En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo 1 - La Edad de Oro de la mística española (I)

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Fotografía: Son of Groucho (Creative Commons)

1.1. Antecedentes inmediatos de la vía del recogimiento: devotio moderna

Durante el siglo XIV se produce en el centro de Europa un fenómeno de expansión mística, canalizado principalmente por grandes predicadores de la orden dominicana, que en sus sermones enseñan al pueblo llano las claves de una espiritualidad que hasta entonces parecía reservada a unos pocos clérigos; los más prominentes fueron Eckhart, Juan Tauler y Enrique Suso. Algunos autores han señalado el paralelismo que existe entre los modos de expresión de esta mística y la arábigoandalusí, suponiendo vínculos de influencia a través de Nicolás de Cusa y Raimundo Lulio, entre otras fuentes (1). Esta influencia no es aceptada por muchos, que señalan es solo una coincidencia en la forma de expresión, hecho por otra parte muy común entre los místicos. Del Maestro Eckhart, (+1327) no se conservan sino fragmentos (2), siendo muchas de sus proposiciones condenadas después de su muerte por Juan XXII. Representa un estilo de “docto místico” que profundiza intelectualmente en la experiencia de contemplación, plasmando sus conclusiones en sus sermones y cartas. Según Eckhart, Dios se encuentra en cada hombre, que se erige así en portador de lo divino, que llama al modo de “chispa”: Hay en el alma un poder que en sí mismo es libre, una pequeña chispa… libre de todo nombre y vacía de todas las formas… Ahí, Dios florece eternamente, y es (3). Y en otra parte añade: Hay un poder en el alma que se une con Dios: es la chispa (4). Describe así el método que debe seguir el orante para ir por buen camino: hay que dejar de buscar a Dios para poderlo encontrar. O dicho de una forma más acertada: hay que dejar de buscar a Dios y dejarse buscar por Dios (5). Eckhart está muy influenciado por el neoplatonismo, que propone que el amor de Dios se derrama en la Creación en una especie de emanación divina. Por eso sus pensamientos sobre Dios presentan, leídos superficialmente y sin tener en cuenta el lenguaje y contexto, la apariencia de rasgos panteístas; por eso fueron condenadas algunas de sus afirmaciones. En 1992 fue totalmente rehabilitado por la Congregación de la Doctrina de la Fe, siendo su Prefecto el futuro papa Benedicto XVI. En todo caso resulta difícil su lectura, dado el carácter especial de la teología de Eckhart: se le ha llamado “maestro del sí y no”; en sus discursos unas veces acentúa una cosa, otras veces otra, en una confrontación dialéctica que puede parecer contradictoria.

Junto a Eckhart, destaca Juan Taulero, (+ 1361), autor de los Sermones que, por su elevada doctrina y la riqueza de comparaciones, herirían vivamente la imaginación de sus contemporáneos; así por ejemplo, en su Sermón 13 dice: …cualquier fórmula de oración y cualquier obra que os impida rezar en vuestro corazón dejadlas decididamente a un lado. Y más adelante explica que hay tres grados de oración, refiriéndose al más excelso de este modo: El tercero nos eleva al modo de ser deiformes, en la unión del espíritu creado con el espíritu subsistente de Dios. Por último debe mencionarse a Enrique Suso o Susón (+ 1365). Susón es un pariente espiritual de San Bernardo y de San Francisco. Está lleno de intimidad y delicadeza, de poesía y amor; es un poeta de desbordantes sentimientos. Uno de sus textos así dice sobre la contemplación: Este éxtasis le despoja de imágenes, de formas y de toda multiplicidad; llega a una ignorancia que le hace olvidarse de sí mismo y de todas las cosas y, por un impulso, es devuelto, junto con las tres Personas, al abismo de la simplicidad inmanente donde goza de su bienaventuranza (6). Por supuesto que existieron en esta época muchos otros predicadores y autores en la misma línea, como Tomás de Kempis, con su Imitación de Cristo, Juan Gersón, Gerardo de Groote o Juan Ruisbroek, pero cuyo estudio rebasa el objetivo de esta obra. Esta espiritualidad se acerca al pueblo, favoreciendo la lectura y la oración de la Biblia en privado, promoviendo la individualidad en la relación con Dios, y se inserta en el movimiento Humanista tan intenso en esa época y en el área geográfica de centro y norte de Europa. La aparición de la imprenta contribuyó a difundir esta corriente, que también es recogida por el Erasmismo y Luteranismo.

