Capítulo 2 - La oración de recogimiento activo de Santa Teresa de Jesús (IV)
Fotografía: Asier Solana Bermejo (Creative Commons)
2.3 El método pedagógico de Santa Teresa
En los capítulos 28 y 29 de Camino de Perfección se encuentran las claves básicas para comprender cómo la oración de recogimiento activo es para Santa Teresa un camino o incluso un método para simplificar la oración, mediante un esfuerzo del orante, despertando la conciencia de sí mismo, y para facilitar la experiencia de la presencia de Dios, precisamente como una “sensación” más que como una “idea” y, lo que es lo más importante, preparar el acontecimiento fundamental, en donde ya no hay métodos ni caminos sino contemplación inicial: la oración de recogimiento pasivo, en la que Dios marca las pautas, ya que es Él quien obra ahora en el alma. De ahí en adelante, empleando un símil náutico, nos adentramos en la oración de “alta mar”, habiendo abandonado ya la seguridad de la costa.
El entusiasmo con que santa Teresa se refiere a la oración de recogimiento activo es digno de destacarse, más aun en una persona por lo demás tan equilibrada y sensata: viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud que de ninguna otra manera (1). Frase ésta que se confirma de modo rotundo con otra, que recuerda incluso a modernos folletos de divulgación religiosa: …que déis por bien empleado el cuidado que en esto gastáreis y yo sé que si le tenéis, en un año y quizá en medio, saldréis con ello, con el favor de Dios (2). El tesoro espiritual que ella ha encontrado en esta oración quiere compartirlo con sus monjas y con su familia, siendo precisamente su padre uno de los primeros discípulos iniciados en el recogimiento activo (3). La santa estima en tanto esta oración que desea a sus hermanas del Carmelo que El Señor lo enseñe a las que no lo sabéis, que de mí os confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseñó este modo (4). Y con dolor, se queja de que no siempre se encuentra quien aconseje bien a los que entran en ella: Estas cosas de oración son todas dificultosas, y si no se halla un maestro, son muy malas de entender (5).
En su proceso de reforma del Carmelo, la oración tiene un papel primordial. Aconseja al inicio considerar la correcta interpretación e intención de la oración mental o afectiva clásicas, así como el esfuerzo y perseverancia: …ponerse en soledad y mirarle dentro de sí… y con gran humildad hablarle como a Padre, pedirle como a Padre, contarle sus trabajos… (6). Sugiere la meditación en la Pasión y en el amor del Padre, pero con un estilo o disposición esencial y que es la espontaneidad y simplicidad: …sin procurar oraciones compuestas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidades (7). Ya que el recogimiento activo es un proceso dinámico, Teresa busca infundir en sus lectores y oyentes la actitud correcta, más que una rígida metodología o unas jaculatorias que, por bellas que pudieran ser, nunca serían igual de eficaces que el propio afecto del orante. La santa insiste en el “modo” de rezar, independientemente del tipo de oración en que se exprese, vocal, mental o afectiva. Si el orante se mantiene en esta actitud, el proceso continúa, en el sentido de simplificación: Este modo de rezar, aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento (8). Aun afirmará: La primera, que en esta obra de espíritu quien menos piensa y quiere hacer, hace más (9). Es entonces cuando este proceso de simplificación introduce al orante en la contemplación tras irse acallando progresivamente: viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud (10). La santa da algunas señales de ir por buen camino, y advierte también de los peligros que acechan en esta empresa. Respecto a estos último el principal es la distracción, incluso en forma de pensamientos o deseos inapropiados, lo que describe muy gráficamente en el libro de las Moradas: alguna vez en un mes rezan llenos de mil negocios, el pensamiento casi lo ordinario en esto, porque están tan asidos a ellos, que como adonde está su tesoro se va allá el corazón… mas entran con ellos tantas sabandijas, que ni le dejan ver la hermosura del castillo, ni sosegar; harto hacen en haber entrado (11). Otra dificultad es el cuerpo, que se encuentra extraño en esta situación y que …si se acostumbra (aunque) al principio dé trabajo, porque el cuerpo torna de su derecho, sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse por vencido, si se usa algunos días y nos hacemos esta fuerza, verse ha claro la ganancia (12).
Así pues debe ejercerse la voluntad para permanecer en esa actitud de “simplificación amorosa”, de la que se seguirán grandes beneficios para el alma, si se persevera. Y de este modo Teresa habla de las señales de ir progresando: un retirarse los sentidos de estas cosas exteriores y darles de tal manera de mano que, sin entenderse, se le cierran los ojos por no las ver, porque más se despierte la vista a los del alma (13). Este esfuerzo requiere disciplina y perseverancia, y ello agravado por el desconcierto inicial: Estos están ya, como dicen, puestos en la mar; que, aunque del todo no han dejado la tierra (14)… Y se siente una inquietud interior que obstaculiza la atención: Hay pensamientos tan ligeros que no pueden estar en una cosa, sino siempre desasosegados, y en tanto extremo que, si quieren detenerle a pensar en Dios, se les va a mil disparates y escrúpulos y duda (15).
(2) Camino, 29, 8
(3) Vida, 7, 10
(4) Camino, 29, 7
(5) Vida, 12, 12
(6) Camino, 28, 2
(7) Vida, 12, 1
(8) Camino, 28, 4
(9) Moradas, 4, 5
(10) Ibíd., 28, 4
(11) Moradas, 1, 8
(12) Ibíd., 28, 7
(13) Ibíd., 28, 6
(14) Camino, 28, 6
(15) Ibíd., 17, 3