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Cada
vez que experimentes tus duplicidades, tus malas
inclinaciones o tus debilidades, vuelve sin
cansarte bajo esta mirada de ternura que purifica y
transforma. Admite sencillamente que el fondo de tu
corazón es impenetrable, que tienes ciertas
actitudes torcidas y que no eres dueño de
las profundidades y aún menos de la
superficie de tu ser.
(Jean
Lafrance)
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