En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo 2 - La oración de recogimiento activo de Santa Teresa de Jesús (III)

Ines s. (Creative Commons)

2.2.2 Acallar el entendimiento

La vía mística del renacimiento insistía en un aforismo aparentemente contradictorio: no pensar en nada es pensarlo todo. En este sentido formula Teresa su expresión de acallar el entendimiento. Pero se trata de un “no pensar en nada” en cierto modo activo, lejos del peligro de ser malinterpretada o caer en el quietismo. Quien ha caminado en estos terrenos, comprende fácilmente que frases y conceptos de este tipo no pueden ser entendidos sin una previa experiencia en la oración de profundidad y cierto encuentro con el silencio. Juan de Ávila, en una de sus cartas así lo dice: Los Abecedarios espirituales… la Tercera parte no la dejen leer comúnmente, que va por vía de quitar todo pensamiento y esto no conviene a todos (1).

La santa piensa que, sin que se produzca una atracción del alma por otra Presencia, el silencio mental absoluto no es bueno ni deseable, sino que más bien perjudica. Otra cosa es que se suspenda el “entender” como un “acontecimiento”: En la mística teología que comencé a decir, pierde de obrar el entendimiento, porque le suspende Dios… Presumir de suspenderle nosotros, es lo que digo no se haga (2). Para la corriente de pensamiento religioso predominante en la época, e incluso antes, en la mística centroeuropa, se distinguía claramente el pensamiento discursivo, esto es la reflexión y meditación ordinaria, de la “mirada simple”, que percibe sin matizar, como se lee en la “Nube del no saber”: … es mucho mejor que tu mente descanse en la conciencia de él mismo, en su existencia desnuda y le ame y le alabe por lo que es en sí mismo. Esta intuición de sí mismo amando a Dios es como una preparación precontemplativa: ..que se esté allí con Él, acallado en entendimiento…. (3).

Sin embargo, no se trata de una actitud meramente intelectual, pasiva, de “vacío”; la oración de recogimiento introduce un elemento de presencia, aunque no explícito, que debemos incluir en la esfera de lo afectivo, puesto que el origen, centro y destino de la oración es el amor a Dios, que clama desde el interior del hombre. Sin esta intuición de presencia sería un silencio muerto, y así lo señala la expresión fríos y bobos que utiliza la santa (4). Esta sensación de presencia amorosa se corresponde con el tercer requisito o característica de la oración de recogimiento activo, el que apela a la voluntad del orante.

 

2.2.3 Llamar a la voluntad

Con este término Teresa define la característica principal del final del camino que el hombre puede “hacer”. Que no es sino estase al alma sola con su Dios (5), o estar solamente amando. En este nivel se recurre únicamente al amor, que debe estar presente en todo proceso de oración, y a la voluntad que pretende mantener la atención, puesto que la situación psicológica del orante es muy inestable llegado este término; se trata de un mundo que se deja, y otro que no acaba de llegar, y en el que se encuentra como abandonado, pero presente. Las distracciones asedian y hay que volver una y otra vez a la oración. Es preciso mantener la atención hacia el objeto del amor. Dice Teresa: En la oración pasaba gran trabajo…que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración, sin encerrar conmigo mil vanidades (6). Precisamente el abandono en manos de Dios es la condición que, según la santa, debe adoptarse ahora: para que pueda poner y quitar (Dios) como en cosa propia (7). Aquí se penetra en esa “oración sin tiempo” que San Juan de la Cruz define como el máximo olvido y recogimiento de la persona (8). Pero en este caso, cuando se habla del recogimiento activo, esa atención o “conciencia amorosa de una Presencia” se ha despojado de todos los elementos ajenos a la oración misma que el orante pueda aportar, para así poder encontrarse en una existencia desprovista de referencias, desde la que poner la confianza en quien reside en su propio interior: …sino porque no usa de medio alguno para con Dios, sólo el amor (9). En ese momento, la tentación de abandono, la vivencia de la situación como algo absurdo o ineficaz, es muy fuerte. La voluntad sostenida por el puro amor socorre al orante y le mantiene vigilante, preparándole para el encuentro definitivo dentro de sí mismo.


(1) Juan de Ávila, Epistolario, carta 1ª
(2) Vida, 12,5
(3) Vida, 13,22
(4) Ibíd, 12,5
(5) Ibíd, 13,22
(6) Ibíd, 7,6
(7) Camino de Perfección, 28,12
(8) Subida al Monte Carmelo, II, 14,11
(9) F. de osuna, Tercer Abecedario, tr 21, cap 3
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