|
Atribulados
en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no
desconcertados; perseguidos, pero no abandonados;
derribados, pero no destruidos. Llevamos siempre y
por todas partes en el cuerpo la muerte de
Jesús, para que también la vida de
Jesús se manifiesta en nuestro cuerpo.
(Pablo
de Tarso)
|