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Orando

Al Padre

 

Padrenuestro

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Amén.


 

No me mueve, mi Dios, para quererte

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévanme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


 

Oración a Cristo crucificado

Quiero acercarme hoy a ti, Jesús mío, de rodillas,
para besar tu cuerpo ensangrentado.
Déjame besar tus pies primero, llorando en tus llagas mis pecados;
un beso de dolor, arrepentido,
porque fui yo quien te hizo sufrir tanto.

Permíteme después que me levante,
para besar las llagas de tus manos;
es un beso de amistad y de cariño.
Bien quisiera quitarte yo esos clavos,
curarte con mi aceite, con mi vino,
y poner esos clavos en mis manos.

Y ahora, Señor, besaré la llaga de tu corazón atravesado,
es el beso del que quiere permanecer siempre a tu lado.


 

Oración al Cristo del Calvario

-Gabriela Mistral-

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.


 

Oración franciscana por la paz

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro! Que no busque yo tanto
ser consolado, como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;
olvidándose de sí, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Amen.


 

Acto de contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre, Redentor mío,
por ser tú quien eres, bondad infinita,
y por que te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.

Ayudado de tu divina gracia,
propongo firmemente nunca más pecar,

confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta,
para el perdón de mis pecados.

Amen.


 

A la Madre

 

Avemaría

Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.


 

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


 

Ángelus

V. El Ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te salve, María…

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María…

V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María…

V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos:
Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia sobre nuestras almas, para que habiendo conocido, por el anuncio del Ángel, la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por los méritos de su pasión y cruz, seamos llevados a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


 

Regina Coeli

Durante el tiempo pascual, en lugar del Ángelus, se reza el Regina Coeli.

V. Reina del cielo, alégrate.
R. Aleluya.

V. Porque el Señor, a quien mereciste llevar.
R. Aleluya.

V. Ha resucitado, como lo había dicho.
R. Aleluya.

V. Ruega al Señor por nosotros.
R. Aleluya.

V. Goza y alégrate, Virgen María. Aleluya.
R. Porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


 

Magníficat

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos.

Amen.


 

Bendita sea tu pureza

-Fr. Antonio Panes-

Bendita sea tu pureza,
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.

A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada, María,
te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.

Mírame con compasión;
no me dejes, Madre mía.


 

Santo Rosario

Después de la meditación de cada Misterio, se reza un Padrenuestro, diez Avemarías y el Gloria.

Misterios gozosos (lunes y sábado):
1. La Anunciación y la Encarnación del Hijo de Dios.
2. La visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel.
3. El nacimiento del Niño Jesús en el pobre y humilde portal de Belén.
4. La purificación de la Virgen María y la presentación del Niño Jesús en el templo.
5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo.

Misterios luminosos (jueves):
1. El bautismo de Jesús en el Jordán.
2. La revelación de Jesús en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración en el monte Tabor.
5. La institución de la Eucaristía.

Misterios dolorosos (martes y viernes):
1. La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní.
2. La flagelación del Señor, atado a la columna.
3. Jesús es coronado de espinas.
4. Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario.
5. La crucifixión y muerte de Jesús.

Misterios gloriosos (miércoles y domingo):
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor al cielo.
3. La venida del Espíritu Santo.
4. La Asunción de Nuestra Señora al cielo.
5. La coronación de la Virgen María como Reina del universo.


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