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Amor de Dios

Dios da vueltas a tu alrededor y espera que abras una brecha en tu corazón para precipitarse en él con todo el dinamismo de su amor. (Jean Lafrance)

Dios está totalmente dispuesto a invadirnos con su amor si le dejamos hacer. (Jean Lafrance)

Dios no nos ha destinado para la ira, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él. (San Pablo)

Dios no puede mandarme pruebas que estén por encima de mis fuerzas. (Santa Teresa de Lisieux)

Dios quiere hacer del hombre su compañero, su amigo y su esposo. Ese es el secreto que planea sobre todo en el Antiguo Testamento, es la perla preciosa del evangelio, es el misterio de la alianza. (…) No comprendemos nada de la Escritura si no hemos percibido ese misterio escondido desde los siglos y revelado en Jesucristo. (Jean Lafrance)

El Señor te prefiere a ti … (…) … Como un joven se casa con su novia así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. (Profeta Isaías)

El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. (Deuteronomio)

El Starets no hablaba más que del amor de Dios y jamás de su justicia. (Silouane el Atonita)

En esto está el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciacion por nuestros pecados. (San Juan)

Grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia. (San Juan de la Cruz)

Hay almas a las que la misericordia de Dios no se cansa de esperar, a las que no concede su luz sino paso a paso. (Santa Teresa de Lisieux)

La paciencia de Dios es nuestra salvación. (San Pedro)

La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos ahora salvos de la ira! Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida! (San Pablo)

Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a la niña de sus ojos. Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor solo lo condujo, no hubo dioses extraños con él. (Deuteronomio)

Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados. (Profeta Isaías)

No me hagas caso, Señor… soy un niño caprichoso… Pero Tú tienes la culpa, mi Dios… ¡si no me quisieras tanto! (Rafael Arnaiz)

No tengas el atrevimiento de llamar justo a Dios; ¿cuál es su justicia, si nosotros pecamos y es su Hijo único quien muere en la Cruz? (San Isaac el Sirio)

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