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Dificultades
en la oración
Entérate de las
causas que obstaculizan la oración y cómo
remediarlas
(Tomado de
http://www.encuentra.com)
Aunque el acto mismo de hacer oración no es
difícil, con frecuencia se pueden presentar
dificultades. Es muy importante saber esto, pues muchas
personas que comienzan el camino de la oración pueden
sentir "que no sirven para eso" o desfallecer
fácilmente. Santa Teresa de Jesús, que
llegó a las cúspides espirituales más
altas, durante 20 años no pudo hacer oración
mental adecuadamente.
Uno de los obstáculos más comunes y
continuos en la oración es la distracción,
esos pensamientos o imaginaciones que desvían la
atención del objeto propio de la oración. Sus
causas son muy variadas. Unas son independientes de la
voluntad: por el propio temperamento del que está
haciendo la oración (inclinación hacia las
cosas exteriores, incapacidad de fijar la atención,
pasiones vivas o no bien dominadas que atraen continuamente
la atención hacia otras cosas); la salud precaria y
la fatiga mental, que impide fijar la atención; el
demonio, etc.
"La dificultad habitual de la oración es la
distracción. En la oración vocal, la
distracción puede referirse a las palabras y al
sentido de éstas. La distracción, de un modo
más profundo, puede referirse a Aquél al que
oramos, tanto en la oración vocal
[litúrgica o personal], como en la
meditación y en la oración contemplativa.
Salir a la caza de la distracción es caer en sus
redes; basta volver a concentrarse en la oración: la
distracción descubre al que ora aquello a lo que su
corazón está apegado. Esta humilde toma de
conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al
Señor para ser purificado. El combate se decide
cuando se elige a quién se desea servir."
Otras distracciones voluntarias son la falta de la debida
preparación en cuanto al tiempo, el lugar, la
postura, poco recogimiento, tibieza, etc.
Como remedios prácticos te recomendamos la lectura
de algún libro espiritual; fijar la atención
en una imagen que te facilite la devoción así
como escribir o tomar notas durante la oración en tu
cuaderno de oración.
Como norma general es conveniente no impacientarse, sino
volver con suavidad al recogimiento interior, tantas y
cuantas veces sea preciso.
Es importante cuidar el silencio, la guarda de los
sentidos y del corazón, la mortificación de la
imaginación, etc.
La sequedad espiritual también es un problema. El
Catecismo nos dice que "Otra dificultad, especialmente para
los que quieren sinceramente orar, es la sequedad. Forma
parte de la contemplación en la que el corazón
está seco, sin gusto por los pensamientos, recuerdos
y sentimientos, incluso espirituales. Es el momento en que
la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto
a Jesús en su agonía y en el sepulcro. "El
grano de trigo, si muere, da mucho fruto" [Jn 12,24
.]. Si la sequedad se debe a falta de raíz,
porque la Palabra ha caído sobre roca, no hay
éxito en el combate sin una mayor conversión."
(CEC 2731)
La sequedad es un reflejo del combate de nuestras vidas.
Así como en la vida luchamos por hacer la voluntad de
Dios, por cumplir sus mandamientos a pesar de los muchos
obstáculos, tentaciones y debilidades que tenemos, en
la oración también debemos combatir y
luchar.
"La oración es un don de la gracia y una respuesta
decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los
grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo,
así como la Madre de Dios y los santos con El nos
enseñan que la oración es un combate.
¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra
las astucias del Tentador que hace todo lo posible por
separar al hombre de la oración, de la unión
con su Dios. Se ora como se vive, porque se vive como se
ora. El que no quiere actuar habitualmente según el
Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar
habitualmente en su Nombre. El "combate espiritual" de la
vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la
oración." (CEC 2725)
Una de las razones de la sequedad es la falta de
humildad. Creemos que solamente depende de nosotros mismos
el hacer oración y perseverar, sin darnos cuenta de
que frecuentemente solos no podemos nada. Es una nueva
oportunidad para verse objetivamente y abandonarse en Dios.
