálidos,
- te acogen, si vienes
congelado?
- En ti, Señor,
en ti.
- Encuentro las
respuestas
- a todas mis preguntas
planteadas
- tan solo con mirarte
en el altar,
- paciente y convertido
en alimento.
- Tú eres, mi
Señor, el único sentido de mi
vida.
|
|
|
|
|
- A
Javier, mi hermano en
Cristo,
- a
quien tuve la dicha de
conocer
- un
mes de septiembre
- en la
Trapa de San Isidro de Dueñas
(Palencia)
|
- Quiero hacer,
Señor, "puenting" sin cuerda.
- "Puenting de amor",
lo llamo yo.
- Quiero lanzarme a tus
brazos,
- los ojos
cerrados
- y el corazón
abierto de par en par.
- Quiero dejar a un
lado mis miedos,
- mis prevenciones, mis
lugares comunes,
- tan cómodos
por no comprometidos.
- Quiero poner mi
confianza en ti
- por cima de mi
vida.
- Quiero decirte:
aquí estoy, toma, saca, corta,
- actúa como
quieras. Párteme y reparte.
- No temas,
Señor, no temas afligirme:
- ¡Te tengo a ti!,
¡Te tengo en mí!.
- Señor,
prepárate, allá voy.
- Me lanzo sin temor
hacia tus brazos
- sin cuerda que me ate
a nada de esta vida.
|
|
|
- Quisiera ser tan
pobre, tan pobre,
- que no tuviera nada
que ofrecerte.
-
- Quisiera no tener
palabras ni miradas,
- quisiera no tener ni
pensamientos.
-
- Quisiera estar
vacío, vacío por completo,
- tener las manos
limpias de nada que ofrecerte.
-
- Quisiera no tener ni
nombre ni apellidos.
- Quisiera no ser nada,
nada,
- para que Tú
pudieras serlo todo.
-
- Quisiera,
así,
- venir cada
mañana hasta tu lado,
- sentarme junto a ti y
no decirte nada.
- Ser solo
compañía de amor.
-
- Quisiera
mirar
- hasta lo más
profundo de tu amor
- y amarte. Solo
eso.
-
- Quisiera ser tan
sólo una frágil vasija
- vacía hasta de
aire.
- Ser pura receptividad
que tiende a ti.
-
- Quisiera, mi
Señor, ser consumido
- en una leve llama de
amor
- y darte ese
calor.
-
- Quisiera no ser
más
- que aquello que
Tú quieras.
|
|
|
|
|
-
-
- Gracias,
Señor, por darme tu silencio.
- Gracias por tu
sueño
- echado en mi
barquilla.
-
- Gracias por
dejarme
- andar por tus
caminos
- sin darme ahora la
mano.
-
- Gracias,
Señor, pues esta soledad
- es obra de tu amor y
tu cuidado.
-
- Tú quieres que
madure
- andando tus caminos
soltado de tu mano.
- Pues bien,
Señor, que sea.
- Mas no apartes tu
vista,
- que puedo
extraviarme.
-
- Seguro que sabiendo
tu mirada
- posada sobre
mí
- podré andar
tus caminos
- derecho hasta tu
casa.
-
- Gracias,
Señor,
- por todos tus
detalles.
|
|
|
- ¡Qué
frío hace en el mundo, Señor,
- qué poco amor
encuentras!
- También mi
corazón es un refugio
- al que le faltan
tejas, al que le faltan
- mantas que pudieran
darte un poco de calor.
- Me hiciste
así, Señor:
- humana
imperfección, fallo, defecto.
- Y así me
ofrezco a ti: tal como soy.
- No encontrarás
en mí grandes virtudes
- ni rasgos generosos
que destaquen.
- Tan solo un
corazón enamorado
- y transido por tu
amor, que no merezco.
- Amor en holocausto me
he ofrecido:
- mil veces por ayer;
de nuevo en cada hoy;
- y así quiero
seguir cada mañana.
- Soy poco, escaso,
parco... ya lo sé.
- Soy yo,
Señor... tú me creaste.
- Pues bien: tal como
soy
- me ofrezco con plena
libertad
- Soy tuyo, mi
Señor. Haz lo que quieras.
|
|
|
|
|
- Señálame
los pasos; muéstrame tus sendas.
- No tengo más
camino, Señor, que tu Camino.
- No tengo más
tarea que amarte sin medida.
- No tengo otro destino
que hacer tu voluntad.
- Estoy siempre
dispuesto a partir a donde digas.
- Carezco de
equipaje,
- de nada que me ate a
nada de esta tierra.
- Se iniciarán
mis pasos
- al ver un gesto leve
de tu mano.
- Terminarán
allí donde decidas.
