En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo 2 - La oración de recogimiento activo de Santa Teresa de Jesús (I)

Santa Teresa de Jesús

Copia de Fray Juan de la Miseria: Retrato de Santa Teresa

2.1 Breve biografía

Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo de 1515 de ascendencia conversa y familia acomodada, siendo hija de la segunda esposa de su padre. Gran parte de sus etapas personales se conocen gracias al Libro de su Vida y algunas de sus cartas y escritos menores. De niña ya sentía la llamada a la vida religiosa y su adolescencia estuvo marcada por la pérdida de su madre en 1528, y su posterior ingreso en 1531 en el convento agustino de Santa María de Gracia de Ávila, para recibir una educación conveniente a su condición social. Al año siguiente Teresa enfermó y tuvo que salir del internado empleando el tiempo en lecturas de argumento espiritual, que propiciaron entre 1533-1534 su vocación religiosa, con gran oposición paterna inicialmente. El 2 de noviembre de 1536, Teresa recibió el hábito de carmelita y al año siguiente, profesó. En 1538 enfermó otra vez de forma grave y abandonó nuevamente el convento. La recuperación completa tardó años y durante ella leyó el Tercer abecedario de Francisco de Osuna que le influyó grandemente, comenzando una fuerte y larga crisis espiritual de cerca de 18 años. Durante esta etapa, tuvo esporádicas manifestaciones místicas, culminando con una experiencia profunda de Dios delante de un “Cristo muy llagado” (1554) (1) en lo que ella misma definió de “conversión”. A partir de ese momento empezó una nueva fase espiritual inmersa en la contemplación. En esa época Teresa trató con algunos maestros de vida espiritual con poca fortuna. El día de Pentecostés de 1556, acaeció lo que ella llamó su “segunda conversión”. Se le asignó a un nuevo confesor, también jesuita, el joven Baltasar Álvarez. Sufre visiones que se atribuyen a tentaciones del demonio. En agosto de 1560 se encontró con San Pedro de Alcántara en Ávila, encuentro de gran ayuda para su vida espiritual. Entonces tiene la idea de fundar un convento con reglas más austeras, dedicado a la vida contemplativa. Cuando va tomando forma esa idea, su provincial le ordenó que fuese a Toledo consolar a Doña Luisa de la Cerda, reciente viuda. Teresa volvió a encontrarse con Pedro de Alcántara y con un nuevo confesor, el padre García de Toledo, el cual le manda escribir una relación sobre sus experiencias, el Libro de su vida, concluido en junio de 1562. En ese mismo año, surgió en Ávila la primera fundación: el convento de San José. Aquí en este lugar Teresa vivió cinco años en los que compuso el Camino de Perfección y el libro de las Meditaciones sobre los Cantares. En 1567 Teresa empezó su largo recorrido por Castilla fundando conventos reformados. La fama de su santidad se iba difundiendo y el prestigio por la nueva obra -protegida por el rey Felipe II- hizo de Teresa un personaje muy notorio. En la comunidad de Salamanca, alrededor de 1.573, empezó a escribir las Fundaciones. En 1575 conoció al joven carmelita padre Gracián de la Madre de Dios que fue su seguidor y biógrafo. En 1576 pasó un momento muy difícil por la hostilidad de las autoridades eclesiásticas, mientras que estaba cada vez más enferma y fatigada. A pesar de todo eso tenía fuerzas para nuevas fundaciones y para redactar las Constituciones definitivas. Ya muy enferma fue convocada a Alba por la duquesa, y aquí Teresa de Ávila expiró precisamente el día que entraba en vigor la reforma gregoriana del calendario, el cuatro de octubre de 1582.

Fue proclamada beata en 1614 por Paulo V; en 1617 fue declarada Patrona de España, título confirmado por Urbano VIII en 1627. En 1622 fue canonizada. Pablo VI la consagró Patrona de los escritores católicos de España en 1965 y el 27 de septiembre de 1970, Pablo VI proclamaba a Teresa de Jesús como Doctora de la Iglesia. Decía el Papa en esa ocasión: Estamos, sin duda alguna, ante un alma en la que se manifiesta la iniciativa divina extraordinaria del Espíritu Santo. Trescientos cincuenta años antes Gregorio XV había reconocido la santidad de su vida.