Otro destacable antecedente de los tratados sistemáticos que abundarán en la mística española, es un opúsculo anónimo inglés del siglo XIV, titulada la Nube del No saber, cuya lectura continúa siendo muy estimada hoy día y que trata, muy llanamente y con gran profundidad al mismo tiempo, sobre la oración elevada. Se atribuye su autoría a un desconocido místico y teólogo, que se sitúa en plena corriente de la tradición espiritual de Occidente llamada “apofática” (de la palabra griega que significa negar) por su tendencia a acentuar que Dios es mejor conocido por la negación: Dios no es lo que yo hago o digo o pienso de Él. Escritor de gran fuerza y de notable talento literario, compuso cuatro tratados originales y tres traducciones. Sus dos obras principales son el mencionado de la Nube y la denominada El Libro de la Orientación Particular. Ampliamente leídas en el siglo XIV, cuando se publicaron, nunca han perdido su sitio de honor entre los clásicos espirituales. El Libro de la Orientación Particular es obra de madurez del autor. Los dos tratados son eminentemente prácticos y guían al lector en la senda de la contemplación. Destaca su radical rechazo de la conceptualización: todo concepto, todo pensamiento y toda imagen han de ser sepultados bajo una nube de olvido. Mientras tanto, nuestro amor desnudo –por estar despojado de pensamiento- ha de elevarse hacia Dios, oculto en la Nube del No-Saber. Estas palabras son comunes a lo largo y ancho de todo el horizonte místico cristiano y no cristiano, para describir la entrada en la oración silenciosa. Como se tratará más adelante, la perplejidad a la hora de describir lo que se no se puede remitir a conceptos ni imágenes origina que los místicos recurran a expresiones simbólicas, que a pesar de la variedad de idiomas y costumbre, son muy similares. Todas apuntan hacia lo mismo: una experiencia trascendental, un conocimiento de Dios intuitivo e inefable.

La mística renana y la devotio fue el modelo en el que se inspiraron los reformadores de la vida espiritual española, principalmente el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, confesor de Isabel la Católica, arzobispo de Toledo, Inquisidor general y Regente de Castilla. No en vano a éste le precede la experiencia de diez años como eremita, del que sale de modo obligado para ser confesor de la reina. Gran reformador religioso, además de gran estadista, fue impulsor de un movimiento de regeneración espiritual y moral muy necesario. Entre las importantes medidas que toma, está la de garantizar la adecuada formación del clero regular y secular, que carecía muchas veces de unos mínimos rudimentos teológicos, solía caer en el concubinato y se enriquecía a costa de los fieles con prebendas y beneficios. Ordena a los Obispos residir en sus diócesis y las órdenes monásticas, a veces detentadoras de grandes riquezas, les obliga a destinar fondos para obras de beneficencia como hospitales y orfanatos. Creó la Universidad de Alcalá de Henares, núcleo de una futura generación de centroeuropea, particularmente de la devotio moderna, y se considera que su acción fue de gran importancia para preparar un ambiente eclesial que permitiera la aparición de la llamada “primavera mística” española (7). Esta espiritualidad que se constituía en torno al ejercicio de la meditación sobre la renuncia al mundo, el dominio de las pasiones, y la imitación de Cristo como aspiración fundamental, ejerció una enorme influencia sobre la piedad moderna. Toda la espiritualidad española del XVI, llevan, en más o en menos, su aliento. La divulgación de la práctica de la oración personal fue una contribución positiva espléndida a la elevación de la vida cristiana. Esa divulgación no se limitó a monjes y a clérigos; se hizo también entre seglares. Así la santidad no se encerraba solamente en los claustros.

