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Desasimiento

Cuando contáis un combate interior que estáis sufriendo, aunque sea a nuestra Madre, no lo hagáis nunca con el fin de que la hermana que lo provoca sea advertida, o con el fin de que cese la causa de vuestra queja; hablad más bien con desasimiento de corazón. Mientras no sintáis ese desasimiento y haya en vuestro corazón aunque no sea más que una chispa de pasión, es más perfecto callar y esperar a que se tranquilice vuestra alma, porque muchas veces hablar de ello no hará más que enconar la llaga. (Santa Teresa de Lisieux)

Dios en todas las almas mora secreto y encubierto en la sustancia de ellas, porque, si esto no fuese, no podrían ellas durar. Pero hay diferencia en este morar, y mucha, porque en unas mora solo y en otras no mora solo; en unas mora agradado, y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa y mandándolo y rigiéndolo todo, y en otras mora como extraño en casa ajena, donde no le dejan mandar nada ni hacer nada. El alma donde menos apetitos y gustos propios moran, es donde él más solo y más agradado y más como en casa propia mora, rigiéndola y gobernándola, y tanto más secreto mora, cuanto más solo. Y así, en esta alma, en que ya ningún apetito, ni otras imágenes y formas, ni afecciones de alguna cosa criada moran, secretísimamente mora el Amado con tanto más íntimo e interior y estrecho abrazo, cuanto ella, como decimos, está más pura y sola de otra cosa que Dios. (San Juan de la Cruz)

El amor es perfecto cuando nos lleva a un mismo querer y no querer con Dios, lo cual supone un desasimiento de todas las cosas y la muerte a sí mismo. (Dom Vital Lehodey)

En la dirección de las novicias, de las que estuvo encargada, no trató nunca de atraerse su cariño por la vía de las concesiones de la prudencia humana. No buscaba más que el interés de su perfección religiosa y trataba de procurarla, incluso a expensas de su popularidad. (“Procesos”, en referencia a Santa Teresa de Lisieux)

Mientras haya alguien o algo entre el alma y Dios, la unión perfecta no será posible. Y es la única que da la verdadera paz. A nosotros toca, pues, hacer el vacío. (Robert de Langeac)

Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra. (San Josemaría Escrivá)

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