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Un buen par de amigas: Teresa y Juana

Teresa de Lisiex como Juana de Arco

Es evidente la admiración que Teresita del Niño Jesús tenía hacia la otra santa francesa, Juana de Arco. Puede parecer curioso este hecho, porque toda la dulzura y fragilidad de la monja carmelita choca con la fuerza de la guerrera en el campo de batalla.

En realidad su misión no era tan diferente. Las dos tenían que librar luchas, las más importantes en su interior, y lo hacían por amor a Jesús y a la Iglesia. En más de diez ocasiones, Teresa hace referencia en sus escritos a la Doncella de Orleans (como también se conoce a Juana de Arco). Desde que era una niña se instruyó en la vida de Juana y también soñaba poder mostrar el valor y coraje como aquella otra en su vida. Y así fue, aunque de manera totalmente distinta. Le dedicó dos poemas y su inspiración era evidente en sus textos. Tanto la apreciaba que incluso existe alguna instantánea de la monja carmelita vestida de Juana, en cierta ocasión.

El heroísmo de Juana inspiraba a Teresita. No tardó en entender que su salud y que las circunstancias personales y sociales no la acompañaban a iniciar su deseo de ir a las misiones y “luchar” por Cristo. Curiosamente, Teresa de Lisieux es la patrona de las misiones y nunca viajó a ningún otro país como misionera. Paradojas de la vida o de Dios…

Me resulta interesante buscar amigos en las historias de santos. Probablemente, si indagamos un poco encontraríamos alguno con el que tenemos conexión, como le pasó a nuestra querida carmelita. Yo tengo tres en particular: Teresita de Lisieux, Teresa de Jesús y Francisco de Asís.

La vida de estas dos grandes mujeres evidencia que eran muy distintas, pero el coraje, valor y amor se podría decir que lo trabajaron de igual modo: sin ninguna medida.

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