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RENUNCIA
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¡A
veces se oculta Jesús tan profundamente! Mi
vida se ha reducido a una continua renuncia en
todo. Y eso no es fácil a una criatura tan
frágil y quebradiza como yo... Por eso
sufro. (Rafael Arnáiz)
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Alguien me
dijo que la máxima y sublime Regla de mi
vida era "niégate a ti mismo, toma tu cruz
cada día y sígueme". En el
"niégate" está la labor de un alma
que solo quiere vivir escondida, que nada quiere
para sí, que solo por amores divinos
suspira, y que comprende que no sólo la
renuncia al mundo quiere Dios, sino que hay otra
más difícil que es ésa: la
renuncia de uno mismo, la renuncia a algo que
llevamos dentro, que no te sé explicar, o
algo que de veras estorba.
(Rafael Arnáiz)
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Despójate
de todo lo que te sea accesorio, tanto material
como espiritual ... (...) ... Vive confiadamente el
instante, el cada día. No te dediques a
acumular. (Jaume
Boada)
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El alma
quiere a Dios a toda costa. Si hay que abandonarlo
todo, lo abandonará todo; si perderlo todo,
lo perderá todo. Dejará su manto, que
después de todo no es de ella, en las manos
de quienes quieran detenerla. Renunciará sin
dolor a sus maneras propias de sentir, de pensar y
de querer, como a un equipaje pesado y molesto. No
pedirá ningún goce a nada. No
pensará ya en ninguna cosa del mundo. No
volverá a utilizar las ideas, sin duda
justas, pero deficientísimas, que se
hacía de su Dios. Se contentará con
la fe. Y ya no querrá aquí abajo nada
más, sino a Él y solo a Él.
(Robert
de Langeac)
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El
contemplativo participará con mayor
frecuencia de la crucifixión del Calvario
que de las alegrías del Tabor.
(Dom
Vital Lehodey)
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El
contemplativo participará con mayor
frecuencia de la crucifixión del Calvario
que de las alegrías del Tabor.
(Dom
Vital Lehodey)
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- El
trabajo de la abnegación del yo es la
obra capital de la vida. En esto está la
vida espiritual, el punto prácticamente
decisivo, la posición estratégica
dominante cuya pérdida o ganancia decide,
de hecho, la batalla de la santidad.
-
Ahí está la experiencia para
demostrarlo: que se examine la vida de los
santos fracasados, me refiero a sacerdotes,
religiosos o simples fieles, excelentes,
fervorosos, celosos, piadosos y entregados, pero
que no han sido santos a secas.
-
Se constata que lo que les ha faltado, no es ni
una vida interior profunda, ni un sincero y vivo
amor de Dios y de las almas, sino plenitud en el
renunciamiento, profundidad de la
abnegación y totalidad del olvido de
sí que les hubiera entregado enteramente
a la obra de Dios en ellos.
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Amar a Dios, alabarle, cansarse, incluso matarse
por su servicio son cosas que atraen a las almas
religiosas; pero morir del todo a sí
mismos, oscuramente en el silencio del alma,
desprenderse, dejarse arrancar a fondo por la
gracia de todo lo que no es pura voluntad de
Dios, he aquí el holocausto secreto ante
el cual retroceden la mayoría de las
almas, el punto exacto en el que el camino se
bifurca entre una vida fervorosa y una vida de
elevada santidad.
(Padre
Guibert)
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Hacer lo
que Dios quiere, querer lo que Dios hace.
(Dom
Vital Lehodey)
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Hay
personas ... (...) que hacen morir su propia
voluntad en la de Dios, gracias a notables
esfuerzos y haciendo un llamamiento heroico a la
razón; y esta muerte es en ellas la muerte
de cruz, la cual es mucho más excelente y
generosa que la otra.
(Dom
Vital Lehodey)
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La renuncia
es ante todo y sobre todo y casi exclusivamente
algo interior, espiritual; de ningún modo es
sinónimo de mortificación o de
privación. Debemos renunciarnos siempre,
aunque actualmente no tengamos ocasión de
mortificarnos en nada. Porque la renuncia es una
disposición del alma, que la mueve a
olvidarse de sí; disposición sincera,
continua, determinación de no contemporizar
con las tendencias naturales, de olvidarse de
sí, de prescindir del "yo". Es el "deja de
mirarte a ti mismo" de San Agustín. Tal era
la renuncia de Teresa, disposición interna,
represión de las actividades y del
apresuramiento naturales, control de los deseos y
de los sentimientos, de los recuerdos y de la
imaginación. Una verdadera mina de
pequeños sacrificios, que en su
mayoría pasaban desapercibidos.
(Liagre)
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La vida es
tu navío, no tu morada.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Mis
mortificaciones consistían en doblegar mi
voluntad, siempre dispuesta a salirse con la suya;
en callar cualquier palabra de réplica; en
prestar pequeños servicios sin hacerlos
valer; en no apoyar la espalda cuando estaba
sentada, etc... etc...
(Santa
Teresa de Lisieux)
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No se posee
más que aquello a lo que se ha renunciado.
(Jean
Lafrance)
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Pide a Dios
verte a través de su mirada, para hacer su
voluntad y para alegría de tus hermanos.
(Jean
Lafrance)
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Prescindir
en todo de uno mismo.
(Rafael Arnáiz)
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Quise que
mi alma habitase en el cielo y que sólo de
lejos mirase las cosas de la tierra.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Renunciad
cada vez más a las alegrías de este
mundo y esperad en paz (...) Porque ese es el
Calvario. Esa, la ley rigurosa del progreso. Y
ése, el camino de la unión
verdadera.
(Robert de Langeac)
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Dios
trabaja para mí... yo trabajaba para
él, y nunca mi alma ha adelantado tanto...
No buscaba ser amada, no me preocupaba de lo que se
pudiera decir o pensar de mí, no buscaba
sino complacer a Dios, sin desear que mis esfuerzos
diesen frutos. Sí, hay que sembrar el bien a
nuestro alrededor sin preocuparnos de su cosecha.
El trabajo para nosotros, el éxito para
Jesús. No temer la batalla cuando se trata
del bien del prójimo, reprender a despecho
de la propia tranquilidad personal, y mucho
más con el fin de servir a ¨Dios que
con el fin de lograr que las novicias comprendan. Y
para que una reprensión reporte fruto, es
necesario que cueste hacerla y no tener ni sombra
de pasión en el corazón.
(Santa Teresa de Lisieux)
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