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Contemplación

Al aprendiz de la oración contemplativa le basta saber que no debe perder el tiempo en raciocinios intelectuales, teológicos o filosóficos para comprender a ese nivel la naturaleza y los atributos de Dios. Le interesa saber que basta abrirse totalmente a Dios con gran generosidad y mucha constancia para que él, de algún modo, se le descubra. (Pedro Finkler)

Con frecuencia llama el Señor deliberadamente a trabajar en esta obra (la contemplación) a los que han sido pecadores habituales con preferencia a aquellos que, en comparación, nunca le ofendieron gravemente. (La Nube del No Saber)

El contemplativo trabaja, lee, pasea, viaja, hace compras, reza, visita a sus amigos, etc… Mas en el centro de todas sus actividades está siempre aquel sentimiento precioso de íntima unión con su amado. (Pedro Finkler)

En tu relación con Dios, … “tu parte es la de la madera con respecto al carpintero. (…) Olvídate de todo excepto de Dios y fija en él tu puro deseo, tu anhelo despojado de todo interés propio”. (La Nube del No Saber)

Hay muchos más contemplativos de lo que se cree, pero es esencial para su contemplación permanecer ocultos o crucificados, en todo caso incomprendidos y despreciados, incluso desapercibidos. (M. D. Molinié)

La contemplación será siempre una oración de simple mirada amorosa a Dios y a las cosas de Dios. Su esencia toda entera se cifra en estas dos palabras: mirar y amar. (Dom Vital Lehodey)

La mayor dificultad en esa búsqueda estriba en saber perseverar a fondo, sin miedo, en esa oscuridad total y descubrir ahí una pequeñísima luz. En la medida en que nos aproximamos a ese casi imperceptible centelleo, aumenta progresivamente en intensidad. Poco a poco nos va revelando todo el contenido sorprendente del que es apenas un insignificante anuncio. (Pedro Finkler)

La oración contemplativa es don de Dios, totalmente gratuito. Nadie puede merecerlo. (La Nube del No Saber)

La posees (la contemplación) en la medida en que desees poseerla. (La Nube del No Saber)

No es posible que esta altísima sabiduría y lenguaje de Dios, cual es la contemplación, se pueda recibir menos que en espíritu callado y desarrimado de sabores y noticias discursivas, porque así lo dice Isaías por estas palabras (28, 9) diciendo: ¿A quien se instruirá en el conocimiento?, ¿a quién se le hará entender lo que oye? Y él responde: A los destetados de la leche, esto es, de los jugos y gustos, y a los retirados de los pechos, esto es, de las noticias y aprehensiones particulares. (San Juan de la Cruz)

No se puede alcanzar la luz de la oración contemplativa sin atravesar ese túnel oscuro de vacío total. Este cobra vida con un estado de pobreza absoluta, de dolorosa solidaridad, de penuria interior, de ansiosa búsqueda.
Se trata de un ejercicio de ascesis amargo y penoso que exige perseverancia, valor y entrega personal. La fuerza y el aliento para aguantar y perseverar en el esfuerzo de búsqueda proviene únicamente de la fe y de la esperanza de halar el “tesoro escondido”. (Pedro Finkler)

Para descubrir qué es la oración contemplativa es preciso penetrar en la densa oscuridad en que se oculta Dios y tener el necesario valor de permanecer en esa soledad hasta que se haga la luz. (Pedro Finkler)

Para tener éxito en la vida contemplativa, el principiante debe superar una primera dificultad: habituarse a pensar y a obrar en cualquier circunstancia en un clima densamente afectivo en el que el foco de afectividad vaya dirigido directamente a Dios. (…) Eso supone una actitud existencial firmemente anclada en una fe sencilla e inquebrantable. (Pedro Finkler)

Quien experimenta la acción de Dios en lo hondo de su espíritu tiene la aptitud para la contemplación. (La Nube del No Saber)

Si queremos llegar a ser conocedores de lo divino, e íntimamente contemplativos, aspirando a la revelación del rostro de Dios, hemos de habituarnos a esa pasividad estática, hecha con tonos de humildad y sencillez de corazón, pues el hacerse pequeños, más pequeños todavía, los más pequeños posibles, es el gran secreto de la vida mística. (P. Alberico Feliz)

Tienen éxito en la vida contemplativa únicamente las personas que se dejan conducir en ella con fidelidad, siguiendo los impulsos de la gracia. (Pedro Finkler)

Todo el trabajo para aprender a ser contemplativo se resume en desvelar el natural deseo de amar, mirar después hacia Dios y extender los brazos hacia él movidos de un fortísimo deseo de estar con él. (Pedro Finkler)

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