El riesgo de la confianzaOración contemplativa

Sí tienes miedo de ir… ve (Gedeón)

Cuando nos disponemos a orar un texto bíblico, a dejarnos silenciosa y serenamente interpelar por la experiencia profunda de un personaje bíblico, debemos descalzarnos interiormente, como dijimos a propósito de Moisés, esto es, despertar nuestras capacidades dormidas, respirar hondo para hacer vacío interior, nido para el Peregrino, y ser conscientes de estar invitados a una aventura que reclama entrega valiente y decidida.

Así comenzamos con actitud orante, cesando de toda prisa y soplando suavemente sobre la ansiedad y el querer avanzar o conseguir alguna meta.

El personaje en cuestión será el guía que nos lleve desde su propia experiencia hacia el riesgo al que con este motivo somos invitados. Poco a poco vamos poniendo nuestro propio nombre a sus ilusiones, miedos, desconciertos, encuentros… y vamos sintiendo, de manera real, que el Dios que se sentó familiarmente a charlar con Gedeón, se acerca con la misma verdad y eficacia a mi historia (intentando encontrarnos en vigilancia y calma, no huidos del enemigo).

Te invito a leer con las claves anteriores fundamentalmente los capítulos 6 y 7 del Libro de Los Jueces, entrando en la piel de Gedeón.

Como pistas para tal lectura pueden servirte los siguientes comentarios:

 

EL ÁNGEL DE YAHVÉ SE SIENTA JUNTO A GEDEÓN

“Ángel de Yahvé” es otra manera de decir Yahvé. “Vino el Ángel de Yahvé y se sentó bajo el terebinto de Ofrá” (6, 11), que pertenecía a su padre. Él toma la iniciativa de llegarse al terreno de Gedeón con la actitud familiar y distendida de quien desea tener una conversación amigable. Seguramente no estaba sentado en un trono deslumbrante, porque Gedeón cae en la cuenta de que es el Ángel más tarde. Estaría sentado en el suelo a la sombra del árbol.

Este es el Dios bíblico que ahora estás invitado a acoger, el que viene, se sienta familiarmente a tu terreno, con actitud sencilla, invitándote a entrar en ese plano, de quien puede por unos instantes dejar de “majar su trigo” y sentarse bajo la sombra de un árbol -que siempre los hay- para escuchar su Palabra.

Él se sienta: recuerdo siempre a este propósito una estampa de cuando niño en el viejo pueblo de mis padres, a mi abuelo y vecinos sentados en plena calle en actitud familiar; el que pasaba se sentía de manera espontánea invitado a entrar en ese ámbito confiado, a compartir. Recuerdo también lo escuchado sobre la “ceremonia del te” oriental, en la que, sentados en el suelo, con el té como excusa, los comensales se disponen a compartir pedazos desnudos de vida, sin prisas, sin tiempo.

Dios se sienta junto a ti. ¿Lo imaginas? Quiere descansar en tu tierra (su descanso es conversar contigo de corazón a corazón). Se sienta en el suelo: no evita mancharse con la tierra de tu finca. He aquí otra manera de invitarte a descender al suelo, al “humus”, a deponer toda autosuficiencia. Es aquél mismo que siempre “se despoja de su rango divino” tomando condición de amigo y servidor. Estás invitado a no valorar tanto tu ropaje, tu apariencia, la imagen que los demás tienen de ti, como lo que hay de verdadero en el corazón.

Puedes en esta clave orar e imaginar los siguientes expresiones que el mismo texto sugiere:

Además de sentarse a la sombra bajo el árbol Yahvé…

Aparece (6, 12 a): “El Ángel de Yahvé se le apareció”.

Habla, saluda, nombra (6, 12 b): “Y le dijo: ‘Yahvé está contigo, valiente guerrero'”. Le designa con un nombre que habla de su misión, “valiente guerrero”. Estemos siempre atentos al nombre y la misión que brota de la escucha de Dios. Todos tenemos nuestro nombre escrito en el corazón de Dios -no sólo el nombre propio- principalmente el nombre con el que Dios nos conoce hasta lo íntimo, en el cual se identifican ser y misión para nosotros. Pide a Dios que te revele su querer, hecho nombre para ti.

Envía, anima (6, 14): “Entonces Yahvé se volvió hacia él y dijo. ‘Vete con esa fuerza que tienes y salvarás a Israel de la mano de Madián. ¿No soy yo el que te envía?'” (6, 16): “Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como si fuera un hombre solo”.

Del encuentro con Dios Gedeón sale dinamizado, con la fuerza y la confianza en Él. Del encuentro profundo siempre nace un envío, para el que iremos recibiendo suficientes ánimos.

Confirma (6, 23): “Yahvé respondió: ‘la paz sea contigo. No temas, no morirás'”. La incesante palabra divina sobre sus pequeños: NO TEMAS, LA PAZ SEA CONTIGO… Deja que la Voz susurre en ti esas palabras sobre tus recelos, miedos, inseguridad… “No temas, paz contigo; no temas…

Desdeña (la seguridad humana) (7, 2): “Demasiado numeroso es el pueblo que te acompaña para que ponga yo a Madián en sus manos; no se vaya a enorgullecer de ellos a mi costa diciendo. ‘¡Mi propia mano me ha salvado”‘.