- Me tienes por
completo a tu servicio:
- vivir en el silencio
de los claustros,
- correr por esta selva
que es la vida
- del mundo enloquecido
de intereses;
- volcar mi
corazón y mis entrañas
- sirviendo en lo que
mandes.
- Te quiero mi
Señor, mi Dios, mi Amado.
- No hay nada que
requiera mi atención
- más que
servirte a ti.
- No tengo otro destino
que hacer tu voluntad.
|
|
|
- Cayó todo mi
cuerpo a la tierra del camino.
- Cayeron las murallas
de mi alma tan altiva.
- Cayó todo mi
ser, Señor, cuando quisiste.
- ¡Gracias, mi
Dios, pues me llamaste así!
|
|
|
|
|
- Despójame,
Señor, de mis seguridades,
- despójame de
todo cuanto tengo,
- desvísteme de
todos mis ropajes.
- No quiero tener
deseos, ni imagen, ni historia.
- Tan solo a tus ojos
ser algo:
- tu hijo confiado en
tus brazos que, alegre,
- abandona en tus manos
de Padre todos sus asuntos.
- No quiero ser nada,
mi Dios,
- más que lo que
quieras.
- Quedarme muy quieto
ante ti;
- ser tu
compañía en cualquier Sagrario,
- en cualquier lugar
donde tu presencia
- se me hace
patente.
- ¿Qué
más puede un hombre
- pedirle a su Dios de
él enamorado?
- Despójame,
sí, de todas mis ansias.
- También de lo
bueno que pueda tener.
- Hazme puro hueco
donde construir
- tu casa, tu
hogar...
- un sitio apartado al
que retirarte
- para tu
oración... cual fuera Betsaida.
- Vacía,
Señor, todo mi equipaje:
- me quiero quedar como
vine al mundo
- ante tu presencia:
pequeño y desnudo,
- sin ninguna cosa por
la que me pueda
- sentir
atraído, atado o vencido;
- quedarme
vacío, quedarme sin nada:
- depender de ti... tan
solo de ti.
- Ser tuyo,
Señor, ser... sin condiciones,
- del todo entregado a
tu voluntad.
- Ser tuyo,
Señor... solo por amor.
|
|
|
- Dame, Señor,
si quieres, el don de la humildad.
- No lo quiero por
mí. Lo quiero para ti,
- para amarte y
alabarte sólo a ti,
- para referir mis
circunstancias tan sólo a tu Persona.
- Dame, Señor,
si quieres, el don de la pobreza;
- de la pobreza de
alma, de la pobreza interior.
- Quisiera no tener,
para tenerte sólo a ti,
- pues solo contigo
basta al hombre.
- Dame, Señor,
si quieres, el don del amor total
- a todo lo que sea tu
voluntad.
- No quiero resignarme,
ni aceptar:
- tan solo quiero amar
aquello que en tu
- Plan de Amor de Padre
preveas para mí.
- Dame, Señor,
si quieres, entrega confiada y abandono
- sin límite en
tus manos;
- lanzarme, sin temor a
lo que venga,
- a todo lo que sea tu
voluntad.
- Mi Dios, mi Amor, mi
Todo...
- tan sólo
Tú me importas,
- tan sólo
Tú eres Lógica de Vida.
- Tan sólo a ti
quiero tender.
|
|
|
|
|
- Es tu silencio,
Señor, lo que ahora quieres darme.
- Es tu silencio en
respuesta a todas mis preguntas.
- Tu silencio, que es
paz
- en medio de este
ruido de la Tierra.
- A veces, mi
Señor, entiendo tus silencios
- mejor que otras
respuestas
- más sonoras
que me ofreces.
- ¡Encuentro tanto
amor en tu silencio!
- ¡Me siento tan
amado
- en esa paz que
así me otorgas!
- Silencio y soledad,
oculta oscuridad
- a todo lo que
sea
- el ruido y el
tumulto, el brillo de esta tierra...
- No sé, mi Dios
amado, qué puedo haberte hecho
- para que vengas a
inundarme de tu luz.
- Tu luz... y tu
silencio.
- No entiendo
cómo pueden ambos darse,
- los dos al mismo
tiempo.
- La luz que se origina
en tu presencia...
- Silencio, sí,
mas no silencio surgido de la nada;
- silencio
impresionante que de tu majestad se me
deriva.
- A veces, mi
Señor, este mismo silencio
- pudiera ser tomado
por ausencia.
- Tan sólo la
soberbia de los hombres
- genera una ceguera
tan enorme.
- Gracias,
Señor. Estás en todas partes;
- estás en todo
tiempo, ya lo sé.
- Gracias,
Señor, por todos tus silencios.
|