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INDIFERENCIA
- La indiferencia cristiana hay que restringirla a
ciertos acontecimientos que están
regulados por la voluntad de
beneplácito.
- Ha
de practicarse en las cosas que se relacionan
con la vida natural: como la salud, la
enfermedad, belleza, fealdad, debilidad, la
fuerza; en las cosas de la vida civil, acerca de
los honores, dignidades, riquezas, en las
situaciones de la vida espiritual, como
sequedades, consolaciones, gustos, arideces; en
las acciones, en los sufrimientos y por fin en
todo género de
acontecimientos.
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Dicha indiferencia debe extenderse al pasado, al
presente, al porvenir; al cuerpo y a todos sus
estados, al alma y a todas sus miserias y
cualidades, a los bienes y a los males, a las
vicisitudes del mundo material y a las
revoluciones del mundo moral, a la vida y a la
muerte, al tiempo y a la eternidad,.
(Dom
Vital Lehodey)
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Lo mismo me
da, Señor, el honor que el desprecio.
(Rafael Arnáiz)
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Un alma
santamente indiferente se parece a una balanza en
equilibrio, dispuesta a ladearse a la parte que
quiera la voluntad divina (...) o a una hoja de
papel en blanco sobre la cual Dios puede escribir a
su gusto. (Dom
Vital Lehodey)
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Una de las
transformaciones que Jesús ha hecho en mi
alma ha sido la indiferencia.
(Rafael Arnáiz)
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