La FilocaliaOración contemplativa

Glosario

ACEDIA (akidía): tedio, desgano, pereza e inercia espiritual. Genera obtusidad del espíritu, impotencia de la voluntad y disgusto por los mismos dones de Dios.

AFLICCIÓN ESPIRITUAL (pénthos): Se hubiera podido traducir como, «luto»: el término define, de hecho y en modo particular, aquel dolor que acompaña el luto por alguien. En la vida cristiana, se designa con esta palabra el estado de llanto por el pecado, para todo aquel que es consciente de la gravedad de éste. La aflicción espiritual es presentada por las Escrituras como la actitud que debe acompañar la conversión (cf. por ej. Gá 2:12 y St 4:9), y es a menudo vista por los Padres como aquella aflicción llamada por el Señor «bienaventurado» (cf. Mt 5:4). Es llamada también haropós, que significa «obradora de alegría,» porque el que permanezca en esta «tristeza según Dios» (cf. 2 Co 7:10), vive siempre más en la plenitud de la gratitud y en un amor lleno de asombro por Aquel que lo ha salvado y continuamente lo salva.

ASALTO (prosvolí): ver ESTÍMULO

CARNE (sarks): indica – conforme al uso bíblico – la naturaleza humana, caída y pecadora. En este sentido el término incluye, por lo tanto, la realidad humana completa, alma y cuerpo. Otras veces es usado para indicar el cuerpo en contraste con el alma, subrayando así, aquellos impulsos desordenados del cuerpo hacia las cosas y las realidades corpóreas, que tornan difícil el gobierno de las facultades espirituales del hombre, y que se oponen a la aspiración del alma humana que tiende hacia Dios.

CIENCIA: ver CONOCIMIENTO espiritual.

COMPUNCIÓN (katánixis): Como bien lo define la etimología de la palabra, significa ser atravesado por algo punzante. De esta manera, se define la íntima experiencia del alma que percibe la gravedad de su pecado en relación con la inmensidad del amor divino y con la majestad de Dios. La compunción se experimenta como una herida punzante en el corazón: al ser herido, brota todo el veneno del mal, ablanda su dureza, infunde, junto con el dolor por el pecado cometido, un sentimiento profundo de paz, de alivio, un humilde y amante reconocimiento de nuestra indignidad frente al indecible amor divino. Con respecto a la aflicción espiritual, la compunción es, quizás, un estado menos intenso y más atenuado que, desde su inicio, tiene un componente de dulzura que no tiene la aflicción espiritual, la cual es, decididamente, un estado de «luto» debido a la muerte producida por el pecado.

CONCUPISCIBLE (to epithimitikón): una de las tres potencias del alma, y, según la filosofía griega, es la potencia del deseo. Según natura, lo concupiscible fue puesto en el hombre como una potencia que le hacía tender a Dios. Obnubilado por el pecado, éste tiende a acercarse a las cosas creadas, buscando su posesión (ver también irascible).

CONOCIMIENTO espiritual o CIENCIA (gnósis): realización propia de la operación del intelecto (distinta de la operación discursiva de la razón) que, iluminado por la fe y por la acción de la Gracia, y en la medida en que es purificado, penetra progresivamente, ya sea las razones de las cosas o el misterio de Dios, ascendiendo los varios escalones del conocimiento espiritual (ver también discernimiento), hasta alcanzar la contemplación y la teología. El término asume matices diversos, según los distintos autores y períodos espirituales. Para tener un pantallazo de la historia del conocimiento en el cristianismo, se pueden encontrar algunos capítulos claros e interesantes en L. Bouyer, Espiritualidad de los Padres II , Bologna, Ed. Dehoniane, en particular pág, 79 -143 y 332 y ss.

CONTEMPLACIÓN (theoría): hay dos aspectos de la contemplación: la percepción y la visión del intelecto, que penetra las razones (lógi) de las cosas creadas, razones contenidas en el Verbo (Lógos), principio unitario del cosmos; y aquel, – muy sublime -, que emerge del intelecto, en el misterio mismo de Dios (ver teología). En este segundo caso, el intelecto es completamente atraído por el objeto espiritual que contempla, a tal punto, que todas las cosas exteriores se convierten en ausentes de la conciencia. Se habla a veces recontemplación de un modo menos específico, con respecto a niveles intermedios de concentración sobre un objeto espiritual.

