El riesgo de la confianzaOración contemplativa

¡Qué grande es el poder de la oración! (Teresa de Lisieux)

(Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, carmelita descalza, entró en el Carmelo a los 15 años y murió a los 24, el 30 de septiembre de 1897. Teresa Martin había nacido en Lisieux el 2 de enero de 1873. Santa, Patrona de las Misiones y, recientemente, Doctora de la Iglesia).

¿De qué hablamos cuando hablamos de la ORACIÓN en Teresa de Lisieux?: ¿de métodos, de oraciones vocales, de lo que hacía en las dos horas de silencio, de sus jaculatorias y elevaciones, de sus deseos grandes, de su amor a Dios…?

Santa Teresita no es respuesta clara a la pregunta por la oración. Nada de recetas, no mínímíza. En nuestro afán de tener palabras escuetas y claras que disparar contra problemas sin resolver despachamos la vida y las cuestiones demasiado pronto, en una reducción de la vida a consulta-respuesta.

Teresa de Lisieux es confirmación de que no hay libro, no hay maestro, no hay escuela, no hay imitación, en sentido último, hondo. Dios rompe la brújula cuando creemos estar ya en el camino. En un momento de la vida de Teresa la brújula se hace migas. ¿Qué queda entonces?: el abandono, la confianza.

Nuestra manera de enseñar a orar ¿no es frecuentemente dar brújulas y ceremonias seguras a nuestros alumnos, pacientes discípulos, hablándoles, en el mejor de los casos, de nuestros propios logros y decepciones… en lugar de atender al orante personal y su momento (escuchar su voz interior), descubrir el soplo de Dios (siempre original y sorprendente) en él?

Cuando escuchamos a alguien consultándonos sobre oración, a veces, encerramos, sin querer, su problema en nuestro aprendido elenco de problemas-recetas o le ubicamos en nuestra escala de niveles.

Descubro en Teresa de Lisieux (en su experiencia) una invitación a liberarnos de muletas y relativizar también a los grandes maestros y libros. La madurez consistirá en esta capacidad para volar a solas y en fraternidad (descubrir la propia soledad, individualidad en referencia y diálogo con otros, pero sin anular mi soledad y originalidad).

Aunque, ¿no cayó también ella en el error de tener respuesta para todo? Esto, siendo válido para uno, ¿lo es para los demás?, ¿todos los problemas tienen respuesta desde la fe? La noche de Teresa, ¿no será crisol también de la sabiduría entendida como respuesta?

Existe una “alegre” lectura de la oración de Santa Teresita que no hace honor a su denuncia, a su provocación, a su sospecha de nuestras falsedades y atajos no legítimos y a la enorme osadía (ardua y difícil) de su camino (un “caminito” que se prolonga en precipicio, obligándonos al vuelo).

Orar es una aventura peligrosa que puede destrozar y recomponer la vida, que supone irnos disponiendo a lo desconocido, desconcertante y amargo-gozoso de Dios en nosotros. Al hablar de la oración estamos hablando de verdadera, progresiva autoinmolación, con una sola motivación: el amor.

Libertad y confianza, tan añoradas como difíciles, se oponen a nuestras esclavitudes y desconfianzas.

 

ACLARACIONES

SANTIDAD: la santidad que nos ha presentado esta mujer no es la de una perfección entendida como ‘blancura sin mancha’, sino más bien como aquella idea que expone Leonardo Boff de “Integración de lo negativo”, en su libro sobre San Francisco (1). No cumplimiento de sí, sino crecimiento continuo en la aceptación de sí mismo, de la propia limitación.

El santo es original y libre para hacer un camino nuevo. En sentido hondo, no imita modelos. No angustia de superación de una imagen predeterminada. Es original y, por eso, resulta peligroso e incluso sospechoso.

Santidad como fidelidad cotidiana en las pequeñas cosas, en la entrega invisible y ante la sola mirada de Dios. Santidad desinteresada de recompensa, incondicional.

