El riesgo de la confianzaOración contemplativa

Contemplativos en la precariedad (orar en el Carmelo)

Mirando mi propio corazón, con la mano en él, me hice la pregunta que lleva por título este capítulo. En realidad ¿qué es orar en el Carmelo?, ¿cómo se ha orado y se ora en el Carmelo? Por supuesto que no sabría responder con satisfacción a un tema tan rico y complejo, que me desborda por todos los lados. Me conformaré con ofrecer algunos descubrimientos y otros deseos personales, sin pretender decir lo más importante, pero sí algo de lo que más me importa, desde mi opción carmelitana. “Impresiones desde mi balcón”, podría también titularse este capítulo. Un ofrecimiento de mi percepción al creyente cristiano, depositario, como yo, de la riqueza del Carmelo, patrimonio de la Iglesia y de todo hombre inquieto.

 

CONTEMPLATIVOS EN LA PRECARIEDAD

Nos trasladamos al invierno de 1577-1578; un invierno especialmente duro para fray Juan de la Cruz. Hace frío por fuera y por dentro, es noche cerrada entorno y noche oscura al interior, está solo y desnudo, sin arrimo, permanece fray Juan muy quedo para no perder el gran encuentro que acontece de manera especial en momentos de despojamiento radical. Un pobre hombrecillo inocente, indefenso, vive en propia carne un trato injusto. El escenario es especialmente hostil. Pero como quien no quiere perder la perla del momento, no se evade en lamento y crítica y se entrega a acoger la voluntad de Dios. Borda, con una situación lamentable, una experiencia de comunión amorosa con Dios, crucial para toda su vida (“muchos años de carcelilla daría yo por una sola de las gracias que el Señor allí me hizo”, dirá años después). Da a luz una de las mejores poesías de amor que se han oído en lengua castellana. La soledad, el frío, la noche… dan lugar a la verdadera compañía, al fuego de Dios, a la luz única y fascinadora.

Unos meses antes, Teresa de Jesús, también en Toledo, comienza, por obediencia a escribir el libro de Las Moradas, en condiciones adversas de todo tipo, algo que se le hace especialmente dificultoso, porque no parece que le de el Señor espíritu para ello, ni deseo, y porque anda últimamente con ruidos y flaqueza en la cabeza… “no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia”, y escribe una de las obras más importantes de la espiritualidad cristiana, en pocos meses.

Teresa del Niño Jesús realiza una filigrana de camino interior, dejándose troquelar por el cariño de Dios, en una situación comunitaria no siempre favorable, y en ocasiones, especialmente adversa, en una profunda noche de fe, herida por la enfermedad de su padre y postrada, finalmente por su propia enfermedad que la llevará a los brazos de su Padre Dios.

El Carmelo ha escrito sus mejores páginas de vida y de comunión en situaciones no siempre favorables, frecuentemente adversas. Contemplativos en la precariedad, bordaron, fiándose de Dios hasta la osadía, la experiencia de vida interior que, definiendo al Carmelo en su conjunto, les identifica a cada uno de modo original. La precariedad y la limitación personal, comunitaria, etc. nunca serán suficiente excusa para dejar de zambullirse en el misterio entrañable de Dios.

La gran tentación será huir con la imaginación a mundos posibles, soñados, envidiables. El gran peligro es idolatrar otras experiencias, envidiar situaciones ajenas, llorar la propia mala suerte, no querer ni mirarse al espejo, en definitiva, esquivar la mirada y no confiar en Él, he aquí el gran pecado, no acoger la mirada de Dios. Para lo cual hay que superar varios complejos: de culpabilidad, de inferioridad, de superioridad… La amistad de Dios empieza curando y sanando nuestra no aceptación. “¡Paz a vosotros, soy yo, no temáis!”. Paz con nosotros mismos.

La tentación del Carmelo, del orante seguirá siendo hacer de lo accidental esencial y convertir en el problema y en bandera de lucha lo que no son sino ideas o medios, y no más bien la vida que tales ideas pueden -o no- evocar. Ya lo meditaba Isabel de la Trinidad al reflexionar sobre Marta y María: “sólo una cosa es necesaria” (“Unum necesarium”), algo que está más acá de la literatura carmelitana, porque “existe una vida íntima del espíritu carmelitano, que no se transmitió a los libros de nuestros fundadores, porque el papel no puede contener más que la ciencia muerta, sino que pasó integro al alma de sus hijos”. (1)

Si es cierto que gran parte de nuestra sociedad de consumo vive de mantener y provocar una enfermedad, la ansiedad y la insatisfacción, no es menos cierto que en el terreno espiritualoide se ha dado y se sigue dando esta deformación; se vive con ansiedad, miedo y no aceptación. La obsesión por el cumplimiento, la interminable y lamentable confesión de los propios pecados con afán exagerado de estar limpio y no condenarse, etc., han ocultado lo más encantador del Cristianismo: la amistad de Dios, la gratuidad de su mirada, y la posibilidad de que sea igualmente gratuita nuestra entrega. Vivir en obsequio de Jesucristo, como un “brindis” por Él, ha sido ideal del Carmelo.

 

LA ORACIÓN TRATO DE AMISTAD

La oración es medio, puerta, camino.., para la comunión, para ejercitar el amor, para activar la amistad. Orar es tratar de amistad. La oración ha sido el canal que ha encauzado la historia de amistad entre Dios y su criatura.