CONTRADICCIÓN (antilogía): es la oposición a las sugestiones de las pasiones o de los demonios.

CONVERSIÓN o arrepentimiento (metánia): etimológicamente, la palabra griega significa «cambio de la mente.» Se trata, pues, de algo que no se resuelve en un sentimiento, aunque se implique verdadero dolor y compunción, sino que hace cambiar el rumbo del pensamiento del hombre, llevándolo a tomar la forma del pensamiento divino, expreso en la Palabra y en la ley divina en lo íntimo. Un cambio de pensamiento lleva, necesariamente, a un cambio en el actuar, a una conducta que se rectifique de alguna manera, que corrija y repare la conducta precedente, de la cual nos hemos arrepentido: por eso ha sido quizás necesario traducir esta única palabra con el vocablo castellano «penitencia,»que agrega un matiz práctico y expresa mayormente la concreción existencial de la conversión o del arrepentimiento.

CORAZÓN (kardía): considerado – conforme a la antropología bíblica -, el centro del ser humano, principio determinante de las elecciones y de los deseos de la persona. Por cierto, incluye también los sentimientos y las emociones, pero es mucho más, y se podría decir que en él se concentra todo aquello que san Pablo llama el «hombre interior» (cf. Rm 7:22 y ss). Es considerado como el órgano mediante el cual la gracia penetra, no solamente el alma, sino también todos los miembros del cuerpo El corazón es también el centro de la lucha, según la enseñanza evangélica: Del corazón salen malos pensamientos, homicidios, adulterios, prostituciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias (Mt 15:19).

CUSTODIA del corazón, del intelecto (filakí kardía, filakí nus): ver sobriedad.

DISCERNIMIENTO (diákrisis): en general, es la capacidad de acoger las mociones de la gracia y los signos de Dios, asumiéndolos, sin alterarlos por exceso o por defecto; se refiere también a la capacidad de distinguir la acción verdadera de la gracia y de los impulsos que proceden de ella, de los engaños del demonio, quien puede quizás, presentarse bajo la apariencia del bien. El discernimiento entre el bien y el mal pertenece a la verdadera ciencia. En un padre espiritual, además, el discernimiento se manifiesta también por la capacidad de adaptarse, en alguna manera, a la «medida» del interlocutor, secundándolo y disponiéndolo a recibir mociones del Espíritu, sin prevenirlo ni inducirlo a hacer lo que Dios aún no le pide y para lo que, en consecuencia, no da la gracia necesaria.

ECONOMIA (ikonomía): se entiende sustancialmente como el complejo misterio de las divinas disposiciones de la Providencia, relativas a la salvación y a su total desarrollo en la obra de la encarnación -redención, en Cristo.

ENERGÍA (enérgia): Ver Operación.

EROS (éros): aplicado a Dios, indica el fuego ardiente y el deseo unitivo que empuja al hombre hacia Dios. Más que el término griego agápi (habitualmente traducido por «amor») quiere indicar una intensidad estática del amor, según la expresión del Pseudo Dionisio: «El amor de Dios es estático, porque no permite que los amantes permanezcan en sí mismos, sino que los convierte en posesión de los amados» (De divinis nominibus, IV 13, PG 3, 712 A).

ESPIRITUAL o INTELIGIBLE (noitós): todo lo que se refiere al intelecto, entendido como suprema facultad espiritual del hombre y visto como el núcleo más profundo del alma. Es por ello que nos pareció mejor traducir como «espiritual» antes que «inteligible,» ya que esta última palabra – aunque sea más exacta -, tiene un matiz más bien intelectual y abstracto, desviando a veces el sentido respecto a estos discursos.

ESTÍMULO (prosvolí): estímulo o asalto es el impulso inicial al mal. Si, mediante la fuerza de la oración constante, y la «custodia del corazón,» el mismo es inmediatamente rechazado, la tentación es erradica da de raíz.

FE (parrisía): etimológicamente, en griego, significa «decir todo,» es decir, libertad de palabra y, por lo tanto, confianza, franqueza, seguridad. En el Nuevo Testamento, tiene generalmente un sentido positivo: es la seguridad infundida por el Espiritual, para dar testimonio en Cristo, frente a Dios. Pero el vocablo tiene también el significado negativo de excesiva seguridad, desenfado, libertad en sentido negativo, libertad equivocada, exceso de confianza en sí mismo: éste es quizás, el sentido prevalentemente usado por nuestros autores. Indica de este modo, la actitud fundamentalmente contraria a la humildad.