La misión de Teresa empieza en el interior de ella misma. Y ella misma se pone como ejemplo. (2)

VIDA ENTERA: la oración de Teresa de Lisieux es toda su vida, es diálogo, alianza, vínculo globalizante. (3)

Toda la personalidad espiritual de Teresa se fragua en el diálogo con Dios. Y, a su vez, la complejidad y originalidad de la oración discurre al son de la persona. En el silencio confluye todo lo que somos. La oración de cada uno es como él es. Se podría decir que a tal personalidad tal oración. Al igual que a tal Dios tal oración, y a tales circunstancias tal oración.

La oración, si es apertura sincera a Dios, va dinamizando la vida entera, y reclamando una entrega no esporádica, sino vital.

Orar es vivir como enamorados, descubriendo al Amado en todo lo que se vive, haciendo de la vida un diálogo con Él. Toda la vida es alianza de bodas (aunque necesite de momentos de especial intensidad).

MÉTODO: todos los autores destacan la libertad de Teresita en cuestión de método. No utiliza unas técnicas o métodos predeterminados (aunque sí tiene truquillos…). Se remonta a la mejor tradición del Carmelo: unión con Dios por el afecto. El Carmelo ha cultivado siempre la libertad interior como clima propicio para que se de el encuentro de personas. Todo proceso místico en las principales religiones culmina en un movimiento simple, despojamiento y dejarse troquelar. El Carmelo ha previsto siempre dos horas de oración, pero como riego de toda una existencia abierta dialogalmente a Dios en todo.

Hay que señalar el influjo de fray Luis de Granada en nuestros primeros tratados de oración (que nos han acompañado hasta nuestros días…). Influjo eclesial de San Ignacio, San Francisco de Sales, etc. (4)

“Sabemos por Sor Genoveva de la Santa Faz que ni la madre María de Gonzaga, ni la misma Teresa enseñaban a sus novicias un método de oración. No vemos tampoco que sor María de los Ángeles, encargada del noviciado en el tiempo de Teresa, le inculcase una manera especial de hacer oración” (5). En el libro “Tesoro del Carmelo”, que tenía especial autoridad en el Carmelo de Lisieux, centrado en la ascesis, reparación, ofrenda como víctima a la justicia divina… apenas se trataba el tema de la oración, sólo en clave de consejos.

Hoy se reivindica la contemplación como actitud vital, como movimiento simple del corazón.

Y existe un gran desinterés por las escuelas espirituales. Rechazo de lenguajes sistemáticos para expresar el camino de la oración.

No podemos, por tanto, pretender diseccionar la vida de oración de Teresa en estados, vías, etapas, moradas…

Su gran aportación personal ha sido recordarnos lo esencial del mensaje cristiano y de la oración. (6)

Teresa, por su osadía, nos ha descubierto algo muy viejo y nuevo de Dios. La oración es la punta de lanza de su búsqueda. Oración que se expande en toda su existencia y que no depende al final ni del sentimiento, ni de la visión… (adentramiento en una inseguridad confiada), sino de un amor que un día le quemó y transfiguró hasta dejarla marcada de vida y de muerte.

 

ORIGINALIDAD DE TERESA DE LISIEUX

Dios hace eficaz y oportuno su mensaje. Dios desvela a un ser escondido haciéndole oportuno mensajero de algo que se necesita con urgencia.

Dios pronuncia una palabra en silencio y convierte esa palabra en profecía, no porque sea nueva, original, sino porque Dios hace que sea oportuna para un tiempo, para nosotros, porque tenemos sed de ella. Pero la canonización del mensajero puede no hacer honor a su condición de canal. Guardarnos del peligro de idolatría. Mitificar la persona es amordazar en parte su mensaje.

