Capítulo 2 - La oración de recogimiento activo de Santa Teresa de Jesús (V)
Santa Teresa de Jesús (Anónimo)
2.4 Los grados de oración
La santa ha clasificado y definido de forma bastante coherente la evolución de la oración y sus frutos espirituales. No se trata aquí de exponer los diversos grados de la oración que competen propiamente a la contemplación, sino que comienza con la común progresión de la oración en el camino religioso. En Camino de Perfección esboza una catequesis muy simple pero muy profunda al mismo tiempo, dirigida a sus monjas, en la que va exponiendo los elementos básicos del proceso oracional, sin perder de vista la seriedad del corazón del orante: si queréis que os diga el camino para llegar a la contemplación, sufrid que sea un poco larga en cosas… Y si no las queréis oír ni obrar, quedaos con vuestra oración mental toda vuestra vida (1).
Comienza por la oración vocal, que es la más elemental: tornemos a hablar con las almas que he dicho que no se pueden recoger ni atar los entendimientos en oración mental ni tener consideración (2). Es claro que la santa se refiere a la oración vocal personal, ya que la oración vocal forma parte esencial de los rezos litúrgicos, que en ningún momento rechaza o considera poco “elevados”. A las almas que aun ni siquiera pueden hilvanar una oración vocal coherente, les dice: …sino rece como pudiere (3). Advierte que Dios puede elevar a las almas según a Él le convenga, aunque hay un modo ordinario de progreso: sé que muchas personas, rezando vocalmente -como ya queda dicho- las levanta Dios, sin entender ellas cómo, a subida contemplación (4).
El segundo grado sería la oración mental, en la que incluye la meditación, referida a la meditación discursiva. La santa la considera excelente, siendo parte de ella la que se realiza con el apoyo de algún libro o imagen, pero enfatiza en su característica principal –el amor- más que por sus medios: No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (5). Esta definición se ha aplicado después de modo impropio a todo tipo de oración, incluyendo a la de recogimiento, lo que puede llevar a confusión.
El tercer grado es la oración afectiva. Aunque la santa no emplea nunca ese término, que parece ser fue acuñado por el jesuita padre Cordeses (6), que distinguía entre oración afectiva “reposada” y “suspensa”, no hay duda de que se refiere a ella, en esencial cuando emplea la frase: no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho (7). Para la santa la oración mental se eleva en cuanto se ejercita en discurrir sobre el amor de Dios, apoyándose en imágenes conmovedoras, como las de la Pasión. Esta recomendación es idéntica, con las lógicas diferencias de exposición, a la que Ignacio de Loyola hace en sus Ejercicios. Para Teresa el entendimiento, la voluntad y el afecto deben estar implicados en el momento meditativo. Pero al irse purificando la oración, a diferencia de la meditación discursiva, sólo quedará el afecto como el panorama de fondo desde el que el orante se entrega a la fuerza divina, sin oponer la resistencia de sus propias construcciones mentales.