FILOSOFÍA, FILOSOFAR (filosofía, filosofín): la tradición cristiana ha usado este término remontándose a su sentido etimológico de amor a la sabiduría, y lo ha aplicado a la globalidad y coherencia de la vida del cristiano, en composición a la «filosofía» entendida como especulación abstracta. Aun más, ella es la búsqueda de aquella verdadera sabiduría que viene de lo alto, que es un regalo vital del Espíritu, y que informa concretamente a la vida cristiana, dándole un sentido evangélico.

FÍSICA: contemplación natural (ver contemplación).

GNÓSTICO: aquel que tiene el don de la ciencia o el conocimiento espiritual

HESICASTA (isihastís): aquél que practica la hesichía.

HESIQUÍA (isihía): indica al mismo tiempo recogimiento, silencio, soledad exterior e interior, unión con Dios. Es un termino técnico en la historia de la espiritualidad monástica, que refiere el estado de quietud y de silencio de todo el ser del hombre, necesario para permanecer con Dios: es una concentración sobre lo único necesario (cf. Lc 10:42), buscada también mediante condiciones externas. De tanto en tanto, el término podrá referirse al solo aspecto interior y espiritual, o bien, a las condiciones externas que lo favorecen, o a ambas cosas.

IMPASIBILIDAD (apáthia): estado de reintegración del alma a su pureza y libertad originales. Para algunos autores, tiende a indicar una verdadera liberación de las pasiones: para otros, más bien un retorno al buen uso de aquellas pasiones que Dios originariamente creó, orientándolas al bien. El vocablo no debe pues, ser entendido con el matiz negativo de la indiferencia, que es de uso común; tal liberación es, por el contrario, asimilable a la pureza del corazón y se orienta hacia la caridad.

INTELECTO (nus): es la suprema facultad humana y órgano de la contemplación; es aquella parte del espíritu humano que – contrariamente a la razón -, no procede de modo discursivo, sino que percibe intuitiva y sintéticamente la verdad divina, de la iluminación de la gracia. Por medio del intelecto, a través de grados sucesivos, el hombre avanza en el conocimiento espiritual, a los niveles supremos de la contemplación.

INTELIGIBLE (noitós): ver Espiritual.

IRASCIBLE (to thimión): es una de las tres potencias del alma, conforme a la griega. Lo irascible, o potencia irascible, manifiesta su accionar en la cólera o en la ira, en el desdén o, en general, en sentimientos e impulsos particularmente ardientes y violentos. Usado según natura, vuelve a su fuerza contra los demonios o rinde más ardiente el ímpetu de la atracción hacia Dios, pero en la naturaleza herida por el pecado, se ha con vertido en fuerza prevalentemente negativa, origen de toda violencia (ver también concupiscible y racional).

LIBERTAD: equivocada, negativa, excesiva (parrithía): ver fe.

MEDITACIÓN (meletí): el sentido del vocablo no corresponde habitualmente al moderno de meditación. Indica, antes que nada, una especie de frecuente petición, a menudo hecha en voz alta o a media voz, de trozos o versículos bíblicos, o bien de una expresión de súplica, a menudo inspirada en las Escrituras. Otro aspecto es el de la meditación llamada «secreta,» constituida por la constante repetición, como en el caso precedente, de versículos bíblicos o invocaciones, practicadas no exteriormente, sino como constante actividad mental. O, como se dirá en los siglos sucesivos, referido al intelecto fijado en lo profundo del corazón, en las profundidades del hombre interior La oración de Jesús es una de las fórmulas, inicialmente múltiples, usadas para la meditación, ya sea en su aspecto más externo de repetición vocal o como meditación «secreta.»

MENTE (diánia): lugar e instrumento de los procesos discursivos de la razón, usado también para indicar la razón misma: diferenciada del intelecto e inferior a él. Ver el vocablo razón.

