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DESAPEGO
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- Consagrarse
es más que sacrificarse, es más
que darse, es aún algo más que
abandonarse a Dios. Consagrarse, en fin, es
morir a todos y a sí mismo, no ocuparse
ya de mi yo, más que para mantenerlo
siempre vuelto hacia Dios.
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Consagrarse es, también, no buscarse en
nada, ni para lo espiritual, ni para lo
corporal, es decir, no buscar ya la
satisfacción propia, sino
únicamente complacer a Dios.
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Hay que añadir que consagrarse incluye
también este espíritu de
desprendimiento que no se apega a nada, ni a las
personas, ni a las cosas, ni a los lugares. Es
adherirse a todo, aceptar todo, someterse a
todo.
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Entregarse es más que dedicarse, es
más que darse, es incluso más que
abandonarse a Dios... Entregarse, en definitiva,
es morir a todo y a sí mismo, no ocuparse
del yo más que para tenerlo siempre
vuelto hacia Dios...
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Entregarse es, además, no buscarse en
nada ni para lo espiritual ni para lo corporal,
es decir, no buscar ya satisfacción
propia sino únicamente la voluntad
divina. Hay que añadir que entregarse es
también ese espíritu de desapego
que no se aferra a nada, ni a las personas, ni a
los momentos, ni a los lugares. Es adherirse a
todo, aceptarlo todo, someterse a todo.
(Santa
Teresa Courderc)
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Estoy desarmado de la voluntad de tener
razón, de justificarme descalificando a
los demás.
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He dejado ya de vivir preocupado, celosamente
crispado sobre mis riquezas. Acojo y comparto.
No me apego de modo particular a mis ideas ni a
mis proyectos. Si me presentan otros mejores, o
sin ser mejores, buenos, los acepto sin pena. He
renunciado al comparativo. Lo que es bueno,
real, verdadero, es para mí siempre lo
mejor. (Patriarca
Atenágoras)
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Jesús,
el Amado de nuestras almas, viene a nosotros y
halla nuestros corazones llenos de deseos, de
afectos y de pequeños gustos. No es esto lo
que él busca, sino que querría
hallarlos vacíos para hacerse dueño y
guía suyo.
(San
Francisco de Sales)
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Lo que eran
para mí ganancias, eso lo considero por
Cristo como pérdidas; porque todo lo estimo
como pérdida y lo considero basura ante el
sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor.
(San
Pablo)
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No es
posible que esta altísima sabiduría y
lenguaje de Dios, cual es la contemplación,
se pueda recibir menos que en espíritu
callado y desarrimado de sabores y noticias
discursivas, porque así lo dice
Isaías por estas palabras (28, 9) diciendo:
¿A quien se instruirá en el
conocimiento?, ¿a quién se le
hará entender lo que oye? Y él
responde: A los destetados de la leche, esto es, de
los jugos y gustos, y a los retirados de los
pechos, esto es, de las noticias y aprehensiones
particulares.
(San
Juan de la Cruz)
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