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ENTREGA
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Acéptame,
Señor, tal como soy, enfermo, inútil,
disipado y negligente.
(Rafael Arnáiz)
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Bástete
purificar la intención en todo momento, y en
todo momento amar a Dios; hacerlo todo por amor y
con amor... El hecho en sí no es nada y nada
vale. Lo que vale es la manera de hacerlo.
(Rafael Arnáiz)
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Buscar el
bien no es la verdadera caridad cuando se quiere el
bien (...) por el bien. La divina caridad quiere,
sin duda, el bien, pero lo quiere por Dios.
¡Cuántos desalientos, cuántas
envidias, cuántas pequeñeces en los
hombres menos amigos de nuestro "Señor" que
del bien! (...) Ámanse a sí mismos y
prefieren el bien humano al divino; aparentan ir a
Jesucristo, y no hacen sino un hábil, y con
frecuencia inconsciente, rodeo para volver a
sí mismos, ignorando la diferencia que media
entre un hombre de bien y un hombre de Dios.
¡Cuántas obras brillantes en
apariencia, son estériles en realidad,
porque el amor propio más bien que el amor
divino, había precedido a su
formación y a su dirección!
(Dom
Vital Lehodey)
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Calla ante
los hombres, pero guarda tu corazón abierto
para percibir por encima de sus palabras su
angustia existencial. Tal vez te pidan pan, un
servicio material, o no tengan necesidad de nada,
pero si te hablan es que tienen hambre de tu
sonrisa y de tu amistad, en definitiva, de Dios.
(Jean
Lafrance)
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Cuando
hacemos algo debemos consumirnos por completo, como
una hoguera bien encendida, sin dejar huella de
nosotros mismos.
(Shunyru Suzuki)
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Dios
trabaja para mí... yo trabajaba para
él, y nunca mi alma ha adelantado tanto...
No buscaba ser amada, no me preocupaba de lo que se
pudiera decir o pensar de mí, no buscaba
sino complacer a Dios, sin desear que mis esfuerzos
diesen frutos. Sí, hay que sembrar el bien a
nuestro alrededor sin preocuparnos de su cosecha.
El trabajo para nosotros, el éxito para
Jesús. No temer la batalla cuando se trata
del bien del prójimo, reprender a despecho
de la propia tranquilidad personal, y mucho
más con el fin de servir a ¨Dios que
con el fin de lograr que las novicias comprendan. Y
para que una reprensión reporte fruto, es
necesario que cueste hacerla y no tener ni sombra
de pasión en el corazón.
(Santa Teresa de Lisieux)
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El amor a
los hermanos es una locura aún mayor que la
de amar a Dios, por una razón muy sencilla,
porque Dios es amable y el prójimo no lo es
siempre. (Jean
Lafrance)
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El que
siembra en su carne, de la carne cosechará
corrupción; pero el que siembra en el
espíritu, del espíritu
cosechará vida eterna.
(San
Pablo)
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El que todo
lo deja, sufre..., el que todo lo deja por Dios,
goza sufriendo.
(Rafael Arnáiz)
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Estoy
crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es
Cristo quien vive en mi. Y, mientras vivo en esta
carne, vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me
amó hasta entregarse por mí.
(San
Pablo)
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HACER
acarrea éxito, pero SER da fruto. La gran
paradoja de nuestras vidas consiste en que a menudo
nos preocupamos por lo que hacemos o por lo que
todavía podemos hacer, pero lo más
probable es que nos recuerden por lo que fuimos.
(Henry
Nouwen)
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Jesús
vivió menos de cuarenta años; no
viajó fuera de las fronteras de su propio
país; la gente que lo conoció durante
su vida apenas le entendió; y cuando
murió, sólo unos pocos de sus
seguidores permanecieron fieles a él. En
todos los aspectos su vida fue un fracaso. El
éxito lo había abandonado, su
popularidad había disminuido, y todo su
poder había desaparecido. Sin embargo, pocas
vidas han dado tanto fruto; pocas vidas han
afectado la forma de pensar y de sentir de otras
personas de manera tan profunda; pocas han dado
forma de tal manera a las culturas futuras; pocas
han influido de forma tan radical en los patrones
de las decisiones humanas. El mismo Jesucristo
hacía sin cesar referencia al fruto que
habría de dar su vida, que solo se
manifestaría tras su muerte.
