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Un calvario a medida

Caída en el camino del Calvario

Caída en el camino del Calvario (Rafael)

Cuando yo tampoco te trato bien. Cuando también yo te digo barbaridades. Cuando descargo sobre ti toda mi ira. Cuando te fallo una y otra vez…

Cuando a mí tampoco me tratan bien. Cuando a mí también me dicen barbaridades. Cuando cargan sobre mí toda la ira. Cuando me fallan una y otra vez, Jesús.

Qué largo le hacemos al Señor su camino al Calvario. Supongo que Él mismo carga con el nuestro en la subida al suyo. Conozco a alguien que está viviendo ahora su tremendo calvario. A menudo las piedras más doloras son las que conoce bien, porque las ha sufrido muchas veces.

A mí me ha pasado en más de una ocasión creerme digna de un puesto entre los ángeles. Pobre de mí; a la vuelta de la esquina, en cuanto me alejo un poco de Dios, hago y digo cosas que, precisamente, no son de ángeles ¿Quién de nosotros no ha sido un “Judas” para con algunos de los que más queremos, incluso para con Dios?

Hace más de dos mil años que Cristo subió camino al Calvario cargando con todos los pecados del mundo: con los míos, con los tuyos, con los del de más allá. Y como único Amor Verdadero no falló en subir. Lo hizo.

Cuando nos sentimos solos, bien porque nos han abandonado en algunos momentos críticos de nuestra vida, bien porque hayamos sido nosotros los causantes de tanto dolor, ¿qué esperanza queda?

Supongo que, aunque no lo pueda escuchar, mi parte espiritual me dice que sólo Dios es Amor. Que aunque piense que yo puedo darlo perfecto, impoluto e intachable, siempre es imperfecto mientras no reconozca mi debilidad. Desearía que Jesús le dijera a los corazones doloridos: “cuando no te tratan bien, yo lo sufro contigo; cuando también a ti te dicen barbaridades, yo cierro los ojos y giro la cabeza con dolor; cuando descargan sobre ti toda la ira, a mí también me hacen daño los golpes; cuando te fallan una y otra vez, a mí me tienes a tu lado. Abrazándote tan fuerte que me fundo contigo y quizá por eso no me veas…”

Teresita del Niño Jesús sentía una devoción especial por la Santa Faz. Para ella era su patria, su reino de amor, su descanso y dulzura. El encargado de subir con nosotros en nuestro calvario particular. Nuestro calvario a medida.

Que esta Semana Santa no nos convirtamos en meros espectadores de su subida al monte. Que luchemos más por dejar de ser piedras en el camino de otros y sigamos avanzando juntos con Él. Feliz y Santa Semana.

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