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Rincones
Oraciones
de un Anawin
(de
abandono y entrega confiada)
- Anawin
en lengua aramea significa:
- "hombre
pobre, cuya única riqueza es tener a
Dios.
- Que
cree radicalmente en Él y,
teniéndolo en su ser, le basta para
sobrevivir".
Con
nuestro deseo de que lleguéis a
serlo.
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Señor:
esté mi voluntad firme y recta contigo, y
haz de mi lo que te agrade, que no puede ser sino
bueno todo lo que Tú hicieres de mi. Si
quieres que esté en tinieblas, bendito seas;
y si quieres que esté en luz, seas
también bendito. Si te dignas consolarme,
bendito seas, y si me quieres atribular,
también seas bendito para
siempre.
(Imitación,
3, 17, 2).
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Padre:
me abandono en tus manos. Haz de mi lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto
a todo, lo acepto todo con tal que tu voluntad se
cumpla en mi y en todas tus criaturas. No deseo
nada más, Padre.
Te
confío mi alma, te la doy con todo el amor
de que soy capaz, porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida, con infinita
confianza. Porque tú eres mi
Padre.
Carlos
de Foucauld
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- Espíritu
Santo, Amor del Padre y del Hijo,
inspírame siempre lo que debo pensar, lo
que debo decir, cómo debo decirlo, lo que
debo callar, lo que debo escribir, cómo
debo actuar, lo que debo hacer para procurar tu
gloria, el bien de las almas y mi propia
santificación.
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- Señor:
mi corazón no es
ambicioso
- ni
mis ojos altaneros;
- no
pretendo grandezas
- que
superan mi capacidad,
- sino
que acallo y modero mis
deseos,
- como
un niño en brazos de su
madre.
- Espere
Israel en el Señor
- ahora
y por siempre.
(Salmo
130)
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- Dios
mío, estoy tan persuadido de que velas
sobre todos los que en Ti esperan y de que nada
puede faltar a quien de Ti aguarda todas las
cosas, que he resuelto vivir en adelante sin
cuidado alguno, descargando en Ti todas mis
inquietudes. Ya dormiré en paz y
descansaré, porque Tú, sólo
Tú, has asegurado mi
esperanza.
- Los
hombres pueden despojarme de los bienes y la
reputación; las enfermedades pueden
quitarme las fuerzas y los medios de servirte;
yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado;
pero no perderé mi esperanza; la
conservaré hasta el último
instante de mi vida y serán
inútiles todos los esfuerzos de los
demonios del infierno para arrancármela.
Dormiré y descansaré en
paz.
-
Que otros esperen su felicidad de sus riquezas o
de sus talentos; que se apoyen sobre la
inocencia de su vida o sobre el rigor de su
penitencia, o sobre el número de sus
buenas obras, o sobre el fervor de sus
oraciones. En cuanto a mí, Señor,
toda mi confianza es mi confianza misma. Porque
Tú, Señor, sólo Tú,
has asegurado mi esperanza.
-
A nadie engañó esta confianza,
ninguno de los que han esperado en el
Señor ha quedado frustrados en su
confianza. Por tanto, estoy seguro de que
seré eternamente feliz, porque firmemente
espero serlo y porque de Ti, Dios mío, es
de quien lo espero. En Ti esperaré,
Señor, y jamás seré
confundido.
-
Bien conozco, y demasiado lo conozco, que soy
frágil e inconstante; sé
cuánto pueden las tentaciones contra la
virtud más firme; he visto caer los
astros del cielo y las columnas del firmamento;
pero nada de esto puede aterrarme. Mientras
mantenga firme mi esperanza me conservaré
a cubierto de todas las calamidades; y estoy
seguro de esperar siempre, porque espero
igualmente esta invariable
esperanza.
-
Así, espero que me sostendrás en
las más rápidas y resbaladizas
pendientes, que me fortalecerás contra
los más violentos asaltos, y que
harás triunfar mi flaqueza sobre mis
más formidables enemigos. Que me
protegerás tanto de los éxitos
como de los fracasos, esas dos horribles
falacias del mundo...
- Espero
que me amarás siempre y que yo te
amaré sin interrupción; y para
llegar de una vez con toda mi esperanza tan
lejos como puede llegarse, te espero a Ti mismo,
Creador mío, para el tiempo y para la
eternidad.
-
Así sea.
San
Claudio de la Colombière
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