ÍndiceJaume BoadaPor el camino del silencio

Por el camino del silencio

Meditando

1.- A ti, que buscas a Dios: Quisiera mostrarte el camino que conduce a su encuentro. Es una invitación a emprender la ruta que te conduce a tu propia interioridad. Tú «haces el camino», pero es Él quien te espera… y sale a tu encuentro.

2.- He oído tu voz: Todo comienza con la llamada del Señor que te invita a un encuentro con Él. Es una vocación que da sentido a tu vida. Reconoces que, en realidad, «encontrar a Dios es buscarle sin cesar».

3.- El don de un amor absoluto: Orar no es sólo «hablar con el Señor» o «dialogar con Él»… Para orar en verdad has de hacer en tu vida el don total de tu amor. Él, al llamarte, ya se ha convertido para ti en un «Don de Amor».

4.- Padre, me abandono en tus manos: Esta súplica del Señor en la cruz refleja su actitud de obediencia y de amor ante la voluntad salvadora de Dios Padre. El orante vive la experiencia del abandono como «puerta de entrada» y cumbre de la contemplación.

5.- Yo te llevo en mis manos de Padre: Es la respuesta del Señor a tu vida de abandono. Dios Padre te lleva en sus manos. Vives en Él. Eres de Él. Dios te concede el don de sentirte y saberte amado. Esta convicción te ayudará a vivir en actitud orante.

6.- Jesús es mi perdón: Para orar necesitas estar en paz con el Señor, con los hermanos, contigo mismo. El perdón te lleva a encontrar esta paz. Vives a Jesús como «perdón». Él también será tu oración.

7.- Sólo tengo el día y la noche: «La pobreza de alma» es una actitud imprescindible para todo aquel que quisiera encontrar a Dios y «vivir en Él».María es el paradigma del pobre de alma, ya que Dios hizo «cosas grandes en Ella, porque vivió en actitud de esclava»: «Sí, que se haga en mí según tu palabra».

8.- Dios tiene un plan de amor para ti: En el conjunto de las meditaciones, ésta puede considerarse como la que da el sentido esencial a esta ruta del silencio. Todo camino de oración comienza a vivirse en profundidad cuando descubres que Dios te ama y tiene un plan de amor para tí.

9.- Pequeñas cosas: Es imposible encerrar las exigencias de respuesta orante al plan de amor del Padre. Por ello se indican estas «pequeñas cosas» como «señales de camino» que te ayudan a discernir si estás viviendo en el plan de amor del Padre.

10.- No oro porque soy bueno: oro porque soy pobre: Es la parábola de la mendiga. Dios le hace ver que para orar no puede presentarse ante e Señor con unas manos llenas de orgullo. Tampoco puede hacerlo con unas manos que se ofrecen con una humildad conseguida a base de «esfuerzos». Él quiere nuestra «nada» porque desea ser nuestro «TODO».

11.- Un corazón para la acogida: «Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, aquél que no es capaz de amar a su hermano?». La capacidad de acogida posibilita el encuentro y el diálogo con Dios. Si acogemos al hermano en nuestra vida, la abrimos al encuentro orante con el Señor.

12.- Un corazón orante: El corazón acogedor es un corazón orante. A partir de este pensamiento ya explicado en la meditación anterior, se presentan los caminos que ayudan a plasmar en la propia vida una experiencia de oración.

13.- Palabras desde el silencio: Todo lo que he venido explicando a lo largo de este conjunto de meditaciones lo he podido vivir de una forma muy especial durante una larga experiencia de enfermedad, y en unos encuentros, muy breves, pero muy intensos, con Su Santidad el Papa Juan Pablo II. María ha sido el gran «descubrimiento» de mi enfermedad.

En esta meditación hablada a «corazón abierto», intento explicar cómo el Señor y los hermanos me han enseñado a «orar la propia vida», abandonándome en las manos del Padre y dejándome amar por Él.

Por el camino del silencio
Anterior

Conclusión

Por el camino del silencio
Siguiente

A ti, que buscas a Dios