La amistad de Dios es un regalo gratuito, no una conquista. La ascesis nunca fue del todo lo primero para llegar a la mística, la ascesis suponía estar ya tocado. Siempre es renuncia por un amor mayor. Juan de la Cruz habla a hombres y mujeres tocados por Dios, en cierta medida enamorados. Pobres y desprendidos de nuestro orgullo, de una satisfecha conciencia, abiertos a Dios. La ascesis es el camino de la libertad, sencillez y simplificación de la vida, para descubrir la gran verdad que activa el Cristianismo: “Él nos amó primero”. Toda la ascesis sanjuanista está encaminada a centrar la vida, a enamorar el corazón, a unificar la mirada, a alcanzar la COMUNIÓN con el Amado. Tiene un sentido del todo positivo. Orar es dejarse mirar por Él, no ofrecer resistencia, esperar en desnudez y vacío, gozarse de estar cabe la fuente… no perder la sonrisa y la esperanza en la noche, porque la Noche es la gran opción de Dios.

El gran anhelo de Dios es que el hombre lo quiera y le ame porque sí, no por miedo ni por recompensa (en este sentido hemos maltratado la esencia del cristianismo con un Dios angustioso y angustiante, hambriento de cumplimientos y sacrificios). La gran locura de Dios es que no puede evitar querernos, aunque nosotros le olvidemos, su corazón de madre nunca deja de mirarnos con cariño. Permanece “a nuestra puerta cubierto de rocío -pasando- las noches del invierno oscuras” (Lope de Vega); y tendiéndonos la mano como un mendigo esperando nuestro granito de trigo (R. Tagore).

La amistad de Dios no se mide por el gusto sensible, sino por la fidelidad, confianza y entrega desnuda, y aun esto no condiciona la amistad de Dios. No es razón cierta de estar avanzado en la amistad de Dios el tener grandes ímpetus o gustos sensibles. Ni la sequedad es indicio claro de la lejanía de Dios.

Exigencia de la amistad es no buscarse a sí mismo, sino acoger Su mirada. “Mire que le mira”, “El mirar de Dios es amar”. Ante esa mirada permanecer con “atención amorosa”, sin muchas palabras, evitando “la demasiada especulación, tratando este negocio más con afectos y sentimientos de la voluntad que con discursos y especulaciones del entendimiento” (2), porque “no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho” (Sta. Teresa) y “lo que más os despertare a amar, eso haced” (San Juan de la Cruz), aquí está el cuerpo de toda oración, en amar, porque “a la tarde -de cada realidad vivida- te examinarán en el amor, aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición”. (3)

El lenguaje preferido del Carmelo para hablar de la relación entre Dios y la persona es el de los esposos, los enamorados. Hay que recuperar siempre el Cantar de los Cantares y su atrevida formulación de la amistad esponsal de Dios.

 

DISCERNIR EL TRATO DE AMISTAD

Elemento para discernir hoy la oración auténtica y veraz es que ese orar nos despierte al amor de los otros, de “los próximos” (Fco. Palau), del “otro” (E. Levinas) y que no nos evada, no nos diluya, sino que nos haga más vulnerables, más a la intemperie, más comprometidos. No se puede tratar de amistad con Dios creíblemente si no produce como un eco inseparable el trato de amor con los que más necesitan ser curados. En este sentido la oración siempre será una aventura peligrosa, cuando se hace de verdad sin prejuicios (Edith Stein). Orar es estar dispuesto a salir.., y sólo se ora cuando se ha salido de sí mismo.

“Quien dice que conoce a Dios y no ama a su hermano, es mentiroso”, quien dice que ora y no pone su vida en juego, no cambia, no llora ni ríe con los otros, dice mentira y pretende hacer a Dios cómplice de su sordera y su parálisis.

La oración cristiana del carmelita no está llena de vacío contemplativo, sino de la Presencia misericordiosa, compasiva de Dios, padre y madre. Un Dios en cuyos ojos están fotografiados al vivo los rostros de aquellos que más sufren, más le necesitan. Quien logre mirar a los ojos de Dios y penetrar a través de su sonrisa y sus lágrimas descubrirá que su niña, el corazón de sus ojos está llena de miradas, de nombres. Orar a Dios es despertar al amor de esos que son su niña.

El abandono en manos de Dios nunca provoca una actitud pasiva; activa el dinamismo del Espíritu en el interior del hombre, y esta es la mayor revolución. Abandónate… no esperes tiempos mejores. Ahora es el momento, ahora vive Dios, en estas circunstancias concretas.

No estamos llamados a repetir experiencias pasadas, sino a vivir nuestra propia historia de amistad, con la hondura de nuestros padres pasados, con su pasión.


1. P. Crisógono de Jesús, La Escuela Mística Carmelitana, Edde, Madrid. Mensajero de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz 1930, p. 23.
2. Instrucción de Novicios de los Carmelitas Descalzos, Madrid, 1591, en el capítulo De la Oración.
3. San Juan de la Cruz, Dichos de Luz y Amor 59.

El Riesgo De La Confianza (Caminos)
  • Miguel Márquez Calle
  • Editor: Desclée De Brouwer

Última actualización de los precios: 2019-04-18

Contemplativos en la precariedad (orar en el Carmelo)
Anterior

Nos hiciste, Señor, para ti... (el reto del tercer milenio)

Contemplativos en la precariedad (orar en el Carmelo)
Siguiente

Estaba dentro de mí y yo en Él (Teresa de Jesús)