NATURA, según y contra n. (katá físin, pará físin): «según natura» y «contra natura.» Son expresiones con las cuales los Padres se refieren al obrar de una pasión, conforme o contrariamente al que fuera su cometido originario en la naturaleza humana, tal como surgió de las manos de Dios. Por ej. la ira, es aquel impulso de desdén vehemente que el hombre debe dirigir contra los demonios y el mal, y de tal modo, esta pasión obra «según natura» cuando el desdén se dirige contra el hermano, entonces la pasión obra «contra natura» debido a la zozobra que el pecado ha producido en la naturaleza humana.

OLVIDO (líthi): es el olvido de los grandes beneficios de Dios, de su amor, de sus juicios, y es, al mismo tiempo, el olvido de nuestro mal y, por lo tanto, de nuestra necesidad de ser salvados. Éste paraliza la vida del espíritu, eliminando la oración, la acción de gracias y la confesión, y torna el alma siempre más opaca, inerte, incapaz de buscar a Dios. Es uno de los mayores enemigos de la vida espiritual, en la medida en que el recuerdo es, por otro lado, una de las más eficaces ayudas para progresar.

OPERACIÓN (enérgia): operación o más bien energía, es la acción propia de cada naturaleza. El término es usado también para indicar la acción divinizante de Dios, y también el acto, la acción puntual, en oposición a la acción habitual o hábito.

ORACIÓN DE JESÚS (Isuevhí): es la invocación del Señor Jesús, constantemente repetida con los labios, con la mente y con el corazón o, por don divino, con el corazón solamente, poniendo en ello el intelecto silenciosamente entregado. La fórmula más habitual es: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí.» Junto con alguna técnica que quizás ayude a la concentración, ésta produce realmente sus frutos, dependiendo de la fe intensa y actualizada al máximo en nuestro Señor Jesús.

PASION (páthos): la pasión es aquella tensión que el alma «padece» con respecto de cuanto se le puede presentar como bien o como mal. Algunos padres tienden a ver las pasiones siempre como fundamentalmente malas, con enfermedades del alma y, por lo tanto, debe ser eliminadas radicalmente. Otros, sin embargo, sostienen que las pasiones son impulsos buenos, puestos por el Creador en el hombre, y que luego se pervirtieron con el pecado. En este caso, más que suprimir la pasión, se hablará de un retorno a su valor original, sustancialmente orientado hacia Dios y hacia la salvación. Naturalmente, este retorno no podrá producirse mediante una banal «reeducación» de las pasiones, sino mas bien mediante la reinserción de todo el hombre en Cristo, por medio del bautismo, los sacramentos y el camino concreto de una vida evangélica, con la mortificación de los miembros que se encuentran sobre la tierra (cf. Col 3:1-10).

PASIÓN POR DIOS (éros): ver eros.

PASIÓN PRE-CONCEBIDA (prólipsis): hemos traducido habitualmente con esta perifrase, la palabra griega que podría significar «predisposición» o «pasión preformada.» Se trata del estado pasional, determinado en el alma por una precedente «toma de posesión» que, luego de sucesivos actos de pecado, una particular pasión ha obtenido sobre ella. Tal pasión, aunque haya sido vencida en la frecuente manifestación en los actos, deja, sin embargo, el alma enferma, «predispuesta» a caer en aquellos pecados en los cuales la pasión se actualiza habitualmente, sujeta, por lo menos a sentirse turbada por el recuerdo de estos males.

PENITENCIA (metánia): ver conversión.

PENSAMIENTO (logismós): tiene habitualmente un sentido negativo: se trata de los «razonamientos» que surgen en el corazón y el intelecto, por un impulso de las pasiones y por sugestión del demonio Es tarea de la custodia del corazón impedir el acceso de los pensamientos negativos.

PERCEPCIÓN (ésthisis): ver sentido.

PLENA CERTEZA (pliroforía): conciencia de la gracia, sentimiento de plenitud y certeza, seguridad intocada por la duda de los hechos de la fe, en la consciente percepción de su presencia actual y operante de la vida, en lo profundo del corazón. Cuando no es originada en el engaño o la ilusión (aunque en este caso se mezcla con la soberbia, confianza en sí mismo, e incapacidad de someterse al discernimiento de alguna guía), ésta es el índice de la presencia del Espíritu Santo, es la manifestación de su obra, la certeza de «sentir» y obrar en Él.