2.5 La oración “de altura” en Santa Teresa
Teresa habla de “oración de recogimiento” en varias obras: Vida cc. 14-15; Camino cc. 28-29; Relación 5 (escrita poco antes que las Moradas). La santa no es constante en la nomenclatura de los diversos grados de recogimiento: a veces habla de un “recogimiento” no infuso, que propiamente sería el activo, otras de un “recogimiento infuso”, que correspondería al primer grado de oración propiamente contemplativa. Habiendo descrito y explicado en otros escritos como la oración es un proceso continuo, Teresa aborda en la redacción de las Moradas, obra fruto de su obediencia a la dirección espiritual (8), un intento de sistemática de los grados de oración, que serían siete, desde su propia experiencia. Este proceso implica los siguientes estadios o grados: trato inicial con Dios, oración de recogimiento activo, oración de quietud, sosiego de potencias, oración de unión, desposorio espiritual y matrimonio espiritual. En cambio, en Vida, habla de cuatro niveles, que compara a los trabajos de la huerta, pero ya en el segundo grado (“segunda agua”) se expresa en términos que apuntan a una clara contemplación “pasiva”. Al ser el Libro de la Vida una obra anterior, y ya que la santa habla por experiencia, esta aparente contradicción se debería a que aun no había entrado en los niveles más altos de oración, el desposorio y el matrimonio espirituales, o quizá que para los fines didácticos de Vida, consideraba esta división suficiente. En cambio, en los cc. 28- 29 del Camino habla de una forma de “oración de recogimiento” no infusa. En la Relación 5, nn. 3-4, aparece el término de oración de “recogimiento interior”, que es como un escalón de acceso a la oración de quietud. Esta confusión de términos se debe, por una parte a la dificultad de expresar verbalmente acontecimientos que carecen de las referencias intelectuales habituales, y por otra que Teresa percibía, como otros muchos orantes, que su oración, si bien seguía una trayectoria ascendente, ésta no era lineal, sino que tras momentos inefables, venían otros de sequedad y muy penosos: porque no hay estado de oración tan subido, que muchas veces no sea necesario tornar al principio (9). Intentando sistematizar y dentro del proceso descrito por la santa, podremos deducir que tras el momento crítico de la oración de recogimiento activo (que también se llamará de “simple mirada”) que nos ha ocupado en el capítulo actual, sucede al alma que viene el recogimiento infuso, momento ya propiamente de contemplación, y caracterizado por una inefable paz interior y abandono de los sentidos, si bien éstos aun están activos: es un recogimiento interior que se siente en el alma, que parece ella tiene allá otros sentidos (10). El siguiente grado de oración propiamente contemplativa es la de quietud. La santa distingue esta oración de la precedente porque produce mayor goce espiritual: Siéntese grandísimo deleite en el cuerpo y grande satisfacción en el alma (11). De este modo, ningún afecto, pasión o fenómeno externo altera esta quietud, cuyo efecto en quienes la han alcanzado es que …ven que no están enteros en lo que hacen, sino que les falta lo mejor, que es la voluntad, que… está unida con Dios (12). La luz divina anula la luz natural de las potencias, y la absorbe, facilitando que el entendimiento pueda «contemplar» a Dios. Un grado más avanzado de oración es la de unión mística, que puede desglosarse en unión simple, desposorio o unión extática y matrimonio espiritual o unión transformante, cuyas características principales son una ausencia total de distracciones, al estar el alma embebida en Dios, una certeza irrefutable de haber estado en unión de Dios y la ausencia de cansancio físico: El orante no entiende, pero se siente está vivo y despierto a todo lo divino: Parecerá imposible, porque si las potencias están tan absortas que podemos decir que están muertas, y los sentidos lo mesmo, ¿cómo se puede entender que entiende este secreto? Yo no lo sé, ni quizá ninguna criatura, sino el mesmo Criador (13). Sobre todo, maravilla a Teresa la paz interior que nada puede trastornar: porque decir que hay trabajos y penas, y que el alma se está en paz, es cosa dificultosa (14). En sus Meditaciones sobre el Cantar de los Cantares, la santa explica cómo Dios purifica al orante hasta arrebatarlo a una comunicación inefable de Sí mismo, que ya sólo puede continuar en la otra vida: desear salir de este destierro… y ofrece a Su Majestad el querer vivir, como una ofrenda la más costosa para ella que le puede dar (15).
(2) Ibíd., 25, 1
(3) Ibíd., 25, 5
(4) Camino, 30, 7
(5) Vida, 8, 2
(6) EGIDO, T. Los Jesuítas en España y en el mundo hispánico. Marcial Pons Historia, 2004
(7) Moradas, 4, 6-7
(8) “Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración” Moradas, Prólogo, 1
(9) Vida, 13, 16
(10) Relaciones, 5, 3
(11) Camino, 32, 3
(12) Ibíd., 31, 4
(13) Moradas, 6, 4
(14) Ibíd., 7, 11
(15) Moradas, 7, 7