“Se ha señalado que mucho de su doctrina se halla en la tradición de la escuela mística francesa, que Margarita de Beaume, carmelita del siglo XVII, se le anticipó en la devoción al niño Jesús y hasta en la expresión de ‘caminito’ y de ‘almas pequeñas’, que Bérulle y Condren hablaron profundamente sobre el ‘espíritu de infancia’, que San Francisco de Sales, cuya orden ha reconocido como ‘suyas’ las ideas de Teresa, fue su gran precursor. Pero a renglón seguido hay que notar como complemento que de todo eso no tenía Teresa la más leve sospecha, que ‘ella se siente inequívocamente como portadora de algo absolutamente nuevo'”. (7)

Esto no niega la verdadera originalidad, su personal descubrimiento: “Sólo Jesús me ha enseñado. Ningún libro, ninguna teología me ha instruido y, sin embargo, yo sé en el fondo de mi corazón que estoy en la verdad”. (8)

La originalidad de Teresa de Lisieux es incuestionable desde el punto de vista de su ausencia de medios que pudieran ayudarla a descubrir un camino tan diferente al que imperaba en la espiritualidad y en el Carmelo de Lisieux.

Su oración discurre sin vacilaciones por la senda de la espontaneidad y la sencillez, va viviendo la oración que cuadra con su ser más íntimo y personal. Punto al que todo orante ha de aproximarse dejando referencias prestadas que seguirán valiendo sólo en cierta medida. Invitación a “inventar” nuestra propia oración. Teresa ha sido toda su vida una mujer despierta, atenta a su voz interior, sobre todo a la voz de Dios en su interior, más allá de todo interés personal, del que Dios se va a ir encargando de despojaría.

 

DEFINICIÓN / PRAXIS

No habla mucho de la oración como ejercicio, apenas quince veces en los Manuscritos, de lo que sí habla es de la realidad de la oración, y sobre todo, como Santa Teresa, ora espontáneamente de manera sencilla.

Por contraste, en su época existe superproducción de oraciones. Le dan dolor de cabeza tantas. Aunque reconoce que algunas son muy bellas.

Una de sus afirmaciones categóricas sobre la oración es la siguiente: “¡qué grande es, pues, el poder de la oración!” (9) Poder en cuanto a realizar nuestro deseo, bien orientado, incluso, en el caso de Teresa, algún capricho, al mejor estilo de los enamorados apasionados.

Ese poder se orienta cada vez más hacia el milagro de la obra de Dios en ella, progresivamente va cediendo su deseo al abandono en manos de Dios. No poder como consecución de favores o milagritos que ponen tiritas a heridas abiertas.

 

AL ENCUENTRO DE DIOS (PEDAGOGÍA DE COMUNIÓN Y MISIÓN):

El movimiento de madurez dibuja en ella un cambio respecto a sus inicios:

* Dejarse amar, mirar, abrigar… “Tú eres mi hijo amado”.

* Descubrir ese lugar dentro de nosotros en el que nos sentimos amados al encontrar un amor incondicional, un abrazo entrañable.

Echar a volar/salir (sufrimiento, desapego, separación…) -> dimensión misionera de Teresa a partir del dinamismo del encuentro con Dios.

1. Mirada que despierta y plenifica (Abba)

Teresa vive inmersa en un ámbito de afecto, de mirada cálida, de acogida: su madre, su padre, sus hermanas, por un lado, le disponen para acoger y entender la gratuidad y limpieza de la mirada de Dios. Otra mirada clave es la de María: la “milagrosa” curación por la sonrisa de María, que la dispone para una etapa nueva.

“Dios se ha complacido en rodearme siempre de amor. Mis primeros recuerdos guardan la huella de las más tiernas sonrisas y caricias… Pero si el Señor puso mucho amor en torno a mí vida, se dignó también conceder a mi pequeño corazón un natural amoroso y sensible”. (10)

Ella lee toda su existencia a la luz de la iniciativa amorosa de Dios, de la misericordia, de su AMOR PRIMERO. Se trata del tema clave del Nuevo Testamento, la gratuidad del amor de Dios.

Teresa es profecía del verdadero rostro de Dios, a la vez que maestra de la sospecha de las falsas imágenes canonizadas en su tiempo. Pone en su altar al Dios padre-madre, entrañable y cercano y retira al Dios de la justicia divina, del miedo y de la reparación. Es una revolución en marcha.

La oración depende del Dios al que oramos.

Antes que conocerse a sí mismo y aceptar la propia limitación, es, para Teresa, conocer el amor de Dios. Convierte su vida en una profecía de la ternura de Dios que invita a respirar hondo en la vida, superando la angustia.

