En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo 3 - Reacción y crisis de la mística del recogimiento (I)

Rosario

Fotografía: Jess Pac (Creative Commons)

3.1 Iluminismo, alumbrados y recogidos

Los primeros años del alumbradismo o iluminismo (1510 - 1512) coincidían con aquel período de fermento intelectual bajo la influencia y directiva del cardenal Cisneros y sus planes para estimular una reforma religiosa-humanista. El movimiento alumbrado se revistió inicialmente de una apariencia de mística respetable. Sabemos que La noche oscura de San Juan de la Cruz circuló profusamente entre los partidarios del movimiento de alumbrados y que fue uno de sus libros favoritos, ya que se servían de sus contenidos, desvirtuándolos, para justificar sus razonamientos. Los alumbrados pretendían alcanzar un contacto directo e íntimo con Dios, que - según ellos- guiaba en todo sus actos, por lo que podían descuidarse de sus obligaciones morales o religiosas, ya que no les era posible pecar al estar totalmente integrados en la esencia divina. La espiritualidad iluminista no es Cristocéntrica (1) y se orienta a un Dios difuso e identificado con el Padre.

En su segunda fase, el movimiento alumbrado degeneró en promiscuidad sexual y escándalos públicos, que le granjearon el rechazo social ilustrado (2). A pesar de existir clarísimas diferencias, para muchos los términos alumbradismo y recogimiento son confundidos con frecuencia, entonces y ahora, a pesar de ser definitivamente muy diferentes. En textos clásicos como el de M. Andrés Martín, se expone como los “recogidos” se caracterizan por seguir un camino de aniquilación (es decir por desprendimiento y conocimiento de sí mismos), seguimiento de Cristo y oración de recogimiento. No pretenden experiencias extraordinarias, siguen la ortodoxia religiosa y no exhiben la seguridad de que Dios guía sus actos. Los alumbrados, en cambio practican lo que llaman “dejamiento” al amor de Dios (3). Este dejamiento se entiende como despreocupación y desprecio de la liturgia y sacramentos excepto la eucaristía, al creerse ya salvados por Dios e impecables por lo tanto. De aquí el nombre de “dejados” por el que se les conoce. El 25 de septiembre de 1525 la Inquisición toledana promulgaba un edicto de fe y gracia contra los alumbrados o dexados donde se calificaban de heréticas 48 de sus proposiciones.

La historiografía de los alumbrados presenta una variedad de hipótesis en relación a su origen. Asín Palacios cree que el alumbradismo viene de los sadilíes, una rama de la mística sufí por medio de los moriscos (4); Menéndez Pelayo, de los místicos medievales del norte de Europa y así existen muchos otros autores con teorías divergentes. Algunas fuentes coetáneas, como el Informe del prior de los dominicos de Lucena a la Inquisición de Córdoba, en 1585, compara a los alumbrados con los begardos: …An apuntado algunas personas que esta manada a decir que como gente justificada y confinnada en el bien no pueden ya pecar y que estan ya tan levantados en su vida que no pueden consentir en los movimientos de las tentaciones, lo qual parece acudir a los errores de los begardos (5).

La otra gran desviación pseudomística de la época fue el “quietismo”, o molinismo (6), doctrina expuesta principalmente por Miguel de Molinos (1628-1696), quien desarrolló el quietismo en el sentido estricto de la palabra. Aquí se trataba de todo un sistema de teología mística bien elaborada, que, a diferencia del alumbradismo, se distinguía muy difícilmente de la mística del recogimiento. El principio fundamental del sistema está contenido en su primera proposición: el hombre tiene que aniquilar sus potencias, y ésta es la vía interna. Esta vía interna conduce a un estado en el cual la pasión se extingue, el pecado ya no existe, los sentidos se adormecen y el alma, deseando solamente lo que Dios desea, disfruta de una paz imperturbable: éste estado es designado como “la muerte mística”. Si bien en términos generales las afirmaciones de Miguel de Molinos coinciden con la de los místicos ortodoxos, las conclusiones que extrae (abandono de los sacramentos, impecabilidad del místico, ineficacia de la obras, etc.) son claramente heterodoxas y completamente opuestas al sentido original de estos místicos. Molinos y el quietismo fueron expresamente condenados por Inocencio XI en la bula Coelestis pastor y obligado a retractarse. Esta desviación tuvo la mayor parte de responsabilidad en el rechazo generalizado a la mística, por considerar su camino peligroso, fuente de herejías, y en todo caso, sólo reservado a unos pocos. Un ejemplo de lo poco claro que quedaban las cosas es que un personaje de la entidad de Pietro Matteo Petrucci (1636-1701), cardenal designado Visitador Apostólico por el Papa Inocencio XII, fue obligado a retractarse de varias proposiciones de sus escritos sobre mística, por considerarlos afines al quietismo, hecho que aceptó de buen grado, y sin que, al parecer, le produjera graves problemas en su carrera eclesiástica.

