La oración contemplativa (Finkler)Oración contemplativa

La oración contemplativa (introducción)

Este libro se ha escrito a partir de una inspiración sacada de la lectura de La Nube del No-Saber. Se trata de un método, aparentemente sencillo, con el que se puede llegar a la oración contemplativa. Es decir, a una oración de quietud, que el autor anónimo del libro -probablemente un monje inglés que vivió en la Edad Media- describe con todo detalle como un procedimiento a seguir para aprender a contemplar.

Después de un agitado período de activismo pastoral bastante generalizado por no haberse entendido bien el estímulo renovador del concilio Vaticano II, surge ahora en la Iglesia un movimiento renovador de vida de oración.

Es verdaderamente alentador ver cómo actualmente existe una búsqueda muy extendida de mayor intimidad con el Señor. La sorda oposición a ese movimiento no viene de la Iglesia. Los religiosos y los cristianos en general que se sienten llamados a esa vocación personal, procuran responder personalmente a la llamada interior del Espíritu. De las acusaciones de ideas torcidas de quietismo o de subjetivismo de algunos, tal vez excesivamente empeñados en obras materiales, no se sigue que se pueda detener ese ímpetu de renovación espiritual.

Todo indica más bien que vivimos un segundo pentecostés.

El método que se describe en La Nube del No-Saber consiste esencialmente en penetrar en lo más íntimo de uno mismo, donde Dios mora, para encontrarnos con él en ese punto recóndito del misterio humano.

Cristo nos aseguró más de una vez que «el reino de Dios está dentro de nosotros». Dijo también que, «si estamos en él, él está en nosotros». Otros pasajes, en fin, de la Sagrada Escritura nos aseguran de diversas maneras que Dios mora en nosotros. El método procede, pues, de fuera hacia adentro, de la periferia hacia el centro.

Éste es también el método o la técnica usada por otras prácticas de «interiorización que no siempre tienen que ver con la religión cristiana.

Aquí, como por medio de cualquier otra metodología, no es siempre fácil descubrir el camino que lleva a Dios. La oración no puede enseñarse. Se pueden proponer algunos ejercicios que ayuden al esfuerzo que requiere un descubrimiento.

De cada dos personas que hacen el mismo ejercicio para aprender a rezar contemplativamente, una descubre la oración; la otra, no. Lo que los libros publican al respecto sirve de apoyo a los que quieren descubrir la contemplación. Mas el descubrimiento de la misma es siempre una proeza absolutamente personal. Nadie puede enseñar una experiencia de Dios. Esta es siempre fruto que surge, a veces inesperadamente, de un ejercicio adecuado o bien ejecutado. La experiencia no depende únicamente del ejercicio en sí, sino que es el resultado de conjugar acertadamente al menos dos variantes o componentes: el ejercicio como tal y las condiciones subjetivas de fe, de amor, de confianza, de deseo… de quien lo realiza.

Este libro trata de animar y orientar a cuantas personas se sientan interesadas en descubrir una oración más profunda, más íntima y, por tanto, más satisfactoria para la práctica de la vida espiritual. El texto es fruto de una prolongada meditación reflexiva de La Nube del No Saber.

De esta manera, el texto original del desconocido monje inglés, escrito, como ya dijimos al comienzo de estas páginas, en plena Edad Media, ha sido replanteado hoy desde los más modernos conocimientos de las ciencias humanas.

Se presenta, por tanto, con un ropaje nuevo, moderno, al alcance del hombre medio de la civilización en que vivimos. Como es de suponer, he tenido la preocupación ética de dejar intacta la sustancia doctrinal de la obra original.

Tal vez alguien se pregunte a este respecto el porqué de ese cuidado. La respuesta es simple. La doctrina sobre Dios y sobre la espiritualidad cristiana tiene un valor perenne, fundamentalmente inalterable. Ella alimenta la espiritualidad desde los orígenes del cristianismo. Naturalmente, ha evolucionado y progresado a través de los tiempos, pero no ha cambiado ni cambiará sustancialmente. Lo que era verdad cristiana en época de los apóstoles, continuará eternamente siendo verdad.

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