(Henry
Nouwen)
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La herida
luminosa de las manos del Señor resucitado
no se pueden ver en unas vidas mediocres en su
entrega o poco evangélicas en su
definición.
(Jaume
Boada)
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La vida en
plenitud es morir por algo, desaparecer en cada
entrega, en cada acto de amor, aniquilarse con
alegría en cada paso.
(Miguel
Márquez Calle)
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Las
personas sólo están preparadas para
comprometerse con las demás cuando ya no se
concentran en ellas mismas.
(Henry
Nouwen)
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Lo que era
para mí una ganancia, lo he juzgado una
pérdida a causa de Cristo. Y más
aún: juzgo que todo es pérdida ante
la sublimidad del conocimiento de Cristo
Jesús, mi Señor, por quien
perdí todas las cosas, y las tengo por
basura para ganar a Cristo.
(San
Pablo)
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Lo que
hagáis, hacedlo con toda el alma, como para
servir al Señor y no a los hombres, sabiendo
que el Señor os dará la herencia en
recompensa. Servid a Cristo Señor.
(San
Pablo)
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Mátame
si quieres... Toma mi vida, empléala en lo
que quieras, abre, taja y raja, despedaza, une y
desune..., haz trizas de mí,,,, haz lo que
quieras, yo nada quiero más que amarte con
frenesí, con locura,,, Adorar tu voluntad
que es la mía, vivir absorto en tu inmensa
piedad para conmigo...
(Rafael Arnáiz)
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Orar es
someterse sinceramente a la acción de
Dios... es entregarse a Él, humilde y
confiadamente.
(Liagre)
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Para
mí el vivir es Cristo, y el morir una
ganancia. (San
Pablo)
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Pues toda
nuestra existencia es puro don de tu liberalidad,
que también cada una de nuestras acciones te
esté plenamente dedicada.
(Laudes
Sábado II semana)
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Que cada
cual ponga al servicio de los demás la
gracia que ha recibido, como buenos administradores
de las diversas gracias de
Dios.
(San Pedro)
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Que vengan
los sabios preguntando dónde está
Dios. Dios está donde el sabio con la
ciencia soberbia no puede llegar... Dios
está en el corazón desprendido..., en
el silencio de la oración, en el sacrificio
voluntario al dolor, en el vacío del mundo y
sus criaturas.
(Rafael Arnáiz)
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Si quieres
orar, empieza por estar atento a tus hermanos.
Sé acogedor y silencioso ante ellos,
escúchales en profundidad, discerniendo,
más allá de sus palabras, el
sufrimiento o la alegría que no llegan a
expresar. Deja que todo esto penetre tu
corazón, desaparece ante el otro; esto es
perder la vida por los hermanos.
(Jean
Lafrance)
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Sólo
tenemos el breve instante de la vida para dar a
Dios. (Santa
Teresa de Lisieux)
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Tu ser es
tu esencia. Vales mucho más que tus
palabras, tus pensamientos y tus obras. Tienes que
entregar a Dios tu ser, despojado de todo poseer y
de todo obrar. Cuántas veces tus posesiones
te han impedido existir. Cuanto más avances
en la vida de oración, más pobre,
despojado y sencillo serás. Entonces
harás oración con el fondo de tu ser,
más allá de las palabras. Como
Charles de Foucauld, te ofrecerás ante Dios
en pura pérdida de ti.
(Jean
Lafrance)
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Vivo,
Señor mío, enfangado en mis propias
miserias y, al mismo tiempo, no sueño ni
vivo más que para Ti. ¿Cómo se
entiende esto?
(Rafael Arnáiz)
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