 

3.2 La sospecha sobre la espiritualidad del recogimiento

Las consecuencias de los movimientos iluministas fueron múltiples. Entre ellas están la fuerte reacción de los teólogos, que, en su lucha contra los iluminados, acusaron a los místicos verdaderos, entre ellos Fray Luis de Granada, S. Juan de la Cruz o Santa Teresa; el continuo vigilar de la Inquisición, que procesó y condenó a centenares de alumbrados (sobre todo a partir del edicto de 1525) y en fin, el desprestigio de la mística, que tanto le dolía a S. Teresa, y el consecuente abandono del “camino empinado para seguir el camino llano y carretero”, en palabras del padre Báñez, confesor de Teresa. La propia Inquisición ordenó incautar el libro de la Vida hasta después de la muerte de la autora, pero por entonces ya circulaban innumerables copias.

Si se compara con cuidado las declaraciones de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o cualquier autor de la vía del recogimiento con las de Molinos y sus seguidores, se aprecia claramente que hay en estos últimos un error en la interpretación de ciertas fases de la oración de recogimiento, que puede corresponder a lo que Juan de la Cruz llama la acidia espiritual (7), que es tomar lo que uno desea por lo que Dios quiere, al creerse en elevado estado místico.

Por la misma época en que se consolidaba el resurgimiento místico en España se funda una orden religiosa que tendría un enorme impacto en la espiritualidad cristiana de siglos posteriores: La Compañía de Jesús. Imbuida de ideales de método, esfuerzo de la voluntad y cierto carácter militar en su organización, enfatizará en la vía de la meditación discursiva y afectiva, siendo un ejemplo los Ejercicios de su fundador, que hasta la actualidad se han mantenido como método preferido de camino espiritual personal. Estos Ejercicios resaltan la voluntad ascética y el empleo del discurso mental. Como algunos comprobaron personalmente, entre los desvíos de los alumbrados y las nuevas líneas de acción cristiana, como la de la Compañía, era muy mal vista cualquier alusión a la vía mística. Esta corriente de opinión mayoritaria en la Iglesia Católica frenó no poco y malogró muchos caminos interiores, por sospechosos de heterodoxia o simplemente porque los directores espirituales aconsejaban a las almas a las que Dios llamaba a la contemplación que se dejasen de tonterías y rezaren “como siempre se había hecho”. La opinión que se tenía de la oración se resume bien en esta poco afortunada frase del P. Juan Suárez (8): Porque la oración no es propio fin de la Compañía, ni de las religiones mendicantes que tratan con prójimos, aunque lo sea de las que profesan soledad; sino un instrumento universal del que nos ayudamos, con otros medios, para alcanzar las virtudes, y ganar las almas.

A pesar de ello que existieron fuertes relaciones entre la Compañía de Jesús y la mística teresiana, sobre todo por el influjo de los confesores jesuitas en Santa Teresa. Es el caso de su confesor Francisco Rivera.

No parece que en el ánimo de Ignacio de Loyola existiera recelo o que ignorara cual es la culminación de la oración, siendo él mismo un místico. Pero el caso es que, enfatizando en la vida ascética precontemplativa, que se mueve en el terreno de las operaciones mentales, parecía que se prevenía sobre posibles alucinaciones o visiones, que no eran infrecuentes en la época, en el seno de corrientes como el quietismo o los alumbrados. Otros ilustres jesuitas como Jacobo Álvarez de Paz (1549-1620) escriben muy acertadamente sobre el camino de oración, distinguiendo en su tratado De inquisitione pacis entre la oración mental y la afectiva y lo que él llama “comienzo de contemplación”, a la que supone oración afectiva simplificada, y que describe de este modo: el hombre, dejando todo razonamiento, se pone en la presencia de Cristo Señor… (9).


(1) ANTONIO MÁRQUEZ, los alumbrados: orígenes y filosofía. p 172. Taurus, Madrid 1972
(2) A. HUERGA, Historia de los alumbrados. 1. Los alumbrados de Extremadura (1570- 1582) (Madrid: FUE, 1978)
(3) M. ANDRES MARTÍN, Nueva visión de los alumbrados de 15.75 p. 16. Fundación Universitaria Española Madrid, 1976
(4) ASIN PALACIOS, Sadilies y alumbrados. Al-Andalus: revista de las Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y GranadaVol. 16, Nº 1, 1951, pp. 1-16
(5) AHN. Inquisición. Legajo 2394 (1), f.1v
(6) No confundir con el sistema que propone reconciliar la gracia y la libre voluntad, desarrollado por Luis de Molina y adoptado en los puntos esenciales por la Compañía de Jesús. Se ha propuesto por eso llamar a la herejía molinosismo.
(7) Juan de la Cruz, Noche Oscura, 7
(8) Vida del P. Baltasar Álvarez §2- Edición digital a partir de Obras escogidas. Epistolario-Memoriales. Vida del P. Baltasar Alvarez-Meditaciones, Madrid, Atlas, 1958, pp. 19-292, 429-439. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
(9) ÁLVAREZ DE PAZ. De inquisitione pacis. l.5 p.2 c.13
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