 

GEDEÓN MAJABA TRIGO

Digámoslo bien alto y para siempre: la dignidad no nace del título y del oficio, la elegancia está, como la belleza, en el interior. Amós cultivaba higos, David pastoreaba el rebaño, Pedro pescaba… “Gedeón majaba trigo” (6, 11 b). La mirada del Dios bíblico, sí acaso es preferente, que lo es, es en favor del menor, por el que siente debilidad.

“Gedeón majaba trigo”, tenía una ocupación tan normal como la de cualquiera, como la que tú te traes entre manos… La oración, ciertamente, se alimenta y crece en lo cotidiano de la vida… y es la escucha atenta en medio de la cotidianidad la que trae a Gedeón la extraordinaria presencia de Yahvé.

Leed atentamente lo que se refiere a Gedeón; el proceso por el que va cediendo a lo que quiere de él y dejando a un lado su apoyo en seguridades. Sólo enunciaré (con breve comentario) tres aspectos esenciales a la oración que nos aporta Gedeón. Cada uno de ellos nos daría para meditar largo y sereno (autoimplicándose siempre).

 

ORAR ES DESTRUIR EL ALTAR DE LOS FALSOS DIOSES (6, 25-32)

E ir construyendo al Dios verdadero un altar en el espíritu y la verdad del propio corazón. Es una tarea principal para el orante: dejar (consintiendo activamente) que Dios vaya caducando las falsas proyecciones e “inventos” interesados sobre Él, aunque nos hayamos apegado al calor de esas imágenes y diosecillos domesticados. Aquí está un gran reto para el Cristianismo de nuestros días: aceptar la pura gratuidad de Dios, que Dios es Dios, siempre libre, que no hay imagen, ni altar, ni ofrenda que lo encierre y reduzca, ni definición que lo contenga, ni papa que lo posea. Vive en la pura gratuidad del amor. Orar significa abrirnos siempre a la sorpresa de un Dios siempre nuevo que nos hace -cuando le dejamos entrarnos- nacer otra vez, no con menos dolor e intensidad que la primera.

Piensa, pregúntate y ora… ¿Acoges a Dios tal como Él quiera hacérsete cercano o le vistes tú de los trajes que más te complacen? ¿Estás dispuesto a acoger un Dios todo amor, pero también todo sorpresa y desconcierto?

 

ORAR ES ENFRENTAR LOS PROPIOS MIEDOS

Conté a una buena amiga mi historia reciente, la historia de mis miedos y la “imprudente” osadía de entrar de cabeza a las causas que los provocan. Ella, lectora apasionada y visceral de la Palabra de Dios, después de oírme y escuchar, abrió la Biblia y leyó:

“Aquella noche le dijo Yahvé: ‘levántate y baja al campamento, porque lo he puesto en tus manos. No obstante, si temes atacar / bajar (si no te atreves) baja tú primero con tu criado Purá hasta el campamento”‘ (7, 9-10). Desde entonces resuena como un eco dentro de mí: “Si tienes miedo de bajar… baja”, precisamente porque tienes miedo, por eso, lánzate, fíate.

A ti también se te dice: ¿quieres crecer hacia Dios y no hacia tu propio gusto? Pues baja al campamento enemigo, si Él te llama a ello. No pongas el miedo o la incapacidad como excusa, que no es impedimento, sino ventaja a Su favor. Baja y “escucha” (7, 11 a).

 

POSTRARSE ANTE DIOS, ADORAR

“Cuando Gedeón oyó la narración del sueño y su explicación, se postró, volvió al campamento de Israel y dijo: ‘¡levan taos! porque Yahvé ha puesto en nuestras manos el campamento de Madián”‘ (7, 15).

Gedeón se inclina, por fin vencido, ante las señales de Dios, se postra en señal de adoración al Dios vivo, y lo hace en pleno campamento enemigo, en el corazón del territorio adverso. No espera a volver al campamento seguro de Israel para hacer una oración bien aderezada. Allí mismo adora el misterio de Dios oculto en el mismo suelo enemigo. Si hubiera huido o hubiera cedido al miedo, Dios se le hubiera hecho presente de alguna forma, pero seguramente no de la forma que provoca la adoración: rendición incondicional de todo el ser en abandono confiado y respetuoso, por la grandeza entrañable de Dios.

Tras adorar, Gedeón regresa y anima a los demás: “¡Levantaos!”. El orante que adora se reconoce y siente invitado a animar (infundir alma) a la comunidad, la familia, el grupo…

Valgan estos pequeños comentarios de sugerencia.

Este es el Ángel de Yahvé que quiso un día sentarse a la sombra de un árbol para charlar con Gedeón y animarle a liberar a su pueblo de la cobardía y el miedo.

Este es Gedeón, el hombre valiente, pero desconfiado, que va cediendo sus recelos hasta adorar el misterio salvífico de Yahvé.

Ahora te toca a ti liberar a tu pueblo, levantarle de la cobardía. Pero, antes y después, encuentra bajo el “terebinto de Ofrá” al Dios cercano que quiere hallar descanso en tu entrega. ¡ÁNIMO!


El Riesgo De La Confianza (Caminos)
  • Miguel Márquez Calle
  • Editor: Desclée De Brouwer

Última actualización de los precios: 2019-04-18

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