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La vida es tu navío

Navío

“La vida es tu navío, no tu morada”

Esta frase de un poema de Lamartine levantaba la moral a Teresita del Niño Jesús cuando se sentía sola o triste. Como cristianos sabemos que nuestra vida no termina aquí, aunque esto a veces no es fácil de asumir. Sabemos que Alguien nos espera en la vida eterna, pero eso no significa que podamos abandonarnos en el mal sentido de la palabra y no nos esforcemos en mantener limpio y ordenado nuestro navío, refiriéndonos a nuestra vida, en los términos en los que habla Teresa.

El reino de Dios puede estar en cada uno de nosotros, porque su mensaje se nos ha dado. Deberíamos entender que esforzarnos por llevar a buen puerto nuestra alma nos ayudaría a hacer de nuestra vida cotidiana algo precioso y distinto. Muchas veces obviamos la importancia que tiene el tratar de hacer las cosas bien. Eso no significa que siempre las hagamos o nos salgan bien, aun siendo nuestro mayor deseo. Nuestra voluntad no siempre acompaña a nuestra manera de actuar, pero no por ello podemos desistir y darnos por vencidos.

Cuando Jesús eligió a sus doce apóstoles, sabía que eran hombres con sus virtudes y sus defectos. Eran la máquina necesaria para dejar y expandir su mensaje al mundo entero. Supongo que alguno de aquellos hombres se sentía acomplejado y superado por la elección del Maestro, pues no en todo daban el cien por cien. Pedro le negó hasta tres veces en los momentos más difíciles y lo peor de todo es que Él ya le había avisado de que lo haría. Creo que de alguna manera aquellos doce vivían la oración que con esta frase nos enseña Teresita, y tomaban conciencia de que su vida era su navío y no su morada. Es importante, sí, pero sin perder la referencia de lo que realmente está más allá del final que todos conocemos.

Personalmente me cuesta muchas veces no hacer las cosas bien y eso me hace sufrir. Me fortalece el hecho de que eso Dios ya lo sabe y no por ello pierde la fe en mí, sino que me anima a seguir luchando estando a mi lado, sin cansarse. Dios te quiere como eres; con tus bondades y tus defectos. Dios ama tu vida. De nosotros depende sacar lo mejor que Él plantó en ella. De nosotros depende que pongamos a punto la máquina de nuestro mayor y más importante viaje: el de nuestra morada.

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