Junto a su contemporáneo Juan de la Cruz representa la cumbre de la mística cristiana y sus escritos son una inagotable y permanente fuente de inspiración para la vida interior. Santa Teresa nos ha dejado testimonio indeleble de su progreso espiritual. Descrito con el encanto y rotundidad de quien no era de gran cultura en letras ni experta en Teología, a diferencia de los “sesudos” (a los que ahora se denominaría intelectuales) que, según ella, son los que mayor dificultad encuentran en este camino de perfección. Teresa de Jesús, tocada desde niña por el anhelo de Dios, encuentra en el ambiente propicio a la espiritualidad mística de mediados del siglo XVI la inspiración necesaria para caminar de modo seguro en una vía para la que el mejor maestro era Dios mismo. En el libro de su Vida ella misma aclara como la lectura del Tercer Abecedario de F. de Osuna “le hizo mucho bien” (2). A partir de entonces emprende un viaje hacia su interior y hacia Dios que durará toda su vida y que le llevará a las cimas más altas de la contemplación.

Pero la puerta por la que Teresa se introduce en ese lugar que llamará Moradas espirituales es la oración de recogimiento. En esta oración la santa hace la distinción entre el “recogimiento activo”, así denominado porque uno mismo puede construirlo, y el “recogimiento pasivo”, que llega como una gracia, y de modo que el orante no lo advierte inicialmente. La santa nos lo explica en Camino de Perfección y especialmente en los capítulos 28 y 29, que merecen una atenta lectura. Tras hacer notar que Dios está dentro de uno mismo, y que es adonde hay que ir a buscarle, dice así: Este modo de rezar………… llámase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios (3). Y nos da un signo de ir por el buen camino: Parece que se entiende un fortalecerse y esforzarse el alma a costa del cuerpo, y que le deja solo y desflaquecido, y ella toma allí bastimento para contra él (4). La santa no es experta en espiritualidad ni conoce más que unos elementales conceptos teológicos. Era habitual en su época que las mujeres tuvieran una formación muy elemental, y en los ambientes religiosos se decía, según recoge la propia santa: la oración mental no es para mujeres, que les vienen ilusiones; mejor será que hilen; no han menester esas delicadezas; bástalas el Pater Noster y el Ave María… (5). Ya Menéndez Pidal (6) apuntó que, desde el comienzo, Santa Teresa se encontró con el recelo de muchos doctos, hostiles a que arduas cuestiones teológicas y místicas fuesen tratadas en lengua vulgar, y además por una mujer sin estudios. Sin embargo, la fuerza del Espíritu hará que Teresa vaya por otros caminos, inusuales para una mujer por aquel entonces. Fruto de su espontaneidad y en un lenguaje sencillo, sus escritos místicos tienen una elegante frescura, a pesar de la altura a la que la santa se mueve y que trata de comunicar de algún modo. Si bien Juan de la Cruz desarrolla de modo metódico y progresivo la explicación de su camino espiritual, Teresa, en cambio, y a pesar de proponérselo no sigue ningún programa definido, salta de unos temas a otros, se repite en ocasiones; otras veces alude a sus propias experiencias de modo apenas velado: yo sé de alguna persona que parece quiere Dios dar a entender al alma…… que entienda que ya no tiene parte en sí, y notablemente con más impetuoso movimiento es arrebatada (7). La lectura de las obras de Teresa de Jesús son una rica fuente para el estudio psicológico del fenómeno místico, por la franqueza de los detalles de su evolución espiritual que desvela, generalmente en tono de sorpresa, y sin entender ni poder explicar realmente que le pasa, pero dándoles con rigor el sentido de diálogo de elevación del que provienen: un no entender entendiendo (8).


(1) 19 Vida, 9,1
(2) Vida, 4,7
(3) Camino de Perfección, 28,4
(4) CP 28,6
(5) CP, Prólogo 21,2
(6) MENENDEZ PIDAL, R. El estilo de Santa Teresa, en La lengua de Cristóbal Colón, p 121. Madrid, Espasa-Calpe, 1958, 4ª Ed
(7) Moradas, 5,2
(8) Vida, 18,14
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