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Una mirada de enamorados

Rosa

Teresita recibió su primera comunión el 8 de mayo de 1884. Previamente estuvo en una especie de ejercicios espirituales a modo de preparación para tan importante momento de su vida. Me puedo imaginar que esos días previos los disfrutó muchísimo, como una jovencita enamorada que quiere prepararse bien para su encuentro con su Amado.

El día que recibió el sacramento fue como el primer y maravilloso beso de amor verdadero entre ella y Jesús. “Durante mucho tiempo -dice Teresa-, se habían mirado y se habían comprendido (…), sin preguntas, luchas, ni sacrificios”. Se unieron después de esa mirada y fue, como ella describe, cuando siendo una pequeña gota llegó a formar parte del mar de su amado Jesús en ese momento.

¿No es una descripción preciosa y sincera del amor? El día de los enamorados para Teresa de Lisieux y Cristo tuvo la dicha de prolongarse todos los días de la vida de aquella. Un “San Valentín” que también nosotros podemos acoger. Amando a Dios inmensamente, amaremos a los demás muchísimo más de lo que sólo por nuestros méritos seríamos capaces. Yo no soy carmelita, ni consagrada como lo fue mi querida santa, pero como a muchas otras personas Dios me ha llamado a la vocación del amor matrimonial.

Este episodio de la vida de Teresita del Niño Jesús me inspira, por qué no, a regalarle a mi otra parte una nueva declaración de amor:

1.- Fui creada para amarte. Fue el amor de Jesús el que me pensó para ti y el que pensó en ti para mí: gracias por aceptarlo.

2.- Mi pequeñez crece cuando, junto a ti, caminamos al lado del Maestro: gracias por ser mi compañero de viaje.

3.- Mi oración toma fuerza cuando tú me acompañas: gracias por pedir conmigo.

4.- Mi lucha y sacrificio tienen su recompensa cuando no sólo pienso en mí: gracias por apartar mi egoísmo.

5.- Mi eternidad será plena en el corazón de Dios: gracias, porque sé que será plena contigo en Aquel que nos amó primero.

Feliz festividad de San Valentín para todos. Feliz vida de los enamorados para los que tienen ocupado todo su corazón por Dios y para los que, junto a Él, tienen a otros llegados de sus manos.

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