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El
ayuno debe observarse no solo respecto de la
comida, sino respecto de los deleites de la carne y
de todo gusto del cuerpo.
(San
Bernardo)
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El ayuno
flexibiliza el cuerpo y los sentidos dejan de
reclamar su alimento, lo que permite que la
oración se haga seria, incluso si resulta
dolorosa y árida.
(Jean
Lafrance)
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El ayuno no
hace más que expresar en el plano e los
signos la actitud interior de penitencia; la
refuerza inscribiéndola en le carne. El
pecador que se priva de alimentos traduce
concretamente su hambre de amor a Dios. Proclama
que "no solo de pan vive el hombre sino de todo lo
que sale de la boca del Señor" (Dt. 8,3; Mt.
4,4). (Jean
Lafrance)
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He visto y
comprobado que estoy más fervoroso y
más cerca de Dios, cuanta más hambre
tengo y más se me doblan las piernas.
(Rafael Arnáiz)
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No es
posible convertirse al Señor de todo
corazón, sino haciendo pedazos el
corazón.
(San
Bernardo)
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Para que su
oración se traduzca en actos concretos de
conversión, el pecador une a ella el ayuno y
la penitencia exterior.
(Jean
Lafrance)
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Se debe
ayunar más de los vicios que de los
manjares.
(San Bernardo)
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