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A menudo
piensas que orar es desarrollar ante Dios bellas
consideraciones intelectuales.
Desengáñate, Dios no tiene ninguna
necesidad de tus ideas, las tiene infinitamente
más bellas que tú.
(Jean
Lafrance)
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Antes de
intentar aprender a orar bien -lo cual no depende
de ti-, es preferible que intentes no cansarte
jamás en la oración. Dios no busca
personas que recen bien, sino hombres que no cesen
nunca de orar. A los que oran mucho, el Padre les
concede el don de la oración pura. Es muy
llamativo que en sus apariciones la Virgen insista
siempre en que se rece mucho; más, parece,
que en que se rece bien. Puede resultar
extraño, prestándose incluso a
formular ciertas objeciones; sin embargo, se
comprende sólo con recordar que la
"cantidad" depende de nosotros, mientras que la
"calidad" depende del Padre de las luces, del cual
procede todo don perfecto.
(Jean
Lafrance)
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Aprende a
mantenerte ahí enfrente del Padre en el
silencio de todo tu ser y sobre todo con conciencia
plena de su amor. Para qué hablar para
decirlo lo que sabe y ve mucho mejor que tú.
(Jean
Lafrance)
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Aprender a
orar es aceptar la pobreza de callar y sentir el
silencio. Es éste un silencio que, a la
larga, resulta elocuente.
(Jaume
Boada)
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Aprender a
orar es aceptar la pobreza de callar y sentir el
silencio. Es éste un silencio que, a la
larga, resulta elocuente.
(Jaume
Boada)
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Aunque todo
lo que tú deseas se cumpliera, nada
tendrías si tu alma no estuviera en soledad
y tu corazón en oración.
(Rafael Arnáiz)
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...
comprendes lo mucho que cambia tu oración
cuando descubres que Jesucristo vive en ti, hasta
el punto de que es más real a ti mismo que
lo eres tú. (...) No formas con él
más que uno solo ¿porqué
buscarlo fuera como si fuese exterior a ti? Ser
cristiano es dejarse comprometer desde el interior
por Cristo, aceptar el dejarle pensar, querer y
amar en ti.
(Jean
Lafrance)
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Cuando
siento una amargura en mí, la coloco entre
Dios y yo y le ruego hasta que la la transforma en
dulzura. (San
Alonso Rodríguez)
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Cuando
vienes junto a Jesús, no trates de dar a tu
presencia ningún contenido de pensamiento,
de sentimiento o de voluntad, sino estáte
allí sencillamente, presente al eterno
presente. Déjale que te mire y te ame, no
escapes a su mirada y consiente en dejarte abrazar
por Él.
(Jean
Lafrance)
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Dios da la
gracia de la oración al que reza.
(Juliana
Vermeire)
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Dios
necesita tu plegaria. Sólo puede conceder si
pides, puesto que respeta infinitamente tu
libertad. (Michel
Quoist)
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El ayuno
flexibiliza el cuerpo y los sentidos dejan de
reclamar su alimento, lo que permite que la
oración se haga seria, incluso si resulta
dolorosa y árida.
(Jean
Lafrance)
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El ayuno no
hace más que expresar en el plano e los
signos la actitud interior de penitencia; la
refuerza inscribiéndola en le carne. El
pecador que se priva de alimentos traduce
concretamente su hambre de amor a Dios. Proclama
que "no solo de pan vive el hombre sino de todo lo
que sale de la boca del Señor" (Dt. 8,3; Mt.
4,4). (Jean
Lafrance)
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El escribir
de Dios es también un método de
oración.
(Rafael Arnáiz)
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- El
progreso en la oración es el de un
continuo empobrecimiento. ... (...) ... en la
oración todo termina por reducirse a una
sola intuición o a algunas palabras
repetidas indefinidamente. Por ejemplo, el puro
sentimiento de la presencia de Dios te mantiene
en silencio a lo largo de toda tu
oración, o murmuras durante horas una
sola invocación como la oración de
Jesús.
-
La experiencia de la oración se parece a
la de la amistad. En los comienzos, sientes la
necesidad de comunicar a tu amigo muchos
pensamientos y sentimientos, y, poco a poco, las
palabras disminuyen para mantenerte en un
profundo silencio ante el otro. Lo mismo sucede
en la oración: a medida que avanzas, el
silencio va adquiriendo más tiempo e
importancia que las palabras. Todo tiene lugar
en un más allá de las palabras y
te basta una breve palabra de la Escritura para
alimentar toda tu oración.
