Buscad al Señor con alegríaOración contemplativa

1. Necesidad de orar

“Recurrid a Yavé y a su potencia, buscad su rostro siempre (Sal 105,4).

El cristiano y, sobre todo, el religioso son personas que oran. Hasta tal punto es verdadera esta afirmación que el cristiano y el religioso no son tales si no oran. Para ellos el rezar es como el respirar para la vida orgánica. La persona que no respira no tiene vida. El cristiano y el religioso que no oran no tienen vida espiritual. Tienen vida biológica, como el animal y la planta. Pero espiritualmente están muertos.

El hombre se define como un ser que no puede vivir en equilibrio psicológico si no ama y no es amado. El amar y el ser amado son para su vida psicológica tan indispensables como el respirar para su vida biológica. El hombre es el más perfecto de los seres creados. Participa al mismo tiempo de la vida vegetativa de las plantas (el hombre físico), de los animales (el hombre orgánico), de los seres racionales (el hombre psicológico) y de la vida espiritual de Dios. Es un ser físico-orgánico-psicológico-espiritual. Retirad de él todas las sustancias químicas, y ya no existe. Si le quitaseis todas sus funciones orgánicas, se reduciría a materia inerte. El hombre privado de sus funciones psicológicas es semejante a un animal. Privadlo de sus funciones espirituales, y no pasará de ser un animal racional.

El hombre es plenamente humano en la medida en que manifiesta por lo menos estos cuatro aspectos de su ser ontológico: vida física, vida orgánica, vida psicológica y vida espiritual. La vida espiritual existe y se manifiesta por medio de la oración. En la oración es donde se manifiesta la fe viva y el amor a Dios. Esas son las condiciones de vida del cristiano y del religioso. El religioso o el cristiano que no reza está espiritualmente muerto. Porque la oración es vida, es respiración espiritual, es alimento de la vida del espíritu. Es amar a Dios y ser amado por él; es amar a los hombres y ser amado por ellos.

Sin la respiración y sin la alimentación física no hay vida biológica. Sin la relación interpersonal de amor no hay vida psicológica. Sin la oración no hay vida religiosa o espiritual. Orar es relacionarse amorosamente con Dios que nos ama. Sólo saben hablar bien de Dios aquellos a los que Dios habla. Para oír hablar a Dios es necesario saber escucharlo. Nuestros modos de relacionarnos con Dios y con los demás están recíprocamente condicionados. Las buenas relaciones humanas facilitan la relación con Dios, y viceversa. El que no ama a los hombres no puede amar a Dios. El que ama mucho a Dios no puede menos de amar también a los hombres. Por eso mismo la dificultad de orar tiene muchas veces su causa más profunda en unas malas relaciones interpersonales. Estas constituyen un obstáculo importante para la oración.

La caridad fraterna ayuda extraordinariamente a orar de verdad, con total sinceridad. La persona egoísta, encerrada dentro de si misma, incapaz de dialogar, de aceptar una crítica, de darse, incapaz de amistad, siempre tiene muchas dificultades para abrirse a Cristo en una oración auténtica. El que confía en los demás acoge y acepta ser acogido en una relación de amistad; y de este modo tiene capacidad para establecer una relación vital con el Señor. Es que la oración es ante todo una relación personal con Dios. Por eso nuestra capacidad de orar está en proporción con nuestra capacidad de darnos al Señor.

Donde predomina la mentalidad utilitarista y el eficientismo es difícil que pueda darse una verdadera oración. No existe clima favorable para ella. Acoger gratuitamente a la persona del otro por lo que es, saber escucharlo, estar en unión con él, ofrecerle nuestro tiempo y nuestros talentos son actitudes que facilitan el encuentro gratuito con Dios en la oración. El autosuficiente, aquel que no siente la necesidad del otro, tampoco siente la necesidad de Dios. Sólo el verdaderamente pobre de espíritu puede realizar un encuentro intimo con el Señor. La oración es como el amor: un arte que se está siempre aprendiendo…

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2. Orar es natural