Mi querido
Dios:
Desde
lo m�s profundo de mi alma todo mi ser te canta con un grito
un�nime: ��� GRACIAS !!!
Gracias... por tanto.
Gracias por toda mi vida, convertida en una historia de amor
que le da sentido; por lo que ha sucedido desde el momento
en que me pensaste hasta ahora, pasando por todos los
detallitos que pones, -y quitas-, en el camino y que hacen
crecer mi corazón en amor, en tu AMOR.
Desde siempre, Señor, has estado caminando junto a
mí. Lo prometiste una vez y ...no has fallado nunca.
Desde pequeñita he notado tu aliento y, cuando
comenzaba a dar los "primeros pasos" en el mundo en el que
vivo, era tu mano amorosa y llena de ternura la que me
sostenía. Y sostiene hoy.
No ha sido ni es fácil crecer, Dios mío. Igual
que un niño pequeño que, conforme va
creciendo, suele buscar los brazos de su madre para
encontrar el cariño y el perdón, así,
Señor, vuelvo a ti tantas veces. ¿Verdad? Y lo
que siempre me he encontrado ha sido la maravillosa rutina:
más amor; ¿más aún, Dios
mío?.
A lo largo de mi vida, de mi vida de oración, has
sido siempre generoso: primero consolaciones; sequedades
después. Muy acertado, mi buen Jesús; me has
encandilado primero y después...¡ay,
después!, ¿quién es capaz de no amarte
después?. Más de una "rabieta" me ha costado
el no comprender y el tener que aceptar, mas susurrabas al
oído: "no te molestes en comprender, ni luches por
aceptar. SÓLO AMA". (¿Quién es capaz
de no amarte después?).
A medida que han ido pasando los años, Dios
mío, tu presencia se ha ido manifestando, poquito a
poco, en las cosas más sencillas y pequeñitas
del día a día. (Hay una sonrisa que cada
día me dice: "¡Dios te ama!" y quiero que
la mía también lo diga). Has querido
también enseñarme que en la oración
sólo he de estar, que no he de esperar nada y que
sólo la fe y el amor son suficientes. En ella siempre
va un :"Te amo y gracias" (y muchas veces esa es mi
oración para media o una hora).
S�, mi buen Jes�s, que ambos, -T� y yo-, somos protagonistas del
milagro de mi vida. Y s� tambi�n que lo que comparto con los dem�s
es eso mismo: ser objetos de amor del mism�simo Amor. �Qu� alegr�a!
Así te quiero, Dios mío, cercano, amante y,
sencillamente, maravilloso. Te regalo...esto; lo poco que
soy y lo nada que sería sin ti. Me quedo contigo, que
eres mis ganas de amar, de re�r, de sufrir...
amando.
Para disfrutar de todo, de TODO, lo que pones en mis manos
cada día sólo me pides una cosa: abandono en
ti. Esto supone dejarme amar por el mismo Amor y amar todo
desde Él.
Dios mío, desde mi pequeñez y miseria, lo
quiero. Sabes que mis días sin ti estarían
llenos de... nada.
Con todo el amor que T� mismo has puesto en m�: TE AMO. SIEMPRE. �
GRACIAS !