(Jean
Lafrance)
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El que
quiere orar ininterrumpidamente debe ser valeroso y
sabio, y pedir consejo en todo a su padre
espiritual. Si el padre espiritual no ha pasado
personalmente por la experiencia de la
oración, pregúntale de todos modos, y
por tu humildad el Señor tendrá
piedad de ti y te preservará de cualquier
error. Pero si dices: "Este padre espiritual debe
ser inexperto, pues está demasiado agitado,
voy a dirigirme por mí mismo con ayuda de
los libros", estás en una dirección
peligrosa y en el umbral de la ilusión
espiritual.
(Silouane
el Atonita)
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El silencio
de la noche hace grande la más
pequeña oración.
(Rafael Arnáiz)
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En cuanto
surge en nosotros una amargura o un sentimiento de
venganza o de envidia o cualquier agresividad, hay
que ponerse de rodillas y suplicar a Dios que nos
lo cambie en dulzura.
(Jean Lafrance)
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En la
oración, que la intrepidez se adueñe
de ti como de la viuda ante el juez. Vete a
encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta,
grita, suplica a intercede. Y si la puerta parece
cerrada, vuelva a la carga, pide, pide hasta
romperle los oídos.
(Jean
Lafrance)
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En la
oración sucede como en el amor humano: al
principio abundan las palabras, después se
hacen más escasas, más verdaderas y
más profundas, hasta el momento en que
desaparecen en el silencio.
(Jean
Lafrance)
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¿En
qué consiste tu oración? Pues en
actos seguidos de amor de Dios, hasta que un
día se conviertan en uno solo, y entonces de
veras quedes inflamado.
(Rafael Arnáiz)
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Entre la
miseria y la misericordia, está el grito de
la oración.
(Jean Lafrance)
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¿Has
oído gemir a un enfermo presa de un intenso
sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a
esta queja a menos que tenga un corazón de
piedra. En la oración, Dios espera que metas
ese bemol de violencia, de vehemencia y de
imploración para volcarse sobre ti y
escuchar tu imploración.
(Jean
Lafrance)
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Hay que
estar arrinconado en la pobreza para que, desde el
fondo de la miseria y de la angustia, suba una
verdadera súplica.
(Jean
Lafrance)
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He
aquí la vida de oración... No hay que
poner lo que ya está, sino que hay que
quitar lo que sobra.
(Rafael Arnáiz)
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La
fidelidad a la oración y la caridad fraterna
serán para nosotros señales de
discernimiento para comprobar la autenticidad del
abandono. (Jaume
Boada)
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La marca de
autenticidad de vida de oración es la
humildad. (Pedro
Finkler)
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La mejor
manera de hablar de Dios es que se vea en ti que le
buscas constantemente, que le añoras como al
único absoluto de tu vida, que le vives en
un camino de búsqueda sin fin.
(Jaume
Boada)
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La
oración no se aprende más que en la
oración.
(Jean
Lafrance)
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La
única enseñanza de Cristo sobre la
oración es para decirnos que hay que orar
sin cesar, sin cansarnos nunca, y que nos
mantengamos firmes en la súplica.
(Jean
Lafrance)
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Las
distracciones se hacen oración cuando
pensamos en ellas con Dios. Luchar contra ellas
supone a veces distraerse más.
(Madeleine
Delbrêl)
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Lo que me
sustenta durante la oración, por encima de
todo, es el Evangelio. En él encuentro todo
lo que necesita mi pobre alma.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Los hombres
que oran son los pulmones de la humanidad.
(Jean
Lafrance)
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Ora
intensamente para que Cristo te admita a seguirle
en la humildad de los verdaderos pobres que lo
esperan todo del Padre y nada en absoluta de
sí mismos.
(Jean
Lafrance)
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Oración:
estar y amar.
(Jaume Boada)
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Oración:
Hazme, Señor, posible por la gracia, lo que
me parece imposible por mi naturaleza. Tú
sabes cuán poco puedo yo padecer, y
qué presto desfallezco a la más leve
adversidad. Séame por tu nombre, amable y
deseable cualquier ejercicio de paciencia; porque
el padecer y ser atormentado por ti es de gran
salud para mi alma.
(Tomás
de Kempis)
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Orarás
de verdad el día en que adivines más
allá de las palabras de tus hermanos su
hambre de amor.
(Jean
Lafrance)
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Para orar
sólo necesitas ofrecer tu pobreza, tu
silencio, tu tiempo y tu deseo. Dios te concede
gratuitamente, como un don de su amor, lo que te
falta. (Jaume
Boada)
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Para orar
tenemos, en primer lugar, los grandes momentos: los
tiempos de recogimiento, la misa, etc..., que no
debemos suprimir más que en caso de absoluta
necesidad. No serán más
oración que el resto de la vid, pero son
necesarios para que el resto de la vida se
transforme en oración. Descubramos los
pequeños huecos innumerables, imprevistos y
minúsculos que envuelven todos nuestros
actos: la escalera que subimos para ir a hacer una
visita, la travesía de la casa para ir a
abrir la puerta, la espera de una llamada
telefónica, etc... En la medida en que
encontremos y preservemos estos pequeños o
grandes momentos, nuestros propios actos se
transformarán en oración.