A veces creemos que somos nosotros quienes determinamos la
oración o somos su motor y esto no es así, es
el Espíritu Santo el verdadero motor. De nuevo
revisemos el Catecismo "En el combate de la oración,
tenemos que hacer frente en nosotros mismos y en torno a
nosotros a conceptos erróneos sobre la
oración. Unos ven en ella una simple operación
psicológica, otros un esfuerzo de
concentración para llegar a un vacío mental.
Otros la reducen a actitudes y palabras rituales. En el
inconsciente de muchos cristianos, orar es una
ocupación incompatible con todo lo que tienen que
hacer: no tienen tiempo. Hay quienes buscan a Dios por medio
de la oración, pero se desalientan pronto porque
ignoran que la oración viene también del
Espíritu Santo y no solamente de ellos." (CEC
2726)
Tampoco te olvides de que a Dios le gusta nuestra
perseverancia y nos prepara. Cuando Dios permite nuestra
sequedad, o nuestras distracciones nos pone a prueba. ""No
tenéis porque no pedís. Pedís y no
recibís porque pedís mal, con la
intención de malgastarlo en vuestras pasiones"
[St 4,23 .]. Si pedimos con un corazón
dividido, "adúltero", Dios no puede escucharnos
porque El quiere nuestro bien, nuestra vida.
"¿Pensáis que la Escritura dice en vano: Tiene
deseos ardientes el espíritu que él ha hecho
habitar en nosotros" [St 4,5 .]? Nuestro Dios
está "celoso" de nosotros, lo que es señal de
la verdad de su amor. Entremos en el deseo de su
Espíritu y seremos escuchados:
No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que
pides: es él quien quiere hacerte más bien
todavía mediante tu perseverancia en permanecer con
él en oración. El quiere que nuestro deseo sea
probado en la oración. Así nos dispone para
recibir lo que él está dispuesto a darnos.
[San Agustín]" (CEC 2737)
La sequedad, las distracciones, la falta de tiempo son
dificultades, pero pueden vencerse, primero
pidiéndole a Dios que nos ayude y en segundo lugar
procurando tener una voluntad cada vez más firme.
"Por último, en este combate hay que hacer frente
a lo que es sentido como fracasos en la oración:
desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos
totalmente al Señor, porque tenemos "muchos bienes"
[Mc 10,22 .]; decepción por no ser escuchados
según nuestra propia voluntad; herida de nuestro
orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores,
alergia a la gratuidad de la oración... La
conclusión es siempre la misma: ¿Para qué
orar? Es necesario luchar con humildad, confianza y
perseverancia, si se quieren vencer estos
obstáculos." (CEC 2728)
En alguna ocasión sentiremos que no tenemos deseo
de hacer oración, que simplemente "no tenemos
qué decir" y es precisamente en esos momentos cuando
el estar dirigiéndonos a Dios cobra un sentido
especial. Una idea clave en esto es pensar que somos como el
guardia de un castillo, y que el Señor del Castillo
está en su habitación. No sabemos si él
quiere hablar con nosotros o no, o si nos necesita para
algo, pero nosotros estamos ahí al pie de su puerta
firmes, esperando y haciéndole saber que "ahí
estamos".
Una tentación muy frecuente es que al estar en
pecado mortal, no pudiéramos hacer oración por
sentirnos culpables o indignos. Con mayor razón
debemos acercarnos a Dios para rogar su misericordia y
pedirle perdón de nuestras faltas, con un firme
propósito de ir a confesarnos en cuanto nos sea
posible. Debemos reconocernos pecadores, y con gran Fe en la
misericordia de nuestro Padre, implorar su bondad y no
permitir que nuestra vida interior se haya visto turbada por
un falta, aún si es grave. Si no nos acercamos con un
corazón humilde, arrepentido, nuestra
situación empeorará. Necesitamos acercarnos a
Dios, porque Él no se sorprende de nuestras
debilidades o caídas. Nuestro propósito debe
ser firme en no ofenderlo más, pero si cometimos una
falta debemos enmendar el error y volver a empezar la
lucha.

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