|
Hay
en el corazón de cada persona un lugar
secreto, al que ningún hombre tiene acceso,
porque procede del dominio de la gracia y de la
libertad personal. El guía espiritual,
aún el más experimentado y el
más santo, está llamado a mantenerse
humilde y respetuosamente a la puerta de este
misterio. Puede favorecer la eclosión de la
gracia y de la libertad, ayudando a descombrar la
entrada, pero no puede suscitar por sí mismo
el paso personal de adhesión a
Dios.
(Jean Lafrance)
|