PRÁCTICA, de las virtudes, de los mandamientos (praktikí, praktikón): vocablo usado sobre todo por Evagrio, quien lo recibe directamente de Orígenes, el cual ve en María y en Marta el símbolo de la contemplación y de la práctica. Ambas virtudes son entendidas como inseparablemente unidas, en cuanto que la práctica es el actuar de los mandamientos, de las virtudes, de la ascesis tendiente a la obtención del conocimiento espiritual y de la contemplación.

PRINCIPIO FUNDAMENTAL o DIRIGENTE (to logikón):el ser humano, dotado de múltiples facultades, no se resuelve en ellas , sino que es unificado en su núcleo más profundo, del cual proceden y son ordenados, con un fin único, todos los impulsos. Y éste es el principio fundamental o dirigente del alma. Esta noción de la antropología clásica (sobre todo del estoicismo), ha sido asumida por los Padres. Esto se puede ya constatar en Orígenes, quien ve en el principio fundamental, el punto de enlace entre el hombre y el don de Dios: .».. la parte del alma… que es la mas preciosa de todas, y que algunos llaman el ápice del corazón, y otros, sentido espiritual o sustancia inteligente o, que, del modo como se la llame, está en nosotros, siendo aquella parte de nosotros mismos, por la cual podemos ser capaces de Dios» (cf. Homilías sobre el Exodo, hom IX, 4). Hemos traducido el vocablo también como «suprema potencia del alma.»

PRUEBAS (pirasmós): tentación.

RAZÓN (lógos): facultad intelectiva que obra mediante procesos lógicos de carácter discursivo, procesos deductivos e inductivos, que parten de datos proporcionados por los sentidos o por la Revelación (contrariamente a aquella operación del intelecto que es intuitiva y sintética). Pero a este vocablo, la recopilación prefiere el vocablo griego (diánia) que nosotros traducimos como mente.

RACIONAL (to logicón): potencia intelectiva del alma, conforme a la filosofía griega (ver irascible y concupiscible).

RECUERDO (mními): la doctrina del recuerdo de Dios se remonta a san Basilio, de la cual nos habla repetidamente en su libro Obras Ascéticas, definiendo como «deber» del cristiano que come el pan y bebe del cáliz del Señor, custodiar incesantemente la memoria de Aquel que ha muerto y resurgido por nosotros. El recuerdo de Dios, impreso como un sello indeleble en la memoria, se opone a las agresiones de los pensamientos e impide los males provenientes del olvido. El recuerdo de Dios es lo opuesto a cualquier posibilidad de auto contemplación, por la cual nos mantenemos ajenos a nuestros semejantes, es lo opuesto a toda tristeza malsana, a todo cansancio y envilecimiento. Toda obra de la sobriedad tiende a permitirnos permanecer en tal recuerdo y, por consiguiente, en la oración continua.

SENTIDO íntimo, del corazón, etc. (ésthisis): significa en griego, ya sea «percepción» como «sentido» (eventualmente con adjetivos especificantes), y también, en plural, «sentidos,» «facultades sensitivas.» En los primeros dos significados, se refiere a la íntima experiencias de las cosas de Dios, al sentimiento consciente de la gracia operante, y a menudo se asocia con la plena certeza, con el sentido en plenitud. Esta nueva sensibilidad se torna factible en el cristiano, gracias a ese organismo nuevo que se constituye con el bautismo y crece con los sacramentos y la oración, organismo dotado de sentidos nuevos (la misma palabra, pero en plural), espirituales: «‘Así como hay sentidos distintos, el gusto, la vista, así… también en el alma existe, ya sea la facultad de ver y contemplar, ya sea la de saborear y percibir la calidad de los alimentos inteligibles… Al Señor se lo saborea y se lo ve» (Orígenes, In Jo XX, 33, PG 14, 676 AB).

SINERGIA (sinérgia): cooperación. Sin embargo, en la patrística griega, este término tiene un significado técnico que indica la de Dios y del hombre en la obra a de la salvación; una cooperación, no entre iguales, entiéndase bien, sino que es la unión de la operación salvificante de Dios, con el sí de la obediencia de fe del hombre.

