El peregrino oranteÍndiceJaume Boada

El peregrino orante

Velas

1.- Peregrino del silencio: «¡Qué poco sabemos de Dios!» Esta exclamación de una contemplativa en la enfermedad que la llevó al encuentro definitivo con Dios nos da pie a hablar de Dios como silencio y como palabra, la Palabra que nos dice en Cristo Jesús. La búsqueda de la Palabra desde el silencio es el motivo que justifica la entrega del orante.

2.- Adorar: Ante el misterio de Amor que es Dios el «peregrino orante» vive en una actitud de acogida reverente, entrega confiada y abandono amoroso en las manos del Padre. Esta es la oración de María en sus largos años de espera en el silencio. El «sí» de la Anunciación es la manifestación de su disponibilidad a la voluntad del Padre.

3.- Como incienso en tu presencia: El «peregrino orante» ha de aprender la lección de la gratuidad: «Dar por amor, abandonarse por amor…». La gratuidad de una entrega en la oración culmina en el abandono en las manos del Padre.

4.- Oración a la Trinidad: Sor Isabel de la Trinidad, en su oración, expresa la plenitud de la inhabitación trinitaria. El peregrino orante puede descubrir, en la oración de la humilde carmelita, que ha de vivir un camino interior.

5.- Levantando mis manos hacia ti: Es imposible describir la oración del peregrino orante. En todo caso cabe recordar que cada peregrino tiene su propia oración. Esta oración es de una sencillez tan grande que un intento de «descripción» podría profanarla. Y es de una riqueza y plenitud tales que no cabría en un libro de mil páginas. Acogemos el viento del Espíritu para que se «oiga» en el rumor de nuestras palabras.

6.- Contemplación y silencio: En realidad el mismo deseo del peregrino orante para vivir en el silencio se convierte en su mejor oración. Orar no consiste tanto en «hablar» como en «escuchar» o acoger la oración del Espíritu en el silencio. La oración no «se hace», bien al contrario, se «acoge» y se recibe como un «don».

7.- El pequeño sendero de cada día: Son muy importantes los «tiempos explícitos para Dios» en la peregrinación orante. Pero es imprescindible que el orante descubra los pequeños senderos que la vida diaria le ofrece para vivir plenamente su oración. No basta con «orar», no es suficiente «vivir en actitud orante». El objetivo está cifrado en «ser orante».

8.- Carta de ruta del peregrino del silencio: Cuando emprendemos un viaje largo y no conocemos los caminos por los que debemos andar, miramos una carta de ruta. En esta parte de nuestras palabras se ofrecen al peregrino unos consejos prácticos para su viaje. Una escucha atenta de los mismos hará posible el no perderse en el camino.

9.- Caminos de oración: En la misma línea de la «carta de ruta», con un sentido más detallista, nos proponemos ofrecer unos caminos para descubrir la oración de la propia vida. Orar la propia vida, convertir las alegrías y las penas, los gozos y las esperanzas, las inquietudes y todo lo que configura una vida, en oración, será el alma de nuestro camino… La vida y los hermanos son la mejor escuela de oración.

10.- Salmo del corazón pobre: No es un salmo original. Es una versión libre y sintética, en lenguaje de nuestros días, del contenido oracional de los salmos. De hecho, los salmos de los «pobres de Yhavé» constituyen el núcleo paradigmático del Salterio.

11.- No tengas miedo al desierto: El peregrino orante, en su intento por vivir su escuela de oración, ha de adentrarse en el «desierto», sin miedo. Es allí donde le espera el Señor para «hablarle al corazón y recordar el amor primero». Entrar en el desierto es la última etapa del camino. El desierto es el lugar donde se pone a prueba la fidelidad del peregrino. Pero es también el lugar del encuentro «cara a cara» con Dios y a rostro descubierto.

12.- Paso a paso, por el camino del corazón: Si se quiere llegar a Dios por el camino del silencio se ha de vivir «el deseo de Dios» y «lanzar el corazón». Poco a poco, el peregrino va acercándose al corazón de Dios. Un día descubre con gozo que Dios ya está en su corazón. En silencio acudió a Dios, silenciosamente. El va entrando en su vida.

13.- El silencio, don del Espíritu Santo: Jesús aconseja: «Cuando ores, entra en tu habitación». Allí Dios te habla a ti, y tú le hablas a Dios. Allí vives en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Tu solidaridad y tu deseo de comunión te hacen cercano a la vida y a los hermanos. El silencio es como la estrella que orienta el camino del peregrino orante. Dios habla al corazón. La oración se convierte en escucha.

14.- El silencio y tus miserias: Es la gran lección de un maestro: «Permite a Jesús que viva tu miseria». El peregrino orante experimenta que para orar ha de tener el corazón en paz, y el corazón no está en paz cuando la propia pobreza y la miseria le perturban. El permitir a Jesús que viva la propia miseria es como la llave que introduce al peregrino en la hermosa experiencia de orar desde la propia indigencia.

15.- El silencio y la renovación de la interioridad: La ruta del silencio conduce al orante hacia el reencuentro con la inagotable riqueza del misterio de Cristo, Pastor, que le conduce al origen profundo de su vida. El templo interior del corazón, esa casa de Dios que quizás fue profanada por el olvido, la distracción, la superficialidad o el pecado, ha de ser destruido. Él, el Señor, puede reedificarlo. Y lo hará, en «tres días», los tres días de la Pascua sin fin.

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