 

1.2 Un hecho peculiar: La espiritualidad en el ambiente del siglo XVI

La mística del recogimiento se desarrolla desde el punto de vista editorial entre 1513 y 1837. Entre ambas fechas aparecieron unas obras en cuyo título aparece frecuentemente la palabra “atajo”. Con este término se quiere presentar el recogimiento como un sendero más fácil, seguro y experimentado de unión con Dios y de reforma de la Iglesia. Estos autores contrastan la propia experiencia con la doctrina revelada y con el magisterio de la Iglesia. De este modo disciernen la verdad de su vivencia y doctrina bajo la Tradición, separándose de alumbrados, protestantes y erasmistas. Entre los autores insignes de la época destaca Bernardino de Laredo (1482 - 1540) con su obra Subida del Monte Sión, que fue redactada como una serie de respuestas a consultas espirituales y dividida en tres libros cada uno para describir cada fase del camino espiritual: la purgativa, que se logra mediante el conocimiento y desprecio de sí; la iluminativa, por la imitación de Jesucristo, y la unitiva en la contemplación. Elabora asimismo una categorización de místicos o espirituales (8): Principiantes, que se elevan contemplando la naturaleza, y las cosas materiales y sensibles. Proficientes, son los que se comprometen en el camino de la propia vida interior, teniendo a Dios en el centro de la misma. Los Cuasi perfectos, se centran en una verdad espiritualizada, sin considerar nada material, nada concreto. Por último, los Perfectos, de puro amor, por encima de todo conocer, donde ocurre la oración infusa, de perfecta quietud y recogimiento. Este esquema o sistematización será seguido con algunas variaciones por la mayoría de autores de la época. Francisco de Osuna (1492 – 1540) fue otro de los escritores espirituales más leídos de este período; autor de los famosos seis Abecedarios espirituales, de los cuales los dos primeros son de tipo ascético, y alcanzando gran fama el tercero, que publica en 1527, centrado en la oración de recogimiento. Teresa de Jesús tuvo en gran estima este Tercer Abecedario, que le inició en la oración de recogimiento, si bien discrepaba de algunas proposiciones de Osuna. Se debe destacar asimismo a Juan de Ávila (1.500-1569). Durante su estancia en la cárcel acusado de varias desviaciones de la correcta doctrina por la Inquisición, escribió Audi, Filia, que es el primer libro en lengua vulgar que expone el camino de perfección para todo fiel, aun el más humilde. Compara el sentido de perfección cristiana con el eclesial de desposorio de la Iglesia con Cristo. Éste y otros libros de Juan de Ávila influyeron posteriormente en muchos autores y practicantes de alta espiritualidad. Pero son muchos más los escritores de lo que se llamó la vía del recogimiento. Al final del texto se expone una secuencia cronológica de los escritores espirituales en relación con la vida de Teresa de Ávila y con los sucesos históricos más relevantes.

A pesar de la cantidad y diferente cualidad de los escritores sobre temas espirituales, la descripción del camino a recorrer por el orante es muy similar en todos ellos, expresado, eso sí, con términos más o menos claros o adecuados, destacando la frescura y franqueza de Teresa de Ávila y la concisión y belleza formal de Juan de la Cruz. Otro aspecto diferente y que es el nuclear de este trabajo, a considerar más adelante, es a qué principales momentos antropológicos y teológicos se están refiriendo los autores en sus obras.


(1) M. ALONSO. Ensayos sobre la filosofía en el Al-andalus. p 148. Ed. Anthropos. Madrid 1990
(2) MAESTRO ECKHART. Recopilación y Traducción de Ilse M. de Brugger. Buenos Aires 2007
(3) Op. Cit. Sermón 8º
(4) Op. Cit. Sermón 32º
(5) Op. Cit. Sermón 13ºb
(6) TERESA DE JESÚS. Vida c. 53, 311
(7) Término atribuido al Abate H. BREMOND en Poesie pure. B. Grasset, Paris 1937
(8) B. LAREDO. Subida al Monte Sión III, cap. 4, 14, 24, 25, 2
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