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SACRIFICIO
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Aprende el
arte de la guerra en lo que a ti concierne; en lo
que concierne a los demás, el arte de la
paz. (Madeleine
Delbrêl)
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Aquí
abajo sólo hay una cosa que hacer: arrojar a
Jesús las flores de los pequeños
sacrificios, ganarle con caricias.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Cargad con
mi yugo y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón, y encontraréis
vuestro descanso.
(Evangelio
de San Mateo)
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Castigo mi
cuerpo y lo esclavizo no sea que, habiendo
predicado a los demás, yo mismo quede
reprobado.
(Pablo
de Tarso)
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Cuando no
siento nada, cuando soy incapaz de orar y de
practicar la virtud, entonces es el momento de
buscar pequeñas ocasiones, naderías
que agraden a Jesús más que el
dominio del mundo e incluso que el martirio
soportado con generosidad. Por ejemplo, una
sonrisa, una palabra amable cuando tendría
ganas de callarme o de mostrar un semblante
enojado, etc...
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Cuando se
ofreció ante mis ojos el horizonte de la
perfección, comprendí que para ser
santa había que sufrir mucho, buscar siempre
lo más perfecto y olvidarse de sí
misma. Comprendí que en la perfección
había muchos grados, y que cada alma era
libre de responder a las invitaciones del
Señor y de hacer poco o mucho por él,
en una palabra, de escoger entre los sacrificios
que él nos pide. Entonces, como en los
días de mi niñez, exclamé:
"Dios mío, yo lo escojo todo. No quiero ser
santa a medias, no me asusta sufrir por ti,
sólo me asusta una cosa: conservar mi
voluntad. Tómala, ¡pues yo escojo todo
lo que tú quieres...!"
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Déjalo
todo, y lo hallarás todo; deja tu apetito, y
hallarás tu sosiego.
(Tomás
de Kempis)
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El
mérito está en soportar por respeto a
Dios las ofensas sufridas injustamente.
(San
Pedro)
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En el
Carmelo, sus hábitos de mortificación
se extendieron a todas las cosas. Noté que
nunca preguntaba noticias; si veía un grupo,
en cualquier parte donde fuera, y que la Madre
priora parecía estar contando algo
interesante, se guardaba muy bien de acercarse. En
el refectorio, la Sierva de Dios aceptaba, sin
quejarse jamás, que le sirviesen las sobras
de la comida. Nunca apoyaba la espalda, no cruzaba
los pies, siempre se mantenía derecha. No
permitía que se sentasen de costado, ni
siquiera para descansar. No admitía nada que
se pareciese a comodidad y desenvoltura mundana. A
menos que una gran necesidad lo exigiese, no se
enjugaba el sudor, porque decía que hacerlo
era señal de que se tenía demasiado
calor y una manera de hacerlo saber.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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La renuncia
es ante todo y sobre todo y casi exclusivamente
algo interior, espiritual; de ningún modo es
sinónimo de mortificación o de
privación. Debemos renunciarnos siempre,
aunque actualmente no tengamos ocasión de
mortificarnos en nada. Porque la renuncia es una
disposición del alma, que la mueve a
olvidarse de sí; disposición sincera,
continua, determinación de no contemporizar
con las tendencias naturales, de olvidarse de
sí, de prescindir del "yo". Es el "deja de
mirarte a ti mismo" de San Agustín. Tal era
la renuncia de Teresa, disposición interna,
represión de las actividades y del
apresuramiento naturales, control de los deseos y
de los sentimientos, de los recuerdos y de la
imaginación. Una verdadera mina de
pequeños sacrificios, que en su
mayoría pasaban desapercibidos.
(Liagre)
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Las
mortificaciones (de Teresa) consistían en
prestar pequeños servicios sin hacerlos
valer, en contener una palabra de réplica,
en quebrar su propia voluntad.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Procura,
hijo, hacer antes la voluntad de otro que la tuya.
Escoge tener siempre menos que más. Busca
siempre el lugar más bajo, y está
sujeto a todo. Desea siempre y ruega que se cumpla
en ti eternamente la divina voluntad. Así
entrarás en los términos de la paz y
descanso. (Tomás
de Kempis)
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Quiero,
Señor, pasar esta Cuaresma, muriendo poco a
poco, lo mucho que aún me falta, para vivir
solo para Ti.
(Rafael Arnáiz)
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-
Sí, Amado mío, así es como
se consumirá mi vida... No tengo otra
forma de demostrarte mi amor que arrojando
flores, es decir, no dejando escapar
ningún pequeño sacrificio, ni una
sola mirada, ni una sola palabra, aprovechando
hasta las más pequeñas cosas y
haciéndolas por amor...
- Quiero
sufrir por amor, y hasta gozar por amor.
Así arrojaré flores delante de tu
trono. No encontraré ni una sola en mi
camino que no deshoje para ti. Y además,
al arrojar flores, cantaré (¿puede
alguien llorar mientras realiza una
acción tan alegre?), cantaré
aún cuando tenga que coger las flores
entre las espinas, y tanto más melodioso
será mi canto, cuantas más largas
y punzantes sean las espinas.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Su amor
provocaba en ella un deseo cada vez más
intenso de sacrificarse, de probarle a Dios su amor
con obras.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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Tanto en el
mundo como en el Carmelo, se ejercitó
constantemente en reprimir toda palabra de
réplica, en prestar pequeños
servicios sin hacerlos valer, en realizar trabajos
por los que no sentía gusto alguno, en
vencer sus antipatías
naturales.
(Santa Teresa de Lisieux)
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Toda mi
fuerza se encuentra en la oración y en el
sacrificio; esas son las armas invencibles que
Jesús me ha dado, y logran mover los
corazones mucho más que las palabras.
(Santa
Teresa de Lisieux)
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