SOBRIEDAD (nípsis): es una especie de ayuno espiritual que consiste en custodiar el intelecto, la mente y el corazón no alterados ni excitados por las pasiones ni por las distracciones, a fin de permitir al hombre permanecer en la oración (cf.. 1 Pe 4:7). Es la actitud debida del cristiano quien debe, siempre «permanecer en Cristo» (cf. Jn 15:4 y otros), con toda sus facultades propias y que constituye en sí mismo, todo el programa de la vida monástica, En la tradición bizantina, los santos monjes maestros de oración son llamados precisamente en el término griego niptikí.

TEÁRQUICO (thearhikós): podríamos traducir este término como «divino,» pero preferirnos conservar la sugestión de las dos raíces griegas, de las cuales la palabra resulta compuesta: divino y principio deificante.

TENTACIÓN (pirasmós): con este término se designa todo el proceso de un pensamiento pasional o de una sugestión diabólica, desde su comparecer como simple estímulo, al definirse como pensamiento acompañado por imágenes – etapa en la cual un cierto consentimiento a la tentación ya ha sido dado -, hasta el punto en el cual el hombre entra, por así decirlo, en dialogo con el pensamiento (como Eva con la serpiente), y es así que la tentación ha alcanzado, su objetivo. Difícilmente podrá el hombre dejar de traducir en acto su pensamiento pecaminoso, cuando se trate de un pensamiento que encuentra su concreción en una acción; y más aún, si se trata de un pensamiento que encuentra su consumación pecaminosa ya a nivel mental: al entablar el hombre el «diálogo,» se puede decir que, por lo habitual, tal consumación ya ha actuado. La palabra griega misma designa, y con razón, aquel término que nosotros llamarnos «prueba,» al cual tendemos a darle el valor de «sufrimiento» meramente soportado, y que no ofrece ninguna ambigüedad de resultado sino que, simplemente, nos ha sido enviado por Dios para nuestro progreso. En realidad no es tan así para los Padres. La enfermedad, el dolor, las dificultades interiores, las contradicciones de la vida, son reales «tentaciones,» pues ponen al hombre frente a una elección: la de optar por aceptar y vivir la prueba, con una adhesión y sumisión de fe, que produce los frutos más felices, o bien, la murmuración y la falta de fe, que nos pueden llevar a la rebelión y al rechazo de Dios mismo.

TEOLOGÍA (theología): según los padres griegos, este término no se refiere al ejercicio de una actividad discursiva relativa a las cosas de Dios, sino más bien, al grado superior de la ciencia o conocimiento espiritual (gnósis). Es una iluminación (fotismós) que introduce al conocimiento de la Santísima Trinidad, al estado de impasibilidad de la oración perfecta, al coloquio silencioso con Dios. A este estado, el intelecto humano no llega más que por un don gratuito del Espíritu, además de escuchar la palabra: sólo esta iluminación habilita a hablar de las cosas de Dios. La liturgia griega, en este sentido, llama «teólogo» al ladrón que fue crucificado con Jesús, porque en la Cruz lo reconoce como el Señor, siendo misteriosamente instruido por el Espíritu respecto a la gloriosa identidad del Crucificado. Teología significa también, simplemente, el misterio trinitario, el misterio de la vida de Dios en Dios, y en este caso, se contrapone a economía, término que se relaciona con los misterios de la encarnación, de la muerte y de la resurrección de Cristo.

XENITÍA (xenitía): se podría traducir como «alejamiento.» Indica – como la hesichía -, tanto una actitud interior como un exterior. Es, antes que nada, una actitud interior de alejamiento, que tiende a mantenernos ajenos y peregrinos (cf. 1 Pe 2:11), en camino hacia la Ciudad celeste, puesto que nuestra ciudadanía está en los cielos (Flp 3:20). En este sentido, la xenitía se manifiesta con humildad, rechazando toda curiosidad, no interfiriendo en lo que no nos concierne, dejando de lado todo juicio y evaluando cada cosa en continua referencia con la eternidad, la incertidumbre del mañana, la hora desconocida de nuestra muerte. Pero la xenitía ha sido también definida en un sentido amplio, dentro de la vida monástica, como una elección material de vida, en un país extranjero, para vivir a fondo, en la carne y en la cotidiana percepción, aun psicológica, ese desgarro que es antológicamente propio en todo cristiano, desde el momento en que el bautismo lo ha convertido en un extranjero en el mundo, un sin patria, tendiendo a esa Ciudad bien fundada que está en los Cielos (cf., Hb 11:10).

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