En el amor de Dios con el que ha sido marcada a fuego, va incluida la misión. Es un amor que pone en camino, dinamiza hacia los otros, aun viviendo escondida.

2. Fidelidad personal

* (Conocerme): Pequeñez, aceptación… confianza

Aceptación: saber vivir en el presente, estar presente, aquí y ahora. Respiración relajante, autorreconocedora.

Este paso supone la base de toda oración y el segundo momento en la pregunta por la oración: el sujeto que ora ha de aprender a quererse a sí mismo en la mirada de Dios, y ahí ir aceptando la circunstancia de su limitación.

Desenmascarar mi falso yo. La oración como espejo de autoconocimiento y sanación. Sanación de mi afán de seguridad en mis obras y en Dios.

El reconocimiento de la propia debilidad es camino de libertad, una de las características de la oración de Teresita. En su debilidad experimentará la fuerza de la gracia. Confiar es también morir. Si muero acepto no sólo mi limitación, sino el paso de Dios por mi vida.

El descubrimiento del rostro de Dios y la aceptación de mi precariedad me disponen para confiar. La confianza es la base de la relación entre Dios y Teresa. Como si hubiera leído sus escritos, Hermann Hesse lo expresaba así:

“La piedad no es otra cosa que confianza. Tiene confianza la persona sencilla, sana, inofensiva, el niño, el salvaje. A mí, que no era sencillo ni inofensivo, la confianza tuvo que llegarme después de muchos rodeos. El principio es confianza en si mismo. La fe no se alcanza con cálculos, culpa y escrúpulos de conciencia, ni con mortificación y sacrificios. Todos estos esfuerzos van dirigidos a dioses que habitan fuera de nosotros. El Dios en quien debemos creer está en nuestro interior. Quien se niega a sí mismo, no puede aceptar a Dios”. (11)

La confianza adquiere el tono de abandono en un sentido más radical: “Se trata de ir a Dios, con las manos vacías, en acción de gracias, para reconocer lo que está realizando en nosotros. Se puede definir como una puesta de todo el ser en la corriente del Espíritu Santo (…) Es un abandono activo a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y este movimiento se sitúa sobre el plano de una perfecta disponibilidad de un ser a la acción de Dios. Se trata de volver a Dios aunque sólo sea unos instantes, para desplegar ante él nuestras preocupaciones y nuestros proyectos para que él sea el dueño de ellos”. (12)

* Actitudes de Teresa de Lisieux

– Silencio: Fundamentalmente la Palabra de Dios (los Evangelios) guían su vida.

El silencio como ausencia de dominio, de poder. La ineficacia como terreno donde Dios siembra.

El silencio ámbito del misterio que nos sobrepasa.

– Simplicidad: se deja hacer por Dios como el niño. La perfección no consiste en sumar virtudes o méritos, sino en decrecer, hacerse transparentes a la gracia.

– Sinceridad: no dejarse engañar de las emociones. Oración desnuda y abierta. “Digo sencillamente a Dios lo que quiero decirle…”

– Indiferencia: conformidad con el querer de Dios. Capacidad de relativizar y dejar a Dios ser Dios.

3. Ausencia / silencio de Dios: abandono

“Seréis libres de verdad cuando vuestros días no transcurran sin preocupaciones, cuando vuestras noches no estén vacías de necesidad ni de pena. Lo seréis cuando esas cosas acosen por todas partes vuestra vida y desnudos y sin ataduras consigáis sobreponeros a ellas”. (13)

Dios pronuncia una palabra en la vida de Teresa. Esa palabra bautismal es lo noche.

La sequedad y la purificación ya le acompañan desde hace años. Dios le ha enseñado a descubrir lo nutritivo de dicha oración. En una oración desnuda de éxtasis Teresa acepta la invitación a buscar a Dios solo. Todo sentimiento sensible queda sumergido.

Teresa se hace maestra en saborear de frente la amargura y el dolor. Entregarse a Dios en la purificación del corazón es fuente de libertad profunda y de verdadera alegría. (Cuando miramos sin miedo el dolor lo desnudamos de ansiedad y angustia).

Más arriba dijimos con Boff, que Teresa de Lisieux obedece a una santidad como integración de lo negativo, más que como perfección moral.

A partir de la Pascua del 96 la noche cae sobre Teresa. El silencio de Dios, su ausencia sensible… dibujan un despojamiento radical, al que Teresa responde con la actitud del abandono. Pasividad activa, abandono activo al Espíritu Santo. La actitud más difícil y de más quilates, espiritualmente hablando.

La noche se convierte en prueba, crisol último. En medio de las tinieblas define la felicidad que puede existir en la noche; pone el ejemplo del pajarillo: “Nada podrá asustarlo, ni el viento ni la lluvia. Y sí oscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar. sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante. Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que lo rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y débil ser. ¡ Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe…!”. (14)

A continuación dice que aunque el pajarillo se distraiga y se aleje a beber o jugar o hacer travesuras, el “Astro adorado” sigue amándole y mirándole con igual cariño.

Toda la experiencia de oscuridad de Teresa de Lisieux la hace solidaria de los hombres que caminan a tientas, sin ver claro. La noche hace a Teresa no estar a salvo. Ahora está más cerca que nunca de sus hermanos, en su mismo terreno.

Teresa vive su identificación con la Faz del Señor como no lo había imaginado, vive en escondido la prueba de la soledad, y del no sentir a Dios: “Tu faz es mi sola patria.., en ella escondida siempre a ti me pareceré…”. (15)

 

CONSEJOS PRÁCTICOS

Santa Teresita nos ofrece algunos trucos o ejercicios para desenvolvemos en la oración:

– Mirar de frente el dolor-desconcierto, sin huir. Respirarlo, encararlo, para ser libres. Situarnos en el interior de nuestras dificultades y descubrir la perla y el crecimiento que nos aportan.

– Distracciones: caer en la cuenta de ellas. Presentarle a Dios el objeto de distracción y volver a centrar la mirada.

– Aprender a reírse de sí misma. No dramatizar; relativizar. Educar el sentido del humor.

– En la sequedad que le impide formar un solo pensamiento para unirse a Dios: “rezo muy despacio un padrenuestro y luego la salutación angélica”.


1. Cf. L. Boff, San Francisco de Asís. Ternura y Vigor, el capítulo 5: San Francisco: La integración de lo negativo de la vida -el santo: ¿ un hombre perfecto o un hombre integrado?-, Sal Terrae, Santander, 1982, pp. 185-215.
2. Cf. U. Von Balthasar, Teresa de Lisieux. Historia de una misión, Ed. Herder, Barcelona, 1989, pp. 56-57.
3. Cf. J. Lafrance, Teresa de Lisieux. Guía de almas, EDE, Madrid, 1985, pp. 18-32.
4. Cf. H. Petitot, Vida integral de Santa Teresita de Lisieux. Un renacimiento espiritual, Ed. Balmes, Barcelona, 1953. El capítulo segundo -dedicado a la oración de Teresa de Lisieux- aporta datos recopilando los métodos de oración de San Ignacio y San Francisco de Sales, pp. 55-61.
5. J. Lafrance, ib., p.48.
6. Cf. el excelente escrito de los dos generales carmelitas: Volver al Evangelio. El mensaje de Teresa de Lisieux, Roma, 1996. “Su misión ha sido la de recordarnos lo esencial del mensaje cristiano: que Dios es amor y que se entrega gratuitamente a los evangélicamente pobres; que la santidad no es fruto de nuestros esfuerzos, sino de la acción divina, que sólo nos pide un abandono amoroso a su gracia salvadora”, p. 3.
7. U. Von Balthasar, oc., p. 52.
8. Ib.
9. Ms C 25 rº.
10. Ms A 4.
11. Hermann Hesse, El Caminante, Ed. Bruguera, Barcelona, 1984, p.7l-72.
12. Jean Lafrance, Mi vocación es el amor, EDE, Madrid, 1992, p. 126.
13. Jalil Gibran, El Profeta. (De la Libertad).
14. Ms B 5rº.
15. Poesías 20, 3.5.

El Riesgo De La Confianza (Caminos)
  • Miguel Márquez Calle
  • Editor: Desclée De Brouwer

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