(Madeleine
Delbrêl)
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Para que su
oración se traduzca en actos concretos de
conversión, el pecador une a ella el ayuno y
la penitencia
exterior.
(Jean Lafrance)
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Puedes
hacer esta experiencia que a mí me ha dejado
una profunda huella. Llegas a la oración, te
sientas en un sitio tranquilo, ante el sagrario por
ejemplo, o en tu celda, cierras los ojos y diriges
tu espíritu hacia tu corazón, es
decir, hacia lo más profundo de ti mismo.
Entonces llama al Espíritu con gran
insistencia, y luego repites despacio:
"Jesús, ten misericordia de mí".
Tendrás que volver a traer tu entendimiento
a las palabras, rechazando las palabras
inútiles, aún las que conciernen a
las cosas de Dios. De tiempo en tiempo, hacer unas
pausas en silencio sin decir nada, o entrecortar
tus palabras con profundos silencios. Y luego, en
el momento en que menos lo pienses, en un segundo
plano de tu conciencia, detrás de tu mente,
mucho más allá de tus ideas y de tus
sentimientos, sorprenderás que la
oración está en marcha en ti. Incluso
te sucederá a menudo que se te imponen luces
referentes a tu vida, que te da Dios sin que
tú lo sepas, o decisiones que debes tomar.
Es el dulce murmullo del Espíritu que educa
tu corazón y le conduce hacia la verdad
eterna. (Jean
Lafrance)
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¡Qué
grande es, pues, el poder de la oración! Se
diría que es como una reina que en todo
momento tiene acceso libre al rey y que puede
alcanzar todo lo que pide.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Reconocerás
la verdad de tu oración en la humildad de
toda tu vida y en la solidaridad por servir a tus
hermanos e interceder por ellos.
(Jean
Lafrance)
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Rezar es
aceptar ser encontrado por Dios en ese lugar de
nuestra persona donde él quiera hablarnos.
(Jean
Lafrance)
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Serás
hombre de oración cuando tengas el valor
suficiente de arrojarte, a lo largo de tu vida, en
ese misterio silencioso de Dios sin recibir en
apariencia otra respuesta que la fuerza de creer,
de esperar, de amar a Dios y a tus hermanos y, no
obstante, sigas orando.
(Jean
Lafrance)
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Si crees
que el Señor vive contigo, allí donde
tengas un lugar para vivir, tienes un lugar para
orar. (Madeleine
Delbrêl)
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Si quieres
orar, empieza por estar atento a tus hermanos.
Sé acogedor y silencioso ante ellos,
escúchales en profundidad, discerniendo,
más allá de sus palabras, el
sufrimiento o la alegría que no llegan a
expresar. Deja que todo esto penetre tu
corazón, desaparece ante el otro; esto es
perder la vida por los hermanos.
(Jean
Lafrance)
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Si supieses
lo atento que está Dios al menor de tus
clamores, no dejarías de suplicarle por tus
hermanos y por ti.
(Jean
Lafrance)
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Si vas
hasta el fin del mundo, encuentras el rostro de
Dios; si vas hasta el fondo de ti mismo, encuentras
al propio Dios.
(Madeleine
Delbrêl)
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Tendrás
la impresión de perder el tiempo, de no
hacer nada y te sentirás tentado de escapar.
Si aceptas el permanecer así en silencio, la
pobreza y la súplica ardiente, sin renunciar
a tu deseo de contemplar el rostro del
Señor, estáte seguro: el
Espíritu Santo se volcará sobre ti y
te arrebatará fácilmente.
(Jean
Lafrance)
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Toda mi
fuerza se encuentra en la oración y en el
sacrificio; esas son las armas invencibles que
Jesús me ha dado, y logran mover los
corazones mucho más que las palabras.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Tú
que diste vida a los muertos, haciendo pasar a la
humanidad entera de muerte a vida, concede a
cuantos se relacionen hoy con nosotros el don de la
vida eterna.
(Oficio
divino)
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Ve
haciendo, poco a poco, la oración sin
palabras. La oración que consiste en
permanecer amando. Más que hacer,
déjale hacer. No pretendas"ocupar" tu
tiempo... Esta será tu oración: pobre
y desnudo, limítate a esta y a amar.
(Jaume
Boada)
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