El riesgo de la confianzaOración contemplativa

Saltó de gozo en mi seno (Juan el Bautista)

Orar es ser sumergido en el agua del perdón, de la vida nueva, es ser bautizado como hijo de Dios, y poder decir “Padre”. Juan el Bautista, el Precursor, nos prepara el camino para encontrarnos con Jesucristo. Nos le señalará, sin duda alguna, después de haberle él mismo buscado y anhelado.

Pero repasemos algunas de las facetas de la vida de Juan que permanecen como luces para nosotros en el camino de nuestra oración personal y comunitaria.

En este capítulo, estoy pensando cómo enfocar a nuestro personaje bíblico, tan típicamente ascético, tan extraño y amable, a la vez, queriendo descubrir qué queda de su “ascesis”, de sus gestos para nosotros.

Tengo interés por preguntarme en voz alta si los jóvenes entenderán el lado amable y el lado contradictorio de Juan el Bautista, sin dejarle de lado con desinterés.

Quiero hablaros de cuatro aspectos que de él nos cuentan los evangelios. Cuatro de entre otros posibles. Cuatro que son, a la vez, caminos por donde ha de ir nuestra oración.

 

SALTAR DE ALEGRÍA

“En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, saltó de gozo el niño en mi seno” (Lc 1,44).

María va a visitar a su prima Isabel que está embarazada de seis meses y, al saludarla ésta siente que el niño se le regocija en las entrañas. Ya podéis suponer que es una manera de expresar el gozo profundo que vive Isabel, y que Maria está tan llena del Espíritu de Dios que sólo su saludo contagia incluso a Juan en el vientre de su madre.

Este gozo es algo que descubrimos al orar cuando nos sentimos en las manos de Dios, enraizados en Él.

Orar es saltar de gozo, no dejando que la tristeza nos hunda y acobarde. Juan salta de gozo ya en el vientre de su madre y, así, toda su vida partirá y tendrá sentido a raíz de este hecho, como un don, un regalo anterior a ningún mérito ni esfuerzo para vosotros y para mi. De otra manera, se puede decir que Dios ha sonreído sobre nuestra vida antes de que naciéramos. Dios nos amaba antes de nacer. En este cariño de Dios se asienta nuestra confianza y nuestra responsabilidad de vivir saltando de gozo, es decir, no atrincherándonos pasivamente en la seguridad que nos da lo que ya tenemos aprendido, conocido, hecho o vivido. Saltar de gozo aunque temblemos de incertidumbre abriéndonos a lo nuevo.

Juan el Bautista saltó de gozo, fue fortalecido con el Espíritu Santo.

Orar es aprender a reír y bailar. Si, aprender a sonreír en todo momento, especialmente en la dificultad, porque la alegría ahuyenta la melancolía y “danzar” descongestiona lo que está agarrotado, bloqueado. Bailar como David ante el arca de la Alianza, como quien tiene un gran gozo dentro del cuerpo. Bailar como quien se deja llevar del Espíritu y pone en fuga el miedo al qué dirán y a lo que oprime.

¿Quién ha dicho que orar sea algo triste y aburrido?

 

CIRCUNCISIÓN

Ya sabéis en qué consistía la circuncisión. Era el rito identificador para los judíos, el momento de recibir el nombre; con todo lo que el nombre significa para el pueblo judío, designando en la Biblia, incluso, la misión de la persona, aquello que es su ser más verdadero.

En este caso, el nombre se lo dice el ángel Gabriel a su padre, Zacarías: será Juan, que significa en hebreo “Yahvé es favorable”.

En la circuncisión la familia protesta porque ninguno de entre ellos se llamaba Juan. Dios ha dado a su amigo un nombre nuevo, original, una misión que es para él, más allá de su familia. Hay en esta originalidad algo de verdad primera para nosotros: Dios nos llama a cada uno por nuestro nombre; no establece comparaciones, no quiere que repitamos lo que han hecho los anteriores, sino que seamos originales y valientes para escuchar la voz interior que cada uno lleva.

Orar es escuchar ese nombre pronunciado por Dios, y pedirle fuerzas para ser nosotros mismos, para que salga a la luz lo mejor que tenemos y entender que cuando nos dedicamos a copiar o imitar, estropeamos esa voz que nos hace únicos. No es fácil y, por eso, Juan necesitará el silencio y el Desierto. No os asustéis, no tenéis que distanciaros de la gente. Juan silo hizo, en el sentido que ahora veremos.

 

DESIERTO

“Vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (Lc 1, 80b).

A Juan se le asocia siempre en la Biblia con el desierto. Él es, con palabras de Isaías, la “voz que dama en el desierto” (Is 40). El desierto es el lugar de la prueba, el silencio y la soledad; y es el lugar para tomar distancia aquellos que se atreven a ser diferentes y a encontrar la verdad sin huir.

Esta faceta de Juan retirándose al desierto nos resulta a nosotros un tanto extraña, al igual que su vestimenta: “un vestido de pelos de camello con un cinturón de cuero a sus lomos” y por comida “langostas y miel silvestre” (Mt 3, 4). Sin embargo son menos extraños de lo que parecen si nos trasladamos a aquella época, en que abundaban los predicadores y ascetas que se retiraban al desierto. El vestido de Juan es el mismo que llevaba Elías, con lo que Mateo quiere decirnos que Juan es el “nuevo Elías”, el nuevo profeta de Dios, y se alimenta como los ascetas que se disponen para encontrar a Dios.

Es en el desierto donde le viene a Juan la Palabra de Dios: “Fue dirigida la palabra de Dios a Juan en el desierto…” (Lc 3, 2). Es en el silencio y la soledad, distancia de lo que aturde y confunde, Dios se deja oír.

El desierto son, también, los peores momentos por los que pasamos a veces, esos momentos en que nos sentimos tan mal y perdidos. Si logramos estar atentos, es cuando más aprendemos de la vida y Dios nos dice palabras al corazón que nos harán crecer más que nunca, aunque, de momento, no lo veamos.

En el desierto, cuando no estamos seguros de nosotros, Dios es nuestro único refugio y su palabra es el único alimento básico.

El desierto, el vestido y el alimento de Juan, sugieren que es un hombre libre, que no está condicionado por los demás respecto a qué van a pensar de él, ni a su aplauso, ni a sus halagos. Juan está más allá de los protocolos y de las etiquetas, no necesita usar marcas para sentirse bien consigo mismo, por eso es libre.

Y, por eso, Dios podrá decir a su amigo Juan que diga una palabra sin miedo al pueblo, porque se ha preparado a base de pequeños y grandes pasos, superando los miedos. Así, reconocerá a Jesús y será su profeta.

Lo que antiguamente se llamaba ascesis, no es otra cosa que libertad para escuchar y andar sin ataduras, sin maquillajes o disfraces.

 

PRISIÓN-VERDAD

Escribo juntas estas dos palabras que en Juan tienen algo que ver. Él es encarcelado por no callar la verdad, por no venderse al poder de turno, por no hacer la vista gorda. Será un hombre libre, aun lleno de cadenas, en la cárcel de un palacio lleno de esclavos aduladores del rey.

Recuerdo ahora la película Cadena Perpetua, en la que el protagonista, saltando temerariamente las normas de la cárcel, pone música para todos los presos en los altavoces del patio, por lo que es duramente castigado. Ante los compañeros, señalándose el pecho, les explica que nunca podrán matar la esperanza mientras haya música dentro de ellos. La música es la posibilidad de seguir esperando y de ser libre en tu interior. Esa música que llevamos dentro y que nos hace libres para decir la verdad y no esconder la cabeza, como el avestruz.

Juan nos enseña un Dios que nos abre a descubrir la verdad. Orar es, por eso, preguntar a Dios por esa verdad que iremos descubriendo poco a poco.

Juan da paso a Jesús. No es él la verdad plena, sino su reflejo, su mensajero. No reclama para sí la atención: “Conviene que él crezca y yo disminuya” (Jn 3, 30). Es una preciosa actitud de humildad. Se convierte, así, en canal del evangelio.

La oración es, en esta línea, escuela de verdad, donde nos ponemos a la escucha del ser, del corazón de la vida. En la oración respirar hondo significa poner nuestra vida sin temor en manos de Dios. Nada hay que temer.

Estas son algunas de las reflexiones que me sugieren los textos que el evangelio refiere a Juan Bautista, y pensando en cómo pueden ayudarnos para nuestra oración personal.

Que Juan nos mantenga alegres, valientes y despiertos en la búsqueda de la verdad y en el decir, sin temor, su buena noticia.


El Riesgo De La Confianza (Caminos)
  • Miguel Márquez Calle
  • Editor: Desclée De Brouwer

Última actualización de